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Noticias



17-Jul-2010
 


Diálogos espirituales


Ramón Prendes y su hijo Esteban presentan mañana una exposición conjunta en el Museo Evaristo Valle

En la obra ‘Manual de pintura y caligrafía’ que el fallecido José Saramago escribió diez años antes de recibir el Premio Nobel, el escritor portugués debatía los límites de la pintura frente a la literatura y establecía algunas ideas sobre sus fuentes comunes. La novela establece curiosas problemáticas sobre la legitimidad de la palabra y la imagen, y sobre la trascendencia, o la evidencia, de sus sinergias, a través de un pintor de retratos llamado H. (¿hombre? ¿héroe?) que, como protagonista de la historia, se enfrenta al reto de narrar su experiencia en un diario. El hombre medita, una y otra vez, sobre la dificultad de marcar contenidos en cualquier forma de expresión.

La obra termina demostrando, entre otras cosas, la diferencia entre la reproducción mimética de la realidad y la emoción.

La literatura, para H., era un acto individual de rescate, una especie de terapia, capaz de salvarle del naufragio.

Del mismo modo, un reciente viaje a Varanasi (la ciudad india de los mil nombres) ha sido un acto individual de rescate y renovación para el pintor asturiano Ramón Prendes (Gijón, 1950) y para su hijo Esteban Prendes (Gijón, 1978), que a partir de mañana presentarán una exposición conjunta en la Fundación-Museo Evaristo Valle, con obras realizadas en aquel hermoso y enigmático rincón de la India, frente al río Ganges.

Ambos pasaron allí varios meses por separado, pero en la misma casa de acogida, en distintas fechas. Ambos vivieron en soledad y pintaron con materiales extraños, papeles, telas fragmentadas, pegadas y cosidas, para configurar pequeños fragmentos de vitalidad espiritual. El resultado fue un ‘estado mental’ que se asume aquí como la única clave de esta extraña pero vibrante exposición, repleta de lecturas. Un viaje renovador, más interior que exterior, que parece haberles cambiado para siempre.

Sin intención

Las pinturas de Ramón Prendes, veterano de nuestro circuito, y las del incipiente Esteban Prendes, nunca responden a planteamientos previos, ni a búsquedas épicas, ni a intenciones meramente mercantiles.

En este caso, contra lo que pueda parecer, tampoco se deben a mutuas sesiones de taller, aún cuando haya guiños en la obra del hijo que recuerden algunos modos del padre, o incluso de su tío (el fallecido Javier del Río, cuñado de Ramón). Ambos, Ramón y Esteban, comparten esa ‘familiaridad’ y, además, han vivido similares instantes, generando un curioso diálogo genético de coincidencias y divergencias.

Los trabajos de Ramón Prendes, hasta ahora, siempre han respondido a cambios interiores, marcando procesos de renovación que le enfrentan a la vida y las horas entre senderos solitarios, incerti dumbres, dudas y resignaciones.

Pero, salvo una exposición de composiciones ‘abstractas’ que realizó en la galería Cornión hace cinco años, siempre se ha movido en registros figurativos. Aquí, en cambio, da forma y fondo a composiciones de aspecto gestual, geométrico e ilustrativo, aprovechando papeles de los periódicos locales que aún conservan sus referencias sígnicas y caligráficas. Éstas se han llenado de pintura y restos orgánicos, en un curioso reto.

Esteban Prendes, que hace dos años recibió una beca AlNorte de EL COMERCIO, también suele alejarse de cualquier ambición comercial para patentar su fe en la austeridad formal y los colores vivos sobre soportes dominados por grandes vacíos, puertas abiertas para pasar e, incluso, ‘pisar’ la tela con los pies descalzos. Sus amalgamas pictóricas recogen escenas de la vida en aquel lejano lugar, figuras, animales, horizontes, cielos, masas, arquitecturas... dejándose llevar por la espontaneidad en todo momento, en un apasionante goce creativo.

Pero, al margen de su aventura individual, Ramón Prendes y Esteban Prendes homenajean aquí a esos viajes ‘irracionales’ hacia sus entrañas mentales. El pulso, la respiración y otras cosas que nosotros sólo podremos decir con palabras indecisas, son la esencia de estos espontáneos trabajos.

Quizás por eso, se nos antojan puros, felizmente anclados en la difícil tarea de crear en libertad, con templanza y mesura, bajo una voluntaria sobriedad, por mucho que eso cueste. Estamos, en fin, frente a dos artistas de a pie cuyo arte transita por caminos, merodea pueblos e interpreta miradas encontrándose, en el camino, curiosos imprevistos.

Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio




16-Jul-2010
 


Aurelio Suárez, en Cornión


La galería gijonesa acoge desde ayer la segunda de las exposiciones dedicadas a Aurelio Suárez, en el año de su centenario.

Con una firma invertida y la rúbrica en forma de pez, Aurelio Suárez dejó su esencia surrealista en cada una de las obras que desde ayer se exponen en la galería Cornión de Gijón. Ésta es la segunda de las cuatro exposiciones que se han organizado en torno al artista, considerado uno de los grandes creadores asturianos de la segunda mitad del siglo XX, en el llamado 'año aureliano'.

Josefina Junco, Ramón y Esteban Prendes, Reyes Díaz y Miguel Mingotes, que hizo una caricatura de Aurelio montado en coche, son algunos de los artistas que quisieron rendirle homenaje creando obras de inspiración aureliana y que desde ayer pueden verse en la galería. No faltaron a la inauguración, el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces; la consejera de Cultura del Principado, Mercedes Álvarez; el concejal de Cultura de Gijón, Justo Vilabrille; el viceconsejero de Promoción Cultural, Jorge Fernández León, así como los artistas mencionados, el escritor José Antonio Mases, el director del Ateneo Obrero, galeristas, clientes y amigos, todos recibidos por dos anfitriones de excepción, el galerista Amador Fernández y el hijo de Aurelio Suárez, Gonzalo Suárez.

En la exposición pueden apreciarse algunas de sus mejores obras, como 'Teorema Pictórico', la contraportada de un libro, y numerosos bocetos. Areces cerró el acto afirmando que ésta es «una oportunidad única» para disfrutar de la obra 'aureliana' pues pertenece a diferentes colecciones privadas que han sido prestadas para esta conmemoración y muestran al público por primera vez. «Me encanta y creo que hacemos justicia al rescatar su obra para que tenga una trascendencia mayor», comentó.

Hace tres días se inauguró en Candás la primera exposición y las otras dos se realizaran en el Museo de Bellas Artes y en la Biblioteca Jovellanos. Con estas cuatro puertas abiertas a su arte se pretende mostrar un lado más intimo y desconocido del «Dalí asturiano».

La muestra, en la que colaboran artistas, escritores y amigos, es un repaso de todas las exposiciones realizadas desde 2003, año en que falleció el artista. Las exposiciones se complementan con un calendario, un libro, marcadores y postales de la colección, salvo en ésta, que sólo se publicará el libro.

Deborah P. Gómez
El Comercio




7-Jul-2010
 


Carmen Castillo, en los jardines del Museo Evaristo Valle


Como habíamos visto esta primavera en la Galería Cornión («Gigia. Mapas íntimos de Gijón», del 11 de marzo al 10 de abril), Carmen Castillo atiende la prédica sobre las cabezas que le cantaba Javier del Río y en su búsqueda de nuevas esculturas menos verticales, capta la figura del tómbolo de Cimavilla como una cabeza humana. Es la que nos recibe en la entrada al jardín del Museo Evaristo Valle («Gigia I», 2009). Se trata de una escultura a su tamaño de obra pública, con vocación de hacer compañía al Augusto del Campo de Valdés.

La escultora, que vive y trabaja en su casa y taller camino de Cangas de Onís, no podía recurrir a un «laboratorio de tizas», como si de escultura abstracta se tratara, ni ha querido hacer una maqueta, un modelo pequeño en bronce. Pero el bronce es caro. Una de estas esculturas fundidas en bronce cuesta más millones de pesetas que los dedos de una mano. Por eso Carmen Castillo ha encontrado otros materiales para producir obras a tamaño real, que sean baratas y puedan exhibirse causando en el público el impacto que pretenden.

Son dos los tipos de materiales que acomete. Por un lado el poliéster fibra de vidrio, que puede ser moldeado con una resina, endurecido luego y terminado con un aspecto metalizado. Y la espuma de poliuretano, modelada según se vierte a chorro, y luego barnizada o sometida al soplete, de manera que a veces adquiere el aspecto de lava volcánica, con sus agujeros como de piedra toba o caliza horadada por el agua, como en las cuevas cársticas de Asturias, que sirvieron de morada a nuestros ancestros prehistóricos. De manera que forma y figura, sugerencias geográficas y geológicas, llevan al espectador a sentirse involucrado en íntima identificación del hombre con esta tierra, paraíso natural.

Enseguida topamos en la explanada con «Gigia II» y seis «corazones huidos», cada uno con su soniquete propio. Sea «corazón sigiloso», «corazón sereno» o «corazón rumoroso». Figuras humanas de grandes dimensiones, recostadas como surgiendo de la tierra misma, de hombros para arriba. Son las piezas más recientes, de este mismo año.

Y en los alrededores de la casa del pintor Evaristo Valle, hay cinco esculturas-árbol. Nacen como un tronco, se elevan sobrepasando los dos metros y medio. Van tomando volúmenes muy sencillos, pero de enorme sutileza y trabajo primoroso, que se capta con la mente y entre las manos se palpa. Piezas coronadas por esas cabezas pequeñas que no le gustaban a Javier del Río, que solía dibujar en piedra o esculpir cabezas enormes y sólo cabezas. Las miras con detenimiento y sientes la huella de la escultura clásica griega, esa ruptura de la frontalidad que se nota en el quiebro de las caderas, compensada por la inclinación de los hombros y la opuesta de la cabeza. Leves inclinaciones femeninas, equilibrios precisos y sugerentes, diálogos que se entablan en la cercanía.

Carmen Castillo (Zaragoza, 1959) tiene varias esculturas monumentales repartidas en Asturias. «A la avellanera asturiana» (1990), en los jardines de la Obra Pía de Infiesto. «Diferentes pero iguales» (1995), en el Centro de Salud de Corvera. «Al pastor de los Picos de Europa» (1998), en la plaza de Benia de Onís. «A dos músicos de Pola de Siero» (2001) (Ángel Embil y Falo Moro) en el Parque de la Música de Pola de Siero. Y otras en Aracena (Huelva), Cáceres y Barcelona.

José A. Samaniego
La Nueva España




30-Jun-2010
 


Camín en síntesis , las dos facetas de un mismo escultor


El Museo Pablo Gargallo dedica tres salas al artista gijonés que simultaneó lo figurativo y lo abstracto.

Camín en síntesis es el nombre de la exposición abierta ayer en el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza que, en tres salas, muestra la evolución creativa de Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929--2007) en el terreno de la escultura. Camín de formación autodidacta y creador "poliédrico", destacó como pintor, escultor, artista gráfico, diseñador, dibujante y fotógrafo, además de ayudante de arquitectura.

Esta vez se presenta de golpe la andadura del escultor que en el siglo pasado expuso en Zaragoza las obras del momento, sus sucesivas etapas creativas. La comisaria de la exposición, Soledad Álvarez, explicó que Camín fue "figurativo en pintura, y también con la piedra y el mármol, a la vez que desarrolló la abstracción cuando usó el hierro". El paisaje portuario de Gijón determinó tanto sus paisajes pictóricos de los años 50, como los perfiles industriales de acero como soporte que usaría a partir de 1962.


LAS DOS CARAS Sus lenguajes son diferentes y los va empleando de forma simultánea --declaró Soledad Álvarez--: "Más racional y espacialista en el metal, pero más expresivo y pletórico con la madera (desde 1975, al volver desde Madrid a Asturias y establecerse en Valdediós, en plena naturaleza, se pone en contacto con la madera). Será más contenido y exigente en el acabado en las piezas de bronce y de mármol".

En la primera sala se muestra la obra figurativa: "Es una figuración sintética; torsos realizados en los años 77 y 78, de líneas muy suaves y estilizadas y retratos; pero también un boceto de Crucificado. La evolución de la pintura a la escultura se presenta en la segunda sala en la que trataba de llevar al hierro una figuración de paisaje sintético cercana a la pintura inicial. Binomios de madera y de chapa que aún requieren la pared para apoyarse y en la que el marco ya es un elemento plástico.

En esa Sala del hierro se dan a conocer sus angulares metálicos que implican lo cóncavo y lo convexo y con los que genera diagonales y formas muy dinámicas. A partir de 1970 el escultor toma el camino hacia una simplificación formal que irá impregnando toda su obra..

En la tercera sala aparecen obras de matiz arquitectónico, el escultor trata de crear espacios potencialmente habitables. De ahí son las piezas más grandes, ya con chapas que necesita doblar, porque sigue pensando en las posibilidades plásticas del angular, de los 90 grados. Ahí están las obras en madera en los que se pliega a los dictados de la materia viva, de lo orgánico.

Roberto Miranda
El Periódico de Aragón




30-Jun-2010
 


Camín, un viaje desde la figuración del mármol a la abstracción del hierro


El Museo Pablo Gargallo acoge desde ayer, y hasta el próximo 12 de septiembre, una retrospectiva que muestra la evolución artística del escultor asturiano.

Cuando Verónica y su hermana Mónica eran muy pequeñas, su padre, el artista asturiano Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929-2007), las llevaba a visitar museos y exposiciones. Entre sus piezas preferidas, su progenitor destacaba El profeta, de Pablo Gargallo. Ayer esta figura le dio la bienvenida a Verónica Rubio, nada más entrar al museo zaragozano dedicado al escultor aragonés, un espacio donde, hasta el próximo 12 de septiembre, se exhibirá la muestra Camín, en síntesis.

Aunque Camín inició su carrera artística como pintor, llegando a obtener el Premio Nacional de Pintura en 1955, en esta retrospectiva únicamente se recoge una parte de las esculturas que fueron seleccionadas por el museo Barjola, de Gijón, en septiembre de 2009, para conmemorar el octogésimo aniversario de su nacimiento.

"La muestra constituye una síntesis de la nutrida e intensa investigación plástica desarrollada por este poliédrico artista, que se caracterizó por la diversidad de las disciplinas que practicó, así como por la gran versatilidad de sus obras", apuntó Soledad Álvarez, comisaria de esta exposición.

La muestra se divide en tres salas diferenciadas por los materiales que empleó el autor, quien mientras vivió expuso varias veces su obra en Zaragoza, y la época cronológica en la que fueron realizadas.

En una de las salas se recogen piezas realizadas en hierro y acero. En ellas destaca su dilatada experiencia con el angular, un material con el que Camín desarrolló un fructífero trabajo que puede verse en muchos espacios públicos de su ciudad, Gijón, y otras localidades próximas.

En la segunda sala, se muestran piezas de acero laminado y madera, material que emplea cuando el autor vuelve a vivir a Gijón, después de una estancia prolongada en Madrid. "Es en el momento en que establece su residencia en Valdediós, en plena naturaleza, cuando comienza a trabajar con la madera, primero tratada y luego en estado puro. Él era consciente de sus cualidades intrínsecas y de los cambios a los que este material se somete por culpa de la carcoma o las condiciones climatológicas, pero quería que sus esculturas evolucionaran", señaló Álvarez.



Escultura religiosa

En la última de las salas, el mármol y el bronce son las bases sobre las que se crearon piezas muy figurativas, donde la perfección de los acabados juega un papel determinante. Fueron realizadas en las décadas de los 60, 70 y 80. Se exhiben varios torsos y esculturas religiosas, como un modelo a escala del Cristo de Monte Medo (1970).

La escultura religiosa jugó un papel determinante en la vida creativa de Camín. De hecho, fue a partir de una intervención suya en una iglesia de Londres, la de San Vincent de Potters Bar, cuando dejó su trayectoria pictórica, que retomó más tarde, para dedicarse a la escultura.

"Para nosotras fue una enorme sorpresa porque a Londres se fue un pintor con bigote y volvió a casa un escultor con barba", recordó ayer su hija Verónica, quien ha recogido el testigo de su padre.

Ana Esteban. Zaragoza
Heraldo de Soria




25-Jun-2010
 


Pablo Maojo se incorpora a la temporada de Robayera 2010


'Oscura luz' reúne desde mañana en la galería de Miengo, por vez primera en Cantabria, las esculturas del artista asturiano.

«Cuando acabo una escultura, y tiene algo, muchas veces no sé lo qué es, estoy intrigado con ella, y casualmente le ocurre lo mismo a los demás. Eso es lo que a mí me sorprende». El artista asturiano Pablo Maojo, que expone desde mañana en Cantabria por primera vez, es el segundo protagonista de la temporada de la galería municipal de Miengo, Robayera, cuya programación arrancó el pasado mes de mayo.

El espacio de las antiguas escuelas de Cudón exhibirá la creación de Maojo, cuya trayectoria se ha conformado a través de numerosas exposiciones individuales y colectivas tanto en España como en otros países, y ha estado presente en algunas de las ferias más importantes del circuito internacional de arte contemporáneo (Basilea, Arco), y en Bienales europeas. Es notoria también su presencia en importantes premios y certámenes de pintura y escultura del circuito nacional.El multipremiado artista asturiano de Villaviciosa ha participado en varias ediciones de ARCO, con la galería asturiana Cornión, y sus obras se encuentran en diferentes museos y colecciones públicas de nuestro país. De su creación se dice que apasionada. «Su pasión es jugar con los relieves, lo que se acrecienta a medida que aparece el color en la obra para resaltar o descubrir aspectos ocultos que sólo el espectador atento puede desentrañar. Se establece una relación de emociones que seducen, cautivan, y hasta enamoran, relegadas a fin de cuenta a la sensibilidad que tenga o despierta el observador».

Bajo el epígrafe de 'Oscura luz' presentará desde mañana (inauguración a las 19.30), una veintena de piezas representativas de su concepto escultórico: «cuanto más afina su destreza como escultor, más se produce el desbordamiento de lo puramente escultórico hacia otras artes, otros lenguajes».

Maojo (San Pedro de Ambas-Villaviciosa, 1961), posee un universo iconográfico que mantiene una tensión entre lo racional y analítico y un grafismo primitivista donde vibra el color en formas elementales.

La vitalidad del geometrismo, pero también de la pluralidad de expresiones y estrategias marcan su obra, que está representada en numerosas colecciones particulares, instituciones y museos, entre ellas el de la Fundación La Caixa (Barcelona), Bellas Artes de Asturias, E.P. Alto Lindoso (Portugal), Fundación San Benito de Alcántara, Cajastur, Fundación Evaristo Valle.

La madera como materia dominante ofrece un rico mundo de sugerencias escultóricas mediante «intervenciones directas, cortes elementales, cuya aparente rudeza no excluye, junto a sugestiones de la naturaleza, una notable belleza plástica, subrayada en ocasiones por los colores, rojo y azul principalmente, muy saturados».

Junto a obras monumentales, Maojo es autor de un gran número de creaciones, tanto escultóricas como pictóricas, de notable «capacidad inventiva y encanto formal» que denotan su gusto por la libertad creativa. En su trayectoria, de formación autodidacta, ha experimentado con todo tipo de técnicas: pintura, dibujo, grabado y, sobre todo, escultura. «Hay gente que pasa por ser artista, cuyo fin es vivir del arte, pero yo creo que la expresión artística es algo intrínseco e inevitable de la persona», dice Maojo.

Guillermo Balbona / Santander
El Diario Montañés




15-Jun-2010
 


El año de Aurelio Suárez se abre en julio con dos exposiciones


El Museo Antón de Candás y la galería Cornión de Gijón acogen dos de las 4 muestras del centenario del pintor.

Lenguaje propio, técnica exquisita, ingenio, originalidad, independencia... son algunas de las virtudes que adornan la obra artística del pintor Aurelio Suárez, de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento. Con tal motivo, Asturias acogerá cuatro exposiciones -Candás, Oviedo y Gijón- que abarcan todo el universo aureliano.

Las dos primeras fueron presentadas ayer por Gonzalo Suárez Pomeda, hijo del pintor y comisario de las muestras que ya había avanzado hace algunos meses en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Titulada «Chatarraurelio», la primera se presentará a partir del 13 de julio en el Museo Antón de Candás y servirá para dar a conocer el mundo más íntimo y personal del artista. La exposición incluirá todo tipo de objetos tridimensionales, esculturas en madera, piedras, ensamblajes, cajas y muebles, toda una colección de «trastos y cacharros» - como los denominó ayer su hijo- que Aurelio Suárez tenía costumbre de hacer a partir de distintos materiales para después regalar.

«Es la primera vez que estos trabajos salen a la luz y será difícil volver a reunirlos en el futuro», afirmó Gonzalo Suárez, que comentó la naturaleza de algunas de estas obras, piezas que rastreó para la muestra en distintos lugares. Al final consiguió reunir unas 160, entre las que figuran desde una lámpara sacada de un desván de Madrid a huesos y maderas encontrados en la playa y después trabajados por el artista. «Hay piezas de una belleza enorme, objetos y temas que conducen a un conocimiento íntimo de su obra», subrayó Suárez Pomeda.

Junto a estos materiales se presenta además una serie de publicaciones -libro de postales, catálogo, marcadores y folletos- que permiten un acercamiento más amplio y profundo del mundo aureliano. Con ese objetivo está también pensada la muestra que se inaugura el 15 de julio en la galería Cornión de Gijón. En ella se incluye algo de todas las exposiciones exhibidas desde 2003 en la sala, que cuenta con óleos, guaches, maderas... una selección que permite comprobar su capacidad creativa singular.

Buen conocedor de la obra de su padre y de la dedicación de éste al mundo del arte, Gonzalo Suárez comentó alguna de sus rutinas, como la costumbre de dedicar los quince o veinte minutos antes de la comida a hacer apuntes sobre papel. Otra costumbre era realizar collages con dibujos previos -«monos» llamó a esas figuras su hijo- que guardaba en una caja para después incluirlos en algún cuadro.

M.S.Marqués
La Nueva España




31-May-2010
 


El legado inédito de Aurelio Suárez


La celebración del centenario del artista, con exposiciones en Oviedo, Gijón y Candás, invita al público asturiano a redescubrir su obra a través de material desconocido hasta ahora.

Cuatro exposiciones para explorar la trayectoria vital de un artista singular. La celebración del centenario del nacimiento del gran pintor gijonés Aurelio Suárez permitirá al público asturiano redescubrir en cuatro escenarios diferentes, en Oviedo, Gijón y Candás, el universo más íntimo de un hombre que clava su talento en todo lo que toca. «Pintar no es copiar la naturaleza, es representar gráficamente lo que imagina nuestro cerebro», se confesaba el artista en su «Teorema pictórico». Y es precisamente de esta premisa de donde parte todo el mundo onírico «aureliano», que se refleja en óleos, gouaches, bocetos, libros, piezas escultóricas, cerámicas, retratos, objetos naturales, muebles... Cualquier soporte era bueno para dar rienda suelta a su creatividad. La de un vanguardista rendido al arte de la imaginación.

Los actos del centenario incluyen un amplio programa de actividades repartido por varias localidades asturianas para dar a conocer al gran público un buen número de creaciones inéditas. La familia propuso al Principado organizar algo acorde con esta efeméride y la respuesta fue casi inmediata. Aurelio volverá a la luz pública en cuatro grandes exposiciones: dos de ellas en su Gijón natal, en la galería Cornión y en la Biblioteca Jovellanos; en el Museo Antón de Candás y en el Museo de Bellas Artes de Asturias, donde se encontraban ya algunas de sus obras en depósito.

«Son piezas de una belleza tremenda», explica su único hijo, Gonzalo Suárez Pomeda, sobre un artista que regresa en obra y en espíritu, al completo, en todos sus parámetros. La herencia «aureliana» que se verá a partir del 15 de julio en la galería Cornión incluye dos obras inéditas, «Dozuno» y «Teorema pictórico». La muestra, en la que colaboran artistas, escritores y amigos, es un repaso de todas las exposiciones realizadas desde el año 2003 en que falleció el artista.

Dos días antes, en el Centro de Escultura de Candás, Museo Antón, se abrirá una segunda exposición con objetos naturales, maderas, vidrios, metales, muebles, cajas, cerámicas y otros artículos de uso habitual que han inspirado algunas de las creaciones del artista. Son objetos que Aurelio Suárez hizo para sí mismo o regaló y que ahora se exhiben por vez primera.

La afición del artista a coleccionar barajas y estampitas le llevó a crear una serie de cajas decoradas que hasta ahora no habían visto la luz, igual que las cerámicas, fruto de su etapa profesional como decorador de lozas y porcelanas. Otros objetos cotidianos vistos desde una perspectiva artística y «aureliana» son los libros. Y qué mejor escenario para mostrar sus marcadores, separadores, carpetas de música y ex libris que la Biblioteca Jovellanos donde el próximo 5 de noviembre se abrirá al público una exposición, coincidiendo con el congreso de bibliotecas que se celebra en esas fechas en la ciudad.

La ocasión llevará a una transformación total de la sala de exposiciones de este gran edificio público, con alguna sorpresa extra para los viandantes. Como en el resto de exposiciones (salvo Cornión, donde sólo se editará un libro), la iniciativa se hará acompañar de la publicación de un calendario, un libro, cinco marcadores de libros y un libro de postales.

El broche del centenario llegará el 19 de noviembre con la inauguración de la cuarta y última exposición en el Museo de Bellas Artes de Asturias. 31 obras entre óleos, gouaches, bocetos y carpetas decoradas que harán las delicias del público más exigente.

En la vida secreta de los objetos cotidianos de Aurelio Suárez podrán verse también algunas de sus partituras -el pintor era un gran aficionado a tocar la flauta-, sus libros de solfeo e incluso sus propios instrumentos. Se recrean, en definitiva, escenarios íntimos del artista para este gran homenaje público. El proyecto expositivo al que Asturias da la bienvenida ha implicado a las instituciones en la divulgación e investigación de la obra. La herencia desnuda y sorprendente del artista prolífico que fue Aurelio Suárez sale ahora, por fin, a la luz pública.

C.Jiménez
La Nueva España




22-May-2010
 


Un refugio para la luz


Poesía y reflexión se dan cita en este pequeño piso del barrio gijonés de La Arena, donde sus dos habitantes preparan un nuevo reto expositivo. La ilusión y la fe en la pintura dominan una atmósfera envuelta en música.

En esta casa-estudio del barrio gijonés de La Arena, angosta y abigarrada, siempre suenan ritmos melódicos de fondo. Las sinfonías de Bach, las misas de Tomás Luis de Victoria, las versiones para piano de Mozart o el bandoleón de Astor Piazzolla inundan de calma una atmósfera que huele a tabaco y mar, a óleo y salitre, suavizando el ruido que sube de los bares de la calle Aguado. Aquí no vale todo (ni mucho menos) pero «todo lo que vale» sirve de inspiración a este pintor honesto, de obras lentas y delicadas. Inspiración lógica en el caso de alguien cuyo deseo más íntimo (sospecho) es pintar la música.

Nano, inicialmente reacio a las caricias, desconfía de las visitas, pero se deja mimar cuando advierte unas manos cercanas. Con doce años, este atlético perro de aguas aún corre diariamente por la arena de San Lorenzo y El Rinconín, bajo la mirada ‘paternal’ de Javier Victorero. Ambos comparten este taller, cuyas estanterías atesoran la ordenada colección de minerales que le facilitó el especialista Agustín Fernández y muchos libros de arte, donde priman Velázquez, Zurbarán, Klee, Palazuelo, Ramón Gaya o nuestro Luis Fernández, con el permiso de Virilio, Eugenio Trías y, sobre todo, Albert Camus («Nací en el mar y la pobreza fue, para mí, fastuosa»). En las paredes cuelgan algunas obras propias (acuarelas, tintas, marinas y horizontes...) que comparten espacio con dos o tres pequeñas ‘joyas’ adquiridas durante años, con un enorme esfuerzo ahorrativo. Vivir de la pintura es muy difícil. Vivir sin ella, imposible.

No ha sido rápida la evolución de Javier pese a que, en los últimos diez años, ha pasado de ser un desconocido a situarse en la élite de la pintura española, con varios premios y un importante apoyo de la crítica nacional. Su cotidianeidad se nutre de una meditada litúrgia contemplativa, casí mística, que él trata de habitar cada día. Lejos de los peligros de las calles, sus horas de trabajo se alimentan de luces tamizadas y ritmos pausados, huyendo de las modas y persiguiendo nuevas vibraciones. Para Javier la pintura es un ritual, un renacer constante, su nutriente más básico, capaz de revitalizar cualquier altibajo personal. Aquí la esencialidad es la meta soñada, como parte de un ‘proceso’ de carácter periódico (aunque la denominación ‘artista procesual’ pueda sonarnos a otras cosas). Y es que aquella vieja fórmula del ‘ut pictura poiesis’ se hace piel de algodón bajo los pinceles de Javier. Cada fragmento de sus lienzos es un cúmulo de guiños intelectuales, líricos y épicos de nuestro amigo-pintor-poeta.

Su último exposición individual ocupó el verano pasado la sala Robayera de Miengo, un prestigioso espacio cántabro donde sólo habían expuesto antes cuatro asturianos (Camín, Galano, Pelayo Ortega y Javier Riera) en una ambiciosa programación compartida con Tápies, Chillida, Baselitz, Lüpertz, Juan Muñoz, Cristina Iglesias, Gordillo, Barceló, Plensa o Juan Uslé. El reto fue muy importante, y el catálogo de Javier Victorero contó para ello con la palabra del añorado Dámaso Santos Amestoy, fallecido hace sólo unos meses. Escribía este amante de la pintura que Victorero lleva tiempo tratando de encontrar su «verdad», su propia voz, aprovechando la estela de ‘tradición iluminista’ europea. «Los nuevos recursos geométricos y los hallazgos espaciales de Victorero deben su desarrollo a la prosecución en pos de aquel fulgor de la pintura que sólo se produce en el límite de la visibilidad. Pintura de otra luz, no es de extrañar que tenga escasos precedentes actuales». Otros especialistas nacionales han subrayado tesis similares. Así, en un texto sobre la serie ‘Bodegón español’ de Victorero, Juan Manuel Bonet afirma: «El pintor, más esencial que nunca, se dirige por el lado de lo sublime a una cierta atmósfera rothkiana. Pero en la actualidad no concibe esa atmósfera luminosa sin el ‘esqueleto’ de la construcción».

La casa de Javier proyecta estos días energía creativa, con la preparación de las piezas que, en el próximo mes de octubre, presentará en la galería Cornión. Los planos geométricos se componen con nuevas melodías que cimbrean entre compases armónicos. Se alternan la nebulosidad y la luminiscencia, se evita la ortogonalidad, se mantienen el rigor estructural y las tensiones. Con esa amalgama, se alcanza finalmente un equilibrio tan sensato como difícil de traducir con palabras. Al margen de discursos, su obra demuestra, como también señalaba Amestoy, que «ni la pintura figurativa, si es verdaderamente pintura, se compone de imágenes, ni la mal llamada ‘abstracta’ es menos figurativa que la del ilusionismo tridimensional». Pintura, en todo caso, norteña. Pintura para pintores. Pintura para miradas alejadas de lo superficial, capaces de advertir el misterio y captar eso que llaman ‘emoción estética’, que presupone, entre las muchas inquietudes del ser humano, una particularmente válida para sentir emociones frente las obras de arte.

La muerte y la resurrección de la pintura ha sido, en distintas épocas de la historia del arte, un ciclo de ida y vuelta. Hoy sigue sufriendo ataques intensos por parte de ciertos indocumentados, envidiosos e incapaces de permitir aquellas disciplinas que no abogan por el espectáculo fácil. A veces, el mercantilismo excesivo de algún pintor contemporáneo merece tales ataques, cuando parten de criterios sólidos, pero al margen de los dogmas estilísticos. Decía el filósofo francés Étienne Gilson, en sus ensayos acerca de lo que él llamaba la ‘forma germinal’ (la inspiración) que sólo hay un modo de aproximación justificable a la pintura. Y este modo de aproximación no es la arqueología, ni la historia, ni la ciencia, ni la filosofía, ni la crítica de arte. Es la propia pintura.

Severas reflexiones que Javier comparte plenamente. En su caso, esa forma germinal puede hacer conectar la pintura con otros campos más o menos cercanos (la música, la poesía, la geometría, la narrativa…) pero éstos tan sólo tienen vigencia durante estas largas, pausadas e inexorables sesiones de taller. Ahí (sólo ahí) su pintura recibe el golpe de efecto de esas otras calidades fenomenológicas. Ahí (sólo ahí) el ser (el pintor) puede ser anterior al conocimiento (la pintura) para producir nuevos misterios. Ahí (y en la calle, o en la playa, o el monte, o en la mañana, o en la noche) la pintura permanece al lado del ser, y el conocimiento se hace verso, gesto o, simplemente, carne. Con permiso de Nano, por supuesto.

Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio




21-May-2010
 


Luis Fega, en plenitud
En Madrid, la galería May Moré muestra pinturas y estructuras tridimensionales

La muestra presenta una amplia selección de piezas en tres dimensiones, a modo de ‘collage’, realizadas con maderas, pigmentos y metacrilato.

Las aportaciones más renovadoras del siglo XX, las tesis sobre el agotamiento de las narrativas, la necesidad del arte actual de generar discursos y las nuevas formas de mirar del siglo XXI son parte de los intereses habituales en Luis Fega (Piantón, Vegadeo, 1952), tal como sintetizó hace unos meses en el curso AlNorte que dirigió en Avilés, invitado por EL COMERCIO. Ahora, el artista asturiano muestra sus obras más recientes en la galería May Moré de Madrid, que combina pinturas sobre lienzo y sugerentes estructuras tridimensionales.

Hace dos años, el Círculo de Bellas Artes de Madrid ya había organizado una gran exposición de Luis Fega que exploraba esa trayectoria, donde destaca su afán por superar el plano a la caza de otras perspectivas. Sus ‘collages’, construidos con materiales de desecho, maderas y técnicas mixtas, son «esculturas realizadas con la mirada de un pintor » y se mantienen en un interesante terreno fronterizo que, bajo ese carácter mestizo, resulta doblemente emotivo.

«Me divierte descomponer la pintura en todos sus elementos», afirma. «Trabajar al revés, disgregar en vez de agregar, romper partes y volverlas a unir de un modo diferente. Trabajar con distintos materiales para que la materia se exprese por sí misma. Cuando la pintura sale del cuadro surgen curiosas sinergias».

Sobre lienzo, su proceso creativo se desarrolla en el suelo, con la tela grapada primero sobre madera (para que sus enérgicos trazos no rompan el soporte) y luego montada en un bastidor tradicional. Pero en sus ‘collages’ combina papeles, bolsas, globos, metacrilato y objetos que fija con martillos y taladros, en un delicioso conjunto de guiños constructivos. «No pienso para nada en significados, me concentro simplemente en la resolución del problema planteado, en la realización de un hecho estético que es antes sensible que inteligible. Añado formas, quito o modifico otras, matizo hasta que la informe amalgama cobra vida y deje fluir la idea».

La trayectoria de Fega parte de esa abstracción española que se inició en los años ochenta con creadores nacidos en la década de los cincuenta, entendiendo las pautas del informalismo, asumiendo su dramatismo y alternando diversos procedimientos metodológicos donde se fundían las transparencias y la opacidad, los grafismos y la síntesis del espacio, transmutando la acción de pintar en pura reflexión. Entre el expresionismo abstracto, con ciertas raíces paisajísticas y los juegos lúdicos.

Fega siempre asume el arte como una investigación estética y ética que no busca diferencias ente pintura buena o mala, sino entre pintura y ‘no-pintura’. Enemigo de la monotonía, rastrea sus emociones mediante trazos amplios y goteos deudores de la pintura de acción pero fieles a su forma de ser y sus recuerdos. Los trazos negros desgarran el soporte, desarrollando veladuras sobre sí mismos, entre extremos que levitan sobre un fondo homogéneo. Esa extensa marejada se contenía, hasta su anterior exposición, con formas geométricas que hacían reposar el núcleo de las obras. Pero un creciente afán por el color y un menor rigor geométrico anuncia nuevas etapas en sus pinturas, mientras las construcciones, originales y sorprendentes, crecen es su estudio sin prisa ni pausa.

Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio




11-May-2010
 


10 pintores principales por África


Josefina Junco, Kely, Gil Morán, José Arias, Vicente Pastor y Hugo Fontela, entre otros, reúnen obra en una exposición solidaria del Auditorio de Oviedo.

La Fundación Pájaro Azul, institución que trabaja en diversos proyectos en países en vías de desarrollo, solicitó su ayuda y ellos respondieron con la mejor que pueden dar, su obra. Son José Arias, Paco Fernández, Hugo Fontela, Antonio Gil Morán, Josefina Junco, Kely, Lisardo, Pedro Losa, Vicente Pastor y Lara Ríos. 10 pintores, todos de primera fila, que, reunidos bajo el comisariado de Luis Feas, participan en la I Exposición de Artistas por la Solidaridad. Un encuentro de pinceles y derroche de generosidad que pretende consolidarse en la agenda cultural asturiana y que ayer abrió sus puertas en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo con la mirada puesta en África.

Su título, 'El pájaro de muchos colores', hace referencia a la fundación que lo promueve y a la diversidad de estilos y paletas que se ha logrado en la primera convocatoria, que permanecerá en la sala de exposiciones del Auditorio durante los próximos siete días.

Las obras expuestas no sólo lo han sido colgadas en la pequeña sala de exposiciones para alimentar el puro placer de la contemplación. También pueden adquirirse y su venta irá destinada a uno de los muchos proyectos que la Fundación Pájaro Azul tiene abiertos en el continente africano.

La colección se vende a precios «muy buenos», asegura Feas en el pequeño catálogo publicado con motivo de la muestra, y Feas, además de comisario de esta cita es crítico de arte y como tal conocedor de los entresijos estéticos, pero también de los mercantiles. Hasta el día 17, en que se cierran sus puertas los aficionados al arte podrán adquirir obras de algunos de los artistas más respetados de la nómina asturiana desde 800 euros a 4.000.

Para animar a la participación no sólo de los artistas, sino también de quienes acudan a la exposición, la presidenta de la Fundación Pájaro Azul, Inmaculada González-Carbajal García, recuerda que «no podemos escondernos en los pretextos para no actuar. La desigualdad crece mientras miramos hacia otro lado». De hecho, la Fundación nace desde la toma de conciencia de que «hay algo universal en los seres humanos donde todos nos podemos encontrar».

La eterna olvidada
Asegura González-Carbajal que la preferencia por África para destinar sus esfuerzos tiene que ver con el hecho de que es «la eterna olvidada, desconocida y especialmente maltratada». Por eso, dice, «queremos darle voz y presencia a través de la organización de actividades diversas que nos permiten informar y sensibilizar acerca de las realidades que conocemos y sobre las que trabajamos. La Fundación quiere ser una gran orquesta en la que suenen instrumentos diversos y variados, cada uno con su propio tiempo y espacio. Lo importante es saber que lo que nos une es la solidaridad, que al igual que la música, es universal porque nos permite encontramos con el otro».

Paché Merayo
El Comercio




8-May-2010
 


La sencillez de una voz propia


Josefina Junco brilla en Madrid, en la sala de la Delegación del Principado de Asturias, con ‘Rumor de aromas’.


La expresión (formal o conceptual) de la verdadera sabiduría se caracteriza por su sencillez. La expresión de meros conocimientos (científicos, mecánicos o académicos) suele ser embarazosa y su complejidad, a menudo, oculta la ausencia de emociones.

André Breton, aludiendo a la obra de Henri Rousseau (‘El Aduanero’), escribió: «Su secreto no puede residir enteramente en este candor presumido sin límites del cual se citan hasta la saciedad los trazos desarmantes. Sólo sirve de pantalla al flujo magnético que, de su pintura, se proyecta hacia nosotros, y que considero única e inherente a su obra». Desde sus primeras apariciones públicas Rousseau había sido tildado de ‘ingenuo’, reprochándole el candor de sus lienzos, pero los poetas y pintores de vanguardia le aceptaron. ‘El Aduanero’ estaba fascinado por la comunicación entre el mundo de los vivos y los muertos, practicando su peculiar ‘fijación distraída’, esto es, composiciones con un punto intenso, que capta la mirada del espectador. Sus junglas, sus animales, sus lunas y sus soles todavía siguen impactando nuestras retinas.

Henri Rousseau tenía voz propia y, más allá de semejanzas estéticas, su ética vital recuerda a la de Josefina Junco, que estos días expone en la sala de la Delegación del Principado de Asturias, en Madrid. El trabajo de la artista asturiana ha evolucionado con gran coherencia en los últimos veinte años, bajo una ‘ingenuidad’ que sólo es aparente. Sus composiciones están repletas de matices, de guiños interiores, de experiencias entre el mundo de las fantasías y las realidades. Sus cuadros son encrucijadas cómplices que se nutren de memorias, emociones, presencias y ausencias.

Singular

La obra de Josefina Junco se ha depurado notablemente para decir más con menos, huyendo del abigarramiento de sus primeras etapas creativas. Sus últimas ‘Melodías del silencio’ que expuso en la galería Cornión y en el Museo Antón de Candás, o este nuevo ‘Rumor de Aromas’ que presenta en Madrid, mantienen el interés por la figuración, el color, el dibujo y el recuerdo, pero atesoran constancias metafísicas y oníricas que se alternan con una febril sensibilidad.

Hay un silencio muy sugerente en estos cuadros, una suerte de austeridad primitiva, que los dota de belleza, más allá de cualquier alusión a lo naïf o al romanticismo al uso. Las flores, los paisajes, las montañas y los cielos de Josefina Junco se derraman sobre telas y tablas delicadas que, en su sentido más extremo, son habitadas con el color.

La magia de verdes, rosas, malvas y azules configuran a sus cuadros una certeza muy especial que, finalmente, sin más pretensiones que gozar del propio ‘proceso’ pictórico, agradan. Porque Josefina Junco confía en la reflexión interior, la experimentación y la naturaleza, y aplica sus esfuerzos en ese orden para conseguir resultados muy personales.

El árbol, como género y símbolo de vida, es una constante en muchas piezas. Manzanos, cerezos, membrillos, flores, sencilla expresión de la complejidad de la vida. Avecillas franciscanas, como el ‘tordu gallegu’ o la ‘curuxa’, salmones del río Sella, arquitecturas de su infancia en Taborneda, la sombra de El Sueve, las plazas de Gijón, el muelle y sus rincones (La Rula, La Colegiata…) y otros muchos juegos le sirven para componer nuevos horizontes. Pretextos compositivos, en fin, para dialogar con la pintura y tratar de entender el cómo y el por qué pasan los días y las horas sin que apenas nos demos cuenta. Pintura con voz propia, que no es poco.

Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio




23-Abr-2010
 


Madrid abre ventanas a la Asturias de Josefina Junco


La pintora repasa su obra de los últimos años en la delegación del Principado bajo el título "Rumor de aromas".


La Asturias «quintaesenciada» en biografía y memoria que Josefina Junco (Arriondas, 1949) ha ido preservando en su pintura de los últimos años se abrirá mañana a la mirada del público madrileño. La sala de exposiciones del céntrico edificio de la Delegación del Principado en la capital de España inaugura «Rumor de aromas», una selección de pinturas recientes de la artista que permanecerá en Madrid hasta el 23 de mayo y en la que se recoge una representación de los temas que han ocupado su obra en la segunda mitad de la pasada década: la ciudad, la naturaleza rural y urbana, las aves y los peces y, por encima de todo, o envolviéndolo todo, el tiempo.

En esta selección de «poemas para escuchar con los ojos» -así los describe el filólogo y académico de la Lengua asturiano Salvador Gutiérrez Ordóñez en el prólogo al bello catálogo diseñado por Manuel Fernández- Josefina Junco profundiza en una poética que, desde sus inicios, ha estado marcada por la evocación de su infancia rural en Arriondas y por la incorporación posterior de temas de la ciudad de Gijón, donde reside y enseña. Ambos mundos quedan unificados bajo una misma poética, a la vez elegiaca en su mirada al tiempo en fuga y orientalizante en su celebración de lo mínimo y lo perecedero, y por la técnica de la artista, liviana, minuciosa y atenta por igual a la delicadeza del dibujo y a las armonías cromáticas.

Pero lo que confiere su personalidad y su unidad profunda a todo el mundo pictórico de Josefina Junco es el modo en el que, como señala Gutiérrez Ordóñez, «todas las realidades y todos los objetos que rescata del pasado están marcados por un simbolismo que se pone al servicio de un lenguaje estético». El simbolismo es, una y otra vez, el del objeto trasplantado desde la realidad, donde el tiempo erosiona y borra con rapidez, a la realidad del cuadro. Sean árboles, flores o frutos, aves o arquitecturas en las que se reconoce el amor por un Gijón paseado a conciencia -distintas perspectivas del Muelle, la plazuela de San Miguel, la avenida de Castilla y el parque de Isabel la Católica-, todos los elementos de la obra de Junco aparecen sumergidos en «un fondo continuo en el que pocas veces hallamos un horizonte que delimite el cielo de la Tierra». Ese borrado del horizonte es el borrado, también, de la raya móvil que separa pasado y presente, vida y obra, realidad externa y realidad pintada.

Como principal novedad de la muestra, hay que destacar los cuadros sobre peces de marcada inspiración japonesa, en los que Josefina Junco evoca una vez más un motivo de su paisaje natal y de su infancia, a través de la figura del padre, aficionado a la pesca fluvial.

J.C.Gea
La Nueva España




7-Abr-2010
 


Robayera, que exhibirá la obra de Pablo Maojo, abre la temporada en mayo


El veterano proyecto de la galería municipal de Miengo incluye en su año expositivo, por primera vez en Cantabria, la creación del escultor asturiano.

Robayera servirá de nuevo de vehículo para presentar esta próxima temporada la obra de un artista, en este caso Pablo Maojo, en Cantabria por primera vez. La galería municipal de Miengo, cuya programación 2010 arranca el próximo mes de mayo, exhibirá la creación del artista asturiano, cuya trayectoria se ha conformado a través de numerosas exposiciones individuales y colectivas tanto en España como en otros países, y ha estado presente en algunas de las ferias más importantes del circuito internacional de arte contemporáneo (Basilea, Arco), y en Bienales europeas. Es notoria también su presencia en importantes premios y certámenes de pintura y escultura del circuito nacional.

Pablo Maojo (San Pedro de Ambas-Villaviciosa, 1961), posee un universo iconográfico que mantiene una tensión entre lo racional y analítico y un grafismo primitivista donde vibra el color en formas elementales. La vitalidad del geometrismo, pero también de la pluralidad de expresiones y estrategias marcan su obra, que está representada en numerosas colecciones particulares, instituciones y museos, entre ellas el de la Fundación La Caixa (Barcelona), Bellas Artes de Asturias, E.P. Alto Lindoso (Portugal), Fundación San Benito de Alcántara, Cajastur, Fundación Evaristo Valle.

De Cidoncha a Lamarca

La muestra de Emilio González Sainz, paisaje cántabro de Robayera 2010, abrirá la nueva temporada en la sala de las antiguas escuelas de Cudón el próximo mes de mayo. Bajo la dirección de Juan Manuel Puente, y con la colaboración permanente de la Consejería de Cultura, la nueva temporada, como se ha venido avanzando, incluye exposiciones de Rafael Cidoncha y la fotografía de Lamarca. En Miengo expondrá piezas escultóricas y obra sobre papel.

Considerado uno de los escultores asturianos de mayor relieve y de más acusada personalidad, la obra de Maojo mantiene una estrecha vinculación con sus raíces existenciales y geográficas. La madera como materia dominante ofrece un rico mundo de sugerencias escultóricas mediante intervenciones directas, cortes elementales, cuya aparente rudeza no excluye, junto a sugestiones de la naturaleza, una notable belleza plástica, subrayada en ocasiones por los colores, rojo y azul principalmente, muy saturados. Junto a obras monumentales, Maojo es autor de un gran número de creaciones, tanto escultóricas como pictóricas, de notable «capacidad inventiva y encanto formal» que denotan su gusto por la libertad creativa. En su trayectoria, de formación autodidacta, ha experimentado con todo tipo de técnicas: pintura, dibujo, grabado y, sobre todo, escultura.

Además de exponer desde el año 1982 en galerías privadas, museos e instituciones, sus obras se han destinado a numerosos espacios públicos, entre otros, en la madrileña sierra de Cercedilla, en los jardines de la Fundación-Museo Evaristo Valle en Gijón, o en la estación Gregorio Marañón del metro de Madrid. «Armonía estructural, vivacidad rítmica e integridad compositiva» son los rasgos formales más notorios de unas esculturas entroncadas, por un extremo, con la línea principal del constructivismo y, por otro, «con el intemporal artesano que, en comunión con la materia, anula las inciertas diferencias del arte con el oficio». En su escultura predomina la madera en estado puro, rescatándola como obra de arte a base de líneas más o menos rectas y planos sobre los que interviene con colores vivos. Autor de carteles, otro sello de su estilo es el virtuosismo gráfico, «la inteligente explotación del color y el escrupuloso dominio de las texturas». Asimismo, en gran parte de su obra pública se sirve de otros materiales como el hierro, el bronce o el acero.

GUILLERMO BALBONA
El Diario Montañes




24-Mar-2010
 


Exposición de Carmen Castillo en la Galería Cornión.


Montaje virtual e infográfico de Carmen Castillo, con una de las piezas de Gigia para el Campo Valdés de Gijón.




22-Mar-2010
 


El paisaje en las palabras de Camín


El creador dejó decenas de textos que ahora edita Cubera en un libro también de dibujos en tinta.


Su nombre fue siempre apellidado de escultura. Pero Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929-2007) era un creador global. Mucho antes de asumir su indomable pasión por interpretar el paisaje con maderas, aceros, ángulos, vacíos y profundidades, fue pintor premiado, que, al final de sus días, encontró en las acuarelas la dulzura de un nuevo tiempo. Quiso ser arquitecto y sin serlo dio ideas, nociones y proyectos a varios maestros del oficio. Diseño muebles, alcantarillas y hasta portales. Camín se fue con 77 años habiendo tocado todos los palos del arte, incluida la escritura. Gran conversador, no dudó en plasmar en papel muchos de sus propósitos. Algunos de sus textos fueron publicados en la revista de la Asociación de Amigos del Paisaje de Villaviciosa, Cubera, de la que fue primer presidente. Cada uno aparecía ilustrado con delicados dibujos también creados por él. La mayoría eran cantos al horizonte que le rodeaba en su querido rincón de Valdediós. Cartas a la naturaleza, pero también misiles a las instituciones que no cuidan sus lugares y a las gentes que pasan por ellos dejando triste rastro sólido de su visita. Hoy esas cartas reaparecen reunidas en un libro, de edición no venal, titulado 'Paisajes'.

Es el homenaje de Cubera a este genial asturiano que estos días se recuerda en tres espacios diferentes del vecino León, el Instituto de Cultura, el Centro Leonés de Arte y la Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Todos unen sus lugares para rendirle un tributo que antes tuvo como escenario el Museo Barjola y que dentro de unas semanas, desplegará su contenido en Zaragoza, donde el creador asturiano, uno de los más importantes de la segunda mitad del siglo XX, fue querido y hoy es admirado.

Viveza y también enfado.
El libro está prologado por su hija Mónica, que confiesa en sus páginas que «en el lenguaje y tono de los textos» reconoce con total claridad la voz de su padre, pero no sólo su entusiasmo y «viveza» también «su enfado al constatar la desidia y agresividad con que tan a a menudo tratamos nuestro entorno».

Habla también Mónica en su introducción de los dibujos a tinta que acompañan el verbo del escultor. «No dejan de maravillarme por muchas veces que los mire. Árboles, hórreos, piedras, iglesias... Hojas, castañas, nubes... que tenemos a nuestro alrededor», escribe, antes de recordar que hace ya dos años que su padre salió una tarde de otoño de su casa de Valdediós para no volver y ese lugar sigue anidando todo su espíritu. Por eso Mónica trabaja desde hace meses por lograr su apertura al público.

«Lo cuidamos con la esperanza de que un día ese patrimonio, esa obra, que no son sólo las esculturas y pinturas, sino también la casa, las paneras, el jardín y los árboles que él colocó y cuidó con mimo, y con un criterio muy claro, puedan ser disfrutados por todo aquel que quiera venir a visitarlos». El deseo de abrir la Casa Museo de Rubio Camín cuenta con varios adeptos, pero aún no con el apoyo del Principado que si bien ya ha visitado todo el conjunto no se ha pronunciado respecto al proyecto que ya está totalmente diseñado.

Paché Merayo
El Comercio




12-Feb-2010
 


Tres espacios exhiben las infinitas ideas de Camín
Entorno Camín lleva al CLA, ILC y Fundación Cerezales su pintura y escultura

Un artista con estrecha relación con León y que apostó por los artistas leoneses.

Tres espacios expositivos acogerán una gran exposición del artista asturiano Joaquín Rubio Camín. Tal es la importancia y el peso de la obra del pintor, escultor y fotógrafo. Así, hoy a las 20:00 horas se inaugura ‘Entorno Camín’ en la sala Provincia del ILC, en el Centro Leonés de Arte y, mañana, en la Fundación Cerezales de Cerezales del Condado. Al acto del ILC acudirán la viuda e hijas del artista, la directora del Museo Barjola y la comisaria de la muestra, así como otras personalidades y artistas.
‘Entorno Camín’ es una magna retrospectiva que tiene lugar gracias a la colaboración del Principado de Asturias a través del Museo Barjola.
Así, en la sala Provincia del Instituto Leonés de Cultura se mostrarán las esculturas relacionadas con el metal y el angular, mientras que el Centro Leonés de Arte abrirá al asturiano hasta seis salas, una para mostrar su pintura, otra sus trabajos más experimentales (grabado, dibujo...), otra a la escultura de madera, otra a sus obras de temática religiosas. Y en la salas de exposición de la Fundación Cerezales Antonino Cinia se expondrán los hitos fundamentales de la evolución escultórica en chapa, más una pieza en madera, de Camín, una muestra que tiene que ver con su faceta abstracta.
En cuanto a la dimensión de Camín, baste decir que fue Premio Nacional de Pintura y Gran Premio de Escultura, lució su obra en la bienal de Venecia y en la de Sao Paulo, fue gran amigo de artistas como Chirino, Chillida, Oteiza. Y como aportación enteramente propia, Camín se inventó el uso del angular, el diedro, como elemento básico de la construcción, primero más barroco y finalmente de un modo más sintético, más minimalista.
Tres espacios para acoger sus infinitas ideas.

C.D.R.
La Crónica de León




12-Feb-2010
 


El ILC abre una exposición sobre Joaquín Rubio Camín


El Instituto Leonés de Cultura acoge desde hoy y hasta el 11 de marzo una muestra retrospectiva del artista asturiano Joaquín Rubio Camín titulada Entorno Camín . Esta exposición cuenta con la colaboración del Principado de Asturias y del Museo Barjola, además de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia (en el pueblo de Cerezales del Condado), que acoge parte de este excepcional montaje.

El ILC ha querido así realizar un homenaje a este artista que, a pesar de haber vivido en Asturias, tuvo una gran relación con la provincia de León, donde expuso por primera vez, en el año 1948, en la sede de la Diputación. Camín fue un personaje clave en la potenciación de los escultores leoneses y se trató de uno de los personajes más significativos del panorama nacional en las más diversas materias, desde la pintura a la escultura pasando por el diseño y otras disciplinas.

Camín (1929-2007) inició su actividad pictórica en 1947, consiguiendo el Premio Nacional de Pintura en 1955. También fue Gran Premio de Escultura en 1962. Esta muestra abarcará todas sus facetas.

Redacción
Diario de León




5-Feb-2010
 


Líneas artísticas que convergen en Gijón


El artista asturiano reúne en su galería de siempre medio centenar de obras, y la escultora instala sus hierros en la capilla de la Trinidad .Pelayo Ortega inaugura muestra en Cornión y el Barjola estrena obra de Mayte Alonso.Es cuestión de líneas. Unas toman forma gracias al hierro y al caucho de Mayte Alonso; otras al óleo y a la paleta de colores de Pelayo Ortega. Las líneas que juegan con el espacio de la capilla de la Trinidad son desde ayer visitables en el Museo Barjola, un espacio para el que nació en exclusiva la instalación 'Caligrafías del espacio' de la artista madrileña unida a Asturias gracias a AlNorte y su presencia en el taller que Martín Chirino dirigió en la ciudad hace un par de años. Mientras, los trazos certeros siempre sorprendentes de Pelayo Ortega regresan a su galería, Cornión, esa a la que siempre vuelve el pintor que trabaja en exclusiva para la prestigiosa galería Marlborough.

Gijón tenía ayer cita por partida doble. A las siete, Mayte Alonso reunía en el Barjola miradas sobre esas caligrafías que se han instalado en la capilla de la Trinidad para quedarse hasta el 11 de abril. A las ocho, en Cornión, se miraba con calma el trabajo más reciente de Pelayo Ortega, el que muestra su universo artístico de un ayer (2009) tan próximo que es hoy. Allí estarán sus cuadros hasta el 6 de marzo.
Pelayo Ortega expone en casa medio centenar de obras entre pinturas y volúmenes, la mayor parte de ellas realizadas en los últimos meses en su taller gijonés. Viajan, en cualquier caso, desde cinco años atrás como en el caso de 'Interior noche de lluvia', fechada en 2005, aunque son las piezas antiguas excepción en las paredes. Presenta el artista un sinfín de temáticas y colores, negros, grises, naranjas, verdes, azules, amarillos, que ayer se dejaron ver con gusto por quienes se pasaron por la sala de la calle de la Merced. «Esta es una exposición que, dentro de una coherencia estilística, resume muy bien todos los palos que yo toco en la pintura, todos los registros desde cosas más expresionistas a otras más esenciales, refleja en cierta manera muy bien mi panorama de intereses actuales», explica Pelayo Ortega.

Ese hoy en su pintura fue objeto de conversación a eso de las ocho de la tarde, cuando la pequeña sala se llenó de admiradores de su obra. Estaban allí la directora de Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, Rosina Gómez Baeza, y el director de Festival Internacional de Cine de Gijón, José Luis Cienfuegos. Pilar Lafita y Juan José Plans tampoco se perdieron una inauguración con muchos nombres del mundo de la cultura, como el arquitecto José Quidiello y sobre todo del arte, como Guillermo Basagoiti, director del Museo Evaristo Valle. Los artistas fueron mayoría. Allí estuvieron Josefina Junco, Carmen Castillo, Núñez Arias y Ernesto Knor. Este último llegó procedente precisamente del Museo Barjola, donde asistió a la otra inauguración de la tarde.

Y es que poco antes de que Pelayo Ortega compartiera charla con los suyos, en el Museo Barjola Mayte Alonso lucía embarazo y obra. La gestación de su instalación ha sido larga. Hace ya dos años que la artista madrileña visitó la capilla y se prendó del espacio. Entonces, lo fotografió, lo analizó y empezó a pensar en la mejor forma de intervenir en él.

Dos años después sus líneas, esas que primero toman forma en una pequeña maqueta, están ya invadiendo el lugar. «Es muy tentador, muy bonito muy sugerente trabajar en un espacio como éste, te invita a jugar, yo me lo he pasado muy bien», confiesa la artista madrileña, que ha ejecutado una instalación con dos partes diferentes pero que se unen entre sí. Por una parte, están las líneas de hierro que se enredan de arriba a abajo y de izquierda a derecha. Por otro, las tiras de caucho que caen desde el coro hasta alcanzar el suelo. «La idea es la fluidez de líneas, es como una cascada de líneas que entran a colonizar la capilla, que juegan con el espacio y aportan una sensación de movimiento», detalla para explicar una obra que se entiende como una especie de madeja que se teje en el interior. La exposición se completa con otras dos esculturas bautizadas como 'Tropismos'. Son dos piezas de hierro que cuelgan del techo para no tocar nunca el suelo, en un juego de imitación a los movimientos involuntarios de los vegetales.

Fue ella misma quien durante la tarde se encargó de explicar a los invitados las obras expuestas. Se reencontró Mayte en Asturias con viejos conocidos del taller de Martín Chirino organizado en el marco de AlNorte, que compartieron vino con otros artistas como Pablo Armesto, que ya fue becario del Barjola, y Antonio Sobrino, entre otros. Junto a ellos, el director general de Patrimonio Cultural, José Luis Vega.

M.F.Antuña
El Comercio
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24-Dic-2009
 


Las 'Coses de la playa' de Mingotes llegan a la galería Cornión



Pájaros que vuelan con alas de cerámica marina, aviones que planean con palotes de helado o peces con escamas de conchas son algunas de las 'ocurrencies' del artista Miguel Mingotes que ayer presentaba en la gijonesa galería Cornión con el nombre 'Coses de la playa'. La colección podrá disfrutarse hasta el 23 de enero.

Redacción
El Comercio