17-Jul-2010 |
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Diálogos espirituales
Ramón Prendes y su hijo Esteban presentan mañana una exposición conjunta en el Museo Evaristo Valle
En la obra ‘Manual de pintura y caligrafía’ que el fallecido José Saramago escribió diez años antes de recibir el Premio Nobel, el escritor portugués debatía los límites de la pintura frente a la literatura y establecía algunas ideas sobre sus fuentes comunes. La novela establece curiosas problemáticas sobre la legitimidad de la palabra y la imagen, y sobre la trascendencia, o la evidencia, de sus sinergias, a través de un pintor de retratos llamado H. (¿hombre? ¿héroe?) que, como protagonista de la historia, se enfrenta al reto de narrar su experiencia en un diario. El hombre medita, una y otra vez, sobre la dificultad de marcar contenidos en cualquier forma de expresión.
La obra termina demostrando, entre otras cosas, la diferencia entre la reproducción mimética de la realidad y la emoción.
La literatura, para H., era un acto individual de rescate, una especie de terapia, capaz de salvarle del naufragio.
Del mismo modo, un reciente viaje a Varanasi (la ciudad india de los mil nombres) ha sido un acto individual de rescate y renovación para el pintor asturiano Ramón Prendes (Gijón, 1950) y para su hijo Esteban Prendes (Gijón, 1978), que a partir de mañana presentarán una exposición conjunta en la Fundación-Museo Evaristo Valle, con obras realizadas en aquel hermoso y enigmático rincón de la India, frente al río Ganges.
Ambos pasaron allí varios meses por separado, pero en la misma casa de acogida, en distintas fechas. Ambos vivieron en soledad y pintaron con materiales extraños, papeles, telas fragmentadas, pegadas y cosidas, para configurar pequeños fragmentos de vitalidad espiritual. El resultado fue un ‘estado mental’ que se asume aquí como la única clave de esta extraña pero vibrante exposición, repleta de lecturas. Un viaje renovador, más interior que exterior, que parece haberles cambiado para siempre.
Sin intención
Las pinturas de Ramón Prendes, veterano de nuestro circuito, y las del incipiente Esteban Prendes, nunca responden a planteamientos previos, ni a búsquedas épicas, ni a intenciones meramente mercantiles.
En este caso, contra lo que pueda parecer, tampoco se deben a mutuas sesiones de taller, aún cuando haya guiños en la obra del hijo que recuerden algunos modos del padre, o incluso de su tío (el fallecido Javier del Río, cuñado de Ramón). Ambos, Ramón y Esteban, comparten esa ‘familiaridad’ y, además, han vivido similares instantes, generando un curioso diálogo genético de coincidencias y divergencias.
Los trabajos de Ramón Prendes, hasta ahora, siempre han respondido a cambios interiores, marcando procesos de renovación que le enfrentan a la vida y las horas entre senderos solitarios, incerti dumbres, dudas y resignaciones.
Pero, salvo una exposición de composiciones ‘abstractas’ que realizó en la galería Cornión hace cinco años, siempre se ha movido en registros figurativos. Aquí, en cambio, da forma y fondo a composiciones de aspecto gestual, geométrico e ilustrativo, aprovechando papeles de los periódicos locales que aún conservan sus referencias sígnicas y caligráficas. Éstas se han llenado de pintura y restos orgánicos, en un curioso reto.
Esteban Prendes, que hace dos años recibió una beca AlNorte de EL COMERCIO, también suele alejarse de cualquier ambición comercial para patentar su fe en la austeridad formal y los colores vivos sobre soportes dominados por grandes vacíos, puertas abiertas para pasar e, incluso, ‘pisar’ la tela con los pies descalzos. Sus amalgamas pictóricas recogen escenas de la vida en aquel lejano lugar, figuras, animales, horizontes, cielos, masas, arquitecturas... dejándose llevar por la espontaneidad en todo momento, en un apasionante goce creativo.
Pero, al margen de su aventura individual, Ramón Prendes y Esteban Prendes homenajean aquí a esos viajes ‘irracionales’ hacia sus entrañas mentales. El pulso, la respiración y otras cosas que nosotros sólo podremos decir con palabras indecisas, son la esencia de estos espontáneos trabajos.
Quizás por eso, se nos antojan puros, felizmente anclados en la difícil tarea de crear en libertad, con templanza y mesura, bajo una voluntaria sobriedad, por mucho que eso cueste. Estamos, en fin, frente a dos artistas de a pie cuyo arte transita por caminos, merodea pueblos e interpreta miradas encontrándose, en el camino, curiosos imprevistos.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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16-Jul-2010 |
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Aurelio Suárez, en Cornión
La galería gijonesa acoge desde ayer la segunda de las exposiciones dedicadas a Aurelio Suárez, en el año de su centenario.
Con una firma invertida y la rúbrica en forma de pez, Aurelio Suárez dejó su esencia surrealista en cada una de las obras que desde ayer se exponen en la galería Cornión de Gijón. Ésta es la segunda de las cuatro exposiciones que se han organizado en torno al artista, considerado uno de los grandes creadores asturianos de la segunda mitad del siglo XX, en el llamado 'año aureliano'.
Josefina Junco, Ramón y Esteban Prendes, Reyes Díaz y Miguel Mingotes, que hizo una caricatura de Aurelio montado en coche, son algunos de los artistas que quisieron rendirle homenaje creando obras de inspiración aureliana y que desde ayer pueden verse en la galería. No faltaron a la inauguración, el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces; la consejera de Cultura del Principado, Mercedes Álvarez; el concejal de Cultura de Gijón, Justo Vilabrille; el viceconsejero de Promoción Cultural, Jorge Fernández León, así como los artistas mencionados, el escritor José Antonio Mases, el director del Ateneo Obrero, galeristas, clientes y amigos, todos recibidos por dos anfitriones de excepción, el galerista Amador Fernández y el hijo de Aurelio Suárez, Gonzalo Suárez.
En la exposición pueden apreciarse algunas de sus mejores obras, como 'Teorema Pictórico', la contraportada de un libro, y numerosos bocetos. Areces cerró el acto afirmando que ésta es «una oportunidad única» para disfrutar de la obra 'aureliana' pues pertenece a diferentes colecciones privadas que han sido prestadas para esta conmemoración y muestran al público por primera vez. «Me encanta y creo que hacemos justicia al rescatar su obra para que tenga una trascendencia mayor», comentó.
Hace tres días se inauguró en Candás la primera exposición y las otras dos se realizaran en el Museo de Bellas Artes y en la Biblioteca Jovellanos. Con estas cuatro puertas abiertas a su arte se pretende mostrar un lado más intimo y desconocido del «Dalí asturiano».
La muestra, en la que colaboran artistas, escritores y amigos, es un repaso de todas las exposiciones realizadas desde 2003, año en que falleció el artista. Las exposiciones se complementan con un calendario, un libro, marcadores y postales de la colección, salvo en ésta, que sólo se publicará el libro.
Deborah P. Gómez
El Comercio
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7-Jul-2010 |
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Carmen Castillo, en los jardines del Museo Evaristo Valle
Como habíamos visto esta primavera en la Galería Cornión («Gigia. Mapas íntimos de Gijón», del 11 de marzo al 10 de abril), Carmen Castillo atiende la prédica sobre las cabezas que le cantaba Javier del Río y en su búsqueda de nuevas esculturas menos verticales, capta la figura del tómbolo de Cimavilla como una cabeza humana. Es la que nos recibe en la entrada al jardín del Museo Evaristo Valle («Gigia I», 2009). Se trata de una escultura a su tamaño de obra pública, con vocación de hacer compañía al Augusto del Campo de Valdés.
La escultora, que vive y trabaja en su casa y taller camino de Cangas de Onís, no podía recurrir a un «laboratorio de tizas», como si de escultura abstracta se tratara, ni ha querido hacer una maqueta, un modelo pequeño en bronce. Pero el bronce es caro. Una de estas esculturas fundidas en bronce cuesta más millones de pesetas que los dedos de una mano. Por eso Carmen Castillo ha encontrado otros materiales para producir obras a tamaño real, que sean baratas y puedan exhibirse causando en el público el impacto que pretenden.
Son dos los tipos de materiales que acomete. Por un lado el poliéster fibra de vidrio, que puede ser moldeado con una resina, endurecido luego y terminado con un aspecto metalizado. Y la espuma de poliuretano, modelada según se vierte a chorro, y luego barnizada o sometida al soplete, de manera que a veces adquiere el aspecto de lava volcánica, con sus agujeros como de piedra toba o caliza horadada por el agua, como en las cuevas cársticas de Asturias, que sirvieron de morada a nuestros ancestros prehistóricos. De manera que forma y figura, sugerencias geográficas y geológicas, llevan al espectador a sentirse involucrado en íntima identificación del hombre con esta tierra, paraíso natural.
Enseguida topamos en la explanada con «Gigia II» y seis «corazones huidos», cada uno con su soniquete propio. Sea «corazón sigiloso», «corazón sereno» o «corazón rumoroso». Figuras humanas de grandes dimensiones, recostadas como surgiendo de la tierra misma, de hombros para arriba. Son las piezas más recientes, de este mismo año.
Y en los alrededores de la casa del pintor Evaristo Valle, hay cinco esculturas-árbol. Nacen como un tronco, se elevan sobrepasando los dos metros y medio. Van tomando volúmenes muy sencillos, pero de enorme sutileza y trabajo primoroso, que se capta con la mente y entre las manos se palpa. Piezas coronadas por esas cabezas pequeñas que no le gustaban a Javier del Río, que solía dibujar en piedra o esculpir cabezas enormes y sólo cabezas. Las miras con detenimiento y sientes la huella de la escultura clásica griega, esa ruptura de la frontalidad que se nota en el quiebro de las caderas, compensada por la inclinación de los hombros y la opuesta de la cabeza. Leves inclinaciones femeninas, equilibrios precisos y sugerentes, diálogos que se entablan en la cercanía.
Carmen Castillo (Zaragoza, 1959) tiene varias esculturas monumentales repartidas en Asturias. «A la avellanera asturiana» (1990), en los jardines de la Obra Pía de Infiesto. «Diferentes pero iguales» (1995), en el Centro de Salud de Corvera. «Al pastor de los Picos de Europa» (1998), en la plaza de Benia de Onís. «A dos músicos de Pola de Siero» (2001) (Ángel Embil y Falo Moro) en el Parque de la Música de Pola de Siero. Y otras en Aracena (Huelva), Cáceres y Barcelona.
José A. Samaniego
La Nueva España
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30-Jun-2010 |
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Camín en síntesis , las dos facetas de un mismo escultor
El Museo Pablo Gargallo dedica tres salas al artista gijonés que simultaneó lo figurativo y lo abstracto.
Camín en síntesis es el nombre de la exposición abierta ayer en el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza que, en tres salas, muestra la evolución creativa de Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929--2007) en el terreno de la escultura. Camín de formación autodidacta y creador "poliédrico", destacó como pintor, escultor, artista gráfico, diseñador, dibujante y fotógrafo, además de ayudante de arquitectura.
Esta vez se presenta de golpe la andadura del escultor que en el siglo pasado expuso en Zaragoza las obras del momento, sus sucesivas etapas creativas. La comisaria de la exposición, Soledad Álvarez, explicó que Camín fue "figurativo en pintura, y también con la piedra y el mármol, a la vez que desarrolló la abstracción cuando usó el hierro". El paisaje portuario de Gijón determinó tanto sus paisajes pictóricos de los años 50, como los perfiles industriales de acero como soporte que usaría a partir de 1962.
LAS DOS CARAS Sus lenguajes son diferentes y los va empleando de forma simultánea --declaró Soledad Álvarez--: "Más racional y espacialista en el metal, pero más expresivo y pletórico con la madera (desde 1975, al volver desde Madrid a Asturias y establecerse en Valdediós, en plena naturaleza, se pone en contacto con la madera). Será más contenido y exigente en el acabado en las piezas de bronce y de mármol".
En la primera sala se muestra la obra figurativa: "Es una figuración sintética; torsos realizados en los años 77 y 78, de líneas muy suaves y estilizadas y retratos; pero también un boceto de Crucificado. La evolución de la pintura a la escultura se presenta en la segunda sala en la que trataba de llevar al hierro una figuración de paisaje sintético cercana a la pintura inicial. Binomios de madera y de chapa que aún requieren la pared para apoyarse y en la que el marco ya es un elemento plástico.
En esa Sala del hierro se dan a conocer sus angulares metálicos que implican lo cóncavo y lo convexo y con los que genera diagonales y formas muy dinámicas. A partir de 1970 el escultor toma el camino hacia una simplificación formal que irá impregnando toda su obra..
En la tercera sala aparecen obras de matiz arquitectónico, el escultor trata de crear espacios potencialmente habitables. De ahí son las piezas más grandes, ya con chapas que necesita doblar, porque sigue pensando en las posibilidades plásticas del angular, de los 90 grados. Ahí están las obras en madera en los que se pliega a los dictados de la materia viva, de lo orgánico.
Roberto Miranda
El Periódico de Aragón
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30-Jun-2010 |
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Camín, un viaje desde la figuración del mármol a la abstracción del hierro
El Museo Pablo Gargallo acoge desde ayer, y hasta el próximo 12 de septiembre, una retrospectiva que muestra la evolución artística del escultor asturiano.
Cuando Verónica y su hermana Mónica eran muy pequeñas, su padre, el artista asturiano Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929-2007), las llevaba a visitar museos y exposiciones. Entre sus piezas preferidas, su progenitor destacaba El profeta, de Pablo Gargallo. Ayer esta figura le dio la bienvenida a Verónica Rubio, nada más entrar al museo zaragozano dedicado al escultor aragonés, un espacio donde, hasta el próximo 12 de septiembre, se exhibirá la muestra Camín, en síntesis.
Aunque Camín inició su carrera artística como pintor, llegando a obtener el Premio Nacional de Pintura en 1955, en esta retrospectiva únicamente se recoge una parte de las esculturas que fueron seleccionadas por el museo Barjola, de Gijón, en septiembre de 2009, para conmemorar el octogésimo aniversario de su nacimiento.
"La muestra constituye una síntesis de la nutrida e intensa investigación plástica desarrollada por este poliédrico artista, que se caracterizó por la diversidad de las disciplinas que practicó, así como por la gran versatilidad de sus obras", apuntó Soledad Álvarez, comisaria de esta exposición.
La muestra se divide en tres salas diferenciadas por los materiales que empleó el autor, quien mientras vivió expuso varias veces su obra en Zaragoza, y la época cronológica en la que fueron realizadas.
En una de las salas se recogen piezas realizadas en hierro y acero. En ellas destaca su dilatada experiencia con el angular, un material con el que Camín desarrolló un fructífero trabajo que puede verse en muchos espacios públicos de su ciudad, Gijón, y otras localidades próximas.
En la segunda sala, se muestran piezas de acero laminado y madera, material que emplea cuando el autor vuelve a vivir a Gijón, después de una estancia prolongada en Madrid. "Es en el momento en que establece su residencia en Valdediós, en plena naturaleza, cuando comienza a trabajar con la madera, primero tratada y luego en estado puro. Él era consciente de sus cualidades intrínsecas y de los cambios a los que este material se somete por culpa de la carcoma o las condiciones climatológicas, pero quería que sus esculturas evolucionaran", señaló Álvarez.
Escultura religiosa
En la última de las salas, el mármol y el bronce son las bases sobre las que se crearon piezas muy figurativas, donde la perfección de los acabados juega un papel determinante. Fueron realizadas en las décadas de los 60, 70 y 80. Se exhiben varios torsos y esculturas religiosas, como un modelo a escala del Cristo de Monte Medo (1970).
La escultura religiosa jugó un papel determinante en la vida creativa de Camín. De hecho, fue a partir de una intervención suya en una iglesia de Londres, la de San Vincent de Potters Bar, cuando dejó su trayectoria pictórica, que retomó más tarde, para dedicarse a la escultura.
"Para nosotras fue una enorme sorpresa porque a Londres se fue un pintor con bigote y volvió a casa un escultor con barba", recordó ayer su hija Verónica, quien ha recogido el testigo de su padre.
Ana Esteban. Zaragoza
Heraldo de Soria
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25-Jun-2010 |
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Pablo Maojo se incorpora a la temporada de Robayera 2010
'Oscura luz' reúne desde mañana en la galería de Miengo, por vez primera en Cantabria, las esculturas del artista asturiano.
«Cuando acabo una escultura, y tiene algo, muchas veces no sé lo qué es, estoy intrigado con ella, y casualmente le ocurre lo mismo a los demás. Eso es lo que a mí me sorprende». El artista asturiano Pablo Maojo, que expone desde mañana en Cantabria por primera vez, es el segundo protagonista de la temporada de la galería municipal de Miengo, Robayera, cuya programación arrancó el pasado mes de mayo.
El espacio de las antiguas escuelas de Cudón exhibirá la creación de Maojo, cuya trayectoria se ha conformado a través de numerosas exposiciones individuales y colectivas tanto en España como en otros países, y ha estado presente en algunas de las ferias más importantes del circuito internacional de arte contemporáneo (Basilea, Arco), y en Bienales europeas. Es notoria también su presencia en importantes premios y certámenes de pintura y escultura del circuito nacional.El multipremiado artista asturiano de Villaviciosa ha participado en varias ediciones de ARCO, con la galería asturiana Cornión, y sus obras se encuentran en diferentes museos y colecciones públicas de nuestro país. De su creación se dice que apasionada. «Su pasión es jugar con los relieves, lo que se acrecienta a medida que aparece el color en la obra para resaltar o descubrir aspectos ocultos que sólo el espectador atento puede desentrañar. Se establece una relación de emociones que seducen, cautivan, y hasta enamoran, relegadas a fin de cuenta a la sensibilidad que tenga o despierta el observador».
Bajo el epígrafe de 'Oscura luz' presentará desde mañana (inauguración a las 19.30), una veintena de piezas representativas de su concepto escultórico: «cuanto más afina su destreza como escultor, más se produce el desbordamiento de lo puramente escultórico hacia otras artes, otros lenguajes».
Maojo (San Pedro de Ambas-Villaviciosa, 1961), posee un universo iconográfico que mantiene una tensión entre lo racional y analítico y un grafismo primitivista donde vibra el color en formas elementales.
La vitalidad del geometrismo, pero también de la pluralidad de expresiones y estrategias marcan su obra, que está representada en numerosas colecciones particulares, instituciones y museos, entre ellas el de la Fundación La Caixa (Barcelona), Bellas Artes de Asturias, E.P. Alto Lindoso (Portugal), Fundación San Benito de Alcántara, Cajastur, Fundación Evaristo Valle.
La madera como materia dominante ofrece un rico mundo de sugerencias escultóricas mediante «intervenciones directas, cortes elementales, cuya aparente rudeza no excluye, junto a sugestiones de la naturaleza, una notable belleza plástica, subrayada en ocasiones por los colores, rojo y azul principalmente, muy saturados».
Junto a obras monumentales, Maojo es autor de un gran número de creaciones, tanto escultóricas como pictóricas, de notable «capacidad inventiva y encanto formal» que denotan su gusto por la libertad creativa. En su trayectoria, de formación autodidacta, ha experimentado con todo tipo de técnicas: pintura, dibujo, grabado y, sobre todo, escultura. «Hay gente que pasa por ser artista, cuyo fin es vivir del arte, pero yo creo que la expresión artística es algo intrínseco e inevitable de la persona», dice Maojo.
Guillermo Balbona / Santander
El Diario Montañés
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15-Jun-2010 |
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El año de Aurelio Suárez se abre en julio con dos exposiciones
El Museo Antón de Candás y la galería Cornión de Gijón acogen dos de las 4 muestras del centenario del pintor.
Lenguaje propio, técnica exquisita, ingenio, originalidad, independencia... son algunas de las virtudes que adornan la obra artística del pintor Aurelio Suárez, de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento. Con tal motivo, Asturias acogerá cuatro exposiciones -Candás, Oviedo y Gijón- que abarcan todo el universo aureliano.
Las dos primeras fueron presentadas ayer por Gonzalo Suárez Pomeda, hijo del pintor y comisario de las muestras que ya había avanzado hace algunos meses en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Titulada «Chatarraurelio», la primera se presentará a partir del 13 de julio en el Museo Antón de Candás y servirá para dar a conocer el mundo más íntimo y personal del artista. La exposición incluirá todo tipo de objetos tridimensionales, esculturas en madera, piedras, ensamblajes, cajas y muebles, toda una colección de «trastos y cacharros» - como los denominó ayer su hijo- que Aurelio Suárez tenía costumbre de hacer a partir de distintos materiales para después regalar.
«Es la primera vez que estos trabajos salen a la luz y será difícil volver a reunirlos en el futuro», afirmó Gonzalo Suárez, que comentó la naturaleza de algunas de estas obras, piezas que rastreó para la muestra en distintos lugares. Al final consiguió reunir unas 160, entre las que figuran desde una lámpara sacada de un desván de Madrid a huesos y maderas encontrados en la playa y después trabajados por el artista. «Hay piezas de una belleza enorme, objetos y temas que conducen a un conocimiento íntimo de su obra», subrayó Suárez Pomeda.
Junto a estos materiales se presenta además una serie de publicaciones -libro de postales, catálogo, marcadores y folletos- que permiten un acercamiento más amplio y profundo del mundo aureliano. Con ese objetivo está también pensada la muestra que se inaugura el 15 de julio en la galería Cornión de Gijón. En ella se incluye algo de todas las exposiciones exhibidas desde 2003 en la sala, que cuenta con óleos, guaches, maderas... una selección que permite comprobar su capacidad creativa singular.
Buen conocedor de la obra de su padre y de la dedicación de éste al mundo del arte, Gonzalo Suárez comentó alguna de sus rutinas, como la costumbre de dedicar los quince o veinte minutos antes de la comida a hacer apuntes sobre papel. Otra costumbre era realizar collages con dibujos previos -«monos» llamó a esas figuras su hijo- que guardaba en una caja para después incluirlos en algún cuadro.
M.S.Marqués
La Nueva España
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31-May-2010 |
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El legado inédito de Aurelio Suárez
La celebración del centenario del artista, con exposiciones en Oviedo, Gijón y Candás, invita al público asturiano a redescubrir su obra a través de material desconocido hasta ahora.
Cuatro exposiciones para explorar la trayectoria vital de un artista singular. La celebración del centenario del nacimiento del gran pintor gijonés Aurelio Suárez permitirá al público asturiano redescubrir en cuatro escenarios diferentes, en Oviedo, Gijón y Candás, el universo más íntimo de un hombre que clava su talento en todo lo que toca. «Pintar no es copiar la naturaleza, es representar gráficamente lo que imagina nuestro cerebro», se confesaba el artista en su «Teorema pictórico». Y es precisamente de esta premisa de donde parte todo el mundo onírico «aureliano», que se refleja en óleos, gouaches, bocetos, libros, piezas escultóricas, cerámicas, retratos, objetos naturales, muebles... Cualquier soporte era bueno para dar rienda suelta a su creatividad. La de un vanguardista rendido al arte de la imaginación.
Los actos del centenario incluyen un amplio programa de actividades repartido por varias localidades asturianas para dar a conocer al gran público un buen número de creaciones inéditas. La familia propuso al Principado organizar algo acorde con esta efeméride y la respuesta fue casi inmediata. Aurelio volverá a la luz pública en cuatro grandes exposiciones: dos de ellas en su Gijón natal, en la galería Cornión y en la Biblioteca Jovellanos; en el Museo Antón de Candás y en el Museo de Bellas Artes de Asturias, donde se encontraban ya algunas de sus obras en depósito.
«Son piezas de una belleza tremenda», explica su único hijo, Gonzalo Suárez Pomeda, sobre un artista que regresa en obra y en espíritu, al completo, en todos sus parámetros. La herencia «aureliana» que se verá a partir del 15 de julio en la galería Cornión incluye dos obras inéditas, «Dozuno» y «Teorema pictórico». La muestra, en la que colaboran artistas, escritores y amigos, es un repaso de todas las exposiciones realizadas desde el año 2003 en que falleció el artista.
Dos días antes, en el Centro de Escultura de Candás, Museo Antón, se abrirá una segunda exposición con objetos naturales, maderas, vidrios, metales, muebles, cajas, cerámicas y otros artículos de uso habitual que han inspirado algunas de las creaciones del artista. Son objetos que Aurelio Suárez hizo para sí mismo o regaló y que ahora se exhiben por vez primera.
La afición del artista a coleccionar barajas y estampitas le llevó a crear una serie de cajas decoradas que hasta ahora no habían visto la luz, igual que las cerámicas, fruto de su etapa profesional como decorador de lozas y porcelanas. Otros objetos cotidianos vistos desde una perspectiva artística y «aureliana» son los libros. Y qué mejor escenario para mostrar sus marcadores, separadores, carpetas de música y ex libris que la Biblioteca Jovellanos donde el próximo 5 de noviembre se abrirá al público una exposición, coincidiendo con el congreso de bibliotecas que se celebra en esas fechas en la ciudad.
La ocasión llevará a una transformación total de la sala de exposiciones de este gran edificio público, con alguna sorpresa extra para los viandantes. Como en el resto de exposiciones (salvo Cornión, donde sólo se editará un libro), la iniciativa se hará acompañar de la publicación de un calendario, un libro, cinco marcadores de libros y un libro de postales.
El broche del centenario llegará el 19 de noviembre con la inauguración de la cuarta y última exposición en el Museo de Bellas Artes de Asturias. 31 obras entre óleos, gouaches, bocetos y carpetas decoradas que harán las delicias del público más exigente.
En la vida secreta de los objetos cotidianos de Aurelio Suárez podrán verse también algunas de sus partituras -el pintor era un gran aficionado a tocar la flauta-, sus libros de solfeo e incluso sus propios instrumentos. Se recrean, en definitiva, escenarios íntimos del artista para este gran homenaje público. El proyecto expositivo al que Asturias da la bienvenida ha implicado a las instituciones en la divulgación e investigación de la obra. La herencia desnuda y sorprendente del artista prolífico que fue Aurelio Suárez sale ahora, por fin, a la luz pública.
C.Jiménez
La Nueva España
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22-May-2010 |
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Un refugio para la luz
Poesía y reflexión se dan cita en este pequeño piso del barrio gijonés de La Arena, donde sus dos habitantes preparan un nuevo reto expositivo. La ilusión y la fe en la pintura dominan una atmósfera envuelta en música.
En esta casa-estudio del barrio gijonés de La Arena, angosta y abigarrada, siempre suenan ritmos melódicos de fondo. Las sinfonías de Bach, las misas de Tomás Luis de Victoria, las versiones para piano de Mozart o el bandoleón de Astor Piazzolla inundan de calma una atmósfera que huele a tabaco y mar, a óleo y salitre, suavizando el ruido que sube de los bares de la calle Aguado. Aquí no vale todo (ni mucho menos) pero «todo lo que vale» sirve de inspiración a este pintor honesto, de obras lentas y delicadas. Inspiración lógica en el caso de alguien cuyo deseo más íntimo (sospecho) es pintar la música.
Nano, inicialmente reacio a las caricias, desconfía de las visitas, pero se deja mimar cuando advierte unas manos cercanas. Con doce años, este atlético perro de aguas aún corre diariamente por la arena de San Lorenzo y El Rinconín, bajo la mirada ‘paternal’ de Javier Victorero. Ambos comparten este taller, cuyas estanterías atesoran la ordenada colección de minerales que le facilitó el especialista Agustín Fernández y muchos libros de arte, donde priman Velázquez, Zurbarán, Klee, Palazuelo, Ramón Gaya o nuestro Luis Fernández, con el permiso de Virilio, Eugenio Trías y, sobre todo, Albert Camus («Nací en el mar y la pobreza fue, para mí, fastuosa»). En las paredes cuelgan algunas obras propias (acuarelas, tintas, marinas y horizontes...) que comparten espacio con dos o tres pequeñas ‘joyas’ adquiridas durante años, con un enorme esfuerzo ahorrativo. Vivir de la pintura es muy difícil. Vivir sin ella, imposible.
No ha sido rápida la evolución de Javier pese a que, en los últimos diez años, ha pasado de ser un desconocido a situarse en la élite de la pintura española, con varios premios y un importante apoyo de la crítica nacional. Su cotidianeidad se nutre de una meditada litúrgia contemplativa, casí mística, que él trata de habitar cada día. Lejos de los peligros de las calles, sus horas de trabajo se alimentan de luces tamizadas y ritmos pausados, huyendo de las modas y persiguiendo nuevas vibraciones. Para Javier la pintura es un ritual, un renacer constante, su nutriente más básico, capaz de revitalizar cualquier altibajo personal. Aquí la esencialidad es la meta soñada, como parte de un ‘proceso’ de carácter periódico (aunque la denominación ‘artista procesual’ pueda sonarnos a otras cosas). Y es que aquella vieja fórmula del ‘ut pictura poiesis’ se hace piel de algodón bajo los pinceles de Javier. Cada fragmento de sus lienzos es un cúmulo de guiños intelectuales, líricos y épicos de nuestro amigo-pintor-poeta.
Su último exposición individual ocupó el verano pasado la sala Robayera de Miengo, un prestigioso espacio cántabro donde sólo habían expuesto antes cuatro asturianos (Camín, Galano, Pelayo Ortega y Javier Riera) en una ambiciosa programación compartida con Tápies, Chillida, Baselitz, Lüpertz, Juan Muñoz, Cristina Iglesias, Gordillo, Barceló, Plensa o Juan Uslé. El reto fue muy importante, y el catálogo de Javier Victorero contó para ello con la palabra del añorado Dámaso Santos Amestoy, fallecido hace sólo unos meses. Escribía este amante de la pintura que Victorero lleva tiempo tratando de encontrar su «verdad», su propia voz, aprovechando la estela de ‘tradición iluminista’ europea. «Los nuevos recursos geométricos y los hallazgos espaciales de Victorero deben su desarrollo a la prosecución en pos de aquel fulgor de la pintura que sólo se produce en el límite de la visibilidad. Pintura de otra luz, no es de extrañar que tenga escasos precedentes actuales». Otros especialistas nacionales han subrayado tesis similares. Así, en un texto sobre la serie ‘Bodegón español’ de Victorero, Juan Manuel Bonet afirma: «El pintor, más esencial que nunca, se dirige por el lado de lo sublime a una cierta atmósfera rothkiana. Pero en la actualidad no concibe esa atmósfera luminosa sin el ‘esqueleto’ de la construcción».
La casa de Javier proyecta estos días energía creativa, con la preparación de las piezas que, en el próximo mes de octubre, presentará en la galería Cornión. Los planos geométricos se componen con nuevas melodías que cimbrean entre compases armónicos. Se alternan la nebulosidad y la luminiscencia, se evita la ortogonalidad, se mantienen el rigor estructural y las tensiones. Con esa amalgama, se alcanza finalmente un equilibrio tan sensato como difícil de traducir con palabras. Al margen de discursos, su obra demuestra, como también señalaba Amestoy, que «ni la pintura figurativa, si es verdaderamente pintura, se compone de imágenes, ni la mal llamada ‘abstracta’ es menos figurativa que la del ilusionismo tridimensional». Pintura, en todo caso, norteña. Pintura para pintores. Pintura para miradas alejadas de lo superficial, capaces de advertir el misterio y captar eso que llaman ‘emoción estética’, que presupone, entre las muchas inquietudes del ser humano, una particularmente válida para sentir emociones frente las obras de arte.
La muerte y la resurrección de la pintura ha sido, en distintas épocas de la historia del arte, un ciclo de ida y vuelta. Hoy sigue sufriendo ataques intensos por parte de ciertos indocumentados, envidiosos e incapaces de permitir aquellas disciplinas que no abogan por el espectáculo fácil. A veces, el mercantilismo excesivo de algún pintor contemporáneo merece tales ataques, cuando parten de criterios sólidos, pero al margen de los dogmas estilísticos. Decía el filósofo francés Étienne Gilson, en sus ensayos acerca de lo que él llamaba la ‘forma germinal’ (la inspiración) que sólo hay un modo de aproximación justificable a la pintura. Y este modo de aproximación no es la arqueología, ni la historia, ni la ciencia, ni la filosofía, ni la crítica de arte. Es la propia pintura.
Severas reflexiones que Javier comparte plenamente. En su caso, esa forma germinal puede hacer conectar la pintura con otros campos más o menos cercanos (la música, la poesía, la geometría, la narrativa…) pero éstos tan sólo tienen vigencia durante estas largas, pausadas e inexorables sesiones de taller. Ahí (sólo ahí) su pintura recibe el golpe de efecto de esas otras calidades fenomenológicas. Ahí (sólo ahí) el ser (el pintor) puede ser anterior al conocimiento (la pintura) para producir nuevos misterios. Ahí (y en la calle, o en la playa, o el monte, o en la mañana, o en la noche) la pintura permanece al lado del ser, y el conocimiento se hace verso, gesto o, simplemente, carne. Con permiso de Nano, por supuesto.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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21-May-2010 |
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Luis Fega, en plenitud En Madrid, la galería May Moré muestra pinturas y estructuras tridimensionales
La muestra presenta una amplia selección de piezas en tres dimensiones, a modo de ‘collage’, realizadas con maderas, pigmentos y metacrilato.
Las aportaciones más renovadoras del siglo XX, las tesis sobre el agotamiento de las narrativas, la necesidad del arte actual de generar discursos y las nuevas formas de mirar del siglo XXI son parte de los intereses habituales en Luis Fega (Piantón, Vegadeo, 1952), tal como sintetizó hace unos meses en el curso AlNorte que dirigió en Avilés, invitado por EL COMERCIO. Ahora, el artista asturiano muestra sus obras más recientes en la galería May Moré de Madrid, que combina pinturas sobre lienzo y sugerentes estructuras tridimensionales.
Hace dos años, el Círculo de Bellas Artes de Madrid ya había organizado una gran exposición de Luis Fega que exploraba esa trayectoria, donde destaca su afán por superar el plano a la caza de otras perspectivas. Sus ‘collages’, construidos con materiales de desecho, maderas y técnicas mixtas, son «esculturas realizadas con la mirada de un pintor » y se mantienen en un interesante terreno fronterizo que, bajo ese carácter mestizo, resulta doblemente emotivo.
«Me divierte descomponer la pintura en todos sus elementos», afirma. «Trabajar al revés, disgregar en vez de agregar, romper partes y volverlas a unir de un modo diferente. Trabajar con distintos materiales para que la materia se exprese por sí misma. Cuando la pintura sale del cuadro surgen curiosas sinergias».
Sobre lienzo, su proceso creativo se desarrolla en el suelo, con la tela grapada primero sobre madera (para que sus enérgicos trazos no rompan el soporte) y luego montada en un bastidor tradicional. Pero en sus ‘collages’ combina papeles, bolsas, globos, metacrilato y objetos que fija con martillos y taladros, en un delicioso conjunto de guiños constructivos. «No pienso para nada en significados, me concentro simplemente en la resolución del problema planteado, en la realización de un hecho estético que es antes sensible que inteligible. Añado formas, quito o modifico otras, matizo hasta que la informe amalgama cobra vida y deje fluir la idea».
La trayectoria de Fega parte de esa abstracción española que se inició en los años ochenta con creadores nacidos en la década de los cincuenta, entendiendo las pautas del informalismo, asumiendo su dramatismo y alternando diversos procedimientos metodológicos donde se fundían las transparencias y la opacidad, los grafismos y la síntesis del espacio, transmutando la acción de pintar en pura reflexión. Entre el expresionismo abstracto, con ciertas raíces paisajísticas y los juegos lúdicos.
Fega siempre asume el arte como una investigación estética y ética que no busca diferencias ente pintura buena o mala, sino entre pintura y ‘no-pintura’. Enemigo de la monotonía, rastrea sus emociones mediante trazos amplios y goteos deudores de la pintura de acción pero fieles a su forma de ser y sus recuerdos. Los trazos negros desgarran el soporte, desarrollando veladuras sobre sí mismos, entre extremos que levitan sobre un fondo homogéneo. Esa extensa marejada se contenía, hasta su anterior exposición, con formas geométricas que hacían reposar el núcleo de las obras. Pero un creciente afán por el color y un menor rigor geométrico anuncia nuevas etapas en sus pinturas, mientras las construcciones, originales y sorprendentes, crecen es su estudio sin prisa ni pausa.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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11-May-2010 |
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10 pintores principales por África
Josefina Junco, Kely, Gil Morán, José Arias, Vicente Pastor y Hugo Fontela, entre otros, reúnen obra en una exposición solidaria del Auditorio de Oviedo.
La Fundación Pájaro Azul, institución que trabaja en diversos proyectos en países en vías de desarrollo, solicitó su ayuda y ellos respondieron con la mejor que pueden dar, su obra. Son José Arias, Paco Fernández, Hugo Fontela, Antonio Gil Morán, Josefina Junco, Kely, Lisardo, Pedro Losa, Vicente Pastor y Lara Ríos. 10 pintores, todos de primera fila, que, reunidos bajo el comisariado de Luis Feas, participan en la I Exposición de Artistas por la Solidaridad. Un encuentro de pinceles y derroche de generosidad que pretende consolidarse en la agenda cultural asturiana y que ayer abrió sus puertas en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo con la mirada puesta en África.
Su título, 'El pájaro de muchos colores', hace referencia a la fundación que lo promueve y a la diversidad de estilos y paletas que se ha logrado en la primera convocatoria, que permanecerá en la sala de exposiciones del Auditorio durante los próximos siete días.
Las obras expuestas no sólo lo han sido colgadas en la pequeña sala de exposiciones para alimentar el puro placer de la contemplación. También pueden adquirirse y su venta irá destinada a uno de los muchos proyectos que la Fundación Pájaro Azul tiene abiertos en el continente africano.
La colección se vende a precios «muy buenos», asegura Feas en el pequeño catálogo publicado con motivo de la muestra, y Feas, además de comisario de esta cita es crítico de arte y como tal conocedor de los entresijos estéticos, pero también de los mercantiles. Hasta el día 17, en que se cierran sus puertas los aficionados al arte podrán adquirir obras de algunos de los artistas más respetados de la nómina asturiana desde 800 euros a 4.000.
Para animar a la participación no sólo de los artistas, sino también de quienes acudan a la exposición, la presidenta de la Fundación Pájaro Azul, Inmaculada González-Carbajal García, recuerda que «no podemos escondernos en los pretextos para no actuar. La desigualdad crece mientras miramos hacia otro lado». De hecho, la Fundación nace desde la toma de conciencia de que «hay algo universal en los seres humanos donde todos nos podemos encontrar».
La eterna olvidada
Asegura González-Carbajal que la preferencia por África para destinar sus esfuerzos tiene que ver con el hecho de que es «la eterna olvidada, desconocida y especialmente maltratada». Por eso, dice, «queremos darle voz y presencia a través de la organización de actividades diversas que nos permiten informar y sensibilizar acerca de las realidades que conocemos y sobre las que trabajamos. La Fundación quiere ser una gran orquesta en la que suenen instrumentos diversos y variados, cada uno con su propio tiempo y espacio. Lo importante es saber que lo que nos une es la solidaridad, que al igual que la música, es universal porque nos permite encontramos con el otro».
Paché Merayo
El Comercio
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8-May-2010 |
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La sencillez de una voz propia
Josefina Junco brilla en Madrid, en la sala de la Delegación del Principado de Asturias, con ‘Rumor de aromas’.
La expresión (formal o conceptual) de la verdadera sabiduría se caracteriza por su sencillez. La expresión de meros conocimientos (científicos, mecánicos o académicos) suele ser embarazosa y su complejidad, a menudo, oculta la ausencia de emociones.
André Breton, aludiendo a la obra de Henri Rousseau (‘El Aduanero’), escribió: «Su secreto no puede residir enteramente en este candor presumido sin límites del cual se citan hasta la saciedad los trazos desarmantes. Sólo sirve de pantalla al flujo magnético que, de su pintura, se proyecta hacia nosotros, y que considero única e inherente a su obra». Desde sus primeras apariciones públicas Rousseau había sido tildado de ‘ingenuo’, reprochándole el candor de sus lienzos, pero los poetas y pintores de vanguardia le aceptaron. ‘El Aduanero’ estaba fascinado por la comunicación entre el mundo de los vivos y los muertos, practicando su peculiar ‘fijación distraída’, esto es, composiciones con un punto intenso, que capta la mirada del espectador. Sus junglas, sus animales, sus lunas y sus soles todavía siguen impactando nuestras retinas.
Henri Rousseau tenía voz propia y, más allá de semejanzas estéticas, su ética vital recuerda a la de Josefina Junco, que estos días expone en la sala de la Delegación del Principado de Asturias, en Madrid. El trabajo de la artista asturiana ha evolucionado con gran coherencia en los últimos veinte años, bajo una ‘ingenuidad’ que sólo es aparente. Sus composiciones están repletas de matices, de guiños interiores, de experiencias entre el mundo de las fantasías y las realidades. Sus cuadros son encrucijadas cómplices que se nutren de memorias, emociones, presencias y ausencias.
Singular
La obra de Josefina Junco se ha depurado notablemente para decir más con menos, huyendo del abigarramiento de sus primeras etapas creativas. Sus últimas ‘Melodías del silencio’ que expuso en la galería Cornión y en el Museo Antón de Candás, o este nuevo ‘Rumor de Aromas’ que presenta en Madrid, mantienen el interés por la figuración, el color, el dibujo y el recuerdo, pero atesoran constancias metafísicas y oníricas que se alternan con una febril sensibilidad.
Hay un silencio muy sugerente en estos cuadros, una suerte de austeridad primitiva, que los dota de belleza, más allá de cualquier alusión a lo naïf o al romanticismo al uso. Las flores, los paisajes, las montañas y los cielos de Josefina Junco se derraman sobre telas y tablas delicadas que, en su sentido más extremo, son habitadas con el color.
La magia de verdes, rosas, malvas y azules configuran a sus cuadros una certeza muy especial que, finalmente, sin más pretensiones que gozar del propio ‘proceso’ pictórico, agradan. Porque Josefina Junco confía en la reflexión interior, la experimentación y la naturaleza, y aplica sus esfuerzos en ese orden para conseguir resultados muy personales.
El árbol, como género y símbolo de vida, es una constante en muchas piezas. Manzanos, cerezos, membrillos, flores, sencilla expresión de la complejidad de la vida. Avecillas franciscanas, como el ‘tordu gallegu’ o la ‘curuxa’, salmones del río Sella, arquitecturas de su infancia en Taborneda, la sombra de El Sueve, las plazas de Gijón, el muelle y sus rincones (La Rula, La Colegiata…) y otros muchos juegos le sirven para componer nuevos horizontes. Pretextos compositivos, en fin, para dialogar con la pintura y tratar de entender el cómo y el por qué pasan los días y las horas sin que apenas nos demos cuenta. Pintura con voz propia, que no es poco.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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23-Abr-2010 |
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Madrid abre ventanas a la Asturias de Josefina Junco
La pintora repasa su obra de los últimos años en la delegación del Principado bajo el título "Rumor de aromas".
La Asturias «quintaesenciada» en biografía y memoria que Josefina Junco (Arriondas, 1949) ha ido preservando en su pintura de los últimos años se abrirá mañana a la mirada del público madrileño. La sala de exposiciones del céntrico edificio de la Delegación del Principado en la capital de España inaugura «Rumor de aromas», una selección de pinturas recientes de la artista que permanecerá en Madrid hasta el 23 de mayo y en la que se recoge una representación de los temas que han ocupado su obra en la segunda mitad de la pasada década: la ciudad, la naturaleza rural y urbana, las aves y los peces y, por encima de todo, o envolviéndolo todo, el tiempo.
En esta selección de «poemas para escuchar con los ojos» -así los describe el filólogo y académico de la Lengua asturiano Salvador Gutiérrez Ordóñez en el prólogo al bello catálogo diseñado por Manuel Fernández- Josefina Junco profundiza en una poética que, desde sus inicios, ha estado marcada por la evocación de su infancia rural en Arriondas y por la incorporación posterior de temas de la ciudad de Gijón, donde reside y enseña. Ambos mundos quedan unificados bajo una misma poética, a la vez elegiaca en su mirada al tiempo en fuga y orientalizante en su celebración de lo mínimo y lo perecedero, y por la técnica de la artista, liviana, minuciosa y atenta por igual a la delicadeza del dibujo y a las armonías cromáticas.
Pero lo que confiere su personalidad y su unidad profunda a todo el mundo pictórico de Josefina Junco es el modo en el que, como señala Gutiérrez Ordóñez, «todas las realidades y todos los objetos que rescata del pasado están marcados por un simbolismo que se pone al servicio de un lenguaje estético». El simbolismo es, una y otra vez, el del objeto trasplantado desde la realidad, donde el tiempo erosiona y borra con rapidez, a la realidad del cuadro. Sean árboles, flores o frutos, aves o arquitecturas en las que se reconoce el amor por un Gijón paseado a conciencia -distintas perspectivas del Muelle, la plazuela de San Miguel, la avenida de Castilla y el parque de Isabel la Católica-, todos los elementos de la obra de Junco aparecen sumergidos en «un fondo continuo en el que pocas veces hallamos un horizonte que delimite el cielo de la Tierra». Ese borrado del horizonte es el borrado, también, de la raya móvil que separa pasado y presente, vida y obra, realidad externa y realidad pintada.
Como principal novedad de la muestra, hay que destacar los cuadros sobre peces de marcada inspiración japonesa, en los que Josefina Junco evoca una vez más un motivo de su paisaje natal y de su infancia, a través de la figura del padre, aficionado a la pesca fluvial.
J.C.Gea
La Nueva España
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7-Abr-2010 |
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Robayera, que exhibirá la obra de Pablo Maojo, abre la temporada en mayo
El veterano proyecto de la galería municipal de Miengo incluye en su año expositivo, por primera vez en Cantabria, la creación del escultor asturiano.
Robayera servirá de nuevo de vehículo para presentar esta próxima temporada la obra de un artista, en este caso Pablo Maojo, en Cantabria por primera vez. La galería municipal de Miengo, cuya programación 2010 arranca el próximo mes de mayo, exhibirá la creación del artista asturiano, cuya trayectoria se ha conformado a través de numerosas exposiciones individuales y colectivas tanto en España como en otros países, y ha estado presente en algunas de las ferias más importantes del circuito internacional de arte contemporáneo (Basilea, Arco), y en Bienales europeas. Es notoria también su presencia en importantes premios y certámenes de pintura y escultura del circuito nacional.
Pablo Maojo (San Pedro de Ambas-Villaviciosa, 1961), posee un universo iconográfico que mantiene una tensión entre lo racional y analítico y un grafismo primitivista donde vibra el color en formas elementales. La vitalidad del geometrismo, pero también de la pluralidad de expresiones y estrategias marcan su obra, que está representada en numerosas colecciones particulares, instituciones y museos, entre ellas el de la Fundación La Caixa (Barcelona), Bellas Artes de Asturias, E.P. Alto Lindoso (Portugal), Fundación San Benito de Alcántara, Cajastur, Fundación Evaristo Valle.
De Cidoncha a Lamarca
La muestra de Emilio González Sainz, paisaje cántabro de Robayera 2010, abrirá la nueva temporada en la sala de las antiguas escuelas de Cudón el próximo mes de mayo. Bajo la dirección de Juan Manuel Puente, y con la colaboración permanente de la Consejería de Cultura, la nueva temporada, como se ha venido avanzando, incluye exposiciones de Rafael Cidoncha y la fotografía de Lamarca. En Miengo expondrá piezas escultóricas y obra sobre papel.
Considerado uno de los escultores asturianos de mayor relieve y de más acusada personalidad, la obra de Maojo mantiene una estrecha vinculación con sus raíces existenciales y geográficas. La madera como materia dominante ofrece un rico mundo de sugerencias escultóricas mediante intervenciones directas, cortes elementales, cuya aparente rudeza no excluye, junto a sugestiones de la naturaleza, una notable belleza plástica, subrayada en ocasiones por los colores, rojo y azul principalmente, muy saturados. Junto a obras monumentales, Maojo es autor de un gran número de creaciones, tanto escultóricas como pictóricas, de notable «capacidad inventiva y encanto formal» que denotan su gusto por la libertad creativa. En su trayectoria, de formación autodidacta, ha experimentado con todo tipo de técnicas: pintura, dibujo, grabado y, sobre todo, escultura.
Además de exponer desde el año 1982 en galerías privadas, museos e instituciones, sus obras se han destinado a numerosos espacios públicos, entre otros, en la madrileña sierra de Cercedilla, en los jardines de la Fundación-Museo Evaristo Valle en Gijón, o en la estación Gregorio Marañón del metro de Madrid. «Armonía estructural, vivacidad rítmica e integridad compositiva» son los rasgos formales más notorios de unas esculturas entroncadas, por un extremo, con la línea principal del constructivismo y, por otro, «con el intemporal artesano que, en comunión con la materia, anula las inciertas diferencias del arte con el oficio». En su escultura predomina la madera en estado puro, rescatándola como obra de arte a base de líneas más o menos rectas y planos sobre los que interviene con colores vivos. Autor de carteles, otro sello de su estilo es el virtuosismo gráfico, «la inteligente explotación del color y el escrupuloso dominio de las texturas». Asimismo, en gran parte de su obra pública se sirve de otros materiales como el hierro, el bronce o el acero.
GUILLERMO BALBONA
El Diario Montañes
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24-Mar-2010 |
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Exposición de Carmen Castillo en la Galería Cornión.
Montaje virtual e infográfico de Carmen Castillo, con una de las piezas de Gigia para el Campo Valdés de Gijón.
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22-Mar-2010 |
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El paisaje en las palabras de Camín
El creador dejó decenas de textos que ahora edita Cubera en un libro también de dibujos en tinta.
Su nombre fue siempre apellidado de escultura. Pero Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929-2007) era un creador global. Mucho antes de asumir su indomable pasión por interpretar el paisaje con maderas, aceros, ángulos, vacíos y profundidades, fue pintor premiado, que, al final de sus días, encontró en las acuarelas la dulzura de un nuevo tiempo. Quiso ser arquitecto y sin serlo dio ideas, nociones y proyectos a varios maestros del oficio. Diseño muebles, alcantarillas y hasta portales. Camín se fue con 77 años habiendo tocado todos los palos del arte, incluida la escritura. Gran conversador, no dudó en plasmar en papel muchos de sus propósitos. Algunos de sus textos fueron publicados en la revista de la Asociación de Amigos del Paisaje de Villaviciosa, Cubera, de la que fue primer presidente. Cada uno aparecía ilustrado con delicados dibujos también creados por él. La mayoría eran cantos al horizonte que le rodeaba en su querido rincón de Valdediós. Cartas a la naturaleza, pero también misiles a las instituciones que no cuidan sus lugares y a las gentes que pasan por ellos dejando triste rastro sólido de su visita. Hoy esas cartas reaparecen reunidas en un libro, de edición no venal, titulado 'Paisajes'.
Es el homenaje de Cubera a este genial asturiano que estos días se recuerda en tres espacios diferentes del vecino León, el Instituto de Cultura, el Centro Leonés de Arte y la Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Todos unen sus lugares para rendirle un tributo que antes tuvo como escenario el Museo Barjola y que dentro de unas semanas, desplegará su contenido en Zaragoza, donde el creador asturiano, uno de los más importantes de la segunda mitad del siglo XX, fue querido y hoy es admirado.
Viveza y también enfado.
El libro está prologado por su hija Mónica, que confiesa en sus páginas que «en el lenguaje y tono de los textos» reconoce con total claridad la voz de su padre, pero no sólo su entusiasmo y «viveza» también «su enfado al constatar la desidia y agresividad con que tan a a menudo tratamos nuestro entorno».
Habla también Mónica en su introducción de los dibujos a tinta que acompañan el verbo del escultor. «No dejan de maravillarme por muchas veces que los mire. Árboles, hórreos, piedras, iglesias... Hojas, castañas, nubes... que tenemos a nuestro alrededor», escribe, antes de recordar que hace ya dos años que su padre salió una tarde de otoño de su casa de Valdediós para no volver y ese lugar sigue anidando todo su espíritu. Por eso Mónica trabaja desde hace meses por lograr su apertura al público.
«Lo cuidamos con la esperanza de que un día ese patrimonio, esa obra, que no son sólo las esculturas y pinturas, sino también la casa, las paneras, el jardín y los árboles que él colocó y cuidó con mimo, y con un criterio muy claro, puedan ser disfrutados por todo aquel que quiera venir a visitarlos». El deseo de abrir la Casa Museo de Rubio Camín cuenta con varios adeptos, pero aún no con el apoyo del Principado que si bien ya ha visitado todo el conjunto no se ha pronunciado respecto al proyecto que ya está totalmente diseñado.
Paché Merayo
El Comercio
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12-Feb-2010 |
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Tres espacios exhiben las infinitas ideas de Camín Entorno Camín lleva al CLA, ILC y Fundación Cerezales su pintura y escultura
Un artista con estrecha relación con León y que apostó por los artistas leoneses.
Tres espacios expositivos acogerán una gran exposición del artista asturiano Joaquín Rubio Camín. Tal es la importancia y el peso de la obra del pintor, escultor y fotógrafo. Así, hoy a las 20:00 horas se inaugura ‘Entorno Camín’ en la sala Provincia del ILC, en el Centro Leonés de Arte y, mañana, en la Fundación Cerezales de Cerezales del Condado. Al acto del ILC acudirán la viuda e hijas del artista, la directora del Museo Barjola y la comisaria de la muestra, así como otras personalidades y artistas.
‘Entorno Camín’ es una magna retrospectiva que tiene lugar gracias a la colaboración del Principado de Asturias a través del Museo Barjola.
Así, en la sala Provincia del Instituto Leonés de Cultura se mostrarán las esculturas relacionadas con el metal y el angular, mientras que el Centro Leonés de Arte abrirá al asturiano hasta seis salas, una para mostrar su pintura, otra sus trabajos más experimentales (grabado, dibujo...), otra a la escultura de madera, otra a sus obras de temática religiosas. Y en la salas de exposición de la Fundación Cerezales Antonino Cinia se expondrán los hitos fundamentales de la evolución escultórica en chapa, más una pieza en madera, de Camín, una muestra que tiene que ver con su faceta abstracta.
En cuanto a la dimensión de Camín, baste decir que fue Premio Nacional de Pintura y Gran Premio de Escultura, lució su obra en la bienal de Venecia y en la de Sao Paulo, fue gran amigo de artistas como Chirino, Chillida, Oteiza. Y como aportación enteramente propia, Camín se inventó el uso del angular, el diedro, como elemento básico de la construcción, primero más barroco y finalmente de un modo más sintético, más minimalista.
Tres espacios para acoger sus infinitas ideas.
C.D.R.
La Crónica de León
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12-Feb-2010 |
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El ILC abre una exposición sobre Joaquín Rubio Camín
El Instituto Leonés de Cultura acoge desde hoy y hasta el 11 de marzo una muestra retrospectiva del artista asturiano Joaquín Rubio Camín titulada Entorno Camín . Esta exposición cuenta con la colaboración del Principado de Asturias y del Museo Barjola, además de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia (en el pueblo de Cerezales del Condado), que acoge parte de este excepcional montaje.
El ILC ha querido así realizar un homenaje a este artista que, a pesar de haber vivido en Asturias, tuvo una gran relación con la provincia de León, donde expuso por primera vez, en el año 1948, en la sede de la Diputación. Camín fue un personaje clave en la potenciación de los escultores leoneses y se trató de uno de los personajes más significativos del panorama nacional en las más diversas materias, desde la pintura a la escultura pasando por el diseño y otras disciplinas.
Camín (1929-2007) inició su actividad pictórica en 1947, consiguiendo el Premio Nacional de Pintura en 1955. También fue Gran Premio de Escultura en 1962. Esta muestra abarcará todas sus facetas.
Redacción
Diario de León
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5-Feb-2010 |
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Líneas artísticas que convergen en Gijón
El artista asturiano reúne en su galería de siempre medio centenar de obras, y la escultora instala sus hierros en la capilla de la Trinidad .Pelayo Ortega inaugura muestra en Cornión y el Barjola estrena obra de Mayte Alonso.Es cuestión de líneas. Unas toman forma gracias al hierro y al caucho de Mayte Alonso; otras al óleo y a la paleta de colores de Pelayo Ortega. Las líneas que juegan con el espacio de la capilla de la Trinidad son desde ayer visitables en el Museo Barjola, un espacio para el que nació en exclusiva la instalación 'Caligrafías del espacio' de la artista madrileña unida a Asturias gracias a AlNorte y su presencia en el taller que Martín Chirino dirigió en la ciudad hace un par de años. Mientras, los trazos certeros siempre sorprendentes de Pelayo Ortega regresan a su galería, Cornión, esa a la que siempre vuelve el pintor que trabaja en exclusiva para la prestigiosa galería Marlborough.
Gijón tenía ayer cita por partida doble. A las siete, Mayte Alonso reunía en el Barjola miradas sobre esas caligrafías que se han instalado en la capilla de la Trinidad para quedarse hasta el 11 de abril. A las ocho, en Cornión, se miraba con calma el trabajo más reciente de Pelayo Ortega, el que muestra su universo artístico de un ayer (2009) tan próximo que es hoy. Allí estarán sus cuadros hasta el 6 de marzo.
Pelayo Ortega expone en casa medio centenar de obras entre pinturas y volúmenes, la mayor parte de ellas realizadas en los últimos meses en su taller gijonés. Viajan, en cualquier caso, desde cinco años atrás como en el caso de 'Interior noche de lluvia', fechada en 2005, aunque son las piezas antiguas excepción en las paredes. Presenta el artista un sinfín de temáticas y colores, negros, grises, naranjas, verdes, azules, amarillos, que ayer se dejaron ver con gusto por quienes se pasaron por la sala de la calle de la Merced. «Esta es una exposición que, dentro de una coherencia estilística, resume muy bien todos los palos que yo toco en la pintura, todos los registros desde cosas más expresionistas a otras más esenciales, refleja en cierta manera muy bien mi panorama de intereses actuales», explica Pelayo Ortega.
Ese hoy en su pintura fue objeto de conversación a eso de las ocho de la tarde, cuando la pequeña sala se llenó de admiradores de su obra. Estaban allí la directora de Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, Rosina Gómez Baeza, y el director de Festival Internacional de Cine de Gijón, José Luis Cienfuegos. Pilar Lafita y Juan José Plans tampoco se perdieron una inauguración con muchos nombres del mundo de la cultura, como el arquitecto José Quidiello y sobre todo del arte, como Guillermo Basagoiti, director del Museo Evaristo Valle. Los artistas fueron mayoría. Allí estuvieron Josefina Junco, Carmen Castillo, Núñez Arias y Ernesto Knor. Este último llegó procedente precisamente del Museo Barjola, donde asistió a la otra inauguración de la tarde.
Y es que poco antes de que Pelayo Ortega compartiera charla con los suyos, en el Museo Barjola Mayte Alonso lucía embarazo y obra. La gestación de su instalación ha sido larga. Hace ya dos años que la artista madrileña visitó la capilla y se prendó del espacio. Entonces, lo fotografió, lo analizó y empezó a pensar en la mejor forma de intervenir en él.
Dos años después sus líneas, esas que primero toman forma en una pequeña maqueta, están ya invadiendo el lugar. «Es muy tentador, muy bonito muy sugerente trabajar en un espacio como éste, te invita a jugar, yo me lo he pasado muy bien», confiesa la artista madrileña, que ha ejecutado una instalación con dos partes diferentes pero que se unen entre sí. Por una parte, están las líneas de hierro que se enredan de arriba a abajo y de izquierda a derecha. Por otro, las tiras de caucho que caen desde el coro hasta alcanzar el suelo. «La idea es la fluidez de líneas, es como una cascada de líneas que entran a colonizar la capilla, que juegan con el espacio y aportan una sensación de movimiento», detalla para explicar una obra que se entiende como una especie de madeja que se teje en el interior. La exposición se completa con otras dos esculturas bautizadas como 'Tropismos'. Son dos piezas de hierro que cuelgan del techo para no tocar nunca el suelo, en un juego de imitación a los movimientos involuntarios de los vegetales.
Fue ella misma quien durante la tarde se encargó de explicar a los invitados las obras expuestas. Se reencontró Mayte en Asturias con viejos conocidos del taller de Martín Chirino organizado en el marco de AlNorte, que compartieron vino con otros artistas como Pablo Armesto, que ya fue becario del Barjola, y Antonio Sobrino, entre otros. Junto a ellos, el director general de Patrimonio Cultural, José Luis Vega.
M.F.Antuña
El Comercio
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24-Dic-2009 |
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Las 'Coses de la playa' de Mingotes llegan a la galería Cornión
Pájaros que vuelan con alas de cerámica marina, aviones que planean con palotes de helado o peces con escamas de conchas son algunas de las 'ocurrencies' del artista Miguel Mingotes que ayer presentaba en la gijonesa galería Cornión con el nombre 'Coses de la playa'. La colección podrá disfrutarse hasta el 23 de enero.
Redacción
El Comercio
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15-Dic-2009 |
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La pintura durará lo que el ser humano
El pintor Luis Fega expuso ayer en Avilés sus ideas sobre la perdurabilidad de la plástica tradicional frente al medio digital.
«Mi opinión como artista es que la pintura tradicional no está muerta, como muchos quieren hacernos creer». Esta es la idea sobre la que basculó la conferencia-taller que Luis Fega (Vegadeo, 1952) pronunció en la Escuela Superior de Arte de Avilés, dentro de las actividades de AlNorte09. Y es que la irrupción de las plataformas digitales como herramienta de creación, aunque tienen una apariencia de revulsivo, una imagen de modernidad atractiva y procedimientos de manejo novedosos, no esconden ni sustituyen que el arte siga siendo patrimonio exclusivo de la mente humana. Siempre y cuando se mantenga la combinación de conceptos como sensibilidad, intencionalidad, compromiso, denuncia y sobre todo, estética. Por ello, en palabras del pintor «las herramientas informáticas de creación plástica no aportan nada revolucionario, porque el concepto creativo está en la mente del artista, y los medios para plasmar esas ideas son sólo eso, medios».
La opinión de Fega va más allá, y no duda en calificar de «engaño» la idea «que ciertos críticos, artistas y marchantes sostienen como teorema irrefutable, consistente en que la pintura con pincel, óleo, acuarela o lienzo ha llegado a su techo artístico, declarando su defunción». Y pone como ejemplo el hecho de que «los grandes clásicos de la pintura no han sido superados», aduciendo que «la problemática no va con la época que nos toca vivir, sino con la capacidad creativa del colectivo, como signo de los tiempos». Esos tiempos, o sea los actuales, «apenas han supuesto avance en ningún campo creativo, sea arte, pensamiento, religión o política», llevando a la praxis las ideas de los existencialistas, uno de cuyos postulados es que «la posmodernidad, como época que sucede a la de modernidad, se caracteriza por un reciclaje que deriva en mestizaje, pero que no avanza de modo ostensible», haciendo que dicho movimiento vaya «más hacia los lados que en línea recta, de progreso». Y que la creatividad más arriesgada e imaginativa, por paradójico que suene «está hoy en manos de la ciencia más que del arte». Pone Fega como ejemplo «la genética, la clonación o tantas otras ideas, antes quimeras, y hoy, hechos casi inminentes, cuando no metas ya alcanzadas».
Vanguardias, edad de oro.
Cuando los futuristas crearon su manifiesto de 1909, se daba carta de naturaleza a la época de las vanguardias o 'ismos', que venían incubados desde décadas atrás. Primero fue el Impresionismo, siguieron el Simbolismo o el Fauvismo, pero sostiene Fega que «con el Cubismo se llega a un punto de inflexión radical, que es que al proceso de creación que sigue la secuencia 'objeto-ojo-mano ejecutora', se le intercala entre los dos últimos el concepto 'idea', como factor de distorsión». Es el momento en que «el artista no pretende mostrar la realidad tal cual es, sino que intenta plasmar lo que él percibe o lo que él quiere hacer ver al espectador».
Así, el arte «dio un paso de gigante mucho más radical que el uso de ordenadores, porque su originalidad y resolución estética fue palpable, se manifiesta a primera vista». Todo ello facturado con medios espartanos, como pudieron ser los lápices de colores de Klimt, los lienzos abstractos de Kandinsky (llenos de espacios en blanco) o los poliédricos y angulosos retratos de Picasso en los años 10 y 20 del siglo pasado. Una época «de creatividad absoluta que no es comparable a la actual, en la que los pintores relevantes se cuentan con los dedos de ambas manos». Y pone como ejemplos de esto último a «Tàpies o Gordillo, o a la escena que actualmente trabaja en Berlín, que ha desplazado a Nueva York como epicentro de la creatividad mundial».
Concluye Fega que «la pintura durará lo que dure el ser humano», constatando que «personalmente, no he visto una obra del llamado 'arte digital' que me haya conmovido», si bien admite que «su repercusión social es potente gracias a internet, que no es garantía en cuanto a valor creativo».
Rafa Balbuena
El Comercio
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15-Dic-2009 |
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Los galeristas reclaman su parcela en el germen cultural
Cornión, Van Dyck, Espacio Líquido y Gema Llamazares analizan en AlNorte la situación del sector frente a las instituciones.
«Somos individualistas y por eso no funcionamos como grupo», advierte Amador Fernández, director de la veterana sala Cornión, además de presidente de la Asociación de galerías de Asturias, que, según dijo «no funciona y está a punto de desaparecer». Hablaba así Fernández ante la atenta mirada de sus compañeros de pasión y profesión, reunidos por el director de AlNorte, Ángel Antonio Rodríguez, precisamente para superar las barreras de ese individualismo sectorial y levantar puentes entre unos y otros y entre todos y las instituciones. Y hablaba así, precisamente, para describir lo complicado de llegar a una conexión, que lo es también por motivos ajenos. Según él, «las instituciones no nos ven como generadores de riqueza cultural y eso impide poner en valor nuestro trabajo».
De la misma opinión son Aurora Vigil-Escalera (Van Dyck), Nuria Fernández Franco (Espacio Líquido) y Gema Llamazares (Gema Llamazares), que también compartieron mesa en el Centro de Cultura Antiguo Instituto con Rosina Gómez Baeza, directora de Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, y Santiago Lara, en representación de la Asociación Asturiana de Artistas Visuales. Y allí mismo, alto y claro, reclamaron una parcela en el germen y la geografía de la cultura de todos, así como un intercambio de «sinergias e información».
Ese reconocimiento consolidaría, según ellos, una «promoción de los artistas» con los que trabajan y evitaría situaciones, como la que denunció la directora de Van Dyck, en las que una institución o un coleccionista adquiere obra de un determinado creador «saltándose a la galería que lo representa».
Según Gómez-Baeza, esa situación se da por la ausencia de una relación de exclusividad entre artistas y salas de arte. Una relación «imposible», en palabras de Nuria Fernández, «en los tiempos que vivimos» y más, «en el caso de salas de provincias». Lo que debe darse, dijo la joven galerista es «una exclusividad moral» entre unos y otros. Algo, que, según Gema Llamazares, «se ha conseguido en muchos casos, gracias a la buena voluntad de los artistas y a las magníficas relaciones que se llegan a establecer con ellos». Fueron muchos los puntos tocados en la mesa redonda. Unos para hacer acto de contricción y otros con propósito de enmienda. En este sentido Santiago Lara pidió que las relaciones entre instituciones rompieran el muro vertical y se describieran transversales; Nuria Fernández, que «las propias salas dinamicen los entornos para acercar el arte a la gente», y Vigil-Escalera, «que la Asociación de Galerías empiece a trabajar en serio».
A todos contestó Gómez-Baeza con el relato de la labor que se está llevando a cabo en Laboral para crear un archivo de artistas entre cuyos datos «se verán claramente reflejadas las galerías con las que han trabajado». Dicho lo cual, la directora del Centro de Arte aseguró, secundando a sus compañeros de mesa, que las claves del futuro están «crear una estructura de conocimiento, un tejido de información», en cuya labor, les dijo para cerrar la mesa, «soy toda vuestra».
Paché Merayo
El Comercio
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5-Dic-2009 |
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La cumbre tranquila Amador Fernández, galerista y librero
Amador Fernández regenta, desde 1981, la librería y galería de arte Cornión. 28 años ya en uno de los rincones inamovibles de este Gijón y de tantos otros, personales, culturales, emocionales, artísticos y (casi) generacionales.
Amador se encarama (o parapeta) en la familiaridad del librero del barrioLa trastienda de Cornión desprende, desde el preciso instante en el que se atraviesa la reja que la separa de la galería, ese olor a libro viejo y lienzo almacenado de un lugar que atesora muchos, muchos recuerdos en la penumbra, realzados por el viento desapacible y la lluvia otoñal que en esta tarde gris castigan la calle de La Merced. Al frente, Amador Fernández, Amador de Cornión, Amador a secas. Nacido en Ciaño en 1953, aterrizó aquí mediante un anuncio en el periódico en 1968: «Iba para tres meses», como tantas otras cosas, y fructificó. En 1981, se hizo con el timón del negocio; tras haber sido empujado por Eduardo Vigil, el propietario de lo que antes se llamaba librería Atalaya, a la profesión; tras haberse sumergido en el movimiento pictórico gijonés de la época; tras haber catado a un Piñole o a un Valle. Hasta aquí, todo apunta a una existencia convencional y, quizás, acomodada: la aspiración vital última no parece ser conquistar el mundo del arte, sino mantener un nivel de vida que pasa por su gran afición, el montañismo, y por poder seguir viviendo cierto Gijón que le fue dado y de cuyo paisaje, de forma indiscutible, Cornión forma parte: «El Gijón de esos intelectuales de los que ya no quedan, con un regusto cultural, ese grupo de artistas que siguen con nosotros después de tantos años...». Sorprende, no obstante, que se trate únicamente de una apariencia: Amador se encarama (o parapeta) en la familiaridad del librero del barrio para hablar desde la autoridad del que lleva tiempo en el arte y se encuentra permanentemente rodeado de pintores o escultores. Es este equilibrio entre lo local y lo global, entre el gijonismo bien llevado y la curiosidad insaciable, lo único que puede permitir a un negocio así subsistir: un concepto ciertamente romántico («el dinero es importante, pero no es lo primero ni muchísimo menos») basado en una fidelidad a determinado arte y a determinado público. «Hoy en día lo que existe es una cierta confusión. Yo no tengo nada claro hacia dónde van las cosas ni lo que será de este mercado mañana: hoy mandan las nuevas propuestas y tecnologías que no encajan con nosotros, pero al mismo tiempo se está dando un retorno hacia la pintura que... no sé». No sé, no sé: sí sabe lo que es, sí sabe de dónde viene («una efervescencia, un sentimiento») pero se niega a ponerle nombre al destino de Cornión: no es una cuestión de apalancamiento, no hay un ápice de inmovilismo, en definitiva, en lo que se cocina en esta trastienda de otro tiempo, sino un «asentamiento» tranquilo y taimado que mantiene a raya la «quemazón propia» de la experiencia, sin llegar a aislar del mundo exterior, por el contrario, este reducto de maduro idealismo. Un buen ejemplo de lo que aquí ha ocurrido es la marcada huida de lo tajantemente comercial: Cornión fue pionera en la muestra ARCO, allá por 1986, y acabó por abandonarla en 2000 -con todo lo que ello implica- debido a las tendencias que comenzaban a imponerse, al peso de esas manifestaciones que poco, o nada, tienen que ver con esta galería. Amador aún recuerda, en efecto, el millón y medio de pesetas que esta librería invirtió hace más de dos décadas en un Commodore, ordenador primigenio de 64 megabytes (aproximadamente lo que hoy pesa un disco en formato digital). «Son herramientas muy útiles, desde luego, pero esta revolución va a una velocidad demencial y que a mí, en este ámbito, no me termina de cuadrar. No tengo nada en contra de estos cambios, al contrario, pero yo no entiendo así el arte». Se siente algo desubicado, además, entre los montajes deslumbrantes y artistas hijos del márketing, pero no abandona la convicción de que su forma de entender su oficio («si algo no me convence plenamente, si no soy capaz de defenderlo a fuego, simplemente no lo expongo: no puedo») es la única posible. Sin enemistades, sin competencias, limitándose a estas paredes cubiertas de lienzos o al sonido de los pasos en la silenciosa galería. Que esta actitud está empapada en algún caldo creativo salta a la vista: hace falta cierta fuerza de voluntad y capacidad de sacrificio, más propia del autor que del gestor, que aproxima a Amador a los Pelayo Ortega, Melquíades Álvarez o Luis Fega que aquí respiran. Tampoco ha sentido nunca la necesidad de salir de aquí -físicamente-, más que para encaramarse (o parapetarse) en alguna cima recóndita, como la que hace unos años le arrebató dos dedos del pie: «Recuerdo a los pintores y escultores que se habían ido a Madrid, o a París incluso, cuando empecé: yo no sé cómo vivirían allí, pero nos impresionaban cuando llegaban». Precisamente se le llegó a pasar por la cabeza una sucursal en la capital, pero la idea no cuajó. Si se quiere, ni siquiera se ha planteado salir de cierto Gijón -lo cual no significa no conocerlo-: llamar a determinadas puertas, asistir a algunas cenas, frecuentar algunos rincones de una ciudad de la que, a pesar de sus relativamente reducidas dimensiones, se puede decir sin titubear que cuenta con mil y una caras. Y es que precisamente de una de ellas Cornión constituye uno de los ejes principales: de esa visión sobre los verdes de Deva, sobre las calles mojadas y metálicas, sobre el calor de la taza humeante y el periódico recién impreso, sobre el mar y todos sus matices; de esa perspectiva histórica y entrañable de la que tantas ventanas, de las abiertas en cuadros, esculturas o libros que por aquí han ido desfilando, han dado cuenta a lo largo de los años. ¿Acaso no se percibe, desde este rincón que para algunos es referente y para otros, simplemente, un comercio «de toda la vida», el aroma que se desparrama por las calles desde hace décadas ya? Una vez más, Amador murmura un «no sé» mientras reflexiona y trata de tomar distancia para responder, sin conseguirlo plenamente: este es el mundo que él conoce y vive enteramente, engarzado de tal manera en el latir de Gijón y en su propio universo que no le resulta sorprendente, ni reseñable, simplemente natural. Como él mismo concluye, con una metáfora que no pretendía serlo: «Lo de los libros electrónicos va a ser otro bombazo, quizás preocupante para la industria. Pero -prosigue rompiendo el silencio al pasar su mano sobre el lomo de un volumen- el libro de toda la vida es indestructible».
Alejandro Carantoña
El Comercio
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6-Nov-2009 |
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Avilés homenajea a Rubio Camín con un paseo
La ciudad acoge dos exposiciones, una de ellas organizada por un numeroso grupo de amigos.
Joaquín Rubio Camín tuvo una gran relación con Avilés durante su época productiva y ahora, coincidiendo con el 80 aniversario de su nacimiento, la ciudad ha querido que esa vinculación permanezca para siempre. Es por ello que desde ayer existe un paseo en el parque de Ferrera que lleva su nombre. La senda es la que transita por delante de El Tejo , una de las obras más conocidas de cuantas existen del gijonés en la ciudad.
Cerca de ella, en la Casa de Cultura, existe un conjunto suyo, "probablemente el más grande de los hechos en madera", señaló la alcaldesa de la ciudad, Pilar Varela. La primera edil de Avilés fue la encargada de recibir a la familia de Rubio Camín a su llegada ayer a la ciudad para inaugurar las dos exposiciones que sobre el artista se podrán ver durante los próximos días.
La primera de ellas se encuentra, precisamente, en la Casa de Cultura. Es una muestra muy especial, ya que en ella participaron numerosos amigos suyos. Amador Fernández fue el encargado de gestionarlo. "Junté a varios amigos míos y de Joaquín y ninguno dijo que no, cada uno aportó lo suyo. Está hecho con mucho cariño", aseguró.
La segunda de las exposiciones que puede verse estos días sobre Camín está en el palacio de Valdecarzana. Soledad Alvarez, estudiosa y amiga de Rubio Camín, fue la encargada de seleccionar las obras que se muestran, labor nada fácil dado que ya se habían realizado exposiciones similares en Gijón.
"Son piezas de los años 80, de su época más productiva", indicó y señaló que combinó cinco piezas angulares con obras en papel, "su elemento imprescindible, junto al acero y la madera".
REGALO MUNICIPAL El regalo que ayer le entregó el Ayuntamiento de Avilés fue otro género artístico, un cuadro pintado por el ex director de la Escuela de Cerámica, Ramón Rodríguez. La pieza se titula Camín en el Ferrera bajo la prodigiosa lluvia de manzanas y algo con un nombre tan curioso está basado en un hecho real que vivió el propio artista y que ayer rememoró Rodríguez.
Cuando estaba elaborando El Tejo , en el parque Ferrera, "siempre traía yogures y un día dijo que le apetecía algo más sólido, así que lleve unas manzanas".
Algunas de estas piezas las dejó en lo alto del árbol que al día siguiente empezaron a talar, con lo que las manzanas cayeron. Fue entonces cuando Camín dijo la mítica frase de "es la primera vez que un tejo da manzanas".
Noelia Rodríguez
La Voz de Asturias
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6-Nov-2009 |
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El legado y los amigos de Camín concluyen en Avilés el homenaje al artista La Casa de Cultura y el palacio de Valdecarzana exhiben dos exposiciones
La fuerza del propio legado y el calor de la memoria de amigos y discípulos suplieron anoche en Avilés la imposible presencia del añorado Joaquín Rubio Camín en los dos actos que ponen término a la cadena de homenajes que, desde el pasado 11 de septiembre, conmemoran el que hubiera sido el octogésimo cumpleaños del artista gijonés, fallecido en diciembre de 2007. Dos exposiciones, una de obra propia -«Camín cercano», en el palacio de Valdecarzana- y otra colectiva de amigos, discípulos y admiradores -«Artistas con Camín», en la Casa municipal de Cultura- acercaron hasta Avilés los actos programados como parte del programa «Camín 80», que se ha desarrollado en los museos Barjola y Evaristo Valle, en la galería Cornión y en las mismas calles de Gijón, en las que Camín dejó una importante presencia de su escultura pública.
La primera de esas citas viene a enriquecer con la escultura en metal y las obras en papel la notable presencia de maderas de Camín en la villa del Adelantado; piezas públicas, como su «Tejo» (1986) en el parque de Ferrera, y la colección que alberga la Casa municipal de Cultura. Ahora, hasta el 28 de noviembre, el palacio de Valdecarzana exhibe «Camín cercano», una selección de piezas realizadas en este material entre 1971 y 2002, en las que se percibe el modo en el que el artista gijonés evolucionó desde la complejidad y los aspectos sensoriales del perfil en ángulo hasta la sencillez y el interés por aspectos más conceptuales.
Una veintena de amigos y admiradores han aportado su obra a «Artistas con Camín», una colectiva en la que la absoluta disparidad de géneros, soportes y supuestos estéticos queda unificada por el tema -el propio Camín- y la calidez del recuerdo. Javier Aleixandre, Melquíades Álvarez, José Arias, José Ramón Cuervo-Arango, Reyes Díaz, Ramón Isidoro, Gonzalo Juanes, Josefina Junco, Mingotes-Villemur, Pablo Maojo, Roberto Molinos, Marcos Morilla, Pelayo Ortega, Edgar Plans, Ramón Prendes, Fernando Redruello, Ramón Rodríguez, Verónica Rubio y Antonio Suárez. Todos evocan la persona, el entorno, la obra y el pensamiento de un artista irrepetible.
J. C. Gea
La Nueva España
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21-Oct-2009 |
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El museo más íntimo de Rubio Camín
La familia del artista prevé abrir al público las puertas de su casa y jardín de Valdediós, proyecto que estará respaldado por una fundación.
La casa y el jardín que el artista Joaquín Rubio Camín tenía en Valdediós (Villaviciosa) podrían abrirse al público como museo y aula cultural. Éste es el proyecto, aún en fase de gestación, que quieren desarrollar sus herederas: la viuda, Carmen Díaz Cotera, y sus dos hijas, Verónica y Mónica Rubio. Con la intención de lograr este objetivo, prevén constituir (no más allá de 2010) una fundación que logre financiación pública y privada.
El futuro museo incluiría las 200 obras del artista que se exponen en el Museo Barjola de Gijón hasta el 15 de noviembre, que son propiedad de la familia. Mónica Rubio indica que «queremos mover la colección en España y fuera. Mi padre tiene esculturas en muchos países y sería muy interesante llevarla hasta ellos». Pero no sólo eso, la hija de Rubio Camín asegura que «con el tiempo nos encantaría hacer un museo de arte contemporáneo con las obras que mi padre tiene de otros pintores, como Orlando Pelayo, Farreras, Aurelio Suárez, Pelayo Ortega o Chillida». Explica que «era muy normal el intercambio de obras» entre los propios artistas. Se trata de un proyecto ambicioso que persigue «realizar todas las actividades posibles». Incluso se plantea permitir el acceso a la biblioteca personal de Rubio Camín, con unos 6.000 volúmenes, y que incluye libros especializados en arte, botánica, arquitectura, literatura y catálogos antiguos.
Asimismo, la familia del artista gijonés, que pasó 37 años en su casa de Valdediós, considera que se ubica en «un entorno singular, que merece la pena visitarlo», asegura Mónica Rubio. Adquiere un mayor valor si se tiene en cuenta que el artista plantó muchas de las especies que aún se conservan. Su hija recuerda que era un apasionado de la botánica. Pero Rubio Camín también dejó su firma en su jardín, que se asemeja a un pequeño bosque, con 16 esculturas. «La finca es lo suficientemente complicada como para hacer un recorrido interesante», indica Mónica Rubio.
De esta forma, el visitante podría descubrir algunos de los rincones que sirvieron de inspiración al artista en su refugio de Valdediós, aunque su sociabilidad hacía que su domicilio fuera muy visitado por sus allegados. La vivienda, que se conserva tal cual la dejaron el artista (fallecido el 28 de diciembre de 2007) y su esposa, podría visitarse como casa museo del pintor, según explica una de sus hijas. Incluso proyectan que estudiantes pudieran estudiar allí su obra a través de becas. Les permitiría descubrir un poco más la faceta más humana de Rubio Camín, como su afición por coleccionar piezas de cerámica o sombreros. Su familia no duda de que este proyecto hubiera ilusionado al propio artista.
Mariola Menéndez
La Nueva España
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19-Oct-2009 |
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Luis Fega dirigirá un taller en AlNorte
Hay quien afirma que la pintura, en esta era digital, sólo podrá mantener su campo de acción en coordenadas tecnológicas. Otros, en cambio, dicen que los soportes tradicionales son los únicos capaces de defender la disciplina plástica más antigua del mundo. Para Luis Fega (Piantón, Vegadeo, 1952) debe primar el equilibrio, el mantenimiento de una voluntad de búsqueda permanente que permita al artista desarrollar nuevos planteamientos con todos los medios disponibles. Su mentalidad abierta, donde brillan la calidad y el compromiso, es el punto de partida del taller 'La pintura en la era digital' que dirigirá en la Escuela Superior de Arte de Avilés del 13 al 15 de diciembre, dentro de la VIII Semana Nacional de Arte Contemporáneo AlNorte 09 que organizará EL COMERCIO en varias localidades asturianas.
Las aportaciones más renovadoras del siglo XX, las tesis sobre el agotamiento de las narrativas y del concepto de 'arte', la necesidad de generar discursos en el llamado 'arte actual', las nuevas formas de mirar del siglo XXI y la multiplicidad de las personalidades creativas serán otros puntos a debate, que se abrirá no sólo a pintores sino también a artistas procedentes de cualquier ámbito o disciplina.
De carácter teórico-práctico, el curso coincidirá con una intensa programación en torno a la misma temática que ya se puso en marcha la semana pasada en el blog-taller procesual 'Convergencia Cultural', activo ya en la edición digital de EL COMERCIO.
En 'La pintura en la era digital' la participación también es gratuita, aunque habrá un límite de 30 plazas. Los interesados pueden enviar sus solicitudes desde hoy hasta el 5 de diciembre a la sede de nuestro periódico (indicando claramente la 'Referencia: taller Luis Fega') o a través de la Jefatura de Estudios de la Escuela Superior de Arte de Avilés.
Larga trayectoria
Residente en Madrid desde finales de los años setenta, Luis Fega es uno de los autores más respetados del panorama nacional. Su febril actividad le ha llevado a ferias internacionales y colectivas de gran impacto socio-cultural. Hace dos años, el Círculo de Bellas Artes de Madrid le organizó una gran exposición individual titulada 'Lugares de la pintura' que exploraba su trayectoria reciente, donde las tres dimensiones y la investigación enriquecen su conocida impronta. Convencido de que la pintura existirá mientras exista el ser humano, sus trabajos se exponen con asiduidad en las galerías May Moré (Madrid) y Cornión (Gijón), pero han viajado a otros espacios de Berlín, Londres, Bruselas, París, Verona, Galicia, Andalucia, Valencia, Barcelona, Cantabria, Pamplona y País Vasco y forman parte de importantes museos públicos y grandes colecciones privadas (Museo Municipal de Madrid, Congreso de los Diputados, Biblioteca Nacional, Argentaria, BBVA, Caja Madrid, Banco Popular, Cajastur, Egon Zehnder International, Fundación Masaveu, Union Fenosa, museos de Bellas Artes de Asturias y Álava...). Miembro activo de las asociaciones que defienden en España los derechos de autor, ha ejercido recientemente como Presidente de la Asociación de Artistas Visuales de Madrid.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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10-Oct-2009 |
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Pelayo Ortega abre su templo
Fachada oscura, casi conscientemente escondida tras una vieja verja que se esfuerza por evitar miradas, en un juego evocador de contrastes con el universo que encierra. Tras ella está el templo de Pelayo Ortega. No su catedral -que esa se levanta aún más adentro, justo en la nave que une la arquitectura de su mente con los hitos de su vida-. Pero sí su lugar y el lugar de sus pinturas. El espacio que, con él, habitan su memoria y cada uno de sus nuevos días. El taller que emite y a la vez engendra luces, incluso allí donde se arropan las sombras; el que habla alto y claro del pintor, librando mensajes en todas las direcciones; gritando su existencia entre los surcos del suelo de hormigón, desde las paredes y hasta en los libros. Es el rincón donde cumple con la ceremonia del arte, donde en un momento riñe consigo mismo y en otro se alegra del óleo que alcanza su rumbo. Donde pinta enérgicamente y donde analiza pausado el fruto de su energía. Allí, escondido tras la verja, en una calle que porta nombre de monje, escritor y asceta, esconde Pelayo Ortega su auténtico autorretrato, dibujado con pinceladas pasadas, pero también destino. El más cercano tiene parada en Madrid. La galería Marlborough le espera con sus 300 metros cuadrados abiertos a su obra. Este próximo jueves una treintena de lienzos quedará colgada bajo un sugestivo título 'Escala espiritual', que resume, dice, «la vocación del conjunto marcado por la preocupación de lo trascendental». El principal desvelo de Pelayo Ortega, la esencia de la cosas.
Hoy esos lienzos todavía están en casa. Unos ya apilados para emprender viaje, otros, los más pequeños, aún colgados para pedir nueva mirada, aunque el pintor sabe que ninguna se parecerá a la que se convierte en diálogo fuera del taller, lejos de los ojos del Picasso, que custodia la puerta del estudio, donde habitan también Braque, Velázquez, Orlando Pelayo, el arte del Tercer Reich, Tintín... «Cuando los cuadros salen de aquí y te enfrentas a ellos en la sala de arte es cuando recibes la gran sorpresa. Se produce, entonces, esa distancia necesaria que no logras en el taller», explica entre las estanterías repletas, los tubos de óleo retorcidos, los nuevos apilados en sus cajas y las palanganas colgadas como una instalación.
Unas palanganas que son realmente paletas monocromáticas, una por cada color que pide el lienzo para su fondo, pues sobre él Pelayo respeta los tonos del espectro sin intervenir. Pinta directamente del envase, sin miedo. Sin embargo, allí, entre sus cosas de todos los días, de todos los cuadros, al hablar de la sorpresa posterior a la creación, confiesa un temor. Porque Pelayo Ortega, con el éxito ya clavado en sus bastidores y una nueva cita internacional con Nueva York ocupando la agenda, no reniega del «miedo escénico. El pintor también lo siente». De hecho, no duda en confesar que «ante una nueva exposición te sientes, en cierto modo, como un actor antes de levantar el telón».
Sabe el creador que la expectación con que se aguarda su nueva obra lleva también impresa una duda sobre su victoria. La misma que le asalta sentado en su sillón rojo, observando la pintura terminada o dejando que le hable la que está por terminar. «Apago todas las luces, excepto las de esta zona», dice apuntando el entorno de la butaca. «El contraste con las sombras me permite concentración. Puedo olvidarme de todo y poner mi atención en el cuadro en el que estoy trabajando». Reflexiona mientras va de un lado a otro de su taller, mostrando algún lienzo escondido tras otro, enfrentando el óleo abigarrado, vehemente y denso con el que acaricia la tela suavemente en un ejercicio de aparente sencillez y calma real que reconforta. «Es la convivencia entre la pintura más depurada y la más experimental, un encuentro que me resulta placentero, que funciona por los contrastes y también, por qué no, por la posible paz que añade tras observar las obras más complejas y matéricas. Es como la cara y la cruz». Una cara y una cruz cargadas de recompensas que anidan en la misma colección casi por voluntad propia. «Cuando te enfrentas al lienzo no puedes planificar. Te dejas llevar por la necesidad de pintar en cada momento. No hay nada forzado es el rumbo que marca la obra». Y en esa dirección, en ese camino, como en su taller, se entienden, por tanto, el pintor que almacena en la tela todo el mundo vivido, pensado y soñado, y el que hace nidos en la mente y vuelca su síntesis concisa, concreta, en el cuadro.
Pero en la recoleta travesía en la que esconde su refugio no sólo está el pintor.
También el hombre. El que acumula recuerdos en fotografías de niño, en imágenes de amigos, en un mosaico de paquetes de tabaco que ya no fuma, en una calle llamada Inocencia, que ahora sólo existe en la placa que saluda al privilegiado visitante, colgada de la pared sobre una virgen y un ingenuo capitán Haddock (el amigo de Tintín, otro de sus santos). En la escuadra y cartabón de madera casi antigua, que exhala las últimas medidas tomadas buscando el equilibrio desde el clavo que las sostiene. En todas partes están la pintura y también, el pintor. Hasta el suelo cuenta historias de ambos en cada una de sus manchas. También el cristo de bronce sobre cruz pintada de negro en la pared, y, sin duda, guarda mil relatos la escalera. Ese gigante de presencia implacable, que le permite asomarse a las obras más grandes, trabajar a dos metros del suelo y que, luego, se instala en el lienzo y sube hasta los bordes de sus cuadros, sobreviviendo a todas las depuraciones y hasta abriendo camino ahora al catálogo de la inminente exposición. En la portada, la escalera se deja partir con el delicado rastro de una silla y así otorgar las primeras dos líneas atravesadas en cruz de la 'Escala espiritual' que se asoma tras ellas.
En unos días, lo que ese catálogo mantendrá para siempre en sus páginas y ahora hace escenario en el taller de Gijón, quedará colgado de las paredes de la Marlborough de Madrid. La escena en su templo cambiará radicalmente. Pero ese es su deseo. «Lo que pinto debe salir de aquí. Eso es lo que da vida a las obras, no tendría sentido que permanecieran entre estas paredes». Está convencido el artista de que deben marchar para que otras les sustituyan, pero también para que se encuentren por el camino con las visiones de otros ojos. Los demás deben sumar alforjas a su viaje. «A veces la perspectiva ajena aporta cosas que tú no habías visto», dice. Pero no siempre es así. «Otras veces lo que ven los demás es totalmente equivocado respecto a tus consideraciones».
Es tan importante ese encuentro con las otras perspectivas, que Pelayo lo prepara al milímetro. Primero pinta. Ese es su oficio. Lleva meses encerrado en su taller para componer las más de treinta piezas, de gran formato la mayoría, que le citan con otra calle, la de Orfila 5 de Madrid, muy cerca de Fernando El Santo y de Zurbarán, dos referentes para su 'escala espiritual' . Una vez dado el paso esencial, creada ya la colección que le reclaman las miradas capitalinas, el pintor analiza los planos de la galería. Los levanta en vertical, con una minúscula maqueta del lugar y diseña la exposición. Aquí este 'Paisaje de la pintura', de dos metros de alto por tres de ancho. Frente a él el 'Taller', aún mayor (2,25 por 3,25). En la sala del fondo, en una de las paredes centrales, los lienzos pequeños, 'Velázquez', 'Mendigo de luz', 'Celosía', 'Heraldo negro', 'Elegía', 'Epicentro'... «Los colgaré a modo de retablo. Eso permitirá establecer una conversación entre ellos que me gusta». Al manipular las maquetas, sujetando las pequeñas paredes de la galería, el pintor parece un gigante y recuerda a Camín, su amigo. Quizá viéndole preparar su universo escultórico en escala diminuta de cartón, Pelayo Ortega aprendió a abrazar el espacio que habitualmente le envuelve a él. De hecho, una fotografía del maestro de Valdediós acariciando sus pequeñas maquetas le observa tras la mesa de dibujo.
Está todo listo para la cita. Ahora tocan preparativos posteriores. Ya piensa Pelayo Ortega en su reencuentro con Gijón. En el estudio se pueden contemplar algunos de los cuadros que colgará en enero en Cornión, justo antes de viajar a Nueva York, «para pintar Nueva York». Allí permanecerá el creador medio año, poniendo color y ciudad en las telas que después contemplarán los visitantes de la calle 57, en pleno barrio de Chelsea, también en la Marlborough, pero la de la meca del mundo. Con él viajarán sus iconos, «que aparecen y desaparecen sin avisar, aportando una de las magias de la pintura, en la que tienen mucho que decir las vivencias personales que acumula cada obra». Tan es así que, «a veces», cuenta, «un cuadro tiene tal carga de experiencias que lo aprecias personalmente, aún sabiendo que objetivamente no tiene ningún valor como pintura». En su equipaje estarán entonces, como están ahora, todas esas vivencias y con ellas la silla, la escalera, el paseante, desde luego la lluvia y también el humo de una pipa, que es la suya, pues Pelayo Ortega se autorretrata habitualmente, aunque él asume el espejo en el que se mira «no como una recreación de mí, sino como una metáfora de la propia pintura». «Soy yo y no soy yo», dice. «Es, como advierte este cuadro (apunta a un lienzo de la nueva colección), el 'Perfil y sombra del pintor crepuscular', en el que no sólo está ese personaje ante el lienzo, sino también el que aparece escapando». En ese cuadro el pintor son dos. El que se queda y el que se evade. Una confrontación que condensa todo un examen de la existencia, una reflexión que se respira con él en cada rincón de su taller.
Paché Merayo
El Comercio
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8-Oct-2009 |
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Cuatro proyectos multidisciplinares, becas AlNorte 2009
Una donostiarra, una alicantina, un madrileño y un asturiano realizarán los proyectos en el Museo Barjola, las galerías Cornión y Espacio Líquido y el Centro Municipal de Arte de Avilés.
Cuatro singulares proyectos formarán parte del circuito AlNorte, el encuentro generacional en torno al arte actual que en diciembre volverá a dinamizar las principales ciudades asturianas. El jurado de las Becas AlNorte’09 acaba de conceder sus ayudas anuales para organizar las muestras que abrirán la VIII Semana Nacional de Arte Contemporáneo de Asturias. La inauguración simultanea de estas cuatro exposiciones, el 11 de diciembre, dará paso a nueve intensos días de actividades donde colaborarán escuelas, galerías, museos y asociaciones culturales de Avilés, Gijón, Oviedo y Mieres.
La nueva convocatoria de becas notó el fuerte respaldo del grupo Vocento en el ámbito nacional. Así, hubo solicitudes de todas las comunidades españolas, especialmente de Andalucía, Barcelona y Madrid, con un 60%. Hubo, sin embargo, un notable descenso de los aspirantes de Asturias. En AlNorte’09 serán 12 los artistas implicados en las cuatro exposiciones, ya que una de ellas es un proyecto comisariado por la donostiarra Enelka Fernández, que incluye obras de otras ocho mujeres, en el Centro Municipal de Arte y Exposiciones de Avilés. La alicantina Paula Ruiz expondrá en el Museo Barjola y el madrileño Daniel Cerrajón en la galería Cornión. El único asturiano premiado, Chus Cortina, hará lo propio en la galería Espacio Líquido.
Las becas permitirán a estos artistas generar y desarrollar sus proyectos bajo un germen renovador que alternará ejemplos multidisciplinares. Las propuestas concentran diversas técnicas, empleando pinturas, dibujos, esculturas, fotografías, instalaciones, ‘performances’, vídeos y piezas sonoras, con temáticas alusivas a la identidad, el hogar, la naturaleza, el fracaso, los sueños, la vida y la muerte, entre el trasfondo conceptual, la crítica social y la esencialidad plástica.
Tras la apertura de las exposiciones, la programación de AlNorte’09 se prolongará hasta el 19 de diciembre. Las jornadas, organizadas desde EL COMERCIO, cuentan con varios patrocinadores públicos y privados (Consejería de Cultura, Ayuntamiento de Gijón, Ayuntamiento de Avilés, Cajastur, Fundación Hidrocantábrico, Autoridad Portuaria de Gijón, Fundación Mª Cristina Masaveu) y una larga lista de espacios colaboradores que propondrán diálogos para todos los colectivos y acercarán el arte actual a miles de artistas noveles, veteranos, estudiantes, especialistas, historiadores, profesores, niños y espectadores. Talleres profesionales, cursos, seminarios, conciertos y otras aventuras, con la mirada puesta, una vez más, en los guiones frente a los decorados.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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1-Oct-2009 |
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Edgar Plans
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28-Sep-2009 |
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Noches blancas en Asturias
Las ciudades de Oviedo, Gijón y Avilés celebran el 3 de octubre por primera vez la Noche Blanca, una de las iniciativas programadas por el Gobierno del Principado para conseguir la candidatura a la Capital Cultural Europea 2016.
El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, José Suárez Arias-Cachero, ha anunciado que la celebración de la Noche Blanca es la primera actividad cultural que se inicia para conseguir la candidatura, pero que hasta junio del año que viene "las tres ciudades asturianas se unirán para programar actividades conjuntas".
La Noche Blanca tendrá como principales protagonistas las galerías de arte, los museos y la música en directo con entrada libre y que permanecerán abiertas de 22:00 horas hasta las 2:00 de la mañana y otras hasta las 5:00 horas.
Las instalaciones que se podrán visitar en la capital asturiana serán la galería Guillermina Caicoya, la Galería Vértice, Murillo, Alfara, la Sala Banco Herrero, la sala Borrón, y la sala BBVA.
En Gijón se podrá acceder de modo gratuíto a la ciudadela de Celestino Solar, Termas Romanas del Campo Valdés, el Museo del Ferrocarril, el Museo Nicanor Piñole y el Centro de Cultura Antiguo Instituto además de las galerías de arte Gema Llamazares, Espacio Líquido, Mediadvanced, El Arte de lo Imposible, Van Dyck, Altamira y galería Cornión.
Por su parte Avilés pone a disposición de los ciudadanos la galería Octógono y la galería de Arte Amaga.
Durante esta misma noche se dispondrá de igual modo de trenes FEVE que comunicarán también de modo gratuíto las tres ciudades asturianas para facilitar la visita a todas y cada una de las instalaciones museísticas.
Además de la gratuidad de la entrada la Consejería de Cultura del principado de Asturias y los ayuntamientos de las tres ciudades tienen prevista también la celebración de conciertos varios que tendrán lugar en el corazón de las tres grandes urbes de la región
La Nueva España
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22-Sep-2009 |
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Camín en el recuerdo
Tres exposiciones. Del viernes 11 al domingo 13 se inauguraron tres exposiciones en recuerdo de Rubio Camín. Una en el Museo Barjola, sobre las experiencias vitales y la trayectoria creativa de Camín. Otra en el Museo Evaristo Valle, fundamentalmente sobre la escultura abstracta de Rubio Camín y sus afinidades con otros artistas con los que mantuvo intensas relaciones, como el propio Evaristo, Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Amador y Basterrechea. La tercera en la galería Cornión, que reúne obras en papel, bien sean acuarelas, dibujos o collages. Es un homenaje bien merecido y un excelente arranque de temporada, porque Gijón titubea y a menudo resbala y tropieza y se arrastra en el septiembre artístico. Pero cuando el trabajo se planifica, los resultados aparecen. La Casa Natal de Jovellanos publica una guía de Héctor Blanco sobre la obra de Camín en lugares públicos de la ciudad, incluidas las iglesias. Buena noticia, pues, además de hacer visibles importantes obras civiles, reconoce a Camín como artista religioso.
La ordenación del plano en San Pedro. Me voy a referir a algunos aspectos del proceso creativo de Rubio Camín en este terreno. En la iglesia de San Pedro tiene Camín tres altares. Allí se le presenta el problema de ordenar el espacio, pues ha de llenar el hueco de las arcadas laterales, que tienen una altura de cuatro cincuenta metros. Recurre al método de la cenefa, colocando adornos en la pared que vayan disminuyendo el espacio a ocupar por la figura a partir del altar.
La escultura de San Pedro que está junto a la puerta de la sacristía, que el artista realizó en madera vista y ha sido recientemente liberada de pintura y colocada en su sitio original, tiene cierta altura y sólo necesita una cenefa en relieve sobre el fondo de mosaico color crema para equilibrar los espacios en el plano.
Al otro lado está el altar de la Santina de Covadonga, que de por sí ha de ser estatua pequeña, como dice la canción. Por correspondencia con el altar de San Pedro, aquí el fondo ha de ser también de mosaico. Camín establece abajo el altar sobre arcadas renacentistas, con seis candelabros. En el centro va la imagen de la Virgen rodeada de dos cenefas. La primera son esculturas salientes, esas nueve cajas metálicas sobre las letanías lauretanas, obra extraordinaria de Camín. Y el segundo marco lo forma el entrelazo de mosaico. Todo está perfectamente estudiado y medido. El mosaico del fondo emite brillos, suaves luces. El metal de las letanías combina con los candelabros dorados, la corona y cetro de la Santina y el bucle también dorado de la cenefa, rematando en el color más tranquilo del mármol de asiento del altar. En el altar de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros de Cimavilla, Camín ha de jugar también con las luces que provienen de la gran celosía. Decide no tapar esas luces, sino aprovecharlas para dotar a la escultura central de un halo resplandeciente, aunque para ello tenga que cambiar el color del vidrio que rellena los huecos de la celosía neoasturiana. Coloca una plancha de mármol de arriba abajo, practica en ella huecos de luz alrededor de la imagen y convierte el resto del fondo en cielo de la composición marinera que va debajo. La arcada se organiza en cuatro alturas: altar, ángeles con el escudo del Carmelo, estatua de la Virgen y luces superiores.
Especial atención merece el mosaico marinero que está debajo, humildemente situado a ras de tierra. A la izquierda, una vista del puerto de Gijón. Y a la derecha, tres tipos de barcos modernos: pesqueros, cargueros y transatlánticos, que se superponen por orden de tamaño y «dignidad social». En la chimenea inclinada del transatlántico se entrelazan las letras RC: tal supuesta marca de una gran naviera de la ciudad es la firma de Rubio Camín.
En San Pedro tenemos aún otro interesante juego de luces en la girola, cuyas ventanas de mármol traslúcido acompañan la meditación, frente a cinco advocaciones de la madre de Jesús realizadas también en mosaico.
La ordenación de los espacios en las iglesias de San Antonio y San Vicente de Paúl. Ordenar espacios es muy difícil. La obra cumbre de Bernini, tan valiosa que pasa inadvertida, es la ordenación del interior de San Pedro del Vaticano: ahueca los pilares de la cúpula de Miguel Ángel a dos niveles, bajo (estatuas) y alto (relicarios), levanta el baldaquino de casi 30 metros y sitúa en el fondo del ábside la cátedra de San Pedro, con su famoso transparente para los nuevos santos. Esta genialidad interior de Bernini alcanza el mismo nivel que la exterior de la plaza, más estudiada.
Pues bien, Rubio Camín se sabía las ceremonias litúrgicas en el espíritu del Concilio Vaticano II. Ordenó conforme al Concilio el presbiterio de San Antonio, en Los Campos, y de San Vicente de Paúl, en El Llano. Altar, sitiales, sagrario, ambones para la lectura, sagrario?
En Los Campos todo el fondo lo ocupa y llena por expansión visual y aire necesario el San Antonio, de un material parecido y anticipado al actual acero cortén, excepto cabeza, manos y pies, con ese Niño Jesús de brazos en cruz, pegado al corazón del Santo de Padua. En San Vicente de los Paúles, donde profesó un hermano del artista, hoy párroco en un arrabal de Veracruz (México), Camín se enfrenta a toda una odisea espacial, para convertir en iglesia un sótano. Elige los materiales, configura el presbiterio, forra de madera el fondo, combina las poderosas imágenes de la Virgen y el Cristo con el San Vicente caritativo. Ha de situar una vidriera a pie de calle para conseguir la luz natural que necesita.
Resultados. El resultado de estos procesos creativos es la transmisión o comunicación de un sentimiento religioso en que predominan la dignidad en espacios y gestos, la funcionalidad exacta de la ceremonia y una belleza severa y contenida que te emociona sin darte cuenta. Mucho discutió y a veces se enfadó con los párrocos, a quienes decía «esta disposición conviene a su teatro litúrgico»?
José A. Samaniego
La Nueva España
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19-Sep-2009 |
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La última obra de Camín
Han pasado ya casi dos años por sus soledades. Desde que en diciembre de 2007 el corazón de Joaquín RubioCamín dejara de latir, sus manos de recortar el horizonte a todas las escalas y su voz de conquistar el espacio, en Valdediós la muerte asoma su hocico y avisa. Las paredes ocupadas por el legado de varias generaciones de maestros de la pintura y la escultura no tardarán en envejecer. El tejado, por el que sigue penetrando la luz cenital como un regalo de los dioses, ya empieza a quejarse con el lamento de los lugares deshabitados. Y sus cosas, las cosas de Camín, las telas, las acuarelas, los dibujos, las esculturas de bronce, de madera, de hierro y de acero; los muebles, casi todos diseñados por él; los trofeos, las medallas, los collages, la obra gráfica; su archivo personal, su biblioteca, la colección de arte contemporáneo de otros artistas y hasta el bosque que lo envuelve todo, como un paraíso con olor y lluvia propios, parecen dolerse de encierro y soledad. Contra ellos lucha Carmen Díaz Cotera, a la que cuesta entrar en la casa que compartió con el artista durante 32 años. Aún le ve levantado de madrugada recortando los últimos papeles para sus últimos collages, «con las pinzas en la mano tremendamente concentrado», alimentando su cruce entre escultor y orfebre. Y con Carmen, sus hijas: Mónica, empeñada en mantener la respiración dentro de Valdediós, y Verónica, que vive en Madrid, pero tiene su altar propio en la casa. La vivienda muestra orgullosa a través de tres de sus trabajos evidencias de que el gen del arte también se lega.
Todas quieren hacer pervivir la obra de Camín, pero también lo que fue, sin duda, «un exponente de su actitud ante la vida y ante el arte». Es decir, la casa, las dos paneras y los espacios verdes de Valdediós, «un producto más de la creatividad de Camín». Las tres están de acuerdo en que la única manera de lograr que el corazón de ese mágico lugar vuelva a ponerse en marcha es ceder su herencia al Principado. Todo. Los edificios, la finca, la obra de Camín y también la de sus coetáneos Chillida, Oteiza, Orlando Pelayo, Farreras, PabloSerrano, Aurelio Suárez, Luis Fegas, Pelayo Ortega, Josefina Junco, Reyes Díaz y el largo etcétera que compone su fondo de arte personal.
Su sueño, que es el sueño del escultor que pintaba, fotografiaba y hasta diseñaba como un arquitecto, es convertir Valdediós en una casa-museo, «para que todo el mundo pueda disfrutar de sus lugares» y con ellos de todas sus colecciones. Las de arte propio y ajeno, pero también las de libros, diapositivas y hasta de frascos y botes antiguos, pues Camín «no tiraba nada», cuenta sonriente Mónica. «'Esto por si aca', decía siempre» y muchas veces le daba un uso. Por ejemplo, los recipientes de pastillas o jarabe terminados le servían para recoger semillas para su vergel, algo que hacía en todos los lugares a los que viajaba.
En el estudio en que transformó parte del garaje de la casa, además de dos mesas de trabajo repletas de herramientas, materia por resucitar y algún que otro artilugio de su invención -como un motor de lavadora convertido en torno-, hay más de un recuerdo del Pelargón que alimentó a sus hijas hace unas cuantas décadas o del Nescafé que empezaba a dar muestras de identidad corporativa. Todo forma parte de él, porque esos pequeños detalles de genio en cuyas manos todo recuperaba la vida hablan de Camín casi con la misma intensidad que las esculturas que habitan la finca, los cuadros que recuerdan su maestría, las mesas o las lámparas, incluso algún candelabro, las maquetas de papel para su obra racionalista o las de escayola para proyectar sus esculturas religiosas. Incluso el caos habla de él. El desorden en el que todo lo encontraba y que se mantiene en sus muchas mesas de trabajo, excepto en la de la panera, donde se enfrentaba al lienzo. De hecho, todo en esta construcción de más de cien años, que alberga no sólo telas, sino también «miles de obras en papel» y dos espejos con los que jugaba, le describe organizado. Es como si la pintura le obligara al orden. Pero no hay que olvidar que Camín, que vigilaba en sí mismo a toda una colección de artistas, también podía contener un buen surtido de cualidades aparentemente antagónicas, entre ellas ser, a la vez, anárquico y meticuloso, del mismo modo que podía ser abstracto y absolutamente concreto. Quizá por eso es casi necesario acercarse a él globalmente y eso es lo que pretenden sus herederos al querer mantener el conjunto de sus bienes unidos como un discurso indisoluble.
«Joaquín no quería que nos repartiéramos sus cosas como si fueran caramelos y no lo haremos», dice determinante Carmen. Habla así la viuda del creador camino a Valdediós, mientras recuerda la emoción del último homenaje, «la nube» en la que está toda la familia, porque «además del buen hacer de todos en las exposiciones del Barjola, Cornión y el EvaristoValle» que estos días permanecen abiertas al público, en las inauguraciones «se notaba el enorme cariño de quienes le conocieron bien».
Ya bajo el enorme texu que esa tarde retenía las gotas de lluvia como quien se aferra a miles de diamantes, Carmen deja un poco de lado al Camín maestro de todos los artes conocidos para recordar al botánico que se sabía el nombre de todas las plantas, que había entregado a la tierra y visto crecer con ella cada uno de los árboles que hoy abrazan las tres edificaciones. Y es que el amor por la naturaleza es otra de las singularidades del hombre y en consecuencia de su casa, creada sin alterar el valle, en plena comunión con el lugar que adoraba y en el que decidió instalarse en 1975. Un lugar poblado con nuevas especies vegetales y en el que su familia desea que permanezca para siempre su legado y su recuerdo.
La voluntad para crear una casa museo es clara. Las hijas y la viuda de Camín ya han diseñado un proyecto, con la colaboración del pintor Pelayo Ortega, el galerista Amador Fernández, la catedrática de Historia del Arte Soledad Álvarez y el arquitecto José Luis Quidiello. El proyecto pretende «museizar Valdediós, aprovechando las instalaciones existentes, que serían al mismo tiempo continente y contenido y, si fuera posible, construir un cuarto edificio con el mayor respeto al entorno para exponer la colección».
Sería esta nueva arquitectura un centro de arte contemporáneo que «demostraría la posibilidad de compatibilizar el lenguaje artístico actual con el patrimonio histórico y natural». Pero el objetivo no está en ese centro de arte, sino en la conservación y defensa de toda la obra, «primer y fundamental objetivo», al igual que su divulgación.
También se pretenden promover trabajos científicos y de investigación sobre la figura del artista, que debería ser estudiado, entienden, desde todas sus vertientes. Pero para afrontar estos retos, el primer paso es realizar el inventario de todo su legado, así como la organización de su archivo y biblioteca personal, para lo que la familia cuenta ya con la Fundación Masaveu, que se ha comprometido a realizar la catalogación para lo que convocará dos becas de investigación. El proyecto aún no ha llegado a las mesas institucionales, pero lo hará en breve, porque está definido con todos los detalles, voluntades y razones. Sí ha sido trasladada ya la petición de crear una fundación-museo para el gran artista, así como el ofrecimiento de toda la riqueza de Valdediós. El Principado ya ha mostrado su interés. De momento, sólo hay una cita concertada para visitar el que fue refugio, hogar y templo de Camín, que de cumplirse su sueño podría quedar abierto de par en par.
Paché Merayo
El Comercio
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18-Sep-2009 |
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La Fundación Cristina Masaveu catalogará la obra de Camín
La institución se ha comprometido a convocar dos becas de bellas artes para inventariar el legado del creador.
El ingente legado de Camín ya tiene quien lo ordene. La Fundación Cristina Masaveu Peterson se ha comprometido a catalogar toda la obra que el creador de Valdediós dejó para el disfrute de las próximas generaciones escrita en todos los lenguajes del arte. Así se lo hacían saber los responsables de la institución a su viuda, Carmen Díaz Cotera, y a su hija Mónica Rubio Camín, que, apoyados por el pintor Pelayo Ortega, el galerista Amador Fernández, el arquitecto José Luis Quidiello González y la catedrática de Historia del Arte y especialista en la obra de Camín Soledad Álvarez, claman por convertir Valdediós en una casa-museo dedicada al artista fallecido en diciembre de 2007. Su argumento para sacar adelante el proyecto es claro: «Cualquier sociedad culta y moderna está siempre obligada a atesorar y proteger sus creaciones más sublimes». Y las de Joaquín Rubio Camín sin duda lo son.
Precisamente estos días esa realidad se puede constatar a lo largo y ancho de tres extraordinarias exposiciones que le rinden homenaje simultáneo en el Museo Barjola, el Evaristo Valle y la sala Cornión. Y próximamente se abrirá una cuarta en la Casa de Cultura de Avilés.
El primer paso
Consideran los herederos del creador que los casi 4.000 metros cuadrados de la finca de Valdediós, en los que se levantan tres edificaciones, plagadas cada una de obras de arte (del propio Camín y de decenas de sus coetáneos), a unos 300 metros del conjunto monacal de Santa María, deberían ser transformados en un centro abierto al público por las administraciones gijonesa y asturiana.
Pero convencidos asimismo de que el proyecto, que no es muy costoso, podía, sin embargo, chocar con los tiempos de crisis, llamaron a la puerta del mecenazgo Masaveu para conseguir su apoyo económico.
La respuesta fue rápida, ellos se encargarían de dar el primer paso. La catalogación e inventariado de todo el legado artístico, que va de la escultura a la pintura, pasando por la fotografía, el diseño industrial y el de mobiliario doméstico.
A tal efecto la Fundación Cristina Masaveu convocarán dos nuevas becas de bellas artes absolutamente consecuentes con su vocación de volcar parte de sus esfuerzos en el arte con mayúsculas con una evidente y decidida apuesta por la creación contemporánea.
Estas ayudas se unirán a otras, presentadas por Ana Martínez Obregón, directora de proyectos de La Fundación Cristina Masaveu, la semana pasada en Oviedo. Se trata de las becas de Excelencia Académica María Cristina Masaveu Peterson. Diez ayudas «personalizadas», es decir, con bolsa económica adecuada a cada caso individual que pretenden premiar los mejores expedientes académicos de la región y a las personas que hayan mostrado una actitud y esfuerzo mayor durante su carrera.
Paché Merayo
El Comercio
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14-Sep-2009 |
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Camín siempre arrolla
El Evaristo Valle inaugura con éxito de público la exposición en recuerdo del pintor-escultor con obras de Chillida, Basterretxea, Oteiza y Amador.
«Le hubiera gustado este cumpleaños», asegura Basagoiti, director del museo
«Las obras de la muestra son testigo de una amistad», dice Francisco Zapico«Obras que son testigo de una amistad». Así define Francisco Zapico, crítico de arte, al conjunto de piezas reunidas en el Museo Evaristo Valle y que forman parte del homenaje en el 80 aniversario del nacimiento de Joaquín Rubio Camín. Las hay palpables, aunque intocables; visibles, pero no por ello perceptibles; geométricas, además de abstractas. Y todas pertenecientes a grandes artistas españoles, «de primera magnitud», en palabras de Zapico, que compartieron con Rubio Camín algo más que una profesión, una amistad real por encima de la rivalidad. Una selección de obras de Eduardo Chillida, Jorge Oteiza, Amador y el único superviviente del quinteto, Nestor Basterretxea, comparten la exposición homenaje al virtuoso asturiano.
El museo de Somió abrió sus puertas ayer a la conmemoración de una fecha señalada. El pasado 11 de septiembre, Rubio Camín se habría convertido en octogenario, pero su muerte en 2007 no hizo fenecer su huella como creador, sino que la hizo más profunda en la presencia del arte gijonés. «A partir de los años 60, renovó la escultura tradicional asturiana. Era un artista multidisciplinar: trabajos en arquitectura, en arte decorativo...», recuerda Guillermo Basagoiti, director de la galería. Aunque de lo que no se sorprendió fue de que la sala estuviera a rebosar.
Niños, adultos y veteranos, todos con una curiosidad presente por descubrir algo más del artista plástico. «Esperábamos que tuviera tanto éxito. Camín siempre arrolla». De hecho, allí se congregaban amantes del arte del País Vasco, León y otros puntos de origen. Y es que el artista gijonés es comparable «a Oteiza, Chillida y Basterretxea en la comunidad vasca, pero aquí con un ambiente más hostil y menos fácil», lamenta Basagoiti. La reunión de estos cinco creadores, que permanecerá abierta al público hasta el 15 de noviembre, responde a que el quinteto «conformó un pilar fundamental en la escultura del siglo XX». Además de unirles una estrecha relación, por lo que, aunque «cuatro de ellos lo estarán celebrando con él, le hubiese gustado este cumpleaños», celebra el director del museo Evaristo Valle. Entre las piezas que se pueden contemplar en la galería, destaca el 'Retrato inacabado de Evaristo Valle' de Camín, 'Gernika 50' de Basterretxea, 'Homenaje a Juan de la Cosa' de Oteiza y 'Cubo' de Chillida.
La exposición de la pinacoteca de Somió se une, por tanto, a la cadena de homenajes que se están celebrando estos días con motivo del ochenta aniversario de Rubio Camín en diversos museos de Asturias, como son los del Museo Barjola, Galería Cornión, y Casa de Cultura de Avilés.
Mirian Sainz
El Comercio
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14-Sep-2009 |
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Por el rastro urbano de Joaquín Rubio Camín
Los homenajes al artista prosiguieron ayer con una visita guiada a su obra pública en Gijón y la muestra «Afinidades»
El talento de Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929-2007) fue tan multiforme como expansivo. Tanto que, además de lo que quedó a resguardo en museos, galerías y colecciones, los espacios públicos de la ciudad que le vio nacer -a cubierto y a la intemperie- quedaron salpicados de su obra a lo largo de más de medio siglo de creatividad sin desmayo. Lo sepan o no, los gijoneses conviven a diario con un abundante legado de un artista al que estos días, en el entorno del que hubiera sido su octogésimo aniversario, se está homenajeando con el programa de actividades «Camín 80», que ayer, domingo, se centró precisamente en la fructífera relación de Camín con su ciudad y en los lazos, no menos intensos, que mantuvo con Evaristo Valle y el museo que custodia su memoria.
La jornada se inició a las 11.30 en el Fomento. De allí, bajo un hermoso sol, partió el bus turístico en el cual familiares del artista, responsables municipales y público emprendieron la primera de las rutas guiadas que, bajo el título «Caminando con Camín», ha propuesto el investigador Héctor Blanco en un volumen editado en el contexto de la efeméride. El propio Blanco ofició como guía en un recorrido que partió del edificio Garmoré, en una de cuyas fachadas laterales campa «Redes», la primera escultura de gran formato realizada por Camín y su primera intervención de este tipo. El itinerario punteó el relieve del edificio «Arión»; las cerámicas de la estación de bombeo de El Natahoyo; el gran «Obelisco» que preside el eje de la avenida de la Constitución; el grupo «Génesis», en Begoña; la fachada de la iglesia del Corazón de María; las cerámicas que flanquean la desembocadura del Piles y el sobrecogedor conjunto montado en torno a un pecio del «Castillo de Salas» en el área de recreo que lleva el nombre del artista en el sendero del Cervigón.
Pero no es el único recorrido. De hecho, el artista trabajó en el interior y el exterior de iglesias, bancos, panteones, cafeterías y hasta sidrerías: casi medio centenar de proyectos, la mayoría realizados y algunos ya desaparecidos, que «Caminando con Camín» cataloga y ordena en recorridos que el paseante puede emprender por sí mismo y que volverán a ser objeto de visita guiada todos los domingos, a las 11.30, hasta el 12 de octubre.
La jornada se remató en uno de los lugares más amados por Camín: el Museo Evaristo Valle, donde su impronta quedó en obra y en espíritu. Abarrotado de allegados, muchos de ellos artistas, el centro inauguró la muestra «Recordando a Camín. Afinidades» como testimonio de gratitud hacia quien fuera amigo, discípulo y albacea de Valle, y más tarde activo miembro de la Fundación que gestiona su legado. La muestra incluye maquetas de las piezas realizadas por Camín para la exposición inaugural del centro, en 1983; el boceto y la medalla diseñados para la Fundación y felicitaciones navideñas a la fundadora del centro y sobrina del pintor, María R. del Valle, junto a su retrato inacabado. En el interior se exhibe otro retrato inacabado -el de Valle-, junto a sus bocetos y dos apuntes del maestro en su lecho de muerte.
Pero, tal como apuntó Francisco Zapico, la muestra da fe de los «puentes espirituales» entre Valle y Camín, pero también de los que mantuvo con artistas «coetáneos y amigos». Esculturas, relieves, pinturas y grabados de Oteiza, Chillida, Amador y Basterretxea ilustran esa «confluencia» junto a piezas de la serie caminiana de homenajes a pintores y otras tan íntimas como el cáliz y la patena que el artista fundió con cubiertos de plata familiares y las alianzas de sus padres para su hermano Félix, cuando éste se ordenó sacerdote.
J.C.Gea
La Nueva España
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12-Sep-2009 |
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En el Evaristo Valle, con Oteiza, Chillida, Amador y Basterretxea
De Evaristo Valle muerto realizados por Camín.El homenaje a Joaquín Rubio Camín tiene mañana otra cita ineludible en el Museo Evaristo Valle. La relación que unió al creador con el museo y también con quien le da nombre es uno de los sillares sobre el que se sustenta este tributo, que ofrece un segundo atractivo. Bajo el título 'Recordando a Camín, afinidades', el museo de Somió ofrece un encuentro, efectivamente, entre Camín y Valle, pero también de este con algunos de primeros espadas de la escultura. Jorge Oteiza, Eduardo Chillida. Amador y Néstor Basterretxea. Con todos estaba unido no sólo por amistad, sino también por admiración.
La reunión de talentos (sólo Basterretxea está vivo) se ofrece a través de dibujos, pinturas, maquetas, medallas, relieves, esculturas, elementos ornamentales y otros documentos gráficos y literarios de Camín, firmados a partir de 1950. Con ellos se hace un recorrido por la temprana afinidad que sintió con Evaristo Valle (Gijón, 1873 - 1951) y posteriormente con María Rodríguez del Valle, su sobrina y fundadora del Museo, «en cuyo proyecto, construcción y posterior desarrollo», recordaba ayer su director, Guillermo Basagoiti, «Camín participó activamente».
De hecho, una de las piezas fundamentales de este homenaje es la reproducción de una escenografía de la primera exposición de Camín en el Valle, exposición con la que el museo abrió sus puertas a exhibiciones temporales. «Camín apareció en casa con una caja zapatos repleta de pequeñísimas maquetas. Eran todas las obras, realizadas a escala, de la muestra que preparábamos. Gracias a ellas pudimos diseñar la exposición sobre un mínimo plano, que ahora se puede contemplar como una demostración más de su singularidad».
Y al lado de estas deliciosas maquetas de papel, los retratos que Camín hizo de Valle, uno de ellos del pintor ya en su lecho de muerte, «retiene una lágrima de su autor». También se suman a la exposición las obras escultóricas de los jardines y las aportaciones de sus contemporáneos y amigos (Oteiza, Chillida, Amador o Basterretxea) con quienes compartió inquietudes creativas.
Paché Merayo
El Comercio
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12-Sep-2009 |
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Robayera: 'Apuntes de un viaje'
El proyecto artístico municipal de Miengo exhibe, desde hoy, la tercera panorámica de su Colección, tras más de veintidós años de trayectoria
El proyecto Robayera, radicado en el municipio de Miengo iniciaba a finales de los ochenta una aventura artística que lleva más de veinte años de singladura. Pionero en su ubicación periférica, se anticipó a la descentralización pos moderna, poniendo de manifiesto que se puede emprender un programa cultural de calidad desde un pequeño enclave rural. Con una mirada atenta a la contemporaneidad artística, voluntad de trabajo, habilidad persuasiva e independencia de criterio como equipaje, el pintor Juan ManueI Puente puso en marcha un programa expositivo por donde han pasado algunas de las voces más sólidas del panorama creativo del último medio siglo Las donaciones de los artistas que fueron sumándose al proyecto vertebraron una colección que supera en la actualidad el centenar de piezas entre pinturas, dibujos, grabados, escultura, fotografías y técnicas mixtas. El hilo conductor de las obras, lejos de las clásicas pautas de tipo cronológico, temático, historicista o formal, no es otro que testimoniar la historia del viaje emprendido hace veintiún años, como apuntes de un trayecto que manifiesta una actitud hacia el arte y una línea de trabajo definida por la constancia, la sencillez y el rigor. La colección se mostraba al público por primera vez en el año 1995, dando cuenta del tramo inicial de su recorrido.
En 1998 se exhibía nuevamente en la iglesia parroquial de San Miguel del Miengo, coincidiendo con su décimo cumpleaños. Esta es, por tanto, la tercera ocasión de valorar una muestra selectiva de los fondos, integrada por un repertorio predominantemente pictórico en donde confluyen distintos planteamientos estéticos y conceptuales.
El itinerario propuesto dibuja un arco temporal que se inicia en los primeros ochenta y; llega prácticamente hasta el presente, planteando un diálogo abierto, con pluralidad de enfoques, estilos, técnicas y soportes, que permite atravesar diferentes tiempos, espacios, miradas y estadios creativos.
En la selección efectuada cohabitan serie de pinturas y dibujos de artistas de varias generaciones, que, desde caminos muy diversos, dotaron a la figuración de nueva savia, como Juan Barjola, Max Neumann, Eduardo Sanz, Juan Genovés, Chema Cobo o Pelayo Ortega.
Junto a ellos, se presentan formulaciones abstractas de muy distinto signo: desde la síntesis geométrica de Gerardo Delgado, Santiago Serrano o Ricardo Cavada al análisis matérico de Darío Villalba y Cveto Marsic, pasando por formaciones orgánicas de Luis Gordillo. Los escultores aportar un significativo conjunto de obras sobre papel, como la espiral de Martín Chirino, la poesía material de Jaume Piensa, el urbanismo mediterráneo de Miquel Navarro, los fotograbados de tapices vegetales de Cristina Iglesias y varios dibujos y una pequeña figura en boronce pintado de José Cobo, que se completa con una escultura abstracta de acero laminado de Joaquín Rubio Camín y un gato de hierro reconvertido en objeto cultural de Xavier Mascaró. La fotografía queda representada por el misterioso juego de luces y sombras de Jorge Fernández Bolado y una de las metafóricas articulaciones cotidianas de Chema Madoz.
Este es uno de los múltiples recorridos, lecturas o interpretaciones que posibilita una colección paradigmática, como la sala que lleva su nombre.
Hoy constituye un valioso legado del viaje emprendido hace más de dos décadas, testimonio y espejo de un proyecto que aglutina distintas maneras de afrontar la realidad desde la atalaya crítica del arte.
Marta Mantecón
El Diario Montañés
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11-Sep-2009 |
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Caminando con Camín Una travesía por Gijón siguiendo la huella del artista
El 11 de septiembre de 1929, hace ahora ochenta años, nacía en Gijón Joaquín Rubio Camín quien, en la segunda mitad del siglo XX, se convirtió en uno de los nombres fundamentales de la escultura española contemporánea.
Esta efeméride ha propiciado la colaboración entre varias entidades públicas y privadas para desarrollar un completo programa de actos que, bajo el título de «Camín 80», reivindica la figura y la obra de este artista.
En este contexto, la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón participa con la edición de la publicación «Caminando con Camín». En ella se aborda la recopilación de sus creaciones más representativas, en su mayor parte de carácter escultórico, ubicadas en espacios públicos o de acceso público de Gijón, realizándose una selección de las veinticinco piezas de mayor entidad que han llegado hasta el presente, completada con la propuesta de tres rutas peatonales para fomentar su conocimiento. Literalmente se incita a caminar por Gijón siguiendo la huella artística de Camín, cuya abundancia tanto le convierte en el escultor contemporáneo que mayor número de intervenciones ha dejado en la ciudad hasta la fecha como favorece la coherencia de esta iniciativa para su identificación y puesta en valor.
Esta obra, materializada a partir de 1960 cuando Camín inicia su actividad escultórica, va a estar hecha además mayoritariamente con el producto industrial más arraigado en la historia local, el metal, empleándolo ahora como medio expresivo de una abstracción geométrica con la que consigue resultados personales y sorprendentes. Además estas obras -precisamente por estar engarzadas en edificios de viviendas, en templos, en museos, en locales de ocio y en plena calle- otorgan un importante valor añadido al escenario urbano y a la vez cuentan con el mérito de haber servido para allegar el arte contemporáneo a todo el conjunto de la sociedad.
A su vez, la singular capacidad y adaptabilidad creativa de Camín hace que sus creaciones aparezcan repartidas por espacios comunes de convivencia y relación de casi toda la ciudad y abarquen tanto el cartel de una sidrería como imágenes religiosas y desde hitos de envergadura notable hasta una simple tapa de alcantarilla, constituyendo la mejor muestra de una singular simbiosis: cómo Gijón dejó huella e inspiró a Camín y cómo Camín completó y definió parte de la imagen contemporánea de Gijón.
Finalmente cabe precisar que esta guía parte de la necesidad de entender la ciudad como el palimpsesto que es, un soporte sobre el que se ha escrito y reescrito nuestra historia y que, para su correcta valoración, es necesario leer entre líneas -en este caso entre calles y edificios- descubriendo la esencia de nuestro entorno actual.
Cabe esperar que esto también permita facilitar una mejor apreciación del valor del Arte Contemporáneo, en no pocas ocasiones denostado por exigir un mayor nivel de observación, compresión y asimilación a un espectador que además carece de elementos de apoyo para ello.
Se busca así que esta publicación sirva para realizar, con la obra de Camín como brújula, una travesía por Gijón y posiblemente descubrir durante la misma que lo mejor no es llegar al final, sino el viaje en si mismo.
Quizás éste puede ser el mejor homenaje que pueda hacerse al artista: favorecer que, mediante su conocimiento, esa obra siga viva y con ella conseguir la permanencia de su autor en la memoria colectiva.
Hector Blanco
La Nueva España
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11-Sep-2009 |
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La ciudad se abre a la obra de Camín
Varias exposiciones y una publicación muestran todas las facetas del escultor y pintor fallecido en 2007
Gijón abre hoy «Camín 80», que da título a un conjunto de exposiciones y publicaciones sobre el artista Joaquín Rubio Camín al cumplirse el octogésimo aniversario de su nacimiento. Camín falleció en diciembre de 2007 en Gijón, donde había nacido en el año 1929, en la calle de Cienfuegos, esquina con la de Cabrales, en el barrio de Ceares, tras una larga trayectoria de dedicación a la pintura y la escultura.
La presentación del programa de actividades se celebrará a las 13.00 horas de hoy en el Museo Juan Barjola, con la presencia, entre otros, de Mercedes Álvarez, consejera de Cultura del Gobierno del Principado, y de Justo Vilabrille, concejal de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Gijón. En el mismo acto se presentará la guía titulada «Caminando con Camín», cuyo autor es el historiador asturiano Héctor Blanco.
En los años cincuenta del siglo pasado comenzó su carrera artística como pintor. Obtuvo el Premio Nacional de Pintura en 1955 y a partir de los años sesenta se volcó en la que sería su actividad más reconocida: la escultura. De Camín son, por ejemplo, las grandes esculturas «Obelisco (fusu)» y «Génesis». La primera ideada por el artista en los años sesenta para ser colocada en un acantilado de Gijón como homenaje a los emigrantes asturianos y recuperada a principios de los años noventa del siglo pasada dentro del proyecto de rehabilitación del paseo de Begoña. Tras años instalada al final del paseo, al lado de la avenida de la Costa, finalmente fue trasladada al Alto de Pumarín, al final de la avenida de la Constitución. Por su parte, «Génesis» se instaló en los jardines de Begoña, donde sigue.
En 2001 fue galardonado con la medalla de plata del Principado de Asturias. En el año 1975 trasladó su residencia a Valdediós, en el concejo de Villaviciosa.
Los promotores de «Camín 80» son el Museo Casa Natal de Jovellanos, los museos Juan Barjola y Evaristo Valle, a cuyos patronatos perteneció el artista, la galería de arte Cornión y la Casa de Cultura de Avilés.
Las actividades previstas dentro de «Camín 80» son las siguientes:
Galería Cornión. Desde hoy hasta el 7 de octubre en la galería Cornión (calle de la Merced, número 45), estará abierta al público la exposición titulada «Camín en su papel», con dibujos, acuarelas, collages, grabados y serigrafías. Cornión fue el «centro de operaciones» de Joaquín Rubio Camín de la mano del galerista Amador Fernández.
Museo Juan Barjola. «Entorno Camín» es el título de la muestra, fundamentalmente de escultura, que desde hoy hasta el 15 de noviembre se podrá visitar en el Museo Juan Barjola (calle de la Trinidad, número 17). Se trata de casi doscientas obras que recorren la trayectoria creativa del artista desde sus inicios, en 1947-1948, hasta su muerte
Museo Evaristo Valle. En su sede de Somió, el Museo Evaristo Valle albergará del 13 de septiembre al 15 de noviembre la exposición «Recordando a Camín, afinidades. Valle / Oteiza / Chillida / Amador / Basterretxea», con dibujos, pinturas, maquetas, medallas, relieves, esculturas y elementos ornamentales. La exposición se inaugurará a las 13.00 horas.
Casa de Cultura de Avilés. La última actividad de «Camín 80» tendrá lugar en la Casa de Cultura de Avilés. Será una exposición titulada «Camín cercano», que estará abierta al público del día 5 al 28 del próximo mes de noviembre y en la que diversos artistas plásticos rendirán homenaje a Camín. En las mismas fechas, en el palacio de Valdecarzana se podrá visitar una pequeña antológica de Joaquín Rubio Camín.
J.M.C.
La Nueva España
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7-Sep-2009 |
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Todo Camín vuelve en su 80 aniversario
El Barjola, la sala Cornión, el Evaristo Valle y la Casa de Cultura de Avilés acogen las antológicas.
El próximo 11 de septiembre, justo cuando Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929-2007) cumpliría 80 años, se inauguran dos importantes exposiciones en su ciudad natal. Será en el Museo Barjola y la galería Cornión, en la mayor antológica dedicada hasta ahora al artista asturiano, que continuará el domingo en la Fundación-Museo Evaristo Valle y, a partir de noviembre, en la Casa Municipal de Cultura de Avilés.
Estos días se ultiman los preparativos del proyecto que la Consejera de Cultura abrirá en el Museo Barjola el viernes, a las 13 horas, junto al resto de instituciones implicadas. Cada exposición cuenta con un amplio catálogo que completa la guía 'Caminando con Camín' editada por el Ayuntamiento de Gijón.
La máxima favorita de Camín decía que el conocimiento de 'todo' es necesario para el conocimiento de 'algo'. Por ello, se interesó en múltiples disciplinas logrando un alto nivel expresivo.
La retrospectiva del Museo Barjola, bajo el título 'Entorno Camín' y el asesoramiento de la familia del artista, ha sido comisariada por la catedrática de la Universidad de Oviedo María Soledad Álvarez. Según la historiadora, la exposición mostrará a ese Camín plural «que pervive en su casa-estudio de Valdediós en aquellas obras que él mismo ha querido conservar como exponente esencial de su larga y profunda experiencia».
Se trata, en suma, del legado personal de Camín, con casi doscientas piezas realizadas desde sus inicios, en 1947, hasta su fallecimiento. Incluye pinturas, esculturas, fotografías y obras sobre papel, así como trabajos de diseño proyectados para el equipamiento de su hogar y para distintos espacios del entorno natural.
La selección es el germen de la Fundación Camín, en fase de organización en este momento, que promueven sus herederos y algunos amigos con el fin de impulsar un proyecto museográfico en Valdediós para velar por la conservación, investigación, educación y divulgación de su trabajo.
Las diversas afinidades de Camín constituyen el hilo argumental de la exposición del Museo Barjola, que evita el discurso cronológico y la clasificación por géneros para mostrar la íntegra pluralidad del creador. Figuras, paisajes, arquitecturas, arte sacro, materias, ensayos, experiencias y configuraciones cuyas constantes se analizan también en los demás proyectos expositivos.
Circuito por la ciudad
Así, la muestra 'Camín en su papel' de la galería Cornión ofrecerá dibujos, acuarelas, grabados, serigrafías y ejemplares del libro 'Valdediós', con 34 'collages' originales de Camín, que obtuvo en 1987 el premio al mejor libro editado en España y en Leipzig la medalla de bronce en la exposición 'Los libros más bellos del mundo'. Delicias para los sentidos que constatan que no existen artes mayores o menores cuando las soluciones son honestas; tributos al intimismo, la calidad y el compromiso, que traducen el afán de Camín por caminar hacia todas las direcciones factibles.
Los actos previstos para el viernes se prolongarán hasta el domingo al mediodía, cuando la comitiva oficial recorrerá la ciudad en un autobús repasando las obras más emblemáticas del creador.
El paseo partirá del puerto deportivo admirando las esculturas que instaló en las fachadas de los edificios cercanos, pasando luego por el paseo de Begoña y otras plazas públicas para visitar también sus intervenciones en el parque de la Providencia y terminar en la Fundación-Museo Evaristo Valle. Allí se analizarán las numerosas piezas que Camín donó al centro, donde también participó en el desarrollo integral diseñando espacios, elementos ornamentales, medallas, relieves y documentos gráficos. Su arte se verá enriquecido con guiños hacia el pintor Evaristo Valle y a cuatro grandes escultores españoles de su generación (Amador, Basterretxea, Chillida y Oteiza) en una exposición colectiva que ocupará las salas y los jardines.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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11-Ago-2009 |
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Camín cumplirá sus 80
Respeto absoluto al oficio, sin trucos ni servilismos, defendiendo sus libertades y caminando hacia todos lados, al margen de estridencias, trucos o complejidades. Plasmando ideas, ideales, formas, curvas y cielos donde, quizás, hoy sigue trabajando. El próximo 11 de septiembre Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929-2007) habría cumplido ochenta años. Por eso, en su cumpleaños se inaugura 'Camín 80', un amplio programa dedicado al artista donde amigos e instituciones turianas le rendirán homenaje póstumo. La iniciativa cuenta con cinco grandes proyectos que preparan estos días los museos Barjola, Evaristo Valle y Jovellanos, la Casa de Cultura de Avilés y la galería Cornión.
Durante su carrera, Camín solía realizar maquetas y bocetos que se almacenaban en los rincones de su hogar, en Valdediós. Parte de esos trabajos se pudieron ver cuando donó al Ayuntamiento de Gijón su colección particular, que expuso el Museo Jovellanos en 2003. Como complemento a aquella iniciativa, la alcaldesa presentará ahora una guía para descubrir las obras que Camín dejó por la ciudad. El autor del texto es el arquitecto Héctor Blanco, y el volumen incluirá sus esculturas y las intervenciones que realizó en iglesias y espacios públicos.
Esa será el arranque de la celebración, cuyo logotipo ha sido diseñado por Pablo Maojo. Después vendrán las tres grandes exposiciones gijonesas con sus correspondientes catálogos. Así, la Consejería de Cultura ofrecerá 'Camín esencial', una antológica comisariada por la catedrática de la Universidad de Oviedo María Soledad Álvarez, en el Museo Barjola. Habrá lienzos, tablas, esculturas y piezas inéditas que el artista guardaba en su casa.
Al tiempo, el Museo Evaristo Valle estudiará sus afinidades con otros cuatro escultores de distintas generaciones (Oteiza, Chillida, Amador y Basterretxea), repasando también su relación con el propio Valle y con María Rodriguez del Valle, fundadora del centro en cuya construcción y desarrollo participó Camín activamente, diseñando elementos ornamentales, medallas, relieves y otros documentos.
La viuda de Camín, Carmen Díaz Cotera, y el director de la sala Cornión, Amador Fernández, han impulsado estas emotivas iniciativas, que se completarán con una gran selección de obras sobre papel en esta galería. Aquí habrá dibujos, acuarelas, grabados, serigrafías y ejemplares del libro 'Valdediós', con textos de Santiago Santerbás y 34 'collages' originales de Camín, que obtuvo en 1987 el premio al mejor libro editado en España y en Leipzig la medalla de bronce en la exposición 'Los libros más bellos del mundo'. En noviembre, tras la clausura de las exposiciones gijonesas, la Casa de Cultura de Avilés abrirá el último homenaje, con obras de artistas colegas de Camín que harán honor a su memoria.
Búsquedas constantes
Tras exponer por primera vez junto a Antonio Suárez en Gijón (sala Cristamol, 1947), Camín presentó su obra dentro y fuera de Asturias en varias ocasiones hasta que, en 1951, se trasladó a vivir a Madrid. «Me fui a ver la Bienal Hispanoamericana y los quince días duraron veinticinco años, con mucha dureza, mucha hambre, muchos problemas», diría años después. Cuando comenzaba la década de los sesenta sus pinturas de fábricas y gasómetros ya anunciaban sutilmente la tercera dimensión. «No sé de qué manera se me acabó la pintura, empecé a salirme del plano, hacer relieves y pasé definitivamente a la escultura».
A partir de ahí apostó por las posibilidades expresivas del hierro, la madera, el hormigón y el acero. Se sucedieron nuevos éxitos, como el Gran Premio Nacional de Escultura (1962) o la doble participación en la Bienal de Venecia; viajes por Europa, encuentros, retorno a Asturias y vida entre Valdediós y Gijón. Desde entonces su aportación a los espacios públicos fue muy abundante.
En Gijón destacan las aportaciones a varias fachadas, aunque su producción más conocida son las esculturas 'Génesis' (1990) y 'Obelisco' (1992). La segunda había sido concebida para instalar como 'hito' y se reubicó en 2004 en la plaza situada entre la avenida de la Constitución y la avenida Príncipe de Asturias. De sus últimos trabajos destacan 'Evocación: homenaje a Francisco Carantoña', en los jardines de Begoña, y 'Recuerdo', en el Camino del Cervigón de Peñarrubia.
El respeto a la historia del arte, su obsesiva pasión creativa, el rigor y el oficio le llevaron también a emprender numerosos proyectos para la recuperación del paisaje asturiano. En Gijón destaca, por ejemplo, su magnífico diseño para el aliviadero de aguas de la playa de Peñarrubia. En las cuencas hidrográficas del Caudal y el Nalón hay, además, estructuras, puentes, bancos, paseos, caminos y otras tareas que realizó como asesor de la Confederación Hidrográfica del Norte.
Y en las artes aplicadas o el pequeño formato, sus trabajos son otra delicia para los sentidos. La prueba definitiva de que no hay artes 'menores' o 'mayores' cuando las soluciones son auténticas. Sus angulares abocetados, o sus relieves sobre cartulina, son otras joyas que podrán admirarse en estos proyectos. 'Camín 80' será un bello guiño al intimismo, la calidad y el compromiso que traducía constantemente ese afán de Camín por caminar hacia todas las direcciones factibles, con la honestidad como bandera.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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30-Jul-2009 |
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80 láminas de un mundo singular
El Gobierno del Principado edita dos carpetas sobre Aurelio Suárez como preámbulo al centenario del nacimiento del pintor, que incluirá exposiciones y actos conmemorativos.
Las reproducciones repasan la particular y siempre sorprendente iconografía del pintor gijonés.
'Aureliada' y 'Esto es'
Tirada: 250 ejemplares numerados.
Láminas: 40 en cada carpeta.Tras anunciar en febrero que 2010 será el año de Aurelio Suárez (Gijón, 1910-2003), el Gobierno del Principado ha editado dos carpetas sobre el pintor que, bajo los títulos 'Aureliada' y ''Esto es', incluyen 40 láminas cada una en formato A4, en una tirada limitada a 250 ejemplares numerados. La iniciativa sirve de preámbulo a un centenario que incluirá exposiciones, publicaciones y actos conmemorativos dirigidos por Gonzalo Suárez Pomeda, hijo del artista y coordinador absoluto de las iniciativas.
La primera carpeta incluye reproducciones de óleos, gouaches y bocetos, en tres grupos de 10 composiciones que se rigen por las medidas usadas habitualmente por Aurelio Suárez (380 x 460 milímetros para los óleos, 350 x 470 milímetros para los gouaches y 170 x 230 milímetros para los bocetos) y otras 10 láminas cuyos originales están fuera de tales formatos. La segunda carpeta se nutre de reproducciones de piezas en madera tallada y otros materiales que el pintor solía intervenir con su particular 'aurelanismo', como libros de artista, marcadores, cajas, felicitaciones, azulejos, piedras e, incluso, caparazones de centollo pintados. El conjunto se remata con textos y algunos datos biográficos.
Oficio
Dominador de su oficio, Aurelio Suárez solía ser riguroso con su quehacer. Composición perfecta, equilibrio de color y escenas misteriosas constituyen la base de sus obras, de inagotables recursos expresivos y armónicos recursos geométricos de apariencias figurativas, donde universos fantásticos, animales y humanos suelen entremezclarse y descomponerse. Los ingredientes sexuales, los elementos verticales, la soledad y la singularidad de sus pinturas no tienen parangón, aunque recuerdan a otros artistas imaginativos, como El Bosco, Magritte, Masson, Grosz, que empleaban lo antiestético y lo grotesco en realidades embrutecidas de duro sarcasmo. Con frecuencia, Aurelio Suárez juega con elementos contradictorios, registrando excitantes tensiones entre forma y color. Su voluntario desorden formal y su trabajo en series numeradas y firmadas (cuyas fechas no se corresponden con la auténtica fecha de creación), están repletas de rigor dibujístico, voluntad contemplativa y algún lujo decorativo que, no obstante, parece fluir de manera intuitiva.
El Gobierno del Principado pretende realizar una gran exposición de Aurelio Suárez el año que viene, y avanzar en la documentación, investigación y divulgación de su obra, tal como afirmó Vicente Álvarez Areces hace unos meses. El jefe del Ejecutivo regional declaró entonces, bajo la atenta mirada de la consejera de Cultura, Mercedes Álvarez y del director del Museo de Bellas Artes de Asturias, Emilio Marcos Vallaure, que el pintor gozó de total libertad en vida y aseguró que es su obligación reconocer ese trabajo. Desde el fallecimiento del pintor, en abril de 2003, se han organizado más de diez pequeñas exposiciones individuales en el Museo Jovellanos y las galerías Cornión, de Gijón, Vértice, de Oviedo, y Guillermo de Osma de Madrid, mostrando parcialmente el legado del pintor.
Ha llegado el momento de la gran antológica.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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18-Jul-2009 |
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La obsesión del eremita Silencio y música oriental inundan la casa familiar de Ramón Prendes
Rodeada de árboles altos y espesos, mirando al cielo. Pese a su tendencia eremita, nos abre sus puertas mientras prepara nueva exposición en Gijón.
De las muchas virtudes deseables en el artista hay tres que priman sobre el resto, más allá de las ventas o el éxito mediático. Una es la honestidad, para huir del mimetismo. Otra, la personalidad, de génesis compleja, quizás innata, cuyo halo pocas veces fluye hacia las obras. La tercera, el dominio de cierta metodología cotidiana.
Las originales pinturas de Ramón Prendes (Gijón, 1950) siempre han fundido esas premisas y, quizás por eso, le han mantenido como pintor casi ‘maldito’ para el coleccionismo. Sin pausa (y, sobre todo, sin prisa) la armonía de su paleta y sus hallazgos metafísicos nos han brindado mares, cielos, horizontes y elementos verticales, símbolos de sus perennes soledades.
Ese aislamiento de Ramón Prendes hoy se ha intensificado. Al entrar en su casa, la primera impresión es de recogimiento. Silencio y música oriental inundan su jardín, de árboles altos y espesos, donde las zonas densas se compensan con grandes claros, mirando al cielo. Él y sus dos hijos habitan esta hermosa casa que construyó en 1920 Manuel del Busto y donde hace seis años falleció su esposa, Paloma del Río, nieta del ínclito arquitecto. Prendes, de tendencia eremita, nos recibe rodeado por sus perros, con poco pelo, sonrisa amplia y una barba sutil pero rotunda.
El salón se ilumina con cuadros de ayer y hoy, propios o ajenos, que desvelan otras añoranzas. Crujen los suelos de madera, melodías del paso de las horas y del recuerdo de Javier del Río, que se fue pocos meses después que su hermana Paloma. «Haber pasado por dos situaciones tan fuertes en poco tiempo deja sus huellas», dice Ramón Prendes. «Respecto a la pintura, creo que se concretan en un interés mayor por la intimidad, los pequeños detalles, el valor del presente, los huecos… Entrar a un interior que debe estar vacío para contenerlo todo».
A Javier del Río le conoció en 1968, recién llegado a Gijón desde Sevilla. Ramón había viajado a Triana para estudiar arquitectura, pero el Parque María Luisa y sus andanzas fueron más útiles que los estudios. Su compañero Enrique Tinturé le presentó a Javier, cuya amistad mantuvo para siempre. Ese año, en la Vega de Ario, en el corazón de los Picos de Europa, ambos revalidaron su decisión de ser pintores.
Hoy Ramón Prendes sigue compartiendo con el grupo de montaña Torrecerredo sus recuerdos y su pasión por la naturaleza, llenando cada fin de semana de vitalidad, energía y pasión. «Con la perspectiva del tiempo veo cierta ‘limpieza’ en mis pinturas, un cambio en la paleta, una importante incorporación de ocres y tierras, y mayor presencia de elementos paisajísticos de Asturias o del Cantábrico. Mi pintura no es fruto de objetivos, sino de un enfrentamiento a la tela guiado por el instinto, la espontaneidad y la necesidad de que fluyan las emociones. Si vacías el espacio interior, lo dejas en disposición de acoger».
Cuando Ramón Prendes comenzó su carrera Gijón ya era cuna de grandes pintores. Él y sus amigos admiraban las paletas de Valle y Piñole, la peculiar personalidad del ‘raro’ Aurelio Suárez, o las arriesgadas apuestas de Camín y Antonio Suárez. Entre ellos nacieron autores de lenguajes abiertos y edades cercanas (Redruello, Humberto, Mabel Álvarez, Reyes Díaz… ) que derivaron, como Ramón y Javier, hacia una plástica colorista y onírica, de raíces figurativas. «Lo que más me ha interesado es el proceso de ejecución. Trabajar en el presente de la propia acción. Evitar cualquier condicionante que se entrometa en ese instante donde se funden vida y pintura». Esas inquietudes y el afán por descubrir le acompañaban desde niño, cuando ya manchaba los prospectos de Medicina en el despacho de su padre. Análisis, intuición, juego, magia contenida. Su estudio, en El Bibio, está hoy repleto de piedras, fósiles y elementos extraños que recoge en las playas. Herramientas para esa singular metodología de trabajo. Estímulos para su desbordante imaginación.
Su primera exposición gijonesa fue en 1975, con Javier del Río, en la Caja de Ahorros de Asturias, y recibió buenas críticas de Francisco Carantoña, Orlando Pelayo y Alejandro Mieres, entre otros. Con otras exposiciones, grupos e iniciativas vivió los anvances del arte asturiano y, en 1987 realizó su primera individual en la galería Cornión, sede de su evolución hasta nuestros días. «En mi proceso de búsqueda de la verdad la pintura es una valiosa herramienta. Antepongo la sinceridad a la belleza. Cada vez me interesa menos el destino de mis cuadros o el futuro de mis obras. El presente ¿es real? No sé. El futuro se compone de infinitas posibilidades que serán, o que no serán... ».
En sus pinturas recientes, que presentará en octubre en la sala, laten aún el espíritu matissiano y algunos guiños chagallianos, pero una obsesiva búsqueda interior trasciende sobre esas referencia. La creación de un orden, en forma de recursos geométricos o constructivos, la fragmentación de los objetos, composiciones que rompen cualquier razonamiento al uso. «Decía Jung que la primera parte de la vida consiste en caer en un agujero, y la segunda parte en salir de él. Y Dürckheim decía también que el camino iniciático conduce a lo desconocido, a la individualización. En ese camino el roble deviene el roble y la rosa deviene la rosa. Yo, en esta mi ‘segunda parte de la vida’, intento salir del agujero y convertirme en Ramón Prendes».
De fondo se mantienen sus sempiternos mares y horizontes. Los elementos verticales, testigos de la soledad, de un entorno repleto de cadencias, musicalidades y equilibrios que no cesan. «Quiero seguir esperando cada día como si fuese el primero y el último a la vez. Sorprenderme y maravillarme de la vida, las nubes, los árboles, el mar, las estrellas, el sol, el vuelo de los pájaros...». En medio del verano, de los días más largos, en la quietud de su bosque hogareño, nos preguntamos qué papel juega en ese nuevo proceso vital la pintura, más allá de los circuitos. «¿La pintura? Está ahí, lo paso bien con ella, ¿pero qué importancia tienen los motivos? Cuando como, duermo o río no pienso en el ‘porqué’. Pues cuando pinto, tampoco».
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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13-Jul-2009 |
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El mundo onírico de Aurelio Suárez La galería gijonesa Cornión inaugura mañana una nueva muestra homenaje.
Paisajes que solo existen en la imaginación, obras de sueño y de ensueño, líneas y formas que forman un todo que invitan a trasladarse a un mundo donde todo puede ser posible... Eso y mucho más es la obra de Aurelio Suárez (Gijón, 1910 - 2003), el pintor surrelista más importante del siglo XX en Asturias.
Suárez fue un maestro del pincel muy precoz. Con tan solo 19 años, realizó su primera exposición, acogida en la Escuela Superior de Comercio. Su personal mundo artístico, onírico y surrealista, se mezcla con imágenes de su mundo mas cercano: la ciudad, sus gentes y sus autorretratos.
La galería Cornión de Gijón cumple un verano más su compromiso con el recuerdo del pintor gijonés con la inauguración, mañana 14 de julio a las 20.00 horas, de una doble muestra que reproduce los bocetos de dos de sus series más representativas: Geologismos y Equis más uno , formada por 60 obras.
Esta nueva exposición completa a la que sirvió como antesala el pasado 30 de junio con la presentación de una edición serigráfica que reproduce el boceto n.[TEX
Todo lo que empieza, acaba
Al igual que Suárez era fácilmente reconocible por su singular firma, siempre invertida y acompañada de la rubrica de un pez, sus obras compartían su portentosa imaginación creadora como el nexo de unión entre todos sus cuadros.
La finalidad principal de esta nueva muestra, además de la de acercar la obra de Aurelio Suárez a todos los asturianos, es mostrar en un mismo espacio dos de las series en las que se representan el principio y el fin.
Por un lado Geologismos representa el inicio del mundo, del nacimiento. Desiertos, playas o zonas volcánicas... Cada uno de los cuadros de esta serie tienen como trasfondo el paisaje, visto siempre desde la perspectiva surrealista y de los sueños que caracteriza cada una de las obras del pintor gijonés. Paisajes que, en ocasiones, trasladan al espectador a un mundo infantil y, en otras, le hacen percibir formas femeninas.
Y es que, una de las cosas que más le gustaban a Aurelio Suárez, eran las ciencias, especialmente, aquellas dedicadas al ser humano. Quizá por ello en Equis más uno quiso hacerle un homenaje al cráneo, a lo que será después de la muerte. Pero no porque esta le atormentara, sino haciendo referencia a ella como parte de la vida y como simbología de que todo en la vida, nace, se transforma y se acaba.
A ambas series, que recuperan obras de 1979, 80 y 81, la primera, y 1985, 86 y 87, la segunda, les queda un tiempo para ser el epicentro de la exposición veraniega en las paredes de la galería Cornión, hasta el próximo 29 de agosto. Y, a su vez, junto con Mundo Onírico , servirá de antesala para la celebración, el año próximo, del primer centenario del artista.
Lucía Rodríguez
La Voz de Asturias
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27-Jun-2009 |
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La obra de Aurelio Suárez revive con una carpeta que recrea su mundo onírico.
La muerte de Aurelio Suárez en 2003 puso fin a su prolífica carrera pictórica, pero, como suele suceder con los maestros, con ellos no fallece su obra, se mantiene viva. En casos, no sólo por la bondad de sus trazos y el interés que las sociedades manifiestan por ellos, sino también por la traslación de algunas de sus piezas más singulares al universo de la grabación. Suárez habita el presente ahora por ambas causas, ya que su hijo Gonzalo Suárez y el galerista Amador Fernández acaban de editar unas carpetas con la serigrafía de un boceto de la serie 'Mundo onírico', firmado y fechado en 1983 y realizado con gouache, tinta y lápiz sobre papel.
La edición que ahora ve la luz, realizada por Emilio Rodríguez en los talleres de la Escuela de Arte de Oviedo, «es la mejor manera de lograr que muchos coleccionistas accedan al extraordinario universo aureliano sin grandes desembolsos». Así lo aseguran los responsables de la obra, que ha sido estampada con pantallas matrices montadas en tela de poliéster mediante prensa manual y utilizando 18 tintas. Marcada a lápiz en el anverso, (no venal de la I/XV al XV/XV y venal del 1/60 al 60/60), la serigrafía ofrece en el reverso las referencias a la obra primigenia, con sello, firma y fecha manuscrita de Gonzálo Suárez.
Toda la edición, que se presenta en carpetas de artista con una reseña biográfica del creador nacido en 14 de enero de 1910 en la calle de Capua de Gijón, y exhaustiva información sobre la creación de cada pieza serigrafiada, ha sido realizada con motivo de la exposición de Aurelio Suárez 'Geologismo y equis más uno', que tendrá lugar en la galería Cornión, a partir del 14 de julio.
Precisamente, en ese escenario será presentada la obra grabada. El acto tendrá lugar el martes, a las ocho de la tarde.
Paché Merayo
El Comercio
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27-Jun-2009 |
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El universo de Aurelio Suárez se enriquece con una edición serigráfica. Cornión presentará una estampa sobre Mundo onírico , pórtico de una exposición.
La inauguración, el próximo día 14 de julio en la galería Cornión, de una doble muestra dedicada a Aurelio Suárez con la que la sala cumple un verano más su compromiso con el recuerdo del pintor gijonés, se verá enriquecida con una inédita vía de difusión de la obra aureliana. El próximo martes, día 30 de junio, a las 20 horas, a modo de pórtico, Cornión acogerá la presentación de una edición serigráfica que reproduce el boceto n.º 3507 del artista, integrado en «Mundo onírico», una de sus series más representativas.
Bajo patrocinio de la propia galería, la estampación, de una calidad excepcional, ha sido realizada a 18 tintas por Emilio Rodríguez en los talleres de la Escuela de Arte de Oviedo. El boceto de referencia, fechado en 1983, representa una de las características escenas aurelianas en las que, sobre un paisaje arenoso, el artista reinterpreta algunos de los elementos alegóricos del relato genesíaco sobre el Paraíso: Eva, la manzana, la serpiente, el árbol o el ojo divino, insertos en una composición rigurosa y revividos por el enérgico dibujo y la delicada paleta que caracteriza, en particular, «Mundo onírico».
Además de la calidad de la impresión, también destaca el cambio de escala de la pieza, que ha pasado de las dimensiones habituales de los bocetos aurelianos -170 x 230 milímetros- a un formato de 335 x 474 milímetros de área de impresión sobre un fondo de 490 x 690 milímetros, revelando nuevas calidades y lecturas del estilo del autor.
La edición consta de 15 ejemplares no venales y 60 venales, que se pondrán a la venta a un precio de 600 euros.
La presencia de Aurelio Suárez en el calendario artístico estival tendrá continuidad a partir del 14 de julio y hasta el 29 de agosto con una doble muestra que reunirá obras de dos de las más exquisitas series de bocetos: «Geologismo» y «Equis más uno». Y, a su vez, toda esta actividad servirá de pórtico a la conmemoración, el año próximo, del primer centenario del artista fallecido en 2003.
J.C.Gea
La Nueva España
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7-Jun-2009 |
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Gijón prepara ya la gran antológica de Javier del Río
Escenario: Centro de Cultura Antiguo Instituto, de Gijón, o Palacio Revillagigedo (dependiendo de la participación de Cajastur en el proyecto).
Organiza: Ayuntamiento de Gijón, a través de la Fundación Municipal de Cultura y Universidad Popular.
Calenario: la exposición será inaugurada en octubre de 2010.
Contenido: pinturas, esculturas y grabados, máscaras y cuadernos de artista.
La muestra pretende exhibir la capacidad creadora del gijonés en toda su intensidad
Actualmente exhibe su obra en el Museo Evaristo ValleSe celebrará en octubre de 2010 y sacará a la luz todas las etapas del pintor escultor fallecido en 2004
El Ayuntamiento editará su primera gran monografía
Desde el mismo día de su muerte, en abril de 2004, los amantes del arte, los muchos admiradores de Javier del Río vienen reclamando una gran exposición que no sólo le recuerde, sino que le muestre en toda su inmensidad. En la actualidad, el Museo Evaristo Valle le rinde homenaje con una colección de pinturas y esculturas que hablan a voces de su enorme capacidad creadora, pero el genio de Del Río no cabe entero en su pequeña sala de exposiciones temporales. La cita en el Museo de Somió es el primer gran paso hacia el tributo esperado que, por fin, llegará el año que viene, en otoño.
Según apunta la viuda del pintor, el proyecto, que capitanea el Ayuntamiento de Gijón como no podía ser de otro modo, culminará en el mes de octubre. Sobre el espacio aún pende una duda, porque ocupará bien los seiscientos metros cuadrados de la sala mayor del Centro de Cultura Antiguo Instituto bien el Palacio de Revillagigedo, de la Obra Social y Cultural de Cajastur, emplazamiento preferido por Lupe, mujer de Del Río y madre de sus dos hijos, Alicia y Tadeo.
En ambos emplazamientos ha estado expuesta ya varias veces la pintura de Javier del Río. La última vez que exhibió sus colores en el palacio de la plaza del Marqués fue en la exposición que reunió la obra principal de las galerías asturianas, bajo el título 'Entre arte'. Fue en 2007. Del Río estuvo presente en las colecciones de Cornión, su galería de cabecera. Entonces se colgaron algunas de las piezas que a buen seguro estarán en la exposición del próximo otoño.
En el Centro de Cultura Antiguo Instituto compartió paredes también con otros compañeros de generación, reunidos bajo el título 'Habitar la pintura'. Corría el año 2003, Del Río aún no había muerto.
Pelayo Ortega, Melquíades Álvarez, José Arias, Reyes Díaz y Ramón Prendes fueron sus compañeros de aquella exposición, que comisarió el crítico de EL COMERCIO Ángel Antonio Rodríguez.
Toda su vida y obra
La nueva exposición de carácter retrospectivo, en la que Javier del Río será el único protagonista, pretende recorrer toda su obra, que es como mostrar toda su vida. Pinturas y esculturas, collages, máscaras y hasta libros de artista realizados en diversos momentos de su trayectoria ocuparán el escenario elegido para dar a conocer el alma del creador fallecido que vivió intensamente el arte asturiano, que habitó Londres, Roma y Madrid y que se trajo lo mejor de cada lugar a Gijón, la ciudad a la que dedicó sus últimas pinturas, retratando sus rincones de día y de noche.
Piñole, Valle o Aurelio Suárez están en su imaginario, pero también Goya y Bacon, Rafael y Piero della Francesca y, por supuesto, Picasso.
Todo estará en la exposición, pero también en un libro que supondrá la primera gran monografía dedicada a su legado. «La exposición será algo maravilloso, pero las exposiciones se acaban. Lo que quedará para siempre de este homenaje a Javier será ese libro», concluye su viuda.
Paché Merayo
El Comercio
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2-Jun-2009 |
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El pintor asturiano Javier Victorero suma su 'Luz negra' a la sala Robayera
La galería de Miengo inaugura la segunda exposición de la temporada, una propuesta integrada por cinco series de pinturas de los dos últimos años
La 'poética de la luz' del artista Javier Victorero caracteriza la primera muestra del pintor asturiano en Cantabria. La galería municipal de Miengo inaugura el próximo sábado la segunda cita de la temporada 2009, un recorrido por las pinturas de cuatro series diferentes que, bajo el epígrafe común de 'Luz negra', reúne Victorero (Oviedo, 1967) en su comparecencia en la sala que dirige Juan Manuel Puente.
Tras abrir la temporada esta primavera con el regreso expositivo de Sergio Sanz, las obras de Victorero, artista especialmente ligado a la galería Cornión de Gijón, protagoniza esta nueva muestra en la sala ubicada en las antiguas escuelas de Cudón, desde el día 30 de este mes hasta el 27 de junio. El veterano espacio institucional de Miengo acoge la obra de un pintor en alza, ya celebrado por la crítica desde comienzos de esta década. Artista del Norte, en cuya creación se refleja la esencia y la atmósfera reinterpretada, «pintura de otra luz, poblada por tentativas ópticas y geométricas».
En sus últimas series, con pinturas desde 2007 hasta el presente, 'Huerto y jardín', 'Jardín celeste', 'Noche transfigurada', 'Maitines' y 'Vanitas', Victorero, según subraya Santos Amestoy en el catálogo de la exposición de Miengo, «la geometría no trata de organizar, parcelar o construir ortogonalmente la superficie plana del cuadro. El pintor se atreve con inmensidades infinitas, otros espacios, profundidades, puntos y líneas de fuga».
Entiende la pintura «como misterio absoluto» y de su creación destaca una técnica «bastante depurada, donde las manchas y las veladuras siguen rebosando recursos sígnicos, mientras el pintor dialoga con el público». Cada serie, explica el artista, son varios instantes, «donde dejo que la pintura se invente a sí misma. Por eso me interesa el jardín, que aparece en varios títulos. Trato de ordenar la pintura tal y como hace el jardinero con las plantas. Son, en fin, naturalezas». De la pintura reivindica su invisible capacidad para expresar la vida y transmitir energía. Javier Victorero subraya su clara filosofía: «Cultivar la receptividad y plantear un ejercicio espiritual en las miradas».
Guillermo Balbona
El Diario Montañes
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12-May-2009 |
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Aurelio Suárez, de principio a fin en exposición y libro
Cornión vuelve a prestar sus paredes a la herencia creadora de Aurelio Suárez. En verano, del 4 de julio a finales de agosto, colgará en su sala de arte una selección de dos de sus series más simbólicas: 'Geologismo', en la que el pintor fallecido en 2003 habla del comienzo de todo, «el nacimiento del hombre, la naturaleza y el mundo», en palabras de su hijo, Gonzalo Suárez, y la titulada 'Equis más uno', cuya materia es la muerte, el final, la calavera en la que acabamos convertidos y que Suárez transforma en materia pictórica casi obsesivamente.
A ambas series, que recuperan obras de 1979, 80 y 81, la primera, y 1985, 86 y 87, la segunda, les queda un tiempo para ser el epicentro de la mencionada exposición veraniega, pero ya tienen un presente propio, porque acaban de saltar a las páginas de un libro. Presentado ayer también en la galería gijonesa, ofrece no sólo una compilación novedosa de ochenta obras, entre gouaches, tintas y obras a lápiz sobre papel (40 de cada serie), sino también alguna fotografía de Suárez tomada por su amigo Joaquín Rubio Camín, y un diseño gráfico que tiene la huella singular del escultor Pablo Maojo.
A todo esto se suma, además, un texto introductorio del galerista Amador Fernández, que recuerda la importancia de la mano privada en la consolidación del proyecto editorial (Construcciones Angoca, Centro Comercial San Agustín y El Muelle Gestión Inmobiliaria y la propia galería) y otro crítico de Antonio Alonso de la Torre García, volcado en relacionar los universos que se suman en exposición y libro, como un encuentro entre el principio y el final del pintor y, a la vez del hombre. Según el crítico, el enigmático artista, «que nació en Gijón en 14 de enero de 1910... se dedicó a pintar... y fallece en Gijón, el 10 de abril de 2003» (escueta frase en la que su hijo resume en el libro lo que debemos saber de Aurelio Suárez), manifestaba una extraordinaria inquietud por el conocimiento científico. «Quería descifrar el lenguaje de las piedras, pero también el del cosmos. Buscaba la ultrarrealiadad que se esconden en los paisajes silenciosos, atemporales, intentando dar respuesta a un orden interno, de cuya obsesión dan cuenta sus series, quizá como una solución a sus preguntas, quizá como la evidencia de una incógnita sin resolver».
Paché Merayo
El Comercio
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25-Abr-2009 |
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La memoria de Javier del Río
A falta de una exposición antológica, el homenaje del Museo Evaristo Valle al artista gijonés permite conocer sus mejores registros creativos y humanos.
La Fundación-Museo Evaristo Valle ha vuelto a tomar la iniciativa en defensa de Javier del Río (1953-2004)con una amplia exposición del gijonés.
A expensas de una gran antológica que recoja su legado, esta muestra permite conocer sus principales registros, que le definen como uno de los creadores más singulares del panorama contemporáneo. La exposición se nutre de pinturas, esculturas, dibujos y de los grabados de la serie 'Eva Risto', donde el artista homenajeaba a Evaristo Valle. Además, se incluyen las planchas y ediciones de los volúmenes 'El cuervo', de Edgar Allan Poe, y 'De demonios y ángeles', de Álvaro Cunqueiro, cedidos por la Editorial Trea.
En la primera mitad de los años setenta, Javier del Río vivió intensamente la dinámica del circuito asturiano, participando en varias aventuras colectivas y mirando a maestros cercanos, como Piñole, Valle o Aurelio Suárez. Presentó su primera individual en 1974, en Gijón, en el Centro Cultural de Roces, donde conoció al pintor Ramón Prendes, su futuro cuñado.
Juntos expusieron en la Caja de Ahorros de Asturias, recibiendo sus primeros elogios del entonces director de EL COMERCIO, Francisco Carantoña. Después, Javier entró en una etapa nómada que le llevó de Madrid y Londres, donde estudió a Goya y Bacon, antes de viajar a Roma y Urbino, al abrigo del arte italiano. Rafael y Piero della Francesca fueron sus renacentistas preferidos.
La galería Cornión proyectó la carrera del artista en los últimos veinte años. Además, participó en la excepcional colectiva 'Habitar la pintura' (CCAI, 2003) junto a otros cinco compañeros de generación.
Alegría e ironía.
Desde la calidad y el eclecticismo, pasó por muchas etapas pictóricas y escultóricas, caracterizadas por armonizar fuerza e ironía.
Esa huída de la inmovilidad le definió como artista aunque, con frecuencia, frenó los aplausos de la crítica. Su perenne amalgama de luz, color y volumen se expresa iconográficamente en arquitecturas fantásticas, personajes anónimos, grandes retratos y formas primitivas como las aquí expuestas que, en pintura, se resumen con gruesas texturas, y en escultura, con hierros picasianos y piedras de aspecto precolombino y totémico. Le interesaba la femineidad, la mitología, la familia o los entresijos de la sociedad de su tiempo. En sus últimas series, esas 'Pintures de Gijón' que mostró en sus últimas exposiciones púbicas, plasmó la ciudad como un ente emotivo, de gestos muy libres, alejados de prejuicios y arquetipos, desprendiendo su alegría, su ironía y su capacidad plástica, sin prejuicios.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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16-Abr-2009 |
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Maojo de madera
El escultor regresa a Cornión tras su paso por el Museo de Bellas Artes con una colección de piezas-poema que titula 'Celosías'
El más joven creador de la nómina principal del arte asturiano, Pablo Maojo (San Pedro de Ambás, 1961), regresa mañana a las paredes de Cornión y lo hace renovando su comunión con la madera. Después de tres años sin mostrar sus volúmenes policromados en la galería gijonesa, a dos de su paso por el Museo de Bellas Artes (con 'Entre cuencos 12+1'), el escultor se deja mirar a través de una colección de 'Celosías'. Así titula su serie de obras-poema, que lo son, sobre todo, porque responden a la lírica del concepto grabada en relieve como una leyenda bíblica, pero también por estar abrazadas por varios versos.
Maojo que pondrá todo su arsenal artístico ante la luz pública a partir de mañana y lo mantendrá en cartel hasta el 12 mayo, invita al espectador no sólo a contemplar sus geometrías, esta vez más ortodoxas que nunca, sino también a compartir con palabras las sensaciones depositadas en cada pieza.
Cada obra lleva un sugestivo título que él prolonga en el catálogo hasta cerrar el verso. 'A la salida del túnel...', por ejemplo, salta de la pared al papel con «un paisaje que nos sorprenda». 'Empieza el momento', uno de los relieves de mayor formato de toda la colección concluye: 'En día crece'. 'Las placas se pueblan' se prolonga en verbo en «eras las contemplan». Y así cada pieza de 'Celosías', una denominación que también advierte de la fragilidad, sólo superficial, de estas nuevas esculturas de Maojo, creadas, la práctica totalidad durante 2009. Son todas maderas marcadas, como es tradición en este singular creador, con grafismos y color. No faltan el rojo, que se insinúa en unas obras y gobierna otras. Maojo, creador del trofeo de los Premios EL COMERCIO, es en esta colección fiel a sus miradas y a sus maneras, realizadas con sierra o motosierra. Y con esas herramientas sus formas, su «racionalismo es capaz de conjugar al artista con la fuerza natural e incontrolable de la madera, para dar origen a un resultado plástico armónico que, paradójicamente, surge como resultado de la combinación de contrarios».
Es sin duda Pablo Maojo, uno de los escultores asturianos de mayor relieve y sin discusión uno de los de más acusada personalidad, que, como otros grandes creadores de su generación, mantiene una estrecha unión con sus raíces existenciales y geográficas. Así lo advierte la especialista Soledad Álvarez en uno de los muchos textos que ha escrito sobre sus extraordinarias maderas. Con esa materia como barro principal, el genio de Maojo, dice Soledad, «ofrece un rico mundo de sugerencias escultóricas mediante intervenciones directas y cortes elementales». Con su motosierra, «cuya aparente rudeza no excluye, junto a sugestiones de la naturaleza, una notable belleza plástica», subraya el creador de San Pedro de Ambás su evidente pasión por la naturaleza a la que posee y policroma con rojo y azul especialmente.
Maojo ha realizado numerosas exposiciones individuales, pero no sólo en España. Ha estado presente en algunas de las ferias más importantes del circuito internacional de arte contemporáneo (Basilea, Arco). Su obra está en numerosas colecciones y museos, entre ellos el de Bellas Artes de Asturias, el Alto Lindoso (Portugal) y el Evaristo Valle.
Paché Merayo
El Comercio
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12-Abr-2009 |
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El área del Cervigón donde se exhibe 'Castillo de Salas' se llamará Camín Amigos y admiradores recogieron firmas para pedir una zona verde para el artista
El Ayuntamiento y la familia han decidido escoger esa de las tres opciones que había.
Aunque nunca se llegó a ir del todo, lo cierto es que ahora vuelve. Y vuelve a su sitio. Joaquín Rubio Camín regresará en un tiempo a Gijón, para darle nombre a uno de los espacios de la ciudad más ligados a él y a su obra: la zona del paseo del Cervigón en la que convirtió el desastre del 'Castillo de Salas' en arte. No es ni un paseo ni un parque ni, evidentemente, una calle. Por eso, aún no está decidido cuál será el nombre concreto. Quizás sea el espacio Rubio Camín. Quizás acabe convirtiéndose en parque aunque no lo sea. Lo que sí está decidido es que será allí donde la ciudad rinda homenaje a quien ya llena muchos de sus rincones.
Rubio Camín falleció en Gijón el 28 de diciembre de 2007. Tan sólo unos meses después, en el verano de 2008, un grupo de amigos y admiradores del artista puso en marcha una campaña de recogida de firmas, a la que se sumó EL COMERCIO, para que el Ayuntamiento diera su nombre a una zona verde de la ciudad. Algunos de esos amigos se reunieron en agosto del pasado año con la alcaldesa, quien se comprometió a tramitar la idea.
Había entonces tres posibilidades, para las que siempre se tuvo en cuenta la opinión de la familia de Camín. Una de ellas era precisamente esa, la zona del Cervigón cercana a la escultura realizada con restos del 'Castillo de Salas'. Se plantearon también el final de la avenida de la Constitución, donde se levanta el 'Obelisco' de Camín y, por último, el parque situado frente al diario EL COMERCIO.
Finalmente, Ayuntamiento y familia han acordado llevar el nombre de Camín al Cervigón. Así lo ha confirmado el concejal de Hacienda, Santiago Martínez Argüelles, y así se lo trasladó la propia alcaldesa a Carmen Díaz, la viuda del artista. Su familia pedía una zona verde y abierta, y así será. La nueva denominación aún no ha sido aprobada de forma oficial. Lo será junto con otra tanda de calles y vías públicas, preparadas ya para pasar por una de las próximas juntas de gobierno, al igual que se hiciera el pasado 17 de marzo, cuando se aprobó 'bautizar' parques y calles con los nombres de Avelino Vidal y Juan Andrés Suárez García, entre otros.
«Es un lugar emblemático y muy suyo. Une el mar, la tierra, el metal de su obra...», explica Martínez Argüelles. En su día, una placa y un pequeño acto de homenaje servirán de 'inauguración' del espacio. Era la opción preferida por la familia. El lugar donde en el otoño de 2003 Camín llevó una parte de la zapatilla del buque que ennegreció de carbón la costa gijonesa durante muchos años. Y, junto a esa gran pieza, en la que él quería que la gente entrara, mirara desde allí la mar y se resguardara de la lluvia, construyó su escultura, realizada a su vez con once fragmentos menores del granelero que se había hundido en 1986. Defendía el artista que aquella obra serviría para recordar. Que de todo, incluso de aquel desastre, había siempre algo que recordar. Y ahora, se le recordará a él.
Extensa obra
Será el homenaje de Gijón a Joaquín Rubio Camín, nacido en 1929 en la calle de Cabrales. En 1947 inauguró su primera exposición en la sala Cristamol, y en 1951 alcanzó, desde Madrid, la fama en todo el país. en 962 recibió el Gran Premio Nacional de Escultura. Su obra y su bibliografía es extensa, repleta de exposiciones individuales y colectivas, de premios y distinciones.
Son muchas también las obras públicas que realizó y sus esculturas permanecen hoy en varios puntos de toda Asturias, pero también en otros lugares como Madrid y Sevilla. Próximamente, Gijón saldará la deuda que tenía con el artista.
O. ESTEBAN / E. ARENAS
El Comercio
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2-Mar-2009 |
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En vísperas del año aureliano
El centenario de Aurelio Suárez sumará en 2010 al Principado al redescubrimiento de un universo pictórico que se ha ido desvelando tras la muerte del pintor.
El 14 de febrero de 2010, Aurelio Leonardo Suárez Fernández -gijonés cuyo nombre y primer apellido asociados a una rúbrica con forma de pez forman parte de la historia del arte asturiano del siglo XX- hubiese cumplido cien años. Su productiva y discreta vida fue larga, pero no tanto. El 10 de abril de 2003 dejaba este mundo con la misma cautela que asordinó toda su existencia; pero lo dejaba portentosamente enriquecido. Durante la mayor y la mejor parte de sus 93 años de vida, Aurelio Suárez encontró tiempo, imaginación y disciplina suficientes como para crear, mediante la pintura, otro mundo dentro del mundo: un legado que, a su muerte, muy pocos conocían y apreciaban, y que durante los casi seis años transcurridos desde su desaparición se ha ido desvelando poco a poco. El pasado jueves, Vicente Álvarez Areces, presidente del Principado, asumía el compromiso de convertir el año del centenario de Aurelio en una ocasión para sumar a las instituciones a la divulgación y la investigación de su herencia, con el proyecto, aún por concretar, de una «gran exposición» como acto central de la efeméride.
Era sólo cuestión de tiempo que las instituciones acabaran asumiendo su papel en la revalorización de un pintor al que se asocian, con la adherencia de un epíteto homérico, los adjetivos de «enigmático» y «secreto». A Aurelio, que a partir de la década de los sesenta decidió retirarse y gestionar personal y muy celosamente la difusión de su obra, no le hubiera hecho mucha gracia esa simbiosis, pero la implicación institucional es el camino más corto y seguro para dar a conocer su obra a los asturianos, asumir los estudios científicos que exige y hacerla pasar el muro de la Cordillera. A todos esos objetivos aludieron el propio Areces, la consejera de Cultura, Mercedes Álvarez, y el hijo del pintor, Gonzalo Suárez Pomeda, el pasado jueves, en Oviedo.
De Gonzalo, el único hijo de Aurelio, ha sido, precisamente, la iniciativa que, en una espiral creciente y cada vez más diversificada de actividad, ha ido diluyendo las enormes zonas de sombra en torno a un artista cuya ingente obra, en vida, apenas podía entreverse en la treintena de piezas que atesora el Bellas Artes o en alguna esporádica colectiva, sobre todo en Durero, sala gijonesa con la que Aurelio mantuvo un trato cercano. Fuera de eso, todo eran destellos en la casa de algún afortunado coleccionista. Nada más.
No obstante, fue el Museo de Bellas Artes el primero que reaccionó al fallecimiento del pintor, organizando un homenaje póstumo en sus salas. El Museo-Casa Natal de Jovellanos sería el siguiente, ya en 2004, con una muestra que dejó muchas bocas abiertas: la exhibición, por primera vez casi completa, de la sorprendente colección de dibujos «Mundo onírico», una de las series de lo que Aurelio llamaba «bocetos», que sirvió para confirmar el enorme interés de aquella obra oculta. Durero también tuvo su propio homenaje en 2004 y fue escenario, en el verano de 2005, de una exposición excepcional, que marcó un punto de inflexión. Con el patrocinio de LA NUEVA ESPAÑA, la sala exhibió por primera vez un recorrido panorámico a través de todos los bocetos aurelianos, mostrando un ejemplar de cada una de las series en las que el pintor los clasificó. Si «Mundo onírico» había dejado clara la calidad de Aurelio, ahora se constataba la insólita variedad y riqueza de su universo.
Siguió, ya a caballo entre 2005 y 2006, otra magnífica muestra, también con el patrocinio de LA NUEVA ESPAÑA, que sacó por primera vez en cuatro décadas la obra de Aurelio Suárez de Gijón con una amplia selección de sus formatos habituales: óleos, gouaches y bocetos. La galería Vértice, de Oviedo, fue el escenario de una iniciativa que tuvo su continuidad, un escalón más allá, en 2007, en la madrileña galería Guillermo de Osma. Y, de vuelta en Asturias, entre 2007 y 2008, el público recuperaría en la galería Cornión -por dos veces- y en el Museo Antón de Candás dimensiones específicas de la vida y la obra de Aurelio Suárez: su relación con otros artistas gijoneses, su abordaje del mundo de la infancia, su interés constante en el tema de la mujer... Al mismo tiempo, se iban desvelando otras facetas biográficas del pintor, como el «gen artístico» que compartía con su padre y otros familiares.
Paralelamente, y además de los catálogos y de una serie de libros autoeditados por Gonzalo Suárez con patrocinio privado, se abrió otro frente en formatos muy originales y de gran impacto popular, como la colección de postales que -recuperando una de las grandes pasiones de Aurelio como coleccionista- ha ido abriendo ventanas al universo aureliano desde distintos puntos de vista. Recientemente, los calendarios de mesa se han sumado a la difusión de una iconografía que empieza a resultar familiar a los asturianos.
Y es en ese punto en el que se llega a la edición, por primera vez con financiación del Principado, de las tres carpetas de láminas cuya presentación enmarcó el jueves el anuncio del «año aureliano». La inmensa extensión del campo a descubrir ha ido quedando clara a través de todas las calas realizadas a lo largo de casi seis años; ahora falta sumergirse a fondo y sistematizar lo mucho que hay y hubo en la obra y la mente -lo cual viene a ser lo mismo en este caso- de un gran artista asturiano.
J.C.Gea
La Nueva España
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28-Feb-2009 |
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El Principado baraja una gran exposición sobre Aurelio Suárez para su centenario
Areces presentó en el Bellas Artes tres carpetas sobre la obra del pintor gijonés
El 14 de enero de 1910 nacía en Gijón Aurelio Leonardo Suárez Fernández, uno de los nombres fundamentales en la pintura asturiana del siglo en que le tocó vivir y cuyas fronteras llegaría a rebasar hasta su muerte en abril de 2003. La conmemoración, el próximo año, del centenario de la primera de esas dos fechas será también la ocasión para que el Gobierno que preside Vicente Álvarez Areces se «emplee a fondo» en el compromiso con la divulgación y revalorización de «uno de los pintores más importantes de Asturias». En esos términos lo anunciaba ayer el propio Presidente en el salón de actos del Museo de Bellas Artes con ocasión de la presentación de una serie de tres carpetas sobre distintos aspectos de la obra del artista patrocinadas por el Principado; y, aunque no se precisó ni dónde ni cómo ni cuándo, sí quedó en el aire la idea de una «gran exposición» que, «con un tratamiento y espacio adecuados», ponga «en el sitio que se merece» al excepcional artista gijonés.
Areces asumía así con luz y taquígrafos -y junto a él su consejera de Cultura, Mercedes Álvarez- el reto planteado momentos antes por Gonzalo Suárez Pomeda. El hijo del pintor e impulsor de la inmensa mayoría de las iniciativas que han desvelado el legado del artista había advertido que "quedan muchas cosas por hacer": entre ellas, «una gran exposición en un horizonte que tiene que llegar, y cuanto antes mejor».
Ese horizonte, parece claro, es el de 2010. El resto queda por precisar. Entretanto, el interés de las instituciones regionales por el legado de Aurelio Suárez se concretaba con la presentación de tres carpetas que, con una tirada limitada a 250 ejemplares de cada una de ellas, abordan distintos aspectos del riquísimo universo aureliano.
Cada una de ellas consta de cuarenta láminas cuidadosamente reproducidas, complementadas por textos de especialistas como Antonio Alonso de la Torre, Alfonso Palacio, Ramón Alvargonzález y el colaborador de LA NUEVA ESPAÑA Juan Carlos Gea, así como por información sobre la estructura de la obra de Aurelio y la bibliografía sobre el tema. La publicación incluye además algunas de las escasas fotografías que se conservan del pintor, debidas en la mayor parte de los casos al talento de su amigo Joaquín Rubio Camín.
La primera de esas carpetas, titulada «Aureliada», aparecerá en los próximos días, y ofrece una visión de conjunto de los tres formatos en los que trabajó el artista -diez óleos, diez gouaches y diez bocetos- así como otra decena de reproducciones de su obra fuera de esas modalidades. La segunda, «Esto es?», verá la luz el próximo julio y toma el título de una de las series de bocetos aureliana para recorrer el modo en que la desbordante creatividad del gijonés se plasmó en los más diversos y humildes objetos cotidianos, muchos de ellos rescatados por el artista en sus largos paseos por la playa de San Lorenzo o los alrededores de Gijón.
Finalmente, «Gijón aureliográfico», cuya aparición está prevista para diciembre, constituye un paseo artístico por muchos de los rincones urbanos y rurales de la ciudad donde nació, vivió, trabajó y murió el pintor.
J.C.Gea
La Nueva España
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28-Feb-2009 |
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Santiago Mayo reúne sus 'Islas' pintadas y esculpidas en la galería Cornión
Escultura en alambre, madera, papel y óleo. Santiago Mayo ha llenado la sala Cornión de 'Islas', pequeños territorios geográficos, unas veces marcados al óleo, otras dibujados con alambres, latas, papeles, madera y volúmenes domados. Con todos exhibe, a partir de hoy y hasta el día 28 de marzo, su particular relación con el paisaje. Entendido este, dice, «como consciencia espacial humana, y a ésta como lo que se puede abarcar desde el ámbito más ínfimo de un cuerpo hasta el infinito universo, incluyendo también todo aquello que sucede en esos lugares en perpetua mutación».
Son sus 'islas', pintadas o esculpidas, intentos de fijar lo efímero, pero también de expresar, asegura el propio Santiago Mayo, «sensaciones, emociones y pensamientos». Los que nacen, precisamente, de su contacto con el paisaje que le envuelve.
Paché Merayo
El Comercio
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21-Ene-2009 |
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Ernesto Knörr muestra sus esculturas en Cornión
La galería Cornión inaugura el próximo viernes una exposición de esculturas de Ernesto Knörr (Vitoria, 1957), un artista afincado en Asturias desde 1982 que bajo el título 'Con secuencia' reúne en esta muestra su obra reciente.
Estas piezas, a decir de los expertos, conquistan nuevas cotas de expresividad y ofrecen una forma de belleza menos clásica y más barroca, que logra comunicar un poderoso efecto dramático. Tienen estas obras en el movimiento y el desequilibrio sus valores plásticos centrales. El escultor vasco cuenta con una dilatadísima carrera a sus espaldas que le ha llevado a realizar más de una docena de exposiciones individuales y una treintena de colectivas. Sus obras se han expuesto en numerosos espacios públicos e instituciones, muchas de ellas en Asturias.
Su experiencia se expondrá a partir del viernes a la galería gijonesa, que mantendrá hasta el 21 de febrero sus obras la vista de todos.
Redacción
El Comercio
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15-Ene-2009 |
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El Barjola mostrará todo Camín
La obra pictórica de Joaquín Rubio Camín será una parte destacada de la exposición del Barjola y el centro de atención en la de Cornión.
El Museo prepara para el próximo otoño un homenaje «global» al creador más relevante de la nómina asturiana del pasado siglo XX.
Fallecido hace un año, será recordado con pinturas y esculturas.
Sólo unos días atrás, el 28 de diciembre, su escultura más preciada, 'Génesis', se llenaba de flores en el gijonés paseo de Begoña para recordarle. Se cumplía el primer aniversario de su muerte. Un año entero sin Camín. Ya entonces la idea de rendirle homenaje rondaba por la cabeza de la directora del Barjola, Lydia Santamaría, que quiere dedicar los principales espacios de su museo a su legado. En su planificado calendario de exposiciones el proyecto que lleva el nombre de Joaquín Rubio Camín figura en otoño, aún sin fechas concretas, ni obras exactas, pero ya con toda la carga de intenciones: «Queremos hacer un tributo global», decía ayer la directora del conjunto arquitectónico de la Trinidad, asegurando que está en contacto con la familia del que fuera el escultor y pintor más relevante de la nómina asturiana durante la segunda mitad del siglo XX con el fin de realizar una exposición absolutamente extraordinaria, en la que se muestre todo su universo creador. Sus hierros, hormigones y maderas, conversando con las pinturas al óleo de los primeros años y las acuarelas amansadas por la edad de los últimos. Estarán también en la muestra sus fotografías. No hay que olvidar que Camín fue uno de los miembros destacados del grupo La Palangana, donde compartió amistad y misión creadora con el también genial Gabriel Cualladó. De su legado fotográfico da buena cuenta el Museo Jovellanos, al que donó en vida todo su trabajo, junto a la génesis de sus obras escultóricas: una maravillosa colección de maquetas. Para lograr el reto expositivo Santamaría cuenta con Carmen Díaz Cotera, la viuda de Camín, «dispuesta a prestar toda la obra que tenemos en Valdediós y en Gijón», como decía ayer entusiasmada con el proyecto. Pero también la directora del Barjola cuenta con el apoyo y la ayuda de las hijas del creador, Mónica y Verónica, también felices por el homenaje.
Pero no se trata sólo de exponer. Para este tributo también habrá que descolgar. En este caso la obra de Juan Barjola, el pintor extremeño que da nombre al museo, será levantada para la causa. Camín ocupará su lugar. Y no es la primera vez que esto ocurre. En 1994, cuando el artista había roto lazos con la pintura y dedicaba su genio creador casi con absoluta exclusividad a la escultura, el Barjola le 'sacó los colores', reuniendo su trabajo sobre lienzo en una antológica que le hizo revivir la magia del óleo a la que volvió poco después con una delicadeza diferente, exenta de humos industriales y cargada exclusivamente de belleza.
A este esperado homenaje otoñal llegará el Barjola tras una dilatada agenda de exposiciones, en la capilla (Arancha Goyeneche, PSJM, Mar Solis, Eduardo Valina, Ignacio Rábago), pero también habrá precedente en las salas que ocupa el extremeño. Dentro de unas semanas se inaugurará una muestra dedicada al Premio Nacional de Fotografía Pablo Pérez Minguez. Pero, sin duda, la del escultor de barba blanca y sonrisa irrepetible será la gran exposición del año en el equipamiento que depende de la Consejería de Cultura, por lo que el homenaje no será sólo de Gijón, sino de toda Asturias.
Además no es el único que se prepara. En esta ciudad en la que nació en 1929 y de la que se fue para siempre en 2007 habrá una segunda exposición, también en otoño. La galería Cornión, su sala de cabecera y el lugar en el que se encontraba con los amigos, tiene programado un recuerdo para este recién estrenado 2009. Más íntimo y más reducido en espacio ya tiene fechas. Será del 11 de setiembre al 10 de octubre.
A ambos se quiere sumar Avilés. Los responsables del Centro de Municipal de Arte y Exposiciones de la villa han manifestado su deseo de cerrar el triángulo con una tercera muestra, que aún habita sólo el capítulo de las intenciones.
Paché Merayo
El Comercio
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30-Dic-2008 |
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Tras la senda del mejor Camín
La escultura favorita del polifacético Joaquín Rubio, 'Génesis', se convierte en escenario de un cariñoso tributo cuando se cumple un año de su muerte
Gijón es una ciudad sin 'Camín'. Lo es desde hace un año, cuando, en pleno día de los inocentes, como si fuera una de sus habituales socarronerías, uno de sus hijos más ilustres, el que se sentía 'estafado' por la vida «que no dura, como mínimo, 3.000 años», dejó que su eterna mala salud de hierro se cebara con él. Sin embargo, la ciudad no ha quedado del todo huérfana, puesto que el artista, Joaquín Rubio Camín, de cuya muerte se cumplió ayer un año, la dejó plagada de sendas, en forma de innumerables obras (esculturas, pinturas, fotografías..) para que la memoria colectiva no le perdiera nunca de vista.
Y siguiendo una de esas guías, su favorita, 'Génesis', su escultura tótem del paseo de Begoña, se encontraron ayer un centenar de personas, entre familiares, amigos y artistas, que quisieron dejar claro que el cuerpo es efímero, pero el arte, cuando es con mayúsculas, alcanza la inmortalidad. Así lo recordaron tanto su amigo del alma, Miguel González Pereda, como su galerista, y también amigo, Amador Fernández.
Ellos fueron los encargados de poner voz al tributo popular celebrado al mediodía de ayer. Una voz que arrancó las lágrimas que Camín nunca hubiera querido ver. Pero, era difícil que su viuda, Carmen Díaz, o su hija, Mónica, o sus hermanas, Conchita y María José, contuvieran la emoción cuando Pereda rememoró que «el 28 de diciembre era el día elegido para celebrar la fiesta con los amigos. Nos hacíamos regalos, tú siempre aquellos dibujinos tan delicaos. Chifladures lo llamabas tú. Era el día de les chifladures. Hoy nos reunimos para recordarte».
Los chepos del mundo
Y es que, por unos segundos, la voz de Pereda pareció convertirse en el atronador chorro de Camín, que plagaba su verbo culto -«llamaba por su nombre de pila en latín a las flores: chrysanthemum, prímula vulgaris...»-, con palabras del más puro lenguaje playu -«el mundo está lleno de chepos»- o tal planta «ye de la familia de los arbeyos».
Sin embargo, el propio Pereda afirmó que «la tristeza sucumbe ante el recuerdo porque tu ausencia no es olvido, sino continua presencia», unas palabras que hacía suyas, momentos después, su viuda, quien sólo cedió al desánimo cuando reconoció que no ha podido volver a vivir en su casa de Valdediós «porque salí de allí con Joaquín y sin él no puedo estar».
Y si Pereda y Carmen pusieron la emoción, Amador puso la reivindicación. El autor de obras tan conocidas como 'Obelisco', en la glorieta de foro, o 'Castillo de Salas', en la senda del Cervigón, no puede estaría satisfecho «si viera cómo está 'Génesis'».
Ya en vida Rubio Camín clamó para que el entorno de su escultura, colindante con la de que él hizo de su gran amigo y director durante 40 años de EL COMERCIO, Francisco Carantoña, no fuera «el váter de Gijón». Ahora, los suyos retoman el testigo y reclaman que «se acondicione todo el alrededor», así como «que se limpie bien», pues tiene restos de pintadas. Y es que, como diría el playu Camín, «el mundo está lleno de chepos».
Chelo Tuya / M.Morán
El Comercio
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29-Dic-2008 |
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Flores y lecturas para un artista
Un grupo de familiares y amigos de Joaquín Rubio Camín conmemoró el primer aniversario de su muerte ante su escultura «Génesis»
Fue un homenaje sencillo, pero profundamente emotivo. Tal y como Joaquín Rubio Camín, poco amigo de este tipo de actos, habría querido. Familiares, amigos y seguidores del polifacético artista gijonés recordaron ayer su figura con un breve acto en el que depositaron flores junto a la escultura «Génesis», una de las obras más conocidas de Camín y que se encuentra ubicada en los jardines del Paseo de Begoña. Así conmemoraron el primer aniversario de su muerte. Amador Fernández y Miguel González Pereda, dos de sus amigos, ejercieron de maestros de ceremonia y leyeron sendos escritos ante la viuda del creador, Carmen Cotera, y su hija Mónica Rubio.
La cita reunió a un nutrido grupos de allegados que guardaron un escrupuloso silencio durante los cinco minutos que duró el acto. Carmen Cotera y Mónica Camín, visiblemente emocionadas, depositaron tres ramos de flores a los pies del monumento. Entre los asistentes, se encontraban el resto de familiares del artista y muchos amigos, como el arquitecto Miguel Díaz-Negrete, con el que colaboró activamente durante buena parte de su carrera.
«El 28 de diciembre era el día elegido por ti y por tus amigos para hacernos regalos», dijo González Pereda al poco de comenzar su discurso. Unos regalos a los que el artista denominaba «chifladuras». No en vano, Rubio Camín solía entregar a sus seres queridos alguna pequeña creación resultante de sus brillantes ocurrencias. Por eso, «éste es el día oficial para recordarte», continuó ayer su amigo. Además, subrayó las contradicciones que, para quienes conocían al genial gijonés, tiene asistir a un evento como el de ayer. «No querías losa y estás aquí, cubierto de hormigón», dijo en referencia a la escultura donde se desarrolló el homenaje. «No querías flores y el suelo de los jardines de Begoña está lleno de ellas», prosiguió. «No querías música ni oraciones y aquí en Begoña escuchas las voces de los niños jugar acompañados por sus madres», remató para señalar que Camín sigue vivo en su obra. Por todo ello, aseguró que «éste no es un mal sitio para recordarte» y que «tu ausencia no es olvido, sino continuo presente».
Por su parte, Amador Fernández señaló que el paseo de Begoña «es el lugar ideal para recordar al artista que nos hecho disfrutar con sus obras», ya que en este céntrico punto gijonés dejó su huella con creaciones como «Génesis» o la escultura que recuerda al periodista Francisco Carantoña. Además, también hizo mención a «Obelisco», la torre de cubos que durante años presidió uno de los extremos del paseo y que desde hace tiempo está ubicada en una glorieta de la avenida de Oviedo.
«Aquí pasó su niñez jugando y aquí regresaba cada vez que volvía a Gijón durante su estancia en Madrid», añadió. Tras esta lectura, los asistentes rompieron en un caluroso aplauso y muchos abrazaron a la viuda del homenajeado.
Rubio Camín falleció el 28 de diciembre de 2007 a los 78 años de edad tras una brillante carrera en la que despuntó como uno de los artistas más vanguardistas y arriesgados del siglo XX asturiano.
Eloy Méndez
La Nueva España
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29-Dic-2008 |
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Gijón recuerda a Rubio Camín
Un centenar de artistas, arquitectos, familiares y amigos le recuerda con una ofrenda floral frente a su escultura ´Génesis´
Emoción contenida en el primer aniversario del fa0lecimiento del polifacético artista, Joaquín Rubio Camín. Tal día como ayer hace un año, y también a las 12 del mediodía, el corazón de premio Nacional de Pintura dejó de latir. Un centenar de artistas, arquitectos, familiares y amigos de Joaquín Rubio Camín le recordaron ayer junto a una de sus obras más conocidas, la escultura Génesis instalada en el Paseo de Begoña, con una ofrenda floral. Camín fue uno de los referentes de la creación contemporánea en Asturias.
Su viuda, Carmen Díaz Cotera, fue la encargada de colocar el ramo de flores a los pies de la escultura. Arropada por las dos hijas del artista --Mónica, que acompañó a la viuda en la ofrenda-- y Verónica-- y nietos, la esposa de Rubio Camín, con quien compartió 34 intensos años de su vida, recibió numerosas muestras de cariño de todos los presentes.
A este sencillo y emotivo acto no faltaron los representantes de la cultura asturiana Pelayo Ortega, Pablo Maojo, Ramón Prendes, Miguel Mingotes y Carlos Roces. También estuvieron presentes el director del Museo Evaristo Valle y el galerista del escultor, Amador Fernández, de la galería Cornión, quien realizó un breve y emotivo discurso. No hubo, en cambio, ningún representante político, ni del equipo de gobierno ni de la oposición.
Fernández explicó que la elección de esta escultura para recordar a Camín obedece a la cercanía del artista con el paseo de Begoña en cuyos jardines jugó durante su infancia y fue siempre el lugar de paso obligatorio desde su casa al café Dindurra que tanto frecuentaba. Asimismo, destacó que Begoña acogió tres de las obras de Camín. En este sentido se refirió a Obelisco que fue trasladada en el 2003 a la rotonda de Foro y al relieve realizado por Joaquín Rubio a su amigo Carantoña. "Este es el lugar ideal para recordar al artistas. Estas obras ayudarán a mantenerlo vivo en nuestras mentes y corazones", concluyó.
El amigo personal de Camín, Miguel González Pereda, precedió a Fernández en el recuerdo al artista asturiano de referencia que vivió a caballo entre Gijón y Valdediós (Villaviciosa). González arrancó su homenaje particular recordando lo mucho que a Joaquín le fastidiaban los días oficiales y aseguró que a partir de ahora todos los 28 de diciembre estarían dedicados a Rubio Camín porque además de ser el día de su cumpleaños --en 1929-- también lo era el de su muerte a los 78 años de edad.
"Era el Día de las Chifladuras que solíamos celebrar con boroña y que tú nos hacías dibujos mientras nosotros te obsequiábamos con regalos", dijo. Miguel González afirmó que "en toda obra está el alma del artista" y defendió la elección de Génesis para celebrar su aniversario aunque advirtió de que esta obra estaba rodeada de todo lo que Camín rechazaba para el momento de su muerte. Y es que como el dispuso, no tuvo ni ceremonia civil ni religiosa porque fue agnóstico hasta el final de sus días.
BEGOÑA González se refirió así a la losa que emerge junto a la escultura, a los árboles que la rodean, a las flores de Begoña --según dijo, el artista nombraba a cada una por su nombre científico y reconocía todas las familias--, a la música y a las oraciones que el amigo de Camín ve ahora en "las voces de los niños y el sonido de los gorriones y estorninos mezclado con las obras y el tráfico componen una música moderna y urbana, una sinfonía inacabada del ´Gijón del Alma´". Miguel González concluyó su alocución asegurando que "tu ausencia no es olvido sino un continuo presente". Joaquín Rubio Camín fue pintor, escultor, fotógrafo y diseñador urbano además de un ser entrañable y una persona singular.
Amador Fernández, galerista y amigo personal del maestro Rubio Camín, recordó que "nos ha hecho disfrutar con sus obras, de las más variadas técnicas y conceptos. Pero también a este amigo, que nos entusiasmaba con sus conversaciones, sobre arte, naturaleza, música o sobre la vida misma".
Fernández Carnero también destacó en su discurso lo adecuado del lugar del homenaje por ser "uno de los más queridos por el propio artista, aquí pasó su niñez jugando en estos jardines de Begoña, puesto que aquí vivía".
E. Fernández
La Voz de Asturias
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27-Dic-2008 |
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Calidad y diversidad
Las fiestas navideñas cuentan con una oferta impactante en los principales espacios públicos y privados de la región.
Una oferta expositiva verdaderamente impactante se presenta para este fin de año en las salas de Gijón, Avilés y Oviedo, con un conjunto rico en calidades y diversidades. Con la pintura como principal protagonista, y con varias propuestas en otros ámbitos, Asturias se erige estos días como un importante epicentro cultural. Al circuito AlNorte'08 organizado por EL COMERCIO se han unido nuevas exposiciones que merece la pena visitar.
En Gijón, el Centro Cultural Cajastur Palacio Revillagigedo mantiene a Carlos Franco y Santiago Serrano, dos grandes maestros que mantienen activa su presencia y su impronta experimental. Además, la galería Cornión presenta la obra de Abraham Lacalle, otro protagonista esencial del panorama pictórico español. Destacan también los trabajos de Carmen González, en la Capilla de la Trinidad, fruto de la VI Beca Museo Barjola. Decenas de cerámicas con juegos antropomórficos que albergan flores vivas, manifestando el paso del tiempo, palpitando entre las hornacinas, las luces y en el aire de este espacio barroco. Completan la apuesta gijonesa colectivas como 'There is no road', en LABoral Centro de Arte, y las individuales de Juan Alcalde, en Van Dyck, y de Rodolfo Pico en Gema Llamazares. El pintor valdesano ha vuelto con ganas, entre geometrías, colores, composiciones metafísicas y esa fina ironía que nunca ha abandonado.
En Oviedo, la gran apuesta de estas fiestas está en la sala Banco Herrero. Se trata de una selección de 20 artistas pertenecientes a los fondos del galerista aragonés Miguel Marcos, con sedes en Zaragoza y Barcelona, que atesora la mejor colección de pintura española de los años ochenta. Un buen montaje y una excelente selección de obras en gran formato de los Alcolea, Albacete, Barceló, Cobo, Franco, Grau, Mira, Serrano y compañía, palpitantes y repletas de rigor compositivo. Muy cerca, en la sala Vértice, continúan expuestos los trabajos recientes del gijonés Melquíades Álvarez, y al otro lado del Parque de San Francisco, en Guillermina Caicoya, la exposición retrospectiva de Amador, con esculturas y collages.
En Avilés, Amaga y Octógono exhiben dos interesantes colectivas, y en Mieres continúa abierta una exposición de Jaime Rodríguez, que resume su singular universo en el Centro de Arte Casa Duró, hasta el 5 de enero.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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14-Dic-2008 |
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Pintura, píxeles, luz y piedra caliza
El Revillagigedo se convertirá esta Navidad en soporte para una espectacular experiencia basada en la obra de Pelayo Ortega.
En una Navidad gijonesa que se asume de luminarias tirando a sobrias y rebajadas de watios bajo el síndrome general de la crisis, el palacio de Revillagigedo va a brillar, por contraste, redobladamente; no «con luz propia», como quiere el remate que suele darse a esta expresión, sino con una sorprendente luz prestada: una de doble haz en el que se mezclan el talento del pintor mierense afincado en Gijón Pelayo Ortega y los de un pequeño grupo de escogidos estudiantes de diseño digital del madrileño Istituto Europeo di Design (IED). Su insólita colaboración permitirá que, todas las tardes desde las 19.30 a la medianoche, y desde el 19 de diciembre hasta el día de Navidad, el edificio más emblemático del barroco gijonés se transfigure bajo el efecto de una inédita fusión de pintura, arte digital, intervención urbana y espectáculo audiovisual.
La idea, que partió de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson y que ha contado con la colaboración de Cajastur y del Ayuntamiento de Gijón, consiste en esencia en la transformación del lenguaje plástico de Pelayo Ortega en luz, mediante una laboriosa traducción de lo plástico a lo digital. Sobre el inconfundible perímetro de tres cuerpos de un edificio que forma parte de la identidad colectiva de la ciudad y de su paisaje más afectivo, Ortega concibió una serie de trabajos -veintidós dibujos y cinco pinturas- en los que juega con un motivo que ya había aparecido en su obra. Figuras de su mundo pictórico -la silla, la escalera, el hombre- y trazas inconfundibles en su modo de pintar han ocupado, como un peculiar soporte, el espacio de la fachada en piezas que a veces se inclinan por la exploración formal de esa superficie a través de trazos, ritmos, tramas o estallidos de color, y que en otras incorporan, como en un reflejo, elementos más narrativos que parecen absorbidos por la piedra caliza desde el exterior.
Hasta ahí el trabajo de Pelayo Ortega, que dice haberse acercado no sin cautelas a un mundo ante el que se confiesa «casi totalmente lego», pero que se ha rendido sin reservas y «sorprendido» al modo en que los jóvenes maestros de lo digital del IED han traducido no sólo sus obras sino también, incluso, los modos y los gestos de quien las ha pintado. «Lo que más me sorprendió es el modo en que, en las animaciones, han reconstruido mi manera de pintar», afirma Ortega, que aguarda «con mucha curiosidad» y convencido de que lo que resulte «merecerá la pena» el momento en que la transubstanciación de la pintura en píxeles y de estos en luz cobre cuerpo de nuevo en la intervención lumínica que, sin duda, más dará que hablar estas Navidades en Gijón.
J.C.Gea
La Nueva España
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11-Dic-2008 |
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Barrios trazados en el lienzo
Abraham Lacalle expone en Gijón desde hoy los cuadros en los que relaciona hombre y ciudad.
Abraham Lacalle (Almería 1962) inaugura hoy su exposición A la calle en la galería gijonesa Cornión. Uno de los artistas de Marlborough España, llega por primera vez con sus obra a Asturias y asegura que para él es tan importante mostrarla en este espacio asturiano, como en Nueva York, donde también ha estado, o en Sevilla, donde ahora también tiene cuadros expuestos.
Trae once piezas, óleos sobre lienzo muy recientes, algunos aún húmedos, en los que presenta su relación con la ciudad, con el entorno del hombre, la naturaleza, y la arquitectura urbana."Siempre me ha preocupado la idea de los lugares como contenedores maternales, como refugios de protección, lo que sería lo mismo nuestra relación con el entorno. Para esto he utilizado diferentes temas como metáforas de esa relación siempre conflictiva; la celda como metáfora humorística de la torre de marfil o recipiente melancólico y el viaje como catarsis del miedo al otro, al extraño", indica Lacalle.
Es colega de galería del asturiano Pelayo Ortega y hasta reconoce que sus obras tienen algo en común, aunque desde una manera absolutamente personal de trabajar.
Ante la crisis, él es optimista: "Es un buen momento para invertir, si te interesa el arte", claro que es una inversión con miras a largo plazo, nunca a corto, explica. Estaría dispuesto a pintar una cúpula de la ONU, pero nunca lo haría como lo hizo Barceló. "No me interesa esa pintura", aclara. La polémica sobre el coste de ese trabajo la entiende y la comparte: "Me parece un absoluto disparate el dinero que se ha invertido en esto. Sólo hay que pensar en que se puede comprar un zurbarán en un millón de euros".
Entiende que en la cotización de la obra de algunos artistas actuales interviene mucho el márketing, pero una vez que transcurra el tiempo, todo se pondrá en su sitio.
Como ejemplo de eso, recuerda que, cuando en 1912 Zuloaga y Sorolla presentaban en la Hispanic Society sus obras sobre España y atesoraban toda la admiración de los críticos, "hay que recordar qué estaban pintando en ese momento Picasso, Braque o Kandinsky".
Georgina Fernández
La Voz de Asturias
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6-Dic-2008 |
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Abraham Lacalle y el ciclo infinito El pintor inaugura el próximo jueves su primera individual en Asturias
El pintor de la galería Marlborough inaugura el próximo jueves su primera individual en Asturias, en Cornión, con una serie de pinturas recientes.
La galería gijonesa Cornión presentará el próximo jueves la primera exposición individual en Asturias del conocido pintor Abraham Lacalle (Almería, 1962), parte esencial de esa nómina que en los noventa dio el relevo generacional a la pintura española. La muestra se nutre de obras inéditas, todas de 2008, tras las exitosas exposiciones del artista andaluz en Madrid y Nueva York el invierno pasado.
La pintura de Lacalle sintetiza la esencia de la pintura moderna: el hedonismo matissiano, el sentido estructural de Picasso o la irónica conceptualización de Marcel Duchamp, bajo un sentido narrativo de lo cotidiano, de sus formas y objetos, que conjuga mediante eficaces eclosiones compositivas. Quizás por eso, el pintor andaluz defiende la ironía y la parodia como estímulos claves en su trabajo. Así, pretende cuestionar a través de la pintura la sociedad de consumo, asumiendo la obra como una puesta en escena de la propia vida. Abstracciones que no lo son tanto, porque la pigmentación o las formas alternan planos superpuestos y perspectivas profundas que, sugieren o imponen su propio aliento.
Sarcástico
Desde el sarcasmo, Lacalle transmuta la cotidianeidad en juego, el significante en significado, en un desorden perfectamente controlado donde una figura puede rellenarse de líneas diagonales y paralelas, de campos cromáticos, goteos o salpicaduras, de geometrías alegóricas, de arquitecturas imposibles, de objetos desordenados, para desarrollar nuevas vibraciones. Ahí descansa, sin duda, esa espontaneidad de su obra, fruto de un adulto que, emulando la pureza infantil, desarrolla su microcosmos frente al soporte.
Sus escenografías son construcciones y deconstrucciones, polimorfismos para la mirada inquieta, dispuestos para descubrir pausadamente, en cada centímetro de tela. Argumentos expresivos que tratan de dialogar con el espectador, en un complejo equilibrio cuya dificultad apenas percibimos, abrumados por esa rara armonía de elementos disonantes. En esa encrucijada todo es posible. El cielo o el desierto, un mágico 'lugar de la disolución' donde los espacios se articulan en un ciclo infinito.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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5-Dic-2008 |
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Pelayo Ortega convierte el Palacio de Revillagigedo en un gran lienzo
El Istituto Europeo di Desing proyectará veinte cuadros del pintor sobre la fachada del edificio.La Fundación María Cristina Masaveu facilita el proyecto entre el artista y 4 jóvenes diseñadores.
La luz como elemento dinamizador de un edificio emblemático. Esta es la premisa de la que parte el proyecto llevado a cabo entre el pintor Pelayo Ortega y los alumnos del Istituto Europeo di Design (IED), en Madrid. La fusión del lenguaje pictórico del artista asturiano y las nuevas tecnologías aplicadas por los jóvenes diseñadores se plasmará en un singular proyecto que tiene como inspiración y marco el Palacio de Revillagigedo. Así, una veintena de pinturas de Ortega basadas en la perspectiva del histórico edificio gijonés se proyectarán sobre su fachada principal, de 19 a 24 horas, entre los días 19 y 25 de diciembre.
El encuentro entre los creadores a través de la vía digital y el artista plástico fue posible gracias a la Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Cuatro de los alumnos más destacados del tercer curso del IED --María Grande, Enrique A. Garde, Roberto Collado y José Luis García-- becados por la entidad, trasladaron al terreno tecnológico la sensibilidad pictórica de Ortega. "El proyecto final es un trabajo, por lo menos, al 50%, fruto de la coloración entre mi obra y el IED", señaló ayer el artista durante el acto de presentación del taller experimental Pelayo Ortega y la luz. La arquitectura como lienzo . En este sentido, el prestigioso pintor explicó que se trata de su primera incursión en el mundo de las nuevas tecnologías desde el punto de vista profesional.
Reconoció que, por iniciativa propia, "nunca había llegado a un proyecto de estas características" por su condición de pintor. No obstante, cuando la fundación le planteó el reto de realizar una interpretación personal del Palacio de Revillagigedo, situado en un entorno tan conocido como la plaza del Marqués, asumió el reto de buen grado. La condición de edificio emblemático y, por tanto, familiar para los autóctonos, ayudó a Ortega a la hora de plasmar sobre el lienzo los recuerdos y sensaciones que le transmitía el palacio. Según explicó, se trata de 20 obras que muestran diferentes percepciones del edificio, 15 de ellos son "más bien gráficos, dibujísticos" y los cinco restantes, pinturas.
Por su parte, la directora de proyectos de la Fundación María Cristina Masaveu, Ana Martínez, indicó que el proyecto nació como "el reto de arrancar lo más profundo de Pelayo Ortega en relación con este edificio". En definitiva, esta instalación efímera -- las piezas se proyectarán de manera cíclica y consecutiva sobre la fachada, diez minutos cada una-- consigue mostrar, "con el arte introvertido" del pintor, "qué le sugiere el Palacio de Revillagigedo", explicó la responsable de la fundación. Asimismo, Martínez destacó que este proyecto "trata de contar con luz lo que se puede contar de otra manera".
La obra cuenta con la integración de una banda sonora basada en la obra de Joaquín Turina. Pintura, imágenes y sonido componen el argumento narrativo hilado por los jóvenes diseñadores. Por su parte, el director del IED, Manuel Jiménez, valoró positivamente el reto, "casi como un premio", ofrecido a los alumnos con esta iniciativa en la que también colaboran el Ayuntamiento de Gijón y Cajastur.
Paloma Lamadrid
La Voz de Asturias
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5-Dic-2008 |
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La obra de Pelayo Ortega se proyectará en el Revillagigedo La Fundación Cristina Masaveu impulsa la inédita experiencia digital
La fachada barroca del palacio de Revillagigedo, en uno de los enclaves de mayor belleza y carga sentimental de la ciudad de la villa de Jovellanos, se transformará en las noches del 19 al 25 de diciembre en el soporte de una inédita experiencia basada en la pintura del artista mierense afincado en Gijón, Pelayo Ortega. Una iniciativa de la Fundación María Cristina Masaveu que ha contado con la colaboración de Cajastur y el Ayuntamiento de Gijón transformará el inconfundible lenguaje plástico de Ortega en una instalación audiovisual que, en forma de proyección de diez minutos, fusionará pintura, arquitectura, intervención urbana y arte digital, merced a la mediación de un grupo de jóvenes alumnos del Instituto Europeo di Design (IED) de Madrid.
La experiencia, que se pondrá en marcha a las 19.30 del día 19 bajo el título «Pelayo Ortega y la luz. La arquitectura como lienzo», fue presentada ayer en el palacio de Revillagigedo en un acto que contó con la presencia de Ana Martínez, directora de proyectos de la Fundación María Cristina Masaveu, y de Álvaro Sánchez, en representación de la entidad de la que ha partido el proyecto; el pintor Pelayo Ortega; el director del IED, Manuel Jiménez; el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, Justo Vilabrille, y César Menéndez Claverol, responsable de Relaciones Institucionales de Cajastur, que ofició como anfitrión.
La idea, según Álvaro Sánchez, se enmarca en los principios fundacionales recogidos en los estatutos de la Fundación, cuya prioridad se centra en el apoyo al arte y a los jóvenes talentos, directriz que en esta ocasión se cumple mediante las becas concedidas a los jóvenes creadores digitales que han trabajado en la transformación de los 22 dibujos y cinco pinturas concebidas por Pelayo Ortega con la estructura tripartita de la fachada del Revillagigedo como soporte. «Afrontar mi obra a través del formato digital es algo completamente nuevo dentro de mi trayectoria», dijo el pintor, quien precisó que «lo que se a a ver es un trabajo, al menos al cincuenta por ciento, de colaboración entre mi obra y el IED».
Ana Martínez subrayó, por su parte, el carácter de «taller experimental» que se halla en la base de todo el proyecto, que «no es una apuesta al uso por la pintura o por un artista, sino que pretende extraer de lo más profundo de Pelayo Ortega sus emociones y sus sensaciones» y proyectarlas en «un lugar que forma parte de la memoria histórica de todos los asturianos».
Una exposición en la que se mostrarán los originales de Ortega para el proyecto completará esta iniciativa inédita para los próximos días navideños.
J.C.Gea
La Nueva España
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5-Dic-2008 |
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Pelayo Ortega pinta el Palacio de Revillagigedo
20 pinturas del artista se proyectarán durante siete días sobre la fachada del museo en la que supone su primera incursión en el arte digital.
Autores: Pelayo Ortega e Istituto Europeo di Design de Madrid.
Proyección: días 19 y 25 de 19 a 24 horas, durante diez minutos sobre la fachada del Revillagigedo. Es una de las imágenes recurrentes en su obra. Parte de su universo pictórico. De un modo u otro, Pelayo Ortega y el Palacio de Revillagigedo siempre confluyen. En los paseos del artista por el muelle, en sus óleos y dibujos, en su imaginación y sueños. El creador reinventa siempre el perímetro de su arquitectura y siempre lo hace de una forma distinta. Ahora, hasta veinte veces ha sido capaz el genial pintor de desestructurar sus almenas y bloques de piedra, de traducirlas a colores, cargarlos de impresiones y garabatearlos hasta la ingenuidad del grafiti para contar dos decenas de historias y las que surjan de la interpretación del público.
En realidad, son quince dibujos y cinco pinturas inspirados en «un edificio que para mí es emblemático y que me resulta muy familiar por lo que no tuve una excesiva dificultad para entrar en todo el proceso», relataba ayer Pelayo Ortega. Fue durante el acto de presentación del último proyecto creativo en el que se ha visto implicado el artista. Impulsado por la Fundación María Cristina Masaveu, Ortega ha realizado estas experimentaciones sobre la fachada palaciega que serán proyectadas gracias a un sistema digital entre los días 19 y 25 de diciembre, durante diez minutos y de forma consecutiva de siete de la tarde hasta la medianoche. El arte de Pelayo Ortega escapará de los tradicionales muros museísticos para asaltar al viandante en plena plaza del Marqués. Es ésta, obra efímera, iluminaria de ciudad en fechas señaladas como «un alivio espiritual en tiempos de crisis», en palabras del concejal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, Justo Vilabrille.
Pelayo Ortega se encargó además de recordar que «el resultado final es el 50% de mi trabajo y otro tanto de los alumnos del Istituto Europeo di Design de Madrid que me han brindado la posibilidad de hacer mi primera incursión en el formato digital». El tiempo dirá si el creador de la Marlborough seguirá o no explorando las nuevas tecnologías, pero ayer admitía que este primer intento había supuesto un paso más en su continuo aprendizaje. «Me considero ante todo pintor sin despreciar los nuevos soportes, pero me hicieron esta propuesta con tanto entusiasmo que me pareció importante entrar en ella y aprender. De aquí sacaré aspectos muy positivos para mi trabajo porque ha sido una experiencia que me interesa para enriquecer mi propio lenguaje».
La directora de este taller experimental, Ana Martínez, explicó que la Fundación Cristina Masaveu se «propuso extraer de él las sensaciones que siente sobre un espacio arquitectónico que forma parte de nuestro imaginario colectivo. Creemos que es una gran suerte poder contar con este artista para saber qué le sugiere».
El proyecto, titulado 'Pelayo Ortega y la luz. La arquitectura como lienzo', cuenta también el sello de los jóvenes artistas del IED ayer representados por su director Manuel Jiménez, quien agradeció a los organizadores la «oportunidad» que brindan a los alumnos de participar en este «proyecto mágico».
Leticia Álvarez
El Comercio
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6-Nov-2008 |
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Galería de soledades
Rábago, alias El Roto, en otro tiempo Ops, regresa a Cornión con una colección que titula 'Desayuno con colores'
Para la crítica y la sátira en tintas negro sobre blanco es El Roto. Cuando sus viñetas poblaban 'Hermano Lobo' se hacía llamar Ops, como la diosa de la abundancia, pero cuando salta del papel al lienzo, Ándres Rábago quiere ser el mismo. Por eso rescata nombre completo cuando desnuda su identidad de pintor, enfrentándose, eso sí con idéntica crítica y sátira, al mundo que le abraza y al que se habita. Lo hace ahora en Cornión, donde ya se empieza a colgar la colección que le recupera para las paredes de Gijón y que presenta el viernes bajo el evocador título 'Desayuno con colores'.
Premio Iberoamericano de Humor Gráfico, otorgado por la Universidad de Alcalá y los ministerios de Cultura y Asuntos Exteriores, Rábago acude a esta cita con su sala de cabecera con una galería de soledades, en las que el protagonista sueña, persigue, roba o juega, incluso, dibuja en medio de una paleta que cobra vida y envuelve su individualidad robándole los colores de la figura. Pero El Roto y la singularidad de su trabajo trascienden de la tela, nunca de grandes dimensiones, y se aloja en el verbo con la misma apariencia de facilidad que amuebla sus cuadros.
Pero sólo es eso apariencia. El mismo advierte en el catálogo: «Ni demasiado crudo, ni demasiado cocido; el guiso pictórico también tiene su punto justo. ¡Pero resulta tan difícil dárselo!»
Con esta sentencia conviven otras tan sutiles como que «toda pintura es ocultación: de la tela, del dibujo, de las capas subyacentes. Paradójicamente ese acto de ocultación debe resultar revelador. Mucho trabajo, pero que no se vea», escribe el creador que nació en el Madrid de 1947.
Paché Merayo
El Comercio
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5-Nov-2008 |
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La otra cara de "El Roto"
Andrés Rábago, más conocido como El Roto presentará su cara menos conocida desde el próximo viernes en la galería Cornión de Gijón.
Desayuno con colores revela a un pintor muy clásico, figurativo y, como opina el galerista de Cornión, Amador Fernández, "cargado de humanidad, místico. Es un hombre preocupado por la espiritualidad".
Para los admiradores de El Roto , esto es una historia muy distinta. El mismo Rábago quiere dejar muy clara la diferencia entre su labor de ilustrador y la de pintor. Hay que olvidarse de su humor negro, de la sátira despiadada, y observar los cuadros de colores planos que trae a Gijón. Se trata de 15 piezas, la mayoría óleos sobre lienzo (la foto de esta página es de la obra Desayuno y también 3 dibujos, todo ello de su trabajo de los últimos años.
El propio artista expresa sus ideas sobre el arte, al hilo de esta exposición: "Cada pintor tiene que recorrer toda la historia de la pintura, del mismo modo que el feto atraviesa toda la historia de la creación". Rábago desgrana sus pensamientos frase a frase: "Toda pintura es ocultación: de la tela, del dibujo, de las capas subyacentes. Paradójicamente ese acto de ocultación debe resultar revelador". Personaje en sí mismo, El Roto forma parte de la historia de la transición española, no solo por su obra, sino por su propio protagonismo en ella. Amigo del expresidente Felipe González, podría si quisiera contar muchas cosas de aquella famosa bodeguilla de La Moncloa.
Sus viñetas cargadas de humor negro nos cantan las verdades a la cara y revelan las debilidades de la política y de la sociedad.
En su pintura, en cambio, el lenguaje no es tan directo. Plasma escenas cotidianas y algún paisaje. Los rostros no tienen protagonismo, pero sí las figuras y su marco de acción, que se mueve entre lo real y lo imaginario.
Estos son algunos otros de sus aforismos: "Muy a menudo la abundancia de elementos simbólicos exige la abstracción como área de descanso", "Pintar como quien amasa, como quien bate la grasa de la leche para hacer mantequilla. Así de jugoso, así de alimenticio", "A los cuadros mal pintados se les escapa la vida por las juntas mal selladas".
El, que a través de sus trabajos en prensa a veces nos deja un regusto amargo a primera hora del día, titula su exposición Desayuno con colores , como contrapeso a sus ilustraciones. "El tiempo en pintura es siempre discontinuo, a veces avanza, otras retrocede o permanece estático, ese carácter ahistórico le salva de quedar sepultado entre las antigüedades , dice el artista, que añade: "Pintar no puede ser marcar una idea como quien marca una res para afirmar la propiedad. Las ideas no nos pertenecen, al intentar marcarlas sólo conseguimos marcar nuestros propios lomos".
Georgina Fernández
La Voz de Asturias
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1-Nov-2008 |
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Doce meses con Aurelio
La obra del pintor gijonés fallecido en 2003 conocerá a lo largo del próximo año una difusión sin precedentes gracias a la edición de sus 6.000 calendarios de mesa ilustrados con más de 400 obras pertenecientes a todas las épocas y formatos del artista.
El 1 de enero de 2009 señalará el inicio de un año muy especial para la difusión de la obra del pintor gijonés Aurelio Suárez. No es que la fecha marque ninguna efeméride especial relacionada con la vida o la obra del artista: para eso habrá que aguardar al primer centenario de su nacimiento, en 2010, o a los siete años desde su fallecimiento, en 2003. Tampoco hay prevista ninguna exposición particularmente importante de su trabajo. Y sin embargo, la obra del personalísimo artista gijonés estará a la vista en más lugares que nunca hasta la fecha, y ante más ojos de los que nunca hayan contemplado su legado. Sucederá gracias a la edición de una extensa tirada de calendarios de mesa ilustrados con obras de Aurelio Suárez: casi 6.000 ejemplares en los que se han impreso unas cuatrocientas piezas de todos los formatos y épocas del pintor gijonés.
La iniciativa se ha podido concretar merced a la participación de una treintena de empresas asturianas que han patrocinado publicitariamente el lanzamiento de los calendarios, presentados en una caja de plástico similar a la de los compact-disc, que además, una vez abierta, servirá de soporte. Dentro de ellas, cada uno de los meses, además de la portada, presentará como ilustración una obra distinta de Aurelio Suárez. Pero lo más peculiar de la operación, y lo que le da su excepcional amplitud, es el hecho de que cada uno de los patrocinadores tendrá su propio y exclusivo calendario: una auténtica incitación para aquellos que se interesen en la obra aureliana y que posean la misma pulsión de coleccionista que mostró el pintor gijonés. Además de las ilustraciones, los calendarios contarán con una biografía del pintor y un texto a cargo del escritor y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA Juan Carlos Gea.
Por el momento, son 28 las empresas que se han implicado en este peculiar obsequio de fin de año que, a la vez, constituye la mayor operación de difusión de una obra que permaneció durante décadas retirada de los ojos del gran público y que, desde la muerte del artista, en abril de 2003, ha ido convirtiéndose en una referencia cada vez más familiar en su ciudad natal y fuera de ella, merced al encadenamiento de exposiciones individuales y publicaciones en muy diversos formatos: catálogos, recopilaciones de obra en ediciones especiales o las colecciones temáticas de postales que han ido apareciendo en los últimos años, y que aún se prolongarán con, al menos, dos nuevas ediciones dedicadas a distintos enfoque sobre el multiforme universo de Aurelio Suárez. A la espera de estas y otras iniciativas, la «invasión» que supondrán los calendarios aurelianos contribuirá de un modo cotidiano y a la vez persistente a la presencia ante miles de ojos de una iconografía rica y peculiar como pocas del arte español del siglo XX.
EL AURELIANISMO es algo más que el conjunto de la abundantísima y en buena parte secreta obra que legó a su muerte el pintor gijonés Aurelio Suárez (1910-2003). En ese término, acuñado de manera temprana por el propio artista, se resumen también un sistema, una actitud y una práctica determinada de la pintura, caracterizados por su radical libertad de ejecución, su metódica entrega al trabajo y la organización de la obra en unas pautas que, en cierto sentido, trascienden la pieza individual y la hacen formar parte de un peculiar y orgánico universo.
Durante seis décadas, Aurelio Suárez pintó incansable y disciplinadamente los seres y los paisajes de unos mundos mentales elaborados en cada sesión de trabajo a partir de sus experiencias cotidianas u oníricas, creando un territorio pictórico que se plasmó en tres modalidades artísticas, cada una de ellas con sus propias pautas y dimensiones fijas: los óleos, los gouaches y los bocetos, nombre éste referido no a estudios preparatorios, sino a series de dibujos a tinta y lápiz de muy variada temática.
Apartado voluntariamente de los circuitos expositivos desde 1961, aunque bien conocido en círculos especializados y entre los coleccionistas españoles, el aurelianismo ha empezado a divulgarse a través de abundantes muestras y publicaciones después de la muerte del artista, en 2003.
J.C.Gea
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29-Oct-2008 |
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Torazo da vida al viejo roble moribundo
El artista maliayés Pablo Maojo aprovechó el árbol centenario para inspirarse en el diseño de la escultura que conmemora el premio «Pueblo ejemplar».
Torazo ha querido recordar el día de la concesión del premio «Pueblo ejemplar de Asturias» 2008 de una forma diferente, huyendo de la tradicional placa sobre una piedra. Así, optó por una obra del artista maliayés Pablo Maojo.
El alcalde de Cabranes, Alejandro Vega, señala que «nos decidimos por una escultura de arte de vanguardia, para innovar, ya que habitualmente se recurre al típico soporte de piedra o similar». Vega añade que «con un premio que, entre otras cosas, resalta el haber sabido actualizar tradiciones ancestrales, era necesario un toque de modernidad que creo lo aporta esta escultura». El regidor considera que «la materia también es muy importante, madera de roble, pues es un homenaje también a la naturaleza y al robledal del Campu de la Sienra donde se ubica». La elección de Maojo como el artista encargado de esta obra se debió a que «es uno de los mejores escultores asturianos, y es de la Comarca de la Sidra», según Alejandro Vega.
El artista realizó dos piezas escultóricas, que «se encuentran en diálogo con un roble moribundo que está justo en el centro del robledal del Campu de la Sienra, entre la capilla y la nueva bolera», como señala el propio Pablo Maojo. Este roble tuvo que ser podado al haber sido afectado por un rayo. Lo sorprendente es que sobrevivió y aún mantiene algunas ramas. Así, para el escultor, «estas piezas nuevas parecen abrazarlo, acudiendo en su ayuda y en todo caso ellas quedarán allí cuando el roble falte». Además, este árbol moribundo «simboliza el ocaso de la cultura agraria tradicional y el situar dos piezas nuevas de roble quiere reflejar el nacimiento de un nuevo mundo rural que debe saber aprovechar la tradición del pasado», en clara alusión a Torazo.
Alejandro Vega añade que «Maojo tampoco se ha olvidado en esta obra de la diáspora cabranesa en la emigración». Las piezas les representan, según el artista, al «disgregarse hacia los cuatro vientos. Además, incorporan los colores del escudo de Cabranes: verde del árbol. amarillo del sol y rojo del fondo del escudo».
La pena fue que Pablo Maojo no pudo estar presente en el momento de su descubrimiento por parte de los Príncipes de Asturias, ya que se encontraba disfrutando de su luna de miel al otro lado del Atlántico. El mismo día que terminó la escultura, el martes 21 de octubre, salió de viaje. El Alcalde desrtaca la «¿casualidad?» en el discurso de don Príncipe con motivo del acto de entrega del premio «Pueblo ejemplar» en el que citó un poema de Alfonso Camín, «El retorno a la tierra», que hace referencia al roble. «Se trata de un poema cargado de la nostalgia del Alfonso Camín emigrante en el exilio».
En Torazo nada parece que quedara al azar el pasado sábado. El apego a las tradiciones y la añoranza de emigrado constituye parte de la idiosincrasia de este concejo. Pablo Maojo así lo ha sabido captar y transmitir al gran público. Este artista de Villaviciosa ha realizado distintas exposiciones tanto en España como en otros países. Además, ha estado presente en las ferias más importantes del circuito internacional de arte contemporáneo y en bienales.
Redacción
La Nueva España
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26-Ago-2008 |
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Areces: Hay que poner a Aurelio en el lugar que le corresponde
El presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, inició ayer su agenda oficial de actividades tras el paréntesis de las vacaciones con una visita a la exposición «Infantilismo aureliense», selección de obras del artista gijonés Aurelio Suárez (1910-2003) que se expone hasta el próximo 7 de septiembre en la galería Cornión. Tras declararse «profundo admirador» de la obra del pintor, Álvarez Areces animó a «ponerlo entre todos en el lugar que le corresponde en el arte español».
«Aurelio Suárez es uno de los grandes artistas, no sólo de asturianos, sino españoles, del arte español contemporáneo», afirmó el presidente autonómico, que recorrió la muestra en compañía de la directora regional de Promoción Cultural, Consuelo Vega, en una visita guiada por el hijo del pintor y comisario de la exposición, Gonzalo Suárez y en presencia de anfitrión, el galerista Amador Fernández Carnero. Al término de la misma, Areces animó a Suárez a continuar con la «labor de divulgación» de un pintor «que pasó desapercibido para muchos de sus propios paisanos hasta hace poco», y se comprometió a «seguir ayudando» en dicha tarea.
La muestra reúne material perteneciente a la colección familiar y algunas colecciones privadas en el que se refleja la labor de Aurelio Suárez al margen de sus formatos más regulares de trabajo, desde bocetos para carteles hasta dibujos o felicitaciones que solía regalar a sus allegados. Una obra, dijo Álvarez Areces, «que sorprende y admira» y que muestra «el singular sentido de interpretación de la vida y la capacidad expresiva» de su autor.
La muestra se complementa con un dibujo-poema del artista gijonés Miguel Mingotes, que también asistió al acto.
J.C.Gea
La Nueva España
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8-Ago-2008 |
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Solicitan una zona verde en recuerdo de Rubio Camín
Una zona verde con el nombre de Joaquín Rubio Camín. Con ese deseo de rendir homenaje al escultor y pintor asturiano, y más de 100 firmas bajo el brazo, un grupo de ciudadanos se dirigió ayer al registro del Ayuntamiento para hacerle llegar su propuesta a la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso. El escultor, fallecido el año pasado, es autor de obras como el Obelisco de la Avenida de la Constitución o el Génesis del parque de Begoña está fuertemente vinculado a la ciudad, donde presentó, además, numerosas exposiciones.
"Es incongruente que un artista que está tan presente en las calles de esta ciudad no tenga abierto un espacio en el callejero", afirmó Enrique Arenas, uno de los solicitantes. La senda del Cervigón fue una de las zonas concretas que se propusieron en el encuentro. Los ciudadanos se mostraron optimistas ante la buena disposición del Ayuntamiento. "La alcaldesa acogió con agrado la iniciativa", comentó Amador Fernández, antiguo compañero de Rubio Camín.
Nacho Bartolomé
La Voz de Asturias
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8-Ago-2008 |
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Un espacio verde de la ciudad llevará el nombre del artista Joaquín Rubio Camín
Un espacio verde de la ciudad podría llevar el nombre del escultor gijonés Joaquín Rubio Camín. Así cabe anticiparlo, al menos, por la «receptividad» y el «agrado» con que recibió ayer la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, una petición respaldada por un centenar de firmas de allegados y artistas vinculados al escultor fallecido el pasado diciembre, y nucleados en torno al que fuera su galerista, Amador Fernández Carnero.
«Porque estamos ante el recuerdo de una persona que con su increíble fuerza creadora realizó una ingente labor cultural en Asturias y en su ciudad, y porque no es fácil pasear por Gijón sin tropezarse con su memoria en forma de obra artística es por lo que, entre otros múltiples merecimientos, pedimos que se abra un espacio en el callejero para que recuerde a este ilustre gijonés y genial artista», argumenta el escrito que ayer entregaron a la regidora, Fernández Carnero, el artista y poeta Miguel Mingotes y el periodista Enrique Arenas.
La petición específica de una zona verde que lleve el nombre de Camín responde, según los portavoces de los firmantes, a «un vínculo con la naturaleza que estuvo presente de forma esencial en su vida y en su obra». Nada se concretó, no obstante, de la posible zona verde dedicada al artista.
J.C.Gea
La Nueva España
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8-Ago-2008 |
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Rubio Camín dará nombre a una zona verde en Gijón
El Cervigón, la rotonda de Foro y el parque situado frente a EL COMERCIOson las tres posibles opciones.
El nombre de Joaquín Rubio Camín asalta al gijonés casi a cada vuelta de la esquina. A través de su obra, de su firma, el artista aparece en fachadas de edificios, saluda desde sus impresionantes esculturas erigidas en plena calle, aguarda la mirada curiosa en los museos y colecciones y sorprende con su idea del diseño desde muchos comercios y chigres. Pocos saben que además de esas inagotable vertientes creadoras, todas las iglesias del Gijón urbano, a excepción de la de San José, contienen alguna de sus expresiones artísticas en forma de vidrieras, cristos y otras maneras de imaginería religiosa. A pesar de ello, la ciudad tiene una deuda con este creador que falleció el 28 de diciembre de 2007. Ninguna calle, avenida o parque recibe su nombre y ello a pesar de haber sido distingido con la Medalla de Plata del Principado y de haber donado al Ayuntamiento el origen de su obra.
Ahora, tras la iniciativa puesta en marcha por un grupo de amigos y admiradores de Camín, a la que se sumó EL COMERCIO, el escultor y pintor dará finalmente nombre a una zona verde de la ciudad con la suficiente entidad como para hacer justicia a su talla artística y personal. Tras reunir firmas de apoyo, la plataforma mantuvo un encuentro con la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, quien recibió de buen agrado la petición y se comprometió a tramitarla lo más pronto posible.
Una comisión de expertos analizará el asunto, tras conocer la opinión de la familia de Camín, que en principio plantea la posibilidad de que la zona verde que lleve su nombre sea la del Cervigón, cerca de la escultura 'Recuerdo' por él realizada con parte de los restos del buque 'Castillo de Salas' que se hundió frente a la costa gijonesa.
Otra posible opción sería el final de la avenida de la Constitución donde se levanta su Obelisco, el mismo que primero estuvo en Begoña, y finalmente se baraja también la posibilidad de que Camín dé nombre al parque que se sitúa frente a las instalaciones de este diario, en la zona del Parrochu, y que aún no ha sido bautizado. La elección final dependerá del consenso al que lleguen Ayuntamiento y familiares de Camín, que ante todo desean que se trate de una zona abierta y verde. Los vínculos del escultor y pintor con la ciudad son indiscubles a pesar de que decidió instalar su residencia y estudio en una casa en Valdediós, donde se encontraba, como quería, en contacto con la naturaleza.
Leticia Álvarez
El Comercio
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14-Jul-2008 |
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Un parque para Camín
Un grupo de amigos y admiradores del artista pone en marcha una campaña de recogida de firmas para que el Ayuntamiento de su nombre a una zona verde
El hombre murió pero el artista sigue vivo. Por eso, para que siempre siga en el recuerdo, un grupo de amigos y admiradores de Joaquín Rubio Camín acaba de poner en marcha una campaña de recogida de firmas para que el Ayuntamiento de Gijón dé su nombre a una zona verde de la ciudad.
El pintor y escultor, premio de Cultura de EL COMERCIO en 2004, «realizó una ingente labor cultural en Asturias y en su ciudad», tanto que «no es fácil pasear por Gijón sin tropezarse con su memoria en forma de obra artística». Esa es la razón por la que consideran necesario «un espacio en el callejero para que recuerde a este ilustre gijonés y genial artista».
Para sumarse a la campaña basta con acercarse a la librería y galería de arte Cornión, en el número 45 de la calle de la Merced, donde se puede dejar la firma. También es posible hacerlo por internet a través de elcomerciodigital, donde sólo es necesario rellenar un formulario con el nombre y el número de identidad.
Joaquín Rubio Camín falleció en Gijón el 28 de diciembre de 2007 tras una vida llena de fecundidad creadora. Nació en el año 1929, en la calle de Cabrales, y en Valdediós tenía su estudio y residencia, pero siempre vivió en Gijón, donde desarrolló su trabajo y donde están la mayor parte de sus amigos y admiradores.
En el año 1947 inauguró su primera exposición en la sala Cristamol, en Gijón, y en 1951 se trasladó a Madrid en donde alcanzó difusión nacional. En el año 1962 recibió el Gran Premio Nacional de Escultura y en esta década su obra alcanzó difusión internacional con la participación en las bienales de Sao Paulo y Venecia.
En 1975 regresó a Asturias desde donde su obra viajó a todos los rincones y llegó a importantes museos, así como los lugares públicos de muchas ciudades, especialmente de Gijón.
Su bibliografía como gran hombre y genial artista es extensa. En el año 2001 recibió la Medalla de Plata del Principado y en 2002 donó el origen de su obra al Ayuntamiento de su ciudad, que fue recibido como «una joya que sólo puede provocar agradecimiento».
Redacción
El Comercio
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12-Jul-2008 |
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Fernando Peláez realiza el cartel de la 52.ª edición de la Feria de Muestras
Fernando Peláez, es el autor del cartel de la 52.ª Feria Internacional de Muestras de Asturias, una obra en la que el artista ha querido lograr una perfecta integración de la iconografía propia de su obra titulada «La víspera indeleble», con el mensaje de la Cámara de Comercio de Gijón y la Feria de Muestras de Asturias.
Fernando Peláez, natural de Gijón, es un artista formado en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo que desde 1988 ha venido desarrollando de forma pública su faceta como artista, mostrándonos su obra a través de exposiciones colectivas e individuales en Asturias.
Redacción
La Nueva España
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5-Jul-2008 |
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Espontaneidades
La galería Cornión presenta 'Infantilismo aureliense', una nueva propuesta en torno a la pintura de Aurelio Suárez.
Si la pasada semana el Museo Antón de Candás inauguraba una muestra sobre el universo femenino de las pinturas de Aurelio Suárez (Gijón, 1910-2003), ayer le tocó el turno al universo infantil en la galería Cornión, que presentó una colección de gouaches con formatos poco habituales en el artista asturiano. La exposición incide en las singulares pautas expresivas de su legado, con un nuevo pretexto temático como eje del conjunto.
Decíamos la pasada semana que las catalogaciones temáticas o cronológicas no tienen demasiado interés al abordar las pinturas de Aurelio Suárez, pero considerando la espontaneidad y la ternura como dos elementos característicos, podríamos entrar en ciertos planteamientos discursivos que enlazarían tangencialmente con el mundo infantil. El empleo de la línea gruesa y clara, el color integrado siempre en el dibujo, el carácter lúdico de las composiciones y algunos guiños iconográficos se proyectan hacia ese ámbito donde, no obstante, la esencialidad plástica es el valor primordial. Usando lo antiestético como base para una ácida crítica social y concienzudamente sarcástica, la obra de Aurelio Suárez se redefine como absolutamente personal y, sin duda, única en el circuito expositivo.
Redacción
El Comercio
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28-Jun-2008 |
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Un genio escrupuloso
La exposición de Aurelio Suárez en Candás es la novena individual que se organiza tras el fallecimiento del artista. Las anteriores ocuparon el Museo de Bellas Artes de Asturias (Oviedo, 2003), el Museo Jovellanos (Gijón, 2004), la galería Durero (Gijón, 2004 y 2005), la galería Vértice (Oviedo, 2005/06), la galería Guillermo de Osma (Madrid, 2007) y la galería Cornión (Gijón, 2007 y 2008). Ésta última abrirá el próximo viernes otra individual del artista.
Cada una trató de ofrecer una lectura temática de su legado, catalogando numerosas piezas de este creador tremendamente prolífico que, como el lector sabrá, desarrolló su quehacer de una manera muy metódica. En este sentido, no hay que dejarse engañar por el aparente desorden formal que puede surgir tras una contemplación parcial de su obra, que el pintor realizaba en series anuales, bajo un título más o menos genérico y una unidad estilística de complejos análisis que numeraba estrictamente y fechaba según un orden preestablecido, sin considerar el día, mes o año en que verdaderamente se pintaban.
En una sección del catálogo de la exposición de Candás se ofrecen datos numéricos sobre la estructuración de la obra de Aurelio Suárez. El pintor gijonés no hacía eso para despistar al espectador sino, muy al contrario, para desarrollar un estricto empeño personal, con el fin de realizar doce óleos y doce guaches cada temporada, coincidiendo con los doce meses del año. Además, realizaba bocetos en series de cien dibujos y aguadas anuales, en pequeño formato, bajo ese 'tamaño-maleta' que el propio autor declaraba como ideal para sus intereses.
Tratando de ser fiel a esa seriación anual, Aurelio Suárez intentó terminar cada serie. Por eso, como ya he escrito en varias ocasiones aquí, la cronología y la estructuración temática no tienen demasiado interés a la hora de estudiar su legado porque, entre otras cosas, una pieza fechada en un instante concreto puede haber sido realizada mucho tiempo después. El pintor, escrupuloso con su método, no consideraba un cuadro terminado en base a los criterios historiográficos, ni quería relacionarse con analistas, críticos, periodistas o gestores de exposiciones. Sólo abría su estudio a amigos y coleccionistas cercanos. Era, en fin, un maniático auténtico, con las ideas claras, consciente de lo que hacía y muy harto de las tonterías que rodean a nuestro circuito.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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28-Jun-2008 |
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Nuevas miradas sobre un artista asturiano. Ventanas al mundo aureliense
Dos amplias exposiciones mostrarán desde Gijón y Candás parte de la obra de Aurelio Suárez.El Museo Antón estrenó 42 piezas sobre la mujer y Cornión presenta el día 4 su universo infantil.
Los numerosos admiradores de la obra de Aurelio Suárez (Gijón, 1910-2003) tienen durante el próximo mes, y hasta septiembre, la oportunidad de disfrutar de más de 150 obras del artista en dos exposiciones. Una de ellas se inauguró ayer en el Museo Antón de Candás y, por resumir, se puede decir que se centra en el universo femenino de su pintura. La otra se estrena el próximo día 4 en la galería gijonesa Cornión y aborda su mundo infantil.
En Candás, La mujer. El aurelianismo plantea en 42 piezas la visión de la mujer en la pintura de este peculiar artista, con una obra tan personal. Son óleos, guaches y bocetos y una talla en madera encerada, de 1956 y que, según Alfonso Palacio, profesor de arte que se encarga de los textos de ambas exposiciones, es "muy interesante" y tiene un "aire primitivista".
Lo que pretende la muestra es reflexionar sobre la imagen de la mujer en la obra del artista, que la retrata como madre, símbolo sexual o realidad evocadora. Palacio explica que la mujer que pinta Suárez aparece muchas veces como un ser andrógino, lo que hace conectar a su obra con la pintura surrealista que se hacía en España en los años 30 y, según este experto, más concretamente con dos pintoras: Maruja Mayo y Remedios Varo.
A mitad de camino entre lo masculino y lo femenino, en esa talla de madera y en muchos de los óleos de esta exposición que se inauguró ayer con la presencia del presidente del Principado, Vicente Alvarez Areces, esas obras conectan también con determinadas facetas de la pintura surrealista española con la que el artista asturiano conectó durante su estancia madrileña en 1933 y 1934. Más concretamente con la obra de nombres como Alberto Sánchez, Benjamín Palencia, José Caballero o Antonio Rodríguez Luna.
Entre lo más interesante se pueden destacar, además de la talla, las obras Lunares , de 1932; Venus rubia , de 1938, que reúne sus visiones onírica, organicista y biologista; o también Lunofilia , de 1954, un óleo sobre lienzo que expresa muy bien las atmósferas silenciosa y metafísica de la pintura de Aurelio Suárez, como apunta Palacio.
En Cornión estará el mundo infantil del artista: dibujos de finales de los años 20 y 30, realizados con guache, tinta y lápiz, principalmente sobre papel, de variada temática y procedentes de colecciones particulares; también, dibujos de los años 40 y 50 que tenían como objetivo la felicitación y que tienen también temáticas variadas: paisajes, escenas marinas o bodegones, plasmados en guache, tinta y lápiz sobre papel y, por último, un grupo de felicitaciones de navidad, que remitió a familiares y amigos y que son piezas muy interesantes por poco conocidas.
En su acercamiento al mundo del niño, Aurelio Suárez se muestra "como un autor plenamente moderno", afirma Palacio.
El profesor se refiere en el cuidado catálogo que publica Cornión, con motivo de esta muestra, a las tiras cómicas del artista, que realizó durante 1930 y 1931 para el diario La prensa de Gijón. Orientadas, tanto para un público infantil, como para el adulto, sorprenden por la originalidad de su planteamiento formal y por su lenguaje renovador.
Son dibujos, explica Palacio, en los que el artista plasma ya un universo muy particular, lleno de ingenuidad y lirismo con cierta tendencia hacia lo surrealizante, y que "por su originalidad lo permiten incorporar al grupo de artistas renovadores de este medio de expresión que hubo en España durante aquella época.
Asturias está programando distintas exposiciones para dar a conocer la obra de Aurelio Suárez, un artista que, por su particular personalidad, no expuso casi durante su vida. Es desde su fallecimiento, en el 2003, cuando sus herederos colaboran para que pueda conocerse su legado artístico. No se ha hecho aún la gran exposición que este autor merece. Desconocido hasta para los expertos, su talla va creciendo con cada exposición que se presenta y para los pocos especialistas de su obra, se trata de uno de los mejores pintores de Asturias de todos los tiempos.
Georgina Fernández
La Voz de Asturias
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27-Jun-2008 |
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El Museo Antón inaugura hoy La mujer y el aurelianismo
La exposición de Aurelio Suárez se exhibirá hasta el 7 de septiembre.
El Museo Antón de Candás inaugura esta tarde la muestra «La mujer y el aurelianismo», que compendia la visión del tema femenino que desarrolló a lo largo de su fecunda y peculiar trayectoria artística el pintor Aurelio Suárez (Gijón, 1910-2003). La exposición, que permanecerá abierta hasta el 7 de septiembre, es la primera de las dos que marcarán la fuerte impronta aureliana en el programa expositivo de este verano; la segunda, cuya inauguración está prevista para el 4 de julio en la galería gijonesa Cornión, es «Infantilismo aureliense», que en este caso realizará una panorámica sobre el tema de la niñez en el universo de Aurelio.
Las más de 35 obras de todos los formatos trabajados por el pintor -bocetos, gouaches y óleos- desvelan, en palabras del autor del texto del catálogo, Alfonso Palacios, una mirada «poliédrica» sobre un tema que Aurelio abordó «como referente sexual y como contenedor de lo femenino». La muestra, que será la primera en exhibir una escultura de Aurelio Suárez, se complementará con una conferencia sobre el mismo tema de la exposición que ofrecerá el próximo 11 de julio, en el centro polivalente de Candás, el responsable del departamento de pintura del siglo XIX en el Museo del Prado, Javier Barón.
Con ocasión del acontecimiento se han editado, además, dos publicaciones: un catálogo de características especiales editado por el propio Museo Antón, y una colección de reproducciones de todas las obras expuestas bajo especie de postal, continuando la colección de temas aurelianos que se vienen publicando en los últimos años en este formato, que Aurelio coleccionó durante toda su vida. El volumen de postales está patrocinado por la empresa de construcciones Ángel Custodio.
J.C.Gea
La Nueva España
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25-Jun-2008 |
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Surrealismo en el Museo Antón
La pinacoteca candasina inaugura pasado mañana su exposición estrella de la temporada, una visión de la mujer del genial pintor gijonés Aurelio Suárez.
Cuando falleció, Aurelio Suárez (1910-2003) era prácticamente desconocido para el gran público, y nunca había gozado de una exposición suficientemente representantiva de su espectacular quehacer pictórico, pese a los esfuerzos de muchos especialistas regionales y nacionales. Desde entonces ha habido varias individuales, catalogaciones y ediciones que mostraron parcialmente su obra, a expensas de esa necesaria gran muestra antológica que exhiba con garantías el espíritu de su legado.
Pasado mañana, el Museo Antón inaugurará una nueva exposición del artista gijonés que, bajo el título 'Mujer y Aurelianismo', estará centrada en los universos femeninos de su pintura.
El conjunto expuesto señalará sus personales maneras que, desde finales de los años veinte, le han permitido crear en absoluta libertad, con su ideario fantástico y sus enigmáticas composiciones. Una vez más, advertiremos esas realidades del subconsciente que movían sus complejos pasos, en universos oníricos que habitaban su mente y nunca se dejaron llevar por los automatismos dogmáticos. Muy al contrario, Aurelio Suárez era metódico y reflexivo, amigo del oficio, con excitantes tensiones entre forma y color y un excepcional rigor dibujístico. Sin grandes alardes técnicos, sus obras aportan soluciones de gran belleza y síntesis plástica.
Al pintor le intrigaba el cuerpo humano, resultado de sus iniciados estudios de medicina, y no perdía ocasión de demostrar sus conocimientos anatómicos. Solía emplear elementos verticales, mutaciones entre formas humanas y animales, calaveras, arquitecturas y monstruosos sueños de la razón, siempre ilustrados con sugestivos títulos.
Su figuración, con ciertos efluvios expresionistas, tampoco despreciaba los juegos geométricos o las compociones abstractas que, siempre en pequeños bocetos, definía en pequeñas tintas sobre papel.
En esta exposición, que aporta también óleos y guaches, abundan los retratos andróginos, los símbolos femeninos y las referencias sexuales, patentando sus premisas, al margen de temáticas.
La clandestinidad de Aurelio Suárez, su marcada independencia y su voluntario aislamiento en la gijonesa calle de Marqués de San Esteban contribuyeron a alimentar un mito que ya debería estar junto a los grandes pintores del siglo XX.
Su obra sigue llena de incógnitas, desde su peculiar metodología de trabajo en series hasta su insólita aportación estética, que sitúa más allá de cualquier surrealismo al uso. Puestos a buscar referencias más o menos directas, habría que analizar momentos muy puntuales de la historia, entroncando con artistas imaginativos pero dispares, como El Bosco, Magritte, Masson o Grosz. Pero Aurelio Suárez, aunque también apostó por cierta intención testimonial desde una realidad embrutecida y una ácida crítica social, desarrolló una obra intransferible.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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20-May-2008 |
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Un catálogo especial adelanta la inauguración de La mujer y el aurelianismo
La monográfica del gijonés Aurelio Suárez llega al Museo Antón en julio.
La edición de un catálogo en formato especial dedicado al recientemente fallecido artista Joaquín Rubio Camín y prologado por un texto de Alfonso Palacio («La imagen de la mujer en la pintura de Aurelio Suárez») sirve ya de pórtico a la exposición del pintor gijonés Aurelio Suárez (1910-2003) que, bajo el título de «La mujer y el aurelianismo», exhibirá el Centro de Escultura de Candás Museo Antón, a partir del próximo 27 de junio. La nueva incursión en la pintura del centro candasín ofrecerá en esta ocasión una sugestiva visión transversal de la obra de Aurelio, en la que su tratamiento del tema femenino servirá como hilo conductor y que excepcionalmente incluye la primera escultura del gijonés -una talla en madera de resonancias africanas-, que se expone en una de sus muestras.
La publicación cuenta con sendos textos de salutación del presidente del Patronato del Museo, Ángel Riego González, y de su directora, Dolores Villameriel Fernández, que destacan la singularidad de la muestra por la «excepcional pasión creadora» de Aurelio y su carácter de «artista poco al uso». Unos retratos fotográficos y autorretratos pintados del artista fundidos con fotografías y obras de Antón sirven, a su vez, de pórtico a una selección gráfica que reproduce la obra seleccionada, inédita en buena parte: 5 óleos, 12 gouaches y 21 bocetos reunidos para la muestra y procedentes de diversas colecciones.
La publicación se completa con una exhaustiva relación de las obras expuestas, en la que se indican sus respectivos datos de catalogación y, en su caso, las referencias de exposiciones previas, aparte de una descripción de la estructura de la obra aureliana y una completa documentación relativa a la trayectoria y las publicaciones sobre el pintor. Además del catálogo, la monográfica ha motivado la edición de una tirada especial de marcadores de libros y de invitaciones que reproducen en formato postal.
J.C.Gea
La Nueva España
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8-May-2008 |
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El Museo Antón edita postales de Aurelio Suárez sobre la mujer
Una tirada especial reproduce 16 obras que se expondrán en Candás coincidiendo con la conferencia de Javier Barón.
El Centro de Escultura de Candás Museo Antón ha realizado una tirada especial de invitaciones que representa, en formato postal, dieciséis obras del desaparecido pintor gijonés Aurelio Suárez, con motivo de la conferencia que el próximo 11 de julio va a impartir en el Edificio Polivalente «La Baragaña», en la villa candasina, Javier Barón.
El jefe del Departamento de Pintura del siglo XIX del Museo Nacional del Prado disertará sobre «La mujer en la obra de Aurelio Suárez» en el marco de la exposición que, dedicada a este mismo tema, se exhibirá en el Museo Antón, en Candás, entre los días 27 de junio y 7 de septiembre, en un kkkkverano que también contará con una segunda muestra dedicada a la obra aureliana: «Infantilismo aureliense», expuesta a partir del día 4 de julio en la galería gijonesa Cornión.
Obra escogida
Las obras escogidas, todas ellas parte de la muestra y representativas de distintas épocas y de los distintos formatos plásticos aurelianos, son, por orden cronológico «Paquita Gómez» (del año 1927), «Lunares» (1932), «Venus rubia» (1938), «Meditación» (1939), «Tarde de sábado» (1943), «Joven montada en bicicleta» (1946), «Dos desnudos» (1953), «Lunafilia» (1954), «Saula» (1984) y los bocetos «autorretrato» (1946), «mujer a la sombra del diablo» (1953), «infantilismo aureliense» (1967), «máscara» (1977), «cabezaurelio» (1973) y «burrilaquia» (1988).
Otra de las postales representa el haz y el envés de una talla en madera sin título realizada con anterioridad al año 1956, que será una de las piezas más atractivas de la muestra, por cuanto se trata de la primera escultura que se expone en una muestra del artista gijonés.
«La mujer y el aurelianismo», que ofrecerá una visión en extensión y en profundidad de uno de los temas más frecuentados y queridos por Aurelio Suárez, se complementará, además, con la edición de un catálogo en formato especial y con una tirada de marcadores de libros.
J.C.Gea
La Nueva España
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4-May-2008 |
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Plans prepara un homenaje a Camín que recupera su voz en un libro
Bajo el título 'Camín de camino', la publicación incide en su faceta de ilustrador, reúne entrevistas, retratos y una serie de animales literarios, además de un texto del escritor.
Joaquín Rubio Camín moría en diciembre y desde entonces cada gesto de sus amigos llega acompañado de un guiño a su recuerdo. Catálogos de muestras de arte dedicadas a su memoria, pompas de jabón en honor de su enorme sentido del humor y una exposición de su compañero de pinceles primeros Antonio Suárez (programada en Cornión para el mes de setiembre) han ido dando forma a pequeños homenajes a los que ahora se suma otro, esta vez en forma de libro. Su impulso es Juan José Plans, que trabaja en la reunión de todo el material que le une al creador fallecido.
La primero que ha trasladado al encuentro han sido las entrevistas que, siendo redactor de EL COMERCIO, publicó en este periódico en 1964, dentro de una serie que «pretendía», dice «dibujar la biografía de asturianos destacados». A esas se suma una más que fue emitida por Teleasturias en el año 1999. También aportará Plans las creaciones que realizó para una publicación de Cajastur, encargada por él mismo e ideada también por él («no sin gran revuelo, he de confesar»), que recuperaba textos de grandes escritores asturianos, como Carlos Bousoño, Ángel González o el mismísimo Clarín, y les unía a la idealización de algunos de sus animales literarios realizada por Camín.
Incluirá asimismo Plans en su libro los dibujos que el escultor y pintor que puso a Asturias en el mapa del arte nacional creó para ilustrar uno de sus libros más conocidos, 'Casona'. Dedicado al insigne dramaturgo, vio publicadas tres ediciones. La primera con sólo un retrato a tinta china del autor de 'Prohibido suicidarse en primavera' y la segunda con casi todos los que Camín había preparado tras una visita a la casa del dramaturgo en Madrid, que le sirvió para anotar todos sus gestos.
Una raíz y tres árboles
«Aquel libro estaba estructurado, como lo estará éste, en cuatro apartados, que eran una raíz y tres árboles. Por eso Joaquín (Camín) decidió otorgar a cada parte un dibujo diferente del autor», explica Juan José Plans, para quien lo más especial de todo el material compilado ahora es la propia voz del artista. Esta aparece sobre papel. No es un libro con altavoces, pero será un volumen que hablará del creador desde su propia perspectiva de la vida, pues son sus propias declaraciones las que le cuentan.
En ese sentido son esenciales las entrevistas. «En ellas Camín habla de sí mismo de un modo muy personal, ofreciendo una faceta no muy conocida», explica el escritor que quiere titular su obra 'Camín de camino', en una bella metáfora que parece devolver al escultor, pintor y artista integral al sendero de la vida del que se fue hace ahora cuatro meses. El libro, que se abrirá con «la raíz, que será el prólogo», en el que Plans narra toda la aventura vital compartida con Camín, culmina con el tercer árbol, que es «la visión final». A ese capítulo estará dedicada a su faceta de ilustrador. «No hizo demasiadas cosas, pero suficientes para poderle considerar un gran ilustrador, algo que la mayoría de la gente desconoce de él», explica Plans.
Además de poner imagen al libro sobre Casona, hizo lo propio con otro sobre su querido Valdediós y también aportó su mirada en 'El libro de la sidra', de Gustavo Bueno. Explica Plans que otra de las suertes que ofrecerá 'Camín de camino' será un pequeño recordatorio sobre un horizonte también muy poco tratado por el creador, que es el de los chistes, en los que en un momento de su vida invirtió su talento, también como ilustrador.
La publicación, en la que aún trabaja el escritor gijonés estará lista para el final de la primavera y será, eso quiere Plans, «mi más sentido homenaje hacia alguien que quise y admiré mucho».
Paché Merayo
El Comercio
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12-Abr-2008 |
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Aureliopedia , en torno a Aurelio Suárez Un recorrido alfabético analizará mes a mes los secretos del mundo aureliano
El quinto aniversario del fallecimiento del pintor Aurelio Suárez -que se cumplió el pasado día 10- y la conmemoración del centenario de su nacimiento, el día 10 de enero de 2010, son los dos hitos biográficos entre los cuales LA NUEVA ESPAÑA desarrollará una nueva serie dedicada a desvelar pormenorizadamente las claves del universo aureliano: «Aureliopedia», que se publicará a partir de hoy, con periodicidad mensual, en el suplemento «Más Gijón», que aparece semanalmente en la edición gijonesa del diario.
La serie juega en su título con la costumbre de Aurelio Suárez de utilizar su nombre de pila como base para la construcción de neologismos que el pintor utilizó tanto para designar su peculiar concepción de la pintura («aurelianismo») como para aplicarlos títulos de sus obras sueltas y sus series de bocetos («aureliografía», «aureliocromía», «floraurelio», «aureliopulpo pintor»...). Sobre esa noción tan característicamente aureliana, «Aureliopedia» juega con el nombre del artista y la idea de «enciclopedia» para presentar un recorrido alfabéticamente ordenado a través de conceptos que tienen que ver con la biografía, los temas, los métodos y el conjunto de la obra aureliana, ilustrando las entradas con obras representativas de cada uno de los conceptos.
De este modo, la primera entrega, dedicada a la letra A, incluye conceptos como «aurelianismo», «autodidactismo», «artesanía», «astronomía», «autorretrato» y «anarquismo pictórico», y el propio nombre «Aurelio», para iniciar el examen pormenorizado y en tono a la vez divulgativo y literario de los distintos aspectos de una obra vasta, diversa y relativamente desconocida todavía para el gran público, que, sin embargo, constituye uno de los legados más sugerentes.
La publicación de «Aureliopedia», a cargo de Juan Carlos Gea, complementa las actividades previstas para este año, que profundizan en la tarea de divulgación emprendida por diversas entidades y galerías durante los años que han transcurrido desde el fallecimiento del pintor. Entre ellas, se cuenta la celebración de dos exposiciones que abordarán, este verano, aspectos monográficos de la obra de Aurelio Suárez: una dedicada a su tratamiento de la figura de la mujer, que tendrá como escenario el Museo Antón de Candás, y otra centrada en la relación del pintor con el mundo infantil, que se expondrá en la gijonesa galería Cornión bajo el título «Infantilismo aureliense».
J.C.Gea
La Nueva España
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4-Abr-2008 |
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Pintar desde una niñez perpetua
Cornión edita el catálogo «Infantilismo aureliense», muestra que explorará en julio las conexiones entre Aurelio Suárez y la infancia, y que dedica a Rubio Camín.
Años después de sus caminatas, sus horas vespertinas compartidas en el estudio de la calle de Capua, sus charlas peripatéticas y sus exploraciones, hallazgos y fotografías por el muro de San Lorenzo, el rastro de los domingos y o las canteras de La Coría, los nombres de Aurelio Suárez y Joaquín Rubio Camín, dos de los grandes creadores plásticos asturianos del siglo XX, vuelven a unirse. Lo hacen en el catálogo de la exposición «Infantilismo aureliense», recién editado por la galería gijonesa Cornión, que acogerá a partir del 4 de julio la nueva individual del pintor nacido en Gijón en 1910 y que, con el recuerdo aún tierno del fallecimiento de Camín, ha querido dedicar la muestra a quien se consideró ante todo «compinche» de Aurelio Suárez. La exposición, patrocinada como el catálogo por las empresas Angoca y El Muelle, permanecerá abierta al público hasta el 30 de agosto.
El catálogo recoge las 117 obras sobre papel y fuera de los habituales formatos aurelianos -óleos, «gouaches» y bocetos- en las que se rastrea la fuerte impronta del mundo de la infancia en el universo del pintor gijonés, tanto en lo que tuvo de referencia como en lo que tuvo como modelo de su obra. Un texto del especialista Alfonso Palacio evidencia esa conexión y la relaciona, en general, con la actitud de las vanguardias históricas y con casos concretos de artistas españoles cuyo trabajo, según Palacio, conoció Aurelio durante su estancia madrileña a principios de los años 30: Ángel Ferrant y Emeterio Ruiz. El poeta gijonés Miguel Mingotes -que pasmó hace sólo unos días a los asistentes al homenaje a Camín rendido en el Museo Evaristo Valle con una exquisita acción poética- se suma también al catálogo con una evocación de Aurelio realizada en el reverso de dos postales con obra del pintor basada en el característico signo del pez con el que firmó sus trabajos.
«Infantilismo aureliense» organizará en tres bloques; dos de ellos cronológicos (1920-1930 y 1940-1950) y uno tercero, inédito hasta la fecha, dedicado a las felicitaciones navideñas que Aurelio dibujaba él mismo, a menudo en dípticos de sus exposiciones, y enviaba a sus familiares y amigos. En todos los casos, las obras evidencian un tratamiento más fluido y espontáneo de los temas aurelianos que el de su obra más conocida y seriada -la satirización de tipos humanos y animales, la mar, el entorno urbano de Gijón, lo onírico?-, pero siempre con un candor y un humor ingenuo que enraíza definitivamente con el espíritu de la infancia.
Si «Infantilismo aureliense» tiende un lazo afectuoso a un gran artista ya desaparecido y al pasado inmediato del arte asturiano, también ha querido enlazar con las nuevas generaciones de artistas; aquellos, en concreto, que fascinaron a Aurelio Suárez tanto como a muchos otros pintores de las vanguardias.
Porque el mundo de la niñez también tiene protagonismo en «Infantilismo aureliense» a través del concurso de dibujo para niños de menos de doce años que se ha convocado con motivo de la exposición en distintos centros escolares de la región. Las obras ganadoras en las distintas categorías fueron «Un día en el campo», de Carla Torre Fernández (4 años, Colegio Santo Ángel, Gijón); «La noche en el mar», de Ismael Mata Valdés (10 años, Colegio Hermanos Arregui, Pola de Siero); «La patata andante», de Raquel Martínez Antelo (10 años, CP Clarín, Gijón) y una obra sin título de Covadonga del Prado Fernández (7 años, Colegio la Inmaculada, Gijón). El jurado estuvo integrado por Alfonso Palacio, Miguel Mingotes, los pintores Ramón Prendes y Pelayo Ortega, el galerista Amador Fernández y Gonzalo Suárez.
J.C.Gea
La Nueva España
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4-Abr-2008 |
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El primer mundo de Aurelio Suárez
Un libro, que servirá de catálogo a la próxima exposición gijonesa del pintor, saca a la luz una colección inédita de creaciones de diversa temática que relacionan su mundo con el de la infancia.
Paisajes, bodegones, homenajes marinos, retratos de mujeres, de hombres y de niños, escenarios oníricos y guiños diversos en gouache, tinta y lápiz, o lo que es lo mismo una destacada parte del mundo inédito de Aurelio Suárez, aparece ahora volcada en las páginas de un libro. Su publicación arroja luz sobre una de las etapas más desconocidas del creador, aquella que le relaciona con el mundo de la infancia, pero además se comporta como anticipo de una exposición no venal que pondrá en las paredes de la galería Cornión, entre el 4 de julio y el 30 de agosto, todas las obras, ahora revisadas por primera vez sobre papel.
No será la única cita de la herencia del extraordinario pintor gijonés, fallecido hará el próximo jueves cinco años, con la mirada pública. Algunos días antes, el 27 de junio abrirá sus puertas en el Centro de Escultura Museo Antón de Candás, otra destacada exhibición de su obra. Dedicada al universo femenino, permanecerá abierta hasta el 7 de setiembre y contará, en honor al espacio que la acoge, con alguna muestra de su poco habitual dedicación a la escultura.
Pero la obra a la que ahora se pone focos es la que integrará la muestra gijonesa y que ofrecerá, como cada encuentro con el legado de Aurelio Suárez, nuevas herramientas para su conocimiento. En este caso, además, se cierra el círculo ante el emblemático creador, ya que los márgenes de esta exposición se circunscriben al mundo infantil, su primer mundo. De hecho se presenta bajo el sugestivo título de 'Infantilismo aureliense'.
Análisis de experto
Para teorizar sobre ese universo y la mágica conexión que lo sustenta, la publicación cuenta con la mirada analítica de Alfonso Palacio, que explica en sus páginas, cómo el «interés que entre los primeros vanguardistas despertaron las expresiones plásticas de los niños», tiene una presencia evidente en esta colección aureliana. En parte, advierte Palacio, por la admiración que, como otros creadores de época, sintió Aurelio Suárez ante la manifestación de «pureza, fuerza, imaginación y espontaneidad» de la infancia, pero también debido a la preocupación «por la figura del niño en general», como objetivo sobre el que actuar, «a través de una adecuada política de educación artística, con el fin de alcanzar su ansiado propósito de cambiar la sociedad».
Ambas cuestiones están en la herencia del pintor gijonés. La primera es muy evidente en la obra que se puede contemplar ahora página a página y se podrá admirar en verano, cuadro a cuadro. Pero, en palabras de Palacio, también el segundo planteamiento es una realidad notable, ya que, según cuenta, esa preocupación social y teorizada por la educación artística «fue conocida por el artista hasta el punto de llegar a influirle en su trabajo».
Abunda el análisis en el hecho de que Aurelio Suárez estaba muy al corriente de los trabajos que «desde determinados sectores del arte español se realizaron durante la década de 1930 con el fin pedagógico de mejorar no sólo la formación artística de los niños, sino su educación en general» y que tal conocimiento es «un hecho constatable a la luz de las presentes obras».
La vida en un verso
El libro-catálogo, que presenta el propio galerista de Cornión Amador Fernández, como una parada extraordinaria en su programación y que ve la luz en una edición numerada, cuenta con la deliciosa poesía visual de Miguel Mingotes, colaborador de EL COMERCIO, que resume en pocos líneas y un verso el trazado existencial de Aurelio Suárez ante sus ojos.
Todo, libro y exposición «podrá sorprender al espectador avezado», asegura el galerista, y atiende su comentario, entre otras muchas cosas, al hecho de que por primera vez el pintor se libera de sus formatos pretederminados por la técnica y el soporte, pero sobre todo, espera sorpresa en la mirada porque la colección reúne «una obra de una calidad y de un interés muy sobresaliente».
'Infantilismo aureliense', que ha contado con el patrocinio de las firmas Angoca y El Muelle, recupera más de cien obras seleccionadas y divididas en tres fases, por Gonzalo Suárez, hijo del creador fallecido. Entre ellas destaca una colección de singulares felicitaciones navideñas, totalmente inédita, algunas de ellas realizadas sobre antiguos catálogos de exposiciones del propio Aurelio Suárez y una serie de pensamientos aurelianos con los que se cierra el libro.
Reúnen publicación y exposición obras que abarcan desde la década de los 20 a 1999, justo cuatro años antes de su muerte. Toda una vida que permitirá también comprobar cómo el trazo firme de joven pintor también fue cumpliendo años. Toda una vida que ahora rinde tributo a otra, la de Rubio Camín al que se dedica el nuevo encuentro de Suárez con el presente.
Paché Merayo
El Comercio
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19-Mar-2008 |
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El funeral que Camín hubiera querido
El Museo Evaristo Valle acogió anoche un cálido homenaje de sus familiares y amigos al artista recientemente desaparecido.
«Una reunión de amigos» que se convirtió en «el sustituto del funeral» que Joaquín Rubio Camín no quiso tener: así definió ayer Mónica, una de las hijas del artista gijonés fallecido el pasado mes de diciembre el acto de homenaje que ayer abarrotó el edificio principal del Museo Evaristo Valle en Somió. Una cálida ceremonia en el que las palabras de quienes le conocieron de cerca, le estudiaron o trabajaron con él se sumaron a la música y a la poesía en recuerdo de un gijonés inolvidable.
La voz de Camín era siempre un cálido sobresalto. Y lo fue también ayer, cuando, después de la introducción de un vídeo encabezado por una serie de fotografías del artista y unas imágenes de su santuario personal en Valdediós, irrumpió en el salón de actos del Museo Evaristo Valle. «Si no hubiese venido a Valdediós, no hubiese hecho troncos», entonó el barítono de un hombre que en las imágenes -de principios de los ochenta- aparecía imponente, lleno de la energía que le acompañó hasta los días previos a su muerte, tocando el piano con las mismas manos con las que luego se le vio esculpir, brutal o delicado, la madera.
Fue la primera de las voces de una ceremonia coral en la que hablaron sus hijas, Mónica y Verónica; su amigo y comisario en dos exposiciones, Francisco Zapico; la catedrática Soledad Álvarez y el empresario Pedro Zapico, y en la que la poesía, en acto de Miguel Mingotes y la música de dos de los nietos de Camín, Bruno Ordozgoiti Rubio (piano) y Óscar Ibarra Rubio (trompeta), se unieron para trazar un afectuoso retrato póstumo del homenajeado. Su viuda, Carmen Cotera, guardó silencio y recibió, sin disimular su sereno dolor, el calor de amigos y allegados. Entre ellos, los artistas Melquíades Álvarez, Elías García Benavides, Fernando Redruello, Ramón Prendes, Estrella Sánchez o Pepa Pardo, y el galerista Amador Fernández Carnero.
Aunque, en sus palabras, Mónica Rubio prohibió las lágrimas en nombre del «placer de la vida» que su padre transmitió a sus hijas, todo el acto estuvo atravesado de una emoción que brotó cuando su otra hija, Verónica, recordó las palabras que le dijo Camín después de la operación cuyas complicaciones acarrearían su muerte: «Yo estoy pipa; y tú ya sabes, ¿eh?, a funcionar». Porque el acto fue algo más que «una reunión de amigos», tal como lo describió Mónica Rubio; ella misma recordó la voluntad -cumplida- de Camín de no recibir «ni flores ni ceremonias» tras su muerte, pero también quien hizo ver que el encuentro de anoche fue el sustituto de una ceremonia fúnebre al uso «en este país en el que no hay cosas que sustituyan a un funeral».
Con la misma vibración emotiva, Francisco Zapico evocó la conexión que unió a Camín con el pintor que custodia el museo donde se celebró el homenaje. La «complicidad» que unió a Valle y a Camín se plasmó, según Zapico, en el texto «más bello y emotivo» sobre el primero, escrito por el segundo. En él, Camín recordaba cómo dibujó el rostro yacente del maestro con lágrimas en los ojos y sobre el propio féretro, y el sepelio de Valle en Ceares. Pero, más allá de eso, Zapico afirmó que «en toda la obra de Camín está Valle de fondo». Lo que los une: «La misma pasión y su creencia en que el arte sirve para mejorar el mundo y la vida, que Camín aprendió de Valle». Y concluyó: «Todos somos herederos de ese sueño».
El mismo énfasis en el «entusiasmo» y en la «fuerte personalidad» de un Camín que «siempre supo lo que quería» puso Soledad Álvarez, que destacó también la identidad profunda entre su vida y su obra. «Su experiencia vital se desarrollaba en armonía con su proyecto creativo; incluso se identificaba», dijo Álvarez, que señaló también la convicción del artista en que «el hecho estético ha de partir de un presupuesto ético». Ello se reveló, según la catedrática, en el «respeto por la naturaleza» de Camín, su «contención formal» y el «rigor» de su método, desarrollados «mediante una creatividad regida por la libertad, al margen de las tendencias imperantes y los límites de las disciplinas». Finalmente, Pedro Zapico retrató a Camín como «el último renacentista» .
Con las «pompas fúnebres» de jabón que Mingotes hizo flotar aún en la retina de los asistentes, los dos nietos de Camín remataron el homenaje con composiciones de Albéniz y varios estándar jazzísticos. Fuera, el chaparrón sacaba óxidos a las piezas con que Joaquín Rubio Camín sembró hace 25 años en el lugar que más le vincula a quien él nombró «amigo y maestro», y con quien ayer acabó de abrazarse también en esos dos títulos.
J.C.Gea
La Nueva España
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19-Mar-2008 |
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Palabra y música para Camín
El Evaristo Valle acogió el homenaje de familiares y amigos del artista apenas tres meses después de su muerte con las lágrimas «prohibidas», pero latentes.
El homenaje póstumo, el que trataba de decir adiós a Joaquín Rubio Camín, el artista que no quería ni flores ni funerales, se desarrolló en su casa, porque el Evaristo Valle lo era, porque allí está parte de su vida y su obra, siempre vinculada al pintor del museo de Somió. Fue un homenaje sencillo, pero sentido, con música y palabras, con la sala completamente abarrotada de familiares y amigos, de colegas artistas, pero sin lágrimas evidentes, aunque sí latentes.
Mónica, una de las dos hijas del artista, fue la encargada de guiar un homenaje que arrancó con la proyección de un documento audiovisual sobre el trabajo del creador en Valdediós y con sus propias palabras, pidiendo risas y prohibiendo expresamente las lágrimas. Claro que, a continuación, su hermana Verónica no pudo al final del breve recuerdo que hizo de su padre evitar el nudo en la garganta y el agua aflorando levemente en los ojos. Ella recordó su infancia, el humor de su padre, el día que se comió una araña por vencerle en un reto. «Tú, ya sabes, a funcionar», era la frase con la que Rubio Camín concluía las conversaciones telefónicas con su hija cuando ésta estaba en Roma, cuando luego se desplazó a Madrid, cuando aquí o allá hablaban del arte y de la vida.
O del arte de la vida. Porque lo uno y lo otro eran sinónimos para el gran Camín, como se puso de manifiesto después. Francisco Zapico, amigo, crítico de arte y conservador del Museo Antón de Candás, fue el siguiente en hablar. «Es difícil contener las lágrimas, aunque nos las haya prohibido Mónica», dijo antes de adentrarse en su obra, de recordar su especialísima e intensa relación con Evaristo Valle, su fuerte implicación en la creación de la fundación que rige el museo, aquel día en el que acudió a retratar el rostro de su maestro cuando ya había muerto... Lo hizo para concluir lo que el propio Camín ya sabía, que en todas sus obras «Valle estaba al fondo», porque incluso cree el crítico de arte que Camín fue «el heredero del sueño de Valle».
Experiencia vital
María Soledad Álvarez, catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo y especialista en su obra, fue escueta a la hora de resumir un trabajo con varios puntos destacados. Afirmó que su experiencia vital se desarrollaba en armonía con su proyecto creativo, que incluso ambos se identificaban y que llegó a convertir vida y profesión en lo mismo siempre desde el respeto a la naturaleza. «Para él trabajar era sinónimo de vivir», dijo antes de asegurar que su capacidad para crear estaba regida absolutamente por la libertad, que no tenía hueco para las tendencias: «Quería ser libre, ser él mismo, dedicar su vida a la creación».
Lo hizo en todos los ámbitos: la pintura, la escultura, la fotografía. Y también la arquitectura. Porque también colaboró en el diseño de interiores y en los últimos años lo hizo junto al constructor Pedro Zapico, que también intervino en el acto.
Fue el artista Miguel Mingotes el siguiente en tomar la escena. Y él no generó una sola lágrima, sino una gran sonrisa general. Anunció que acudía con unos poemas para Camín y, con el artilugio correspondiente, hizo pompas de jabón. Nada más. Luego titulo su obra: 'Pompas fúnebres'.
Tras él llegó la música que tanto marcó la vida de la familia del creador. Bruno Ordozgoiti, su nieto, al piano, y Óscar Ibarra Rubio, su sobrino, a la trompeta, hicieron sonar los temas que siempre fueron del gusto de Camín. El jazz y las obras de Albéniz tomaron el Evaristo Valle a modo de despedida.
Allí estaban para verlo un buen número de familiares, encabezados por su viuda, Carmen Díaz Cotera; sus hermanas, Conchita y María José, y sus hijas, Mónica y Verónica. Junto a ellas, un buen número de artistas como Pepa Pardo, Melquiades Álvarez, Ramón Prendes, Elías García Benavides...
M.F.A.
El Comercio
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10-Mar-2008 |
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Aurelio, en tres dimensiones
El Museo Antón de Candás expondrá por vez primera una escultura del artista gijonés, en la muestra «La mujer y el aurelianismo»
La exposición que el próximo mes de junio dedicará al tema de la mujer en la pintura de Aurelio Suárez el Museo Antón de Candás contará con una «invitada» de absoluta excepción: la primera escultura del artista gijonés que se exhibe públicamente. Se trata de una pequeña figura femenina de 34,3x8x6,5 centímetros de madera de castaño encerada que el artista realizó en algún momento antes de 1955, aunque su datación exacta es desconocida. En ella se aprecia el interés que Aurelio Suárez compartió, al igual que muchos otros artistas de las vanguardias históricas, por el arte tribal africano, y el modo como los rasgos reconocibles en la pintura aureliana cobran, literalmente, una nueva dimensión a través del volumen escultórico.
En ninguna otra ocasión, ni antes ni después del fallecimiento del pintor, en 2003, se había mostrado fuera de su ámbito privado el fruto de una actividad creativa que Aurelio simultaneaba con la pintura y con sus otras aficiones: la lectura, la música, la curiosidad científica, el coleccionismo... Precisamente este espíritu recolector, unido a otra de las grandes pasiones de Aurelio, las largas caminatas por Gijón y sus alrededores, dio pie a una faceta creativa en la que se fundía el juego con los «objetos encontrados» y, en bastantes ocasiones, su manipulación escultórica. Es probable que ése fuese el origen de la pequeña pieza que, sin duda, se convertirá en el centro de atención de «La mujer y el aurelianismo».
Otro de los atractivos de la exposición, que reunirá unas 35 obras entre óleos, gouaches y bocetos, estará en la pieza que servirá como cartel anunciador: un exquisito gouache de 1938, titulado «Venus rubia», que nunca antes se había mostrado o reproducido. «La mujer y el aurelianismo» expondrá además obras tan interesantes como «Lunafia», óleo de 1956 cedido por la madrileña galería Guillermo de Osma, que dedicó el pasado año una monográfica al artista gijonés; el gouache de 1932 «Lunares», una de las más hermosas aportaciones aurelianas a los fondos del Museo de Bellas Artes de Asturias, y cinco obras cedidas para la ocasión por la galería gijonesa Cornión: los gouaches «Cabeza sentada» y «Meditación», de 1945 y 1939, respectivamente, y los bocetos «cabezaurelios», de la serie del mismo título, «Doña doncella» y «Mascarita», de 1976.
La exposición se complementará con una conferencia en torno al tema de la muestra que impartirá el 11 de julio el especialista asturiano Javier Barón Thaidigsmann, responsable del departamento de pintura del siglo XIX en el Museo del Prado.
J.C.Gea
La Nueva España
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7-Mar-2008 |
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Pelayo Ortega muestra su última obra en Mónaco con la galería Marlborough
El artista asturiano comparte paredes en el principado monegasco con Carlos Franco.
Pelayo Ortega sigue haciendo muescas en su trayectoria internacional. Tras el gran salto adelante que supuso su exitosa exposición de Nueva York hace ahora dos años, su pintura ya no se circunscribe sólo al mapa nacional. Han sido varias las muestras colectivas que han visitado mundo con su obra como uno de los principales atractivos y ahora le toca el turno a Mónaco. En la capital del glamour y la sofisticación abrió ayer el pintor mierense de paleta y corazón de Gijón una exposición en la que exhibe una selecta representación de las últimas obras salidas de su portentoso taller. Acude Pelayo Ortega a Mónaco una vez más con la galería que le tiene en nómina, como a los más aplaudidos creadores del presente mundial, es decir, la Marlborough. Y comparte allí paredes el pintor asturiano con otro de sus primeros espadas, Carlos Franco, creador con el que coincide en generación, no, sin embargo, en postulado estético y que en la edición de 2005 de AlNorte fue el invitado especial encargado de dirigir el taller destinado a artistas emergentes.
La exposición, que se prolongará hasta el 18 de abril, ofrece algunas de sus llamadas pinturas-construcciones. Son todas obras cargadas de intención y tributos a sus santos devotos de la historia de la pintura y a la pintura misma. 'El encuentro', 'Taller noche lluvia', 'Pintura tiempo', 'Noche de luna llena' son algunos de los títulos que le representan en el pequeño Principado, donde se muestra también un singular autorretrato.
El tiempo que no cesa, los paisaje metafísicos, las lunas de invierno y su mejor iconografía esperan ahora la mirada de uno de los públicos con más ganas de comprar arte del mundo.
La próxima semana en Gijón con un recorrido retrospectivo por su obra.
La agenda de Pelayo Ortega no se cierra en Mónaco, la próxima semana inaugura en casa. Pero nada tiene que ver la exposición de Gijón con la del Principado monegasco. Aquí, en Cornión, mostrará el pintor sus últimos diez años de capacidad creadora. En principio, iba a detener la selección en el año 2003, pero una nueva intención de dar por concluida una etapa en su trayectoria y mostrarla completa, le llevó a decidir ampliar la colección hasta el año pasado, «Como si cerrara un periodo», decía antes de partir para Mónaco, ante la treintena de piezas que se empezarán a colgar esta misma semana en su galería gijonesa.
La exposición, titulada 'Taller' 1997-2007', pone en marcha una nueva etapa también en Cornión, que empieza con ella la edición de una serie especial de catálogos, destinados sólo a citas extraordinarias, como es el caso.
'Taller 1997-2007' abrirá sus puertas el próximo viernes (día 14 de marzo) y permanecerá en la sala de arte hasta el día 9 de abril.
Paché Merayo
El Comercio
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3-Mar-2008 |
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Pelayo Ortega juega fuerte
El artista asturiano abre la próxima semana una exposición en Mónaco y la siguiente inaugura una retrospectiva en Gijón.
Pelayo Ortega tiene una temporada atareada. La próxima semana el artista asturiano inaugura una exposición en Mónaco y la siguiente, una retrospectiva en Gijón. El pintor mierense es uno de los artistas plásticos más cotizados de Asturias. Una de las piezas que mostrará en la sala Cornión se vende por 27.850 euros.
Pelayo inaugura su muestra en Marlborough Mónaco el próximo 6 de marzo. La exposición se prolongará hasta el 18 de abril y el artista asturiano compartirá espacio en esta galería con otros dos creadores: Carlos Franco y Sergio Sanz.
Inmediatamente después, el 14 de marzo, Pelayo Ortega inaugura en su galería de toda la vida, Cornión, de Gijón, la muestra Taller 1997-2007 , una pequeña retrospectiva que revisa las obras del artista desde 1997 al año pasado.
Muchas de estas obras no se han visto nunca. El artista tiene la costumbre de enviar más piezas de las que se le reclaman cuando tiene una exposición y a lo largo de esta última década, las que no se colgaban en las distintas muestras que inauguró, pasaban al almacén sin que el público llegara a verlas. El galerista, Amador Fernández, las rescata ahora. Son 27 obras que evidencian que Pelayo sigue siendo el mismo, pero que evoluciona.
Ahí se podrá ver que los primeros años son más tranquilos. La pintura es más plana. Los últimos, en cambio, son de paleta abigarrada, con pasta que da mucho volumen. El pintor refleja aquí también sus vivencias a lo largo de esa etapa y hay piezas que reflejan momentos de tensión y otras más relajadas.
En Gijón no habrá lo que el artista denomina construcciones , que tienen elementos tridimensionales; en cambio, esas piezas, muy cercanas a la escultura, sí estarán presentes en Mónaco.
Pelayo Ortega se encuentra en plena madurez artística y es, según Amador Fernández, el pintor asturiano más asentado en el panorama nacional, además del más cotizado "sin duda". De hecho, en la muestra que va a colgar en Gijón el cuadro más barato es de 5.200 euros y el de precio más elevado, una obra titulada Extasis , alcanza los 27.850 euros. El galerista asegura que esta cotización aumenta cada año en una carrera "imparable".
Georgina Fernández
La Voz de Asturias
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1-Mar-2008 |
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... Y Aurelio pintó a la mujer
El Museo de Candás acogerá este verano una muestra dedicada a la visión de la figura femenina en la obra del pintor gijonés Aurelio Suárez.
Entre las muchas recurrencias que dieron cuerpo al universo pictórico de Aurelio Suárez (Gijón, 1910-2003) se encuentran las que tienen como objeto la figura de la mujer. Sobre esa base temática se articulará la exposición que, desde el 27 de junio al 7 de septiembre, llevará por primera vez la obra del particularísimo artista gijonés al recinto del Museo Antón de Candás: una selección que rondará las 35 obras y en la que, bajo el título «La mujer y el aurelianismo», se ofrecerá una amplia revisión de los distintos tratamientos que la «poliédrica» mirada de Aurelio arrojó sobre lo femenino.
Con ese adjetivo -«poliédrico»- califica justamente el que será autor del catálogo de la muestra, Alfonso Palacio, el tratamiento de la mujer que se rastrea en la extensa producción del pintor gijonés, en cuya obra la mujer aparece al tiempo «como referente sexual y como contenedor de lo femenino», según el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo. En consonancia con la portentosa variabilidad de registros y de tratamientos que presenta la pintura aureliana, el tema femenino aparece, en efecto, abordado de muy distintos modos: desde una visión intimista y próxima al costumbrismo -como en el óleo «Lavadora doméstica», de 1964- hasta el lirismo del óleo «Orquídea» (1943) o el candor de «Joven montada en bicicleta» (óleo de 1946), pasando por una visión más realista y al tiempo más connotada sexualmente (en el temprano gouache «Paquita Gómez», de 1927, o en el espléndido boceto cargado de fuerza simbólica «Mujer a la sombra del diablo», de 1953, o por la deformación, según distintas fuerzas plásticas, de la figura de la mujer en los gouaches «Lunares» (1932) o «Saula» (1984), o en los bocetos «Desnudo de mujer» (1952) o «Burrilaquia» (1960).
Todas estas piezas se contarán entre las expuestas en el Museo Antón este verano, y entre ellas se cuentan algunas que no se habían expuesto después del fallecimiento del pintor («Lavadora doméstica», «Joven montada en bicicleta», «Saula», «Paquita Gómez») y otras rigurosamente inéditas («Burrilaquia», «Mujer a la sombra del diablo», «Desnudo de mujer»), junto a piezas bien conocidas, como «Lunares», que forman parte de la colección de obras de Aurelio Suárez propiedad del Museo de Bellas Artes de Asturias.
Otras piezas provendrán de los fondos de la galería gijonesa Cornión, que este mismo verano, y en parcial coincidencia de fechas, tiene programada la exposición «Infantilismo aureliense».
«La mujer y el aurelianismo», que se complementará con la edición de un catálogo en formato especial y una tirada de marcadores de libros, supone un paso más en la divulgación de la obra aureliana, que ha conocido una inédita presencia en las salas con posterioridad a la muerte del artista.
J.C.Gea
La Nueva España
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27-Feb-2008 |
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La obra de Antonio Suárez aplicada a la arquitectura ingresa en el Bellas Artes
El museo ya alberga en sus colecciones seis bocetos para altar de capilla y ahora mostrará un gran mural de 800 kilos.
En abril, como adelantaba hace unas semanas EL COMERCIO, Antonio Suárez volverá a las paredes de la galería Cornión con una exposición que pretende rendir homenaje a su amigo y compañero de primeras andaduras pictóricas, Joaquín Rubio Camín, pero antes tendrá otra cita en Oviedo. El Museo de Bellas Artes de Asturias, que le tiene bien presente en sus colecciones con 17 obras, entre óleos, acuarelas, dibujos y una colección de bocetos, que dan cuenta de parte de su trayectoria pictórica, le abre las puertas nuevamente con una muestra que se inaugura al público mañana y permanecerá en la pinacoteca hasta el 13 de abril.
Su título será 'La obra de Antonio Suárez aplicada a la arquitectura' y ese es su argumento principal. Entre las piezas a exponer estarán seis bocetos para altar, donados por el Hospital Central de Asturias. Se trata de los trabajos preliminares de las vidrieras y los pirograbados de su antigua capilla. El propio Antonio Suárez legó un boceto de un importante mural, al que se unen los dos depositados en el museo por Margarita Vallaure, que corresponden a los tapices perdidos de la antigua cafetería Kopa Club, de Oviedo.
Pero lo más destacado del conjunto a exponer del pintor asturiano, que vuelve a ponerse ante la mirada pública gracias también a la donación del Banco Herrero y de la familia García Morán, es un mural de 800 kilos de peso, realizado entrada la segunda mitad del siglo XX, como respuesta a un reto lanzado al pintor por Ignacio Castelano, arquitecto y amigo de Antonio Suárez. Fue precisamente la familia García Morán la que hizo posible que este fresco acabara ingresado en las colecciones de la pinacoteca asturiana, algo que se produjo en octubre del año pasado.
La exposición 'La obra de Antonio Suárez aplicada a la arquitectura' será ilustrada con una conferencia de la historiadora de Arte Ana Gago. Titulada 'Antonio Suárez, muralista', que tendrá lugar el 12 de marzo (19.30 horas), en el salón de actos del Museo.
Cabe recordar que Antonio Suárez, destacado creador que estuvo en los inicios del revolucionario grupo El Paso, fue a partir de 1955 y durante casi dos décadas «uno de los artistas españoles más interesantes entre los que emplearon las técnicas artísticas aplicadas a la arquitectura» y que lo hizo, según la conservadora del museo Carolina Peláez Soto, «en un momento particularmente significativo en la búsqueda de la integración de las artes».
Paché Merayo
El Comercio
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16-Feb-2008 |
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Una buena cosecha Art-Madrid se consolida
No lo ha tenido fácil esta feria parale-la. Nacida de una polémica que se recrudece pase lo que pase, sin ningún apoyo oficial y algún intento de sabotaje, el año pasado era ya la segunda en importancia en Iberia por número de galerías y volumen de ventas (según sus organizadores).
Se señaló entonces en estas mismas páginas que aún le faltaba algo de calidad y le sobraban complejos, que el gran coleccionismo institucional y privado no tenía por qué despreciarla -y ya puestos, la crítica tampoco-, que quedaba feo -o mezquino- ubicarla muy exactamente en la otra punta de la ciudad -pero ahora que lo pienso, ¿por qué no inaugurar CaixaFórum en otra apartada esquina?; ¡con lo entretenido que resulta atravesar Madrid varias veces!- y que la feria prosperaría pese a todo por la sencilla razón de que a ella acuden buenos galeristas; los mismos, de hecho, que han estado en ARCO durante años, junto a otros que perfectamente habrían podido estar y a algunos -pienso en ciertas galerías, especialmente catalanas- que aún contribuyen a bajar el nivel y cuya ausencia en ambas ferias sería acogida con satisfacción.
Moda que arrasa. Pero lo importante es que ahora las circunstancias han cambiado: la moda de las ferias de arte arrasa -las galerías medianas acuden cada año a cuatro o cinco y las potentes, a diez o doce-, la existencia de ferias satélite se asume con naturalidad, y a nadie le importa ya si esta misma nació del descontento o de la alegría, con tal de que sea buena y funcione. Sus organizadores, que inaugurarán una nueva feria en Valencia en septiembre, han vuelto a subir el listón y esta tercera edición me parece mucho más interesante que la del año pasado, aunque es sabido que la total dependencia del coleccionismo privado le resta cierta espectacularidad a estos eventos (los cuales deben lindar siempre con lo puramente lúdico, tal y como lo advierten Ortega y Gadamer, entre otros). Pero no hay problema: resulta que es probable que el año que viene se presente en Madrid una tercera feria (además de las menos ambiciosas DeArte y Feriarte) en la que se reunirían las galerías especializadas en arte emergente, así que al final habrá sitio para todo y para todos.
Los más exhibidos. En Art Madrid hay noventa galerías, de las cuales cincuenta y nueve son españolas, diez europeas, veinte americanas y una coreana -cuya oferta es floja-; los artistas más representados son, por este orden, Tàpies, Saura, Plensa, Feito, Valdés, Barceló, Chillida, Hernández Pijoan, Miró, Clavé, Gordillo, los Crónica, Picasso y Canogar. Así está el mercado en España.
También destacan Carmen Calvo, Arroyo, Esteban Vicente, Mompó, Guinovart, Cuixart, Palazuelo, Ràfols y Guerrero. Los espacios centrales los ocupan El Museo (Fernando Pradilla, una gran galería excluida este año de ARCO); la murciana Clave, de nuevo con una apabullante colección de escultura realista y bastante fotografía; BAT, con piezas destacables de David Lechuga, Teresa Esteban, Fajardo o Alexanco; Val i 30, con gran pintura realista; Rayuela / Juan Gris, donde destacan Amaya Bozal y Diego Canogar; y la eslovena Lazar Vujic, con buenas piezas de Wesselmann, Warhol, L. Bougeois o Abramovic. Y destacaría, también, los stands de Sen (García Alix, Mackaoui?), Katuin (Nikkie le Nobel, Mimmo Paladino?), Antonio Prates (A. Alcántara, Reguera?), el de Lina Davidov (Pagola, Pérez Pereda, Arrabal?), 3 Punts (J. Opie, Mapplethorpe, Loretta Lux?) y los de Rita Castellote (R. González Fernández, Santos Javier?), Cornión, Marita Segovia o Tizas. En todos ellos, excelentes trabajos de artistas jóvenes.
Javier Rubio Nomblot.
ABC De las artes y las letras
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13-Feb-2008 |
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El arte asturiano discrepa de Arco
Artistas y galeristas reprochan el viraje de la feria madrileña, que casi le hace el vacío al Principado.El espacio gijonés Cornión participa en la ´contraferia´ Art Madrid con 11 de sus creadores.
La tercera edición de Art Madrid, que se abrió ayer en la Casa de Campo madrileña, cuenta con la presencia de 80 galerías, 59 españolas y 21 extranjeras. En ese marco alternativo a Arco --que se inaugura mañana-- hay un espacio asturiano, Cornión, que presenta la obra de 11 artistas de la región. Asturias cada vez tiene menos presencia en la cita de arte contemporáneo que ideó la gijonesa Rosina Gómez Baeza y los derroteros que ha tomado, aquí no gustan a casi nadie.
Asturias ya no es lo que era en Arco. La presencia local en esa feria internacional alcanzó su cénit en la convocatoria de 1997. Entonces acudieron a ella tres galerías asturianas: Vértice, Cornión y L.A. y hasta tuvo estand el centro de arte Revillagigedo. Hoy el panorama es muy distinto. Cuando mañana los Reyes inauguren el certamen sólo podrán ver una galería de la región: Espacio Líquido, que lleva a una artista asturiana, Rebeca Menéndez. Otros 9 autores del Principado estarán dispersos por estands de otras comunidades autónomas, y en el del Ministerio de Cultura.
Amador Fernández, galerista de Cornión ha optado por estar en Madrid con sus artistas en estas fechas desde la ventana que se ha abierto a los que, poco a poco, Arco ha ido expulsando. Llevará a 11 artistas asturianos o muy vinculados a la región: Pelayo Ortega, Ramón Prendes, Luis Fega, Javier Victorero, Pablo Maojo, Edgar Plans, Fernando Peláez, Josefina Junco, Amancio, Ernesto Knörr y Carmen Castillo.
El responsable de Cornión asegura que ahora Art Madrid se parece "al Arco de hace unos cuatro años, en que había más pintura y escultura y menos instalaciones". Cree que la feria que mañana se inaugura ha apostado por lo internacional, por las instalaciones, la fotografía, las performances y el arte electrónico y eso ha ido en detrimento de la pintura y la escultura.
Cornión hace varios años que se cayó de la cartelera de Arco. Vértice, otra de las galerías asturianas que siempre acudían, ya hace 3 años que sufre el desplante del certamen. No es ningún desdoro. A espacios míticos como My NameIs Lolita Art, de Valencia les ha pasado lo mismo y cada vez son más los excluidos. "Arco es cada vez más una feria de las nuevas tecnologías", apunta el asturiano Luis Fega, que va con Cornión a Art Madrid y que, tras acudir cada año a Arco, ahora ya no tendrá piezas allí. El cree que esta feria apuesta por "el arte no vendible y por las galerías extranjeras y está dejando fuera a las españolas. Es un error porque hay que proteger el arte que se hace aquí".
En Valencia las galerías rechazadas presentan en sus propias paredes un estand cero de Arco con las piezas que llevarían, de haber participado; en Galicia también se han quedado fuera casi todos los espacios locales, así que el enfado asturiano no es el único.
Kely es otra de las artistas asturianas que siempre, o casi sin falta, estuvieron en Arco. Ella participaba, básicamente, de la mano de Vértice. Ahora ya no está y considera "bastante injusto" que se hubiera prescindido de ese y otros espacios asturianos de arte Es un grave contratiempo? Ella opina que sí: "Arco es un lugar de encuentro, de comparación; es una feria muy comercial. Acuden muchos coleccionistas y todo eso es muy importante para la proyección de un autor, sobre todo en una provincia que está bastante desatendida. Sí, los artistas hemos perdido mucho".
Rosina Gómez Baeza fundó y dirigió Arco durante 25 años. Ahora está al frente del Centro de Arte y Creación Industrial LABoral. Por respeto a sus sucesores no quiere intervenir en la polémica, pero se muestra esperanzada. Cree que la escasa presencia asturiana en el recinto madrileño será "circunstancial" y afirma que desde aquí también se puede promocionar el arte asturiano. Ella lo hará con propuestas como una base de datos de artistas del Principado. En su opinión, más que nada, hace falta educar al público de la región sobre el arte actual.
Georgina Fernández
La Voz de Asturias
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9-Feb-2008 |
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Respeto el diálogo con la materia
Ell artista gijonés abre una exposición individual en Berlín que señala los avances de su obra pictórica, con la naturaleza, la armonía y el lirismo como ejes.
Tres años después de su anterior exposición en Gijón, con la galería Cornión, el veterano José Arias presenta estos días una muestra individual en Berlín, en la galería de Isabel Bilbao. El conjunto se nutre de obra reciente, con nuevas series de gamas más austeras que antaño, donde el blanco del Norte ha cobrado un especial protagonismo.
En su veterana trayectoria, Arias ha pasado por muchas etapas, apostando por la esencialidad y la ética por encima de otros intereses. Equilibrando control y azar, sus vertidos traducen un universo ajeno a anécdotas capaces de enmascarar la esencia de la obra. Pintura pura, sin artificios, alejada de los dogmas sociales.
-No es su primera exposición individual en Alemania. ¿Cuáles son sus impresiones ante este nuevo reto?
-En noviembre de 2006 expuse en Düsseldorf, aunque aquella muestra no tuvo, por las causas que fueran, repercusión en la prensa asturiana. Y en abril de este año expondré en Mainz. Pero estar ahora en Berlín, coincidiendo con la Berlinale, es doblemente 'expuesto', dado el tráfico cultural que significa el festival de cine.
-Hace tiempo que no presenta sus trabajos en Asturias. Pero la obra ha evolucionado, sin prisas y sin pausas.
-Es cierto que hace tiempo que no expongo en Asturias, pero por causas ajenas a mi voluntad. Las cosas no son siempre como uno desearía que fueran. La obra evoluciona al ritmo de la vida. Si uno es honrado, la aceleración o desaceleración son involuntarias. Ultimamente han cambiado los colores, incluso la temática. Los azules y los verdes han dado paso a los naranjas y, posteriormente, a los platas y a los blancos. El mar se aleja y se acercan los bosques y los árboles.
-Desde hace más de treinta años hay una serie de intereses permanentes en su trabajo. ¿Podría sintetizarlos?
-Puestos a sintetizar, creo que podría resumirlos en uno: la representación de mi paisaje interior. Los pintores pasamos toda nuestra vida utilizando distintas técnicas, temáticas, formas y colores con una única intención, pintar nuestro propio paisaje. La repetición es inevitable. La riqueza radica en la versatilidad de sus representaciones.
-En la última década, muy especialmente, el vertido es el ingrediente formal y conceptual de cada serie.
-El vertido me ha servido para darle mayor protagonismo a mi interlocutor formal, que es la materia. La pérdida de control que supone el uso de esta técnica implica que la materia (entiéndase soporte, madera, textura, vetas) o la pintura multiplican sus posibilidades de expresión, llegando a sorprenderme a mí mismo. Respeto el diálogo con la materia profundamente. Es un ejercicio de humildad fundamental para cualquier artista.
-Supongo que no ha abandonado otros intereses creativos, como la fotografía.
-Es curioso, revisando la última tarjeta de la cámara fotográfica me sorprendió la proximidad entre mis fotografías y mis pinturas. Hay quien duda de la veracidad paisajística de ciertos cuadros, sin embargo dispongo de argumentos fotográficos que demuestran lo contrario.
-¿Se siente satisfecho de su trayectoria?
-¿Comparándome con quién? Uno nunca está satisfecho, eso sería como estar muerto. La trayectoria tampoco me interesa mucho. Los logros andan por otros derroteros muchas veces intangibles.
-Tras esta aventura berlinesa, ya está embarcado en numerosos y muy próximos proyectos.
-En febrero presentaré una exposición en Palma de Mallorca. En abril en Mainz (Alemania). En mayo en Santander, en julio en la Feria Internacional de Arte Santander, y en octubre en Jávea (Alicante). Y en el estudio, todos los que surjan.
-¿Queda mucho por hacer?
-Espero que tanto como vivir.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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7-Feb-2008 |
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Pretérito perfecto
Pelayo Ortega regresa en Gijón a los años 90 en una retrospectiva que acaba en 2003 y tras la que inaugurará exposición en Mónaco.
Un enorme homenaje a los poetas celtas depositarios de las tradiciones, el arte y la cultura, que es al fin y por eso un recuerdo a Carantoña en quien el pintor pensaba mientras pintaba, abre la próxima exposición de Pelayo Ortega en Gijón. 'El Bardo', un cuadro de los últimos noventa (1997), es la pieza que más atrás mira en el tiempo de cuantas el creador y su galerista han seleccionado para su nueva cita en Cornión. Abrirá sus puertas el 29 de este mes, justo al término del inminente encuentro de Ortega con Arco, hacia donde ya han partido desde su estudio sus piezas más recientes para ser colgadas en el pabellón de la galería Marlborough. Con esta firma internacional tiene también compromiso inmediatamente después de Gijón. Esta vez en Mónaco, pero eso será a partir del seis de marzo y también con obra nueva, entre la que destaca un delicado autorretrato, el primero que el pintor admite desde el título.
Pero nada tiene que ver ni la muestra madrileña ni la monegasca con ésta más íntima de Cornión, en la que Pelayo se reencuentra con su «etapa más tranquila», como dice Amador Fernández, propietario de la única sala de arte que permite al creador de Gijón nacido en Mieres romper la exclusividad que tiene con quien desde hace diez años lleva su obra por medio mundo.
Estarán en esta exposición limitada por los años 1997 y 2003 todas sus materias, las que saltan con energía plena a los puntos de máxima tensión del cuadro y las que habitan debajo del horizonte de sus colores, en sus iconos, en su paz y en la riqueza de su inevitablemente fingida sencillez.
Estarán sus hombres consumiendo el tiempo y reinventando el espacio con humo de pipa, las sillas sin personaje, pero con todo el peso de su pensamiento. La lluvia impenitente, en estas pinturas siempre de primavera; las escaleras, algo obnubiladas a veces, sin posibilidades de ascensión en uno de sus cuadros 'Taller'. Y, por supuesto, estará la música. El ritmo que guía todas sus pinturas, como la poesía con las que se emparenta y el propio sonido de los instrumentos, invisibles, pero eficaces siempre. En 'Quinteto', por ejemplo, una composición de sillas de nuevo solitarias, que vibran como ocupadas por el espíritu de cinco músicos, que lanzan colores de notas en el aire, la amistad del pintor con el blues, el jazz y las sinfonías de los clásicos es más que evidente. Será, por tanto, esta retrospectiva de Pelayo Ortega, a la que acompañará un libro-catálogo con más pinturas en papel que telas colgarán en la galería, un encuentro consigo mismo.
Paché Merayo
El Comercio
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6-Feb-2008 |
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Antonio Suárez rendirá homenaje a Camín con sus pinceles en Cornión
Prepara una individual para Gijón con pinturas que regresan a los tiempos compartidos con el fallecido creador.
Camín ya tiene un primer homenaje. El creador que moría hace ahora poco más de un mes será recordado en la galería Cornión, pero no con su obra, que por cierto debía estar colgada estos días en sus paredes, pues su muerte, además de muchas ilusiones truncó el programa de la sala de arte, que contaba para abrir el año con sus últimas pinceladas. Volverá Camín a presidir la memoria y el presente con la paleta de Ántonio Suárez, que ha decidido convertir su próxima cita con Gijón en un tributo a una amistad.
Programada para el día uno de abril (aunque la fecha pudiera variar), la exposición iba a estar dedicada, en un principio, a lo que Amador Fernández, el propietario de Cornión, llama «la etapa noble de Suárez», o lo que es lo mismo los años de las décadas cincuenta y sesenta, en los que despegó su cartografía pictórica con el grupo El Paso.
Sin embargo, la muerte del que estaba considerado como el gran escultor asturiano del siglo XX hizo cambiar de planes a pintor y galerista y lo que se podrá contemplar es una mirada a los tiempos comunes que ambos, Suárez y Camín, compartieron antes de que la pasada centuria llegara a su segunda mitad.
No hay que olvidar que Joaquín Rubio Camín y Antonio Suárez iniciaron juntos el camino hacia el arte. De hecho, el que ahora mira al pasado se iniciaba en la pintura al natural de la mano de aquel al que se recuerda. Ambos compartían no sólo esta vocación creciente, sino su quehacer en un estudio de arquitectura. Suárez, que desde 1936 a 1943 asiste a clases nocturnas en la Escuela Oficial de Peritos Industriales y trabaja en varios oficios, permanece levantando alzados y planos hasta casi entrada la década de los cincuenta cuando decide dedicarse sólo a pintar y marcharse a Madrid, como también haría Camín. Entonces su pasión estaba en los pinceles, luego llegarían la gubia, los volúmenes y el Premio Nacional de Escultura.
Para esta cita con la ciudad, el pintor de El Paso sacará del baúl de los recuerdos telas de «cuando Camín y yo pintábamos juntos en Gijón». Así define Suárez lo que se podrá ver en abril, aunque la selección aún está por hacer. Hoy mismo Amador Fernández viaja a la capital, donde reside el pintor desde hace muchos años, para elegir la obra que vendrá a Asturias. En todo caso lo que se colgará en las paredes de Cornión es la obra de estos años en que su pintura se muestra cercana a la esquematización de las formas. Suárez, que conoce en la ciudad en la que vive a artistas de la 'Escuela de Madrid', en 1951 se marcha a París, donde abandonará la abstracción por el realismo.
En Art-Madrid
Por otro lado el galerista de Suárez no está en Madrid sólo por su cita con él. El próximo miércoles abre sus puertas allí Art-Madrid, la feria internacional de arte contemporáneo, que se presenta como alternativa a Arco y a la que Cornión acude con obra de Pelayo Ortega, Edgar Plans, Ramón Prendes, Amancio, Castillo, Fega, Josefina Junco, Knörr, Maojo, Peláez y Victorero.
1949.
Regresa a Asturias y, a finales de los años cincuenta se establece en Madrid, formando parte del grupo El Paso.
Paché Merayo
El Comercio
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31-Ene-2008 |
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Aurelio Suárez estará en Arco
La galería madrileña Guillermo de Osma acude a la Feria Internacional de Arte con obra del enigmático creador gijonés, al que dedicó una exposición monográfica este verano .
Aurelio Suárez, fallecido hará en abril cuatro años, acudirá a Arco, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo más destacada de cuantas se celebran en la geografía nacional, que abrirá sus puertas en 14 días. Una galería de Madrid, la Guillermo de Osma, ha elegido para colgar en sus afamadas paredes, cuatro óleos pintados en las décadas de los años cuarenta y cincuenta, seleccionados de una exposición monográfica dedicada a sus pinceles el pasado verano y en la que se pusieron ante la mirada pública 26 óleos, que ampliaban su visión en el tiempo a los años treinta.
Los cuadros elegidos, todos del mismo formato, 38 por 46 centímetros, medidas casi oficiales en la obra del enigmático pintor gijonés, son 'Olor a soga', pintado en 1947; 'Lunafilia', de 1954; 'Floricano', firmado en 1958, y 'Obsequio para ella', realizado un año después, en 1959.
Aurelio Suárez (1910-2003), artista voluntariamente desligado de la sociedad artística, que en 1961 decidió dejar de exponer individualmente participando sólo en escasas muestras colectivas, especialmente en la galería Cornión que prepara también para este verano una extraordinaria cita con su obra, es uno de los favoritos de la galería madrileña.
Sus responsables advierten en su «universo pictórico la marca de lo extraordinario, pues nunca puso traba o impedimento alguno al libre desarrollo de su mundo imaginario».
Un mundo, dicen, «plagado de referencias con ecos familiares o cercanos, pero al mismo tiempo esquivo, irónico y hermético». En el texto de la última monográfica dedicada al pintor gijonés, añaden que ese universo está marcado por una huella «surrealizante, metafísica o literaria que muestra también, claras herencias de la pintura de El Bosco o de los pintores medievales».
Aurelio Suárez es, según los expertos, «ciertamente, un pintor culto y de amplia educación visual al tiempo que gusta de cruzar y hacer guiños en su pintura a sus otras dos grandes pasiones: la lectura y la música».
Paché Merayo
El Comercio
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16-Ene-2008 |
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Huellas de Rubio Camín en la arquitectura Miguel Díaz Negrete revive sus años de colaboración con el arquitecto
Joaquín Rubio Camín es uno de los artistas asturianos más importantes del siglo XX, gracias, sobre todo, a su incomparable capacidad innovadora y a su inagotable originalidad. Su obra se encuentra repartida por muchas ciudades españolas. Algunas obras de la diáspora, quizás las menos conocidas del artista recientemente fallecido, son el resultado de la colaboración que, durante años, mantuvo con los arquitectos Del Busto y Díaz Negrete. LA NUEVA ESPAÑA repasó con Negrete aquellas otras obras de Rubio Camín.
Era el arte por definición, un hombre del Renacimiento en medio de la vorágine cultural del siglo XX. Pocos creadores asturianos alcanzaron la polivalencia que atesoró, durante toda su carrera, Joaquín Rubio Camín. Inquieto como pocos, siempre sensible a las novedades de su tiempo, Camín fue, ante todo, un innovador. Y buena parte de esa innovación ha quedado expuesta al aire libre para contemplación pública. Su aportación a la ornamentación arquitectónica se conserva en decenas de edificios de Gijón y otras ciudades de España Todo un legado escultórico, muchas veces olvidado, y en el que tuvieron mucho que ver los arquitectos gijoneses Miguel Díaz Negrete y Juan Manuel del Busto, amigos y colaboradores de Rubio Camín durante décadas.
Desde que Díaz Negrete tuvo constancia del fallecimiento de Joaquín Rubio Camín, hace ahora algo más de dos semanas, no ha dejado de revolver en los cajones de su despacho de la calle Marqués de San Esteban. En ellos se apilan planos y documentos de numerosas construcciones en las que Rubio Camín dejó su impronta como escultor. La relación que unió a Díaz Negrete y al artista gijonés se remonta a mediados de los años cincuenta, tras un encargo que simboliza la posterior relación que Camín guardaría con la arquitectura.
Por entonces, Díaz Negrete presidía la subdelegación del Colegio de Arquitectos de Asturias en Gijón. Conocedor de las dotes de Rubio Camín, Negrete le propuso para diseñar un retablo de Nuestra Señora de Belén y su huida a Egipto, patrona de los arquitectos, que debía sustituir en una de las capillas de la Catedral de Oviedo a otro que se encontraba deteriorado por el paso del tiempo. Con el beneplácito de Luis Menéndez Pidal, por entonces conservador de la Catedral, Rubio Camín elaboró una escultura de hierro y acero que, aún hoy, se conserva en el templo catedralicio ovetense. Aquel acto supuso el inicio de una relación profesional entre escultor y arquitecto, que se vería plasmada en posteriores colaboraciones.
«Ese primer trabajo, encargado por el Colegio, abrió un período de colaboración entre nosotros», asegura Díaz Negrete. Por eso, no pasó mucho tiempo antes de que hubiera una segunda vez. Fue a principios del año sesenta, cuando los arquitectos reciben el encargo de construir un edificio de viviendas en la confluencia de las calles Marqués de San Esteban y Zamora. Rubio Camín diseña para la fachada norte una enorme escultura de hierro que, bajo el nombre de «Las Redes», pretende simbolizar las labores de los hombres de la mar, en un lugar próximo a los muelles de Fomento.
Un año después, los arquitectos vuelven a solicitar la ayuda del ya por entonces prestigioso escultor, para hacerle un encargo muy especial: decorar el edificio que albergaría la sede gijonesa de la Caja de Ahorros de Asturias, situada en la céntrica plaza del Carmen. Camín diseña un conjunto escultórico en el que una madre con su hijo recoge en una hucha la ayuda económica de un ángel que se confronta con ellos. La escultura llevará el nombre de «Ahorro» y, por su situación, en el centro neurálgico de Gijón, se convertirá en una de las más conocidas para los paisanos del artista.
Meses después, la colaboración entre Díaz Negrete, del Busto y Rubio Camín se incrementará de manera considerable. El Instituto Nacional de Previsión saca a concurso público un proyecto para la construcción de una residencia sanitaria y un ambulatorio de la Seguridad Social en Orense. Eran tiempos de cambios económicos para España y la mejora de las infraestructuras sanitarias se convirtió en una prioridad para el organismo estatal. El concurso lo ganan Díaz Negrete y su inseparable compañero Juan Manuel del Busto, con una idea novedosa que agrada a los jueces. Pero, finalmente, el proyecto se encarga a otro arquitecto. Sin embargo, el buen hacer de los gijoneses no pasó inadvertido en Madrid y, días después, reciben el encargo de realizar varios proyectos en los que Rubio Camín tendría una aportación importante.
«Se nos mandó construir una serie de edificios que albergaran conjuntamente un ambulatorio y la agencia local de la Seguridad Social para varias ciudades españolas», explica Díaz Negrete. El primero de los proyectos tenía por objeto crear un complejo sanitario en Mérida. Pero las excavaciones en el solar donde debía levantarse la edificación dieron con una antigua construcción romana, la casa de Mithraeo. Las obras se paralizaron y fue necesario iniciarlas en un solar colindante. «Mérida es una pequeña Roma y casi todas las excavaciones dan con algo importante», afirma el arquitecto.
Solventados los problemas iniciales, el edificio cogió forma y en 1966 estaba finalizado. Es entonces cuando aparece el protagonismo de Rubio Camín, que diseña para la fachada principal del edificio una escultura que representa un cuerno de la abundancia y que realiza con acero y bronce. «Fue la primera escultura que diseñó dentro del plan encargado por el Ministerio», dice Negrete.
Tras Mérida, llegarían los ambulatorios de Cáceres, Soria y Palencia, inaugurados entre los años 1968 y 1969. En ellos, Camín también tuvo la oportunidad de decorar las fachadas con algunas de sus creaciones. Para la entrada al ambulatorio de Cáceres elaboró con acero otra creación abstracta que guarda una clara conexión con sus raíces vanguardistas. Especialmente llamativa es la composición realizada para el centro sanitario palentino, en el que utilizó diversos materiales para configurar una composición original y que fue muy del agrado de los arquitectos. «Era una obra sencilla, pero que llamaba mucho la atención», reconoce Díaz Negrete. Para Soria, diseñó un panel con distintos motivos en los que quiso reflejar las diferentes actividades económicas: agricultura, industria y servicios.
A principios de los setenta se inaugurará otro inmueble destinado a fines sanitarios y cuya construcción proyectan y dirigen también Díaz Negrete y del Busto. La Residencia de la Virgen Blanca en León se convertirá pronto en uno de los referentes arquitectónicos de la época para la ciudad. También entonces, Camín diseñará un mural exterior de cerámica vidriada en el que combina varios estilos y en el que ya se entrevé un concepto más maduro, más próximo al de su última etapa como escultor. Con el tiempo, las heladas acabarían por destruir el mural, ahora sólo conservado en la memoria de quienes conocieron la obra y en alguna fotografía que guarda como oro en paño Miguel Díaz Negrete.
Pero las trabajos de Rubio Camín para trabajos arquitectónicos de Díaz Negrete no se acaban ahí. Un pequeño friso colocado en la céntrica cafetería Rívoli de Oviedo, recuerda también las décadas de colaboración entre estos dos grandes. Es un símbolo más de la estrecha relación que ambos mantuvieron a lo largo de los años. Una colaboración que dio como resultado numerosas obras que se reparten, no sólo por Asturias, sino por numerosos puntos de España. Ellos simbolizaron la perfecta unión entre arquitectura y escultura.
Eloy MÉNDEZ
La Nueva España
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9-Ene-2008 |
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El tejo huérfano sin Camín
La muerte del escultor gijonés deja sin «padre» al «Tejo Herido» del parque Ferrera, al «Ara» de Los Canapés y a varias piezas de madera que alberga la Casa de Cultura
El tejo se murió, y llegó la hora de ver qué hacer con su madera. Situado en uno de los extremos del parque Ferrera, junto a la Noria, quedó con sus ramas vacías de hojas y de savia, triste como un lamento. Corría el año 1986. El entonces concejal de Cultura, Pepe Martínez, y el responsable de la Casa de Cultura, Ramón Rodríguez, se enteraron de que iban a talar el tejo, y se acordaron del escultor gijonés Joaquín Rubio Camín, a quien llamaron para ofrecerle la madera. Y él la aceptó, pero sin que se derribara el árbol. El artista se presentó con una motosierra y durante varios días dio formas angulosas a las ramas, y nueva vida al seco cuerpo.
Desde hace más de una semana, el «Tejo Herido» del parque Ferrera está también huérfano con el fallecimiento de su «padre». Y no es la única obra que el genial escultor dejó en Avilés; también son suyas varias piezas que se conservan en el interior de la Casa de Cultura, así como el «Ara» que está junto al centro cívico de Los Canapés. Rubio Camín (Gijón, 1929- 2007) fue además el protagonista de exposiciones y de un documental, que rodaron Juan Carlos y Vidal de La Madrid en Valdediós a principios de la década de los 90. El eslabón avilesino de toda esta actividad fue Ramón Rodríguez, que con su amistad contribuyó a estrechar los lazos entre Rubio Camín y la localidad.
«Cuando yo era presidente de la Asociación de Pintores y Escultores Asturianos negocié con él que formara parte, aunque él no era asociativo», explica Rodríguez. Y de ahí partió una relación personal que hizo posible la primera exposición en Avilés del escultor de Gijón, en 1982. Lo más llamativo de aquella muestra fue que, literalmente, Rubio Camín puso su estudio en Avilés. «Trasladó su estudio con todo lo que tenía en aquél momento, con obras de todo tipo», recuerda el artista avilesino.
Y esto tuvo clara repercusión en los artistas asturianos. «Ignacio Bernardo, por ejemplo, quedó bastante tocado por su obra. Se cumplió el cometido didáctico». Para esta exposición escribió Camín: «La muestra es variada de materias y temas: las concreciones, los recuerdos naturales y las cosas que me pasan por los ojos y la mente. Todo es igual de interesante para mí y cuando me preguntan ¿qué estás haciendo ahora?, siempre contesto lo mismo: vivir». En ese mismo año, Rubio Camín también participó, junto a otros pintores, en los murales que se realizaron en Avilés con motivo de la celebración del Día de Asturias. Su «cuadrito» puede verse a la entrada de la sala de lectura.
Lo siguiente ya fue el «Tejo Herido», un hito en su momento, ya que se trata de la primera escultura urbana de arte contemporáneo en Avilés. Y no costó una millonada, como cuenta alguna leyenda negra. «Se le pagó la gasolina y una comida, creo recordar», asegura Ramón Rodríguez. A lo largo de las dos décadas que pasaron desde que realizó la escultura, se le planteó en varias ocasiones a Rubio Camín la posibilidad de eliminar las ramitas que estaban naciendo arropadas en las intersecciones del árbol, e incluso alguna propia del tejo, pero el artista no quiso. «Su respuesta fue que lo que fuese sucediendo, que sucediera».
Del mismo palo que el «Tejo», valga la expresión, son las esculturas que protagonizaron la muestra con la que se clausuró la vieja Casa de Cultura, 24 piezas realizadas en madera que luego pasaron a ocupar distintas estancias de las nuevas instalaciones de Álvarez Acebal. Fue entonces cuando, en los papeles de la Casa de Cultura, Rubio Camín publicó las siguientes líneas: «Queda en esta ciudad una parte importante de mi vida ligada a los árboles, el material más noble con el que trabajo, el más vivo, el más caliente, el más dialogante. El ejercicio de la escultura impone duros condicionamientos para el encuentro satisfactorio con la forma. El árbol como materia viva habla mi mismo idioma y me ayuda a seguir en la búsqueda de lo importante: la hermosa utopía del encuentro perfectoÉ ¡qué más quisiera!»
Finalmente, y ya alejado de la madera, Rubio Camín realizó para Avilés «Ara», por encargo de la empresa que construyó el centro cívico de Los Canapés. Empleó perfiles de Ensidesa y granito para recrear un altar votivo, un templo a la cultura y al deporte. Su vinculación a Avilés la dejó escrita en estas líneas: «Gijonés de nacimiento, asturiano por derecho natural, avilesino por sincera amistad con la Casa de Cultura y sus gentes. Siempre acogido con calor. De por vida y más allá estoy ligado muy fuerte a Avilés y quiero no defraudar jamás tan amistosa relación».
«Era un hombre que fue premio nacional de tres disciplinas artísticas, pintor, escultor e ilustrador y fotógrafo, y sin embargo era un paisano, lo tenías al lado y no sabías que era un artista de élite», rememora Ramón Rodríguez. De él destaca también que «salvo a última hora, que ya estaba enfermo y dejó la vida social, en toda exposición que hubiera allí estaba Camín apoyando al artista, fuese quien fuese». En opinión del artista avilesino, Camín fue «uno de los máximos exponentes de la escultura de nuestros días, uno de los maestros de las nuevas generaciones de escultores asturianos que ven en él la necesaria síntesis de tradición y modernidad». La última cita de este reportaje también es de Camín: «Ya que la vida no da para más, espero acabarla trabajando». Con él, los árboles, como el tejo, también mueren de pie.
Elisa Campo
La Nueva España
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8-Ene-2008 |
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San Pedro, sin Camín
He tenido la suerte de compartir horas de conversación con Joaquín Rubio Camín a lo largo de estos últimos trece años de su vida. Su fallecimiento me cogió por sorpresa en la mañana del pasado sábado 29 de diciembre. Conocía de su enfermedad por Amador Fernández, quién días atrás me había comentado su delicado estado de salud. Nada voy a aportar en estas líneas de su buen hacer como pintor, escultor, diseñador, fotógrafo, gran creador; todo se ha dicho ya en los diferentes medios de comunicación. Les voy a hablar de la orfandad de San Pedro al morir Camín.
«los pintores son gente extraña, con ternura y zarpazo, que hacen chocar la hondura y la apariencia y alumbran destellos de insana lucidez». F. Carantoña
La relación de Joaquín Rubio Camín (Gijón 1929-2007) con la iglesia de San Pedro se inicia en el último tercio de la década de los cincuenta del siglo pasado cuando el entonces regente de dicha parroquia, don Ramón García González, le realiza el encargo de diseñar un nuevo altar mayor. En dicho espacio litúrgico Camín intervendrá de una forma total, el sagrario -con un mosaico de José Luis Sánchez en su puerta- el baldaquino, los candelabros, la impresionante mesa de piedra de Sebreño labrada en sus cantos y soportada sobre ocho columnas, los ambones con su rejería y la alfombra serán su aportación al nuevo altar que se inaugurará en el año 1960.
No concluyó su intervención en ese espacio, dejando los paños verticales de la girola para otro momento. Nunca llegaría ese tiempo, otro artista asturiano, Magín Berenguer, por encargo del siguiente párroco, don José Arenas y Arenas, pintaría las imágenes de Jesús y los cuatro evangelistas. No ocultó nunca, y en su última visita a últimos del año 2006 lo reiteró, su malestar por la colocación de las pinturas de los evangelistas, no tanto en cuanto a quién las había realizado, sino por su ubicación en ese espacio que el había previsto cubrir con mosaicos alegóricos al prerrománico asturiano.
La colocación de las pinturas conllevó que el baldaquino se convirtiese en una lámpara más del templo, al ser elevado sobre su altura inicial, pues de permanecer en la originaria se daba la circunstancia óptica de que las cinco figuras de Magín vistas desde la nave central aparecían «literalmente asomando sus cabezas» sobre el arco del baldaquino. Esto desesperaba a Camín; para el había perdido «su origen y fin».
He escrito en otros trabajos sobre la iglesia de San Pedro que si don Marino Soria González (párroco de 1943 a 1957) fue el constructor e impulsor del actual templo, don Ramón fue sin duda el que introdujo el arte en San Pedro, fue un gran mecenas. Durante el tiempo que ocupó el cargo (de 1957 a 1965), desarrollará una gran labor de acondicionamiento artístico y litúrgico del interior de la edificación y Camín será su brazo creador y ejecutor, como iremos viendo.
Covadonga y del Carmen
Los altares de la Santina y de la patrona de los marineros también son obra suya. El primero ocupa la nave de la epístola y enmarca sobre un magnífico mosaico en mármol una talla realizada también en piedra de Sebreño (Ribadesella): la imagen de la Virgen de Covadonga. La Santina tiene en su parte inferior tres cabezas de ángeles, que junto a la rosa y sus coronas fueron realizadas en cobre batido. Se completa este altar con unas alegorías a las advocaciones del Rosario realizadas en chapa, cobre y bronce y un Cristo crucificado de este material. La escultura de la Virgen, perfectamente proporcionada, -su medida es de tres cabezas- es una de las mejores piezas religiosas realizadas por el autor y una de las que se sentía más orgulloso, según sus propias palabras.
La advocación de la Virgen del Carmen se desarrolla en un mayor espacio que el anterior, al haberse ejecutado en el crucero del templo. Una talla labrada sobre una impresionante mole de piedra caliza traída de Colmenar de Oreja (Madrid) de dos toneladas de peso, aparece colgada a unos seis metros sobre la mesa del altar rodeada de unos pases de luz exterior realizados en alabastro. En sus laterales de nuevo mosaicos, esta vez el viejo puerto gijonés, la rula, los barcos de pesca, la vida del mar. Diseñó también para la mesa del altar dos candeleros en hierro y cantos rodados del Rinconín junto a un Cristo crucificado, realizado también en hierro.
Los mosaicos de la girola
Joaquín Rubio Camín va realizando el diseño del templo del patrono de Gijón. La girola también conoce su mano diestra y ubica en ella cinco mosaicos dedicados a diferentes advocaciones de la Virgen María: la del Perpetuo Socorro, la Paloma, la Soledad, la de Guadalupe y la de la Caridad del Cobre. Fue realizada una primera a modo de prueba, en donde hoy se encuentra la de la Soledad, pero fue destruida por el propio autor.
Rubio Camín veía en el mosaico un elemento básico dentro del desarrollo artístico y decorativo del edificio religioso. Esta vieja técnica, de la que se han encontrado vestigios que datan de 3.500 años antes de Cristo, pero que alcanzó con los romanos su máximo esplendor era para Joaquín la base ornamental del interior de la iglesia.
No compartió el aprovechamiento del espacio de la girola como capilla del Santísimo y así lo hacía saber siempre, con esa particular simpatía o antipatía según el juzgador, en sus visitas al templo. Lo mismo que criticaba duramente la proliferación de cruces y verjas. Solía decir que había contado quinientas cruces, «no es de recibo, pierde su significado».
El altar del patrono
Corría el mes de diciembre del año 1993 cuando conocí a Joaquín Rubio Camín. Era párroco de San Pedro Bonifacio Sánchez Alonso, y hacía unos meses que se había producido un desgraciado incidente entre Camín y don Boni. El párroco había encargado la restauración del primer altar construido en el templo parroquial, obra de Ignacio Lavilla, bajo la advocación de la Virgen del Rosario con una hermosa imagen en piedra de Gerardo Zaragoza. Su fondo de mosaico, bien es verdad que muy deteriorado, sería lamentablemente cubierto de pan de oro. Aprovechando esta restauración se decidió intervenir sobre la imagen de San Pedro.
Camín había realizado en el año 1966 una escultura del patrono de Gijón. Nunca había encontrado un sitio en el templo y deambulaba de una esquina para otra, llegando al extremo de permanecer a la intemperie en el patio de la edificación. Ya hemos escrito que manos inocentes lo policromaron dejando en sus llagas de madera una señal perpetua. Aquel desatino provocó en su autor uno de los mayores enfados de su vida y desató un grave enfrentamiento verbal con el cura; afloró el carácter de Camín. La sangre no llegó al río y de aquella innecesaria policromía nació un nuevo altar para ubicar el viejo abedul convertido por el prodigio de las manos de Joaquín en una majestuosa imagen del apóstol Pedro. Fui testigo de su desinteresado trabajo, de los bocetos, de los dibujos previos, del estudio del espacio en que iba a ubicarse, en el lado del evangelio. Veintiocho años después, el 29 de junio de 1994, se inauguró y bendijo el altar del patrono de Gijón y Camín no asistió.
El baptisterio de Suárez
El jueves 3 de noviembre del año 2005 se bendecía el retablo del baptisterio, obra realizada por Antonio Suárez. Días antes, en una mañana otoñal, se reunían a petición del autor, Joaquín Rubio Camín y Gonzalo Juanes, sus amigos del alma. El motivo del encuentro, la iluminación del nuevo retablo. Expuso Suárez sus dudas sobre la luz y su proyección sobre la obra, zonas oscuras, brillos, etcétera. Estaban presentados dos puntos de luz que bañaban de abajo hacia arriba la obra, y un cañón de iluminación en el vértice del arco frontal a la obra. Una observación técnica de uno de los presentes e intervención de Joaquín: «¿A usted, cuando se va a hacer una fotografía, le colocan un foco de luz debajo de la barbilla? ¿No, verdad? Pues a los cuadros tampoco. Lo mismo que la estupidez de iluminar desde el suelo los edificios, los monumentos, etcétera. Antón, no se puede colocar esta iluminación». Cambio de planes inmediato, subidas y bajadas del técnico electricista colocando y quitando focos. El retablo quedó sin iluminar, la luz natural que entra por las ventanas y la luz ambiental del templo se entendió como suficiente.
Proyecto no realizado.
El actual párroco, Javier Gómez Cuesta, le solicitó su asesoramiento y orientación sobre la posible adecuación del entorno de la actual capilla que alberga el sagrario en la girola. Ello conllevó diferentes visitas al templo y que mantuviésemos tardes de café y largas conversaciones en el otoño / invierno del año 2006.
Su propuesta recogía su pensamiento, expuesto muchas veces con anterioridad. La girola debe de volver a ser zona de tránsito de una nave a otra. Deben retirarse las dos verjas que limitan ese espacio y los bancos existentes. También debe realizarse una modificación de la iluminación que permita contemplar los mosaicos. A ello añadía que la capilla del sagrario debía colocarse en el altar de San Pedro y cerrarse mediante una reja entre columnas a modo de capilla. La tradición de la rejería de hierro en los templos católicos, especialmente en las catedrales, era su apoyo a la hora de implantar un nuevo cerramiento en el interior de la edificación, esos sí, rejas sin cruces. El proyecto no avanzó y se paralizó.
Decía Francisco Carantoña que «los pintores son gente extraña, con ternura y zarpazo, que hacen chocar la hondura y la apariencia y alumbran destellos de insana lucidez. Buscan cosas distintas, hallan otras evidencias, dialogan en otro idioma diferente al nuestro». Duro, firme y machacón en sus exposiciones. Afectivo y exquisito. Gran conversador. Gustoso de conocer, opinar y criticar cualquier movimiento o modificación que se realizase en su templo. Sin quererlo, se había convertido en tutor y conservador de la iglesia del Campo de Valdés, el monumento gijonés que guarda entre sus paredes el mayor número de obras del que han denominado «artista total». San Pedro sin Camín se ha quedado huérfano. Descanse en paz.
Luis M. Antuña Maese es ex secretario de la Asociación Amigos Iglesia de San Pedro de Gijón.
Luis M. Antuña Maese
La Nueva España
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31-Dic-2007 |
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Camín
El Comercio
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31-Dic-2007 |
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Hasta luego, Juacu
Anteayer se despidió de nosotros un amigo. Un gran amigo con el que hemos vivido muchos momentos inolvidables, que hoy se me amontonan en mi cabeza. Lo había conocido aquí, en lo que hoy es mi casa y por entonces era la librería Atalaya. Estábamos en el año 68 y su propietario, Eduardo Vigil, era amigo personal suyo y de otro gran artista asturiano, Antonio Suárez. Rubio Camín y Suárez vivían en Madrid, habían ido a buscarse la vida como artistas y para mí, un niño de quince años, era todo un lujo conocerles y les profesaba una profunda admiración.
Seguí sus trayectorias desde ese momento. Hasta que en el año 81 tuve la suerte y el privilegio de inaugurar Cornión, con una colectiva donde se encontraban acompañados de otros muchos amigos artistas, que hoy en día seguimos teniendo la felicidad de compartir y presumir de su trato y amistad.
Muchas han sido las ilusiones puestas en aquella primera participación de ARCO 86, y las posteriores, junto con Pelayo Ortega y Melquíades Alvarez. Muchas las horas vividas, y nunca mejor dicho, en Valdediós, la casa donde con Carmen pasó los últimos treinta años de su vida, un lugar donde diseñamos con entusiasmo el libro ´Valdediós´, una joya bibliográfica que Joaquín supo crear y con el que consiguió para nosotros el Premio Nacional de Edición y la medalla de plata en Leipzig, en el concurso Los libros mas bellos del mundo.
En esa misma casa, en compañía de Carmen, Isabel y Elsa, hemos despedido durante muchos años el fin de año y, al día siguiente, con las familias Robledo y Osende iniciábamos el nuevo. Aquellos días que Camín nos obsequiaba fueron un lujo. Nos enseñaba a ver los árboles, las flores, las mariposas y, por supuesto, todo su gran mundo artístico interior, infinidad de collages, dibujos, proyectos escultóricos, vivencias...
Fruto de su ilusión y de su trabajo hemos organizado varias exposiciones en Cornión, en el Museo Evaristo Valle o en el Museo Barjola, donde se organizó una gran retrospectiva.
Hemos vivido el día a día con un profundo respeto y una sincera amistad. Los miércoles había comida en Cornión. Venían los Camín. Era una fiesta a mitad de semana que nos hacía el trabajo mucho más llevadero.
Desde el primer día, Camín ha sido el santo y seña de esta galería; nuestro padre espiritual; el artista respetado y que todos querían tener de compañero; el hombre que daba ánimos a los más jóvenes... En fin, el que junto a Carmen formaba la pareja de abuelos de mi hija Elsa.
Hasta luego, Juacu.
Amador Fernández Carnero
La Voz de Asturias
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31-Dic-2007 |
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Adiós, querido Joaquín
EL dolor nos ha caído a todos como uno de esos rayos verticales que parten a los árboles en dos.
Llevo tres días pululando como un fantasma por esta casa que fue tuya, llena hasta los topes de tus recuerdos. Porque no fuiste sólo aquel pintor de cuadros y murales infinitos, ni más tarde el escultor capaz de tantas obras grandiosas. Eras también el artista total que podías hacer surgir cualquier cosa de tus manos, realizando magia con cajones de embalaje (¿cuanto juego nos dieron esas maderas¿) y construyendo muebles asombrosos cuando no teníamos ni un duro para comprarlos.
Y tengo también una colección de collages tuyos, colgados por aquí y por allá, pero hay uno tan significativo que voy a cambiarlo de lugar.
Me lo regalaste el día que fui a Gijón para firmar nuestro divorcio. Carmen y tú me acogisteis en vuestra casa de Valdediós. Recuerdo que calentasteis la cama en la que iba a dormir con una manta eléctrica para que no sintiese la humedad del lugar y había una gata que me seguía a todas partes muerta de asombro. Cuando amaneció y vi por primera vez el valle en el que os habíais instalado, supe que habías encontrado TU LUGAR EN EL MUNDO, y que allí permanecerías para siempre.
Antes de dejarme en el tren que me llevaría de vuelta a Madrid, me regalaste ese collage gris y blanco que ahora voy a cambiar de sitio cuando las lágrimas me permitan ver claro.
Y lo colocaré encima de una mesita, uno de los primeros muebles que hiciste con tiras de un cajón de embalaje, como no. Una mesita que fue blanca en principio y luego con mi manía de pintarlo todo, cambió de color según las épocas. Ahora la he teñido de oscuro y te aseguro que está preciosa de lo mas fashion.
Nuestras hijas la conservarán cuando yo desaparezca. Porque aparte de un hombre infinitamente bueno y de un colosal artista, fuiste para más gloria tuya, un padre excepcional.
Adiós, querido Joaquín.
Trinidad Fernández
El Comercio
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31-Dic-2007 |
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Rubio Camín: un creador genial, global, mineral y natural
El escultor, fallecido anteayer en Gijón, desplegó su arte por géneros y estilos
La figura y la obra del pintor y escultor Joaquín Rubio Camín, fallecido anteayer en Gijón a los 78 años de edad, desborda los marcos convencionales del creador más o menos encasillado y ofrece la perspectiva clásica del genio renacentista, una fuerza en abanico para una obra genial, global, mineral y natural. Oviedo
La obra de Joaquín Rubio Camín tiene la voluntad de los artistas del Renacimiento, de los creadores globales, ya que abarca diversas formas de expresión desde la pintura o la fotografía de los primeros años hasta la culminación de su genio como escultor, siempre en unos casos y en otros -en todos los terrenos a fin de cuentas-, marcando un sello personal inconfundible.
En los años de posguerra no era fácil avanzar sobre las ideas y los modos establecidos. Y menos desde la realidad de las provincias, muy conformistas a la hora de ver y entender el arte. Por eso Rubio Camín -al igual que su amigo, también asturiano, Antonio Suárez- se fue a Madrid para abrirse caminos donde los había, al menos en comparación con la realidad del Principado.
Acertó. En 1951, al poco de trasladarse a la capital de España, obtiene el accésit del Concurso Nacional de Pintura. Sucesivamente expone en San Sebastián, en la sala Caralt de Barcelona, en el Ateneo de Gijón y en la Universidad de Oviedo.
El artista global, sin embargo, seguía en ebullición. En el inicio de los sesenta, de ese tiempo bautizado en todo el mundo como la «década maravillosa», especialmente pensando en la expresión artística y cultural en general, Camín se vuelca en la escultura, entra en el universo mágico de las tres dimensiones y lucha con todo tipo de materiales, sin retroceder ante el cobre, el hierro, el aluminio, el mármol o el bronce. Un combate que fue aprendizaje y llegó a la maestría con los angulares, unas formas tan hermosas como difíciles.
El genial escultor va y viene. En el año 1975 se traslada de nuevo a Asturias, y comienza a trabajar alternativamente las series de angulares de las que es ya un maestro con la madera, una materia especialmente noble en sus manos. Fija su residencia en el valle de Valdediós, donde su apuesta por la naturaleza desnuda cobra pleno sentido.
El artista asturiano, volcado en la abstracción, no ha dejado de sentir la emoción religiosa logrando expresarla a la perfección como, mismamente, se puede apreciar en el templo de San Lorenzo de Gijón, en el cuadro «Pentecostés», de mediados de los sesenta. Recuerda la composición de «La Madonna del huevo» de Piero della Francesca, una escena también conocida como «La venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los apóstoles». La estrechez del marco obliga a situar en varias filas a los apóstoles Y asimismo siempre ha estado pendiente de la pura actualidad y sus vibraciones, por eso abordó le reformulación de los restos de un barco hundido. La obra está en Peñarrubia. En el otoño de 2003 se inauguró su propuesta denominada «Castillo de Salas», el mismo nombre del buque hundido en la bahía de Gijón en 1986, un pecio con la belleza de las ruinas que, desde el arranque del Romanticismo, siempre han seducido a los artistas más sensibles.
La Nueva España
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31-Dic-2007 |
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Luis : en la perdida de un maestro
El escultor Joaquín Rubio Camín nos acaba de dar un mazazo enorme, él que no utilizaba apenas el martillo y el cincel. Maestro de la gubia y la forja, y también de la cámara fotográfica y el pincel, su desaparición, inesperada para quienes no formaban parte de su entorno más íntimo, supone una pérdida irreparable para el arte asturiano, puesto que con él se va una de las últimas grandes figuras de su generación, de la que ya sólo nos queda (y ahora habrá que tratarle con especial mimo) su amigo el pintor Antonio Suárez, quien sin duda estará pasando unos momentos terribles, desconsolados, con una profunda sensación de soledad.
A veces no nos damos cuenta de la fortuna que tenemos al poder contar entre nosotros con estos viejos maestros ejemplares, modelos de compromiso con el arte de su tiempo, transmisores de un conocimiento que sólo proporciona la experiencia de muchos años de actividad creadora, engarces con el pasado para los artistas de hoy, como en su momento lo fueron para los jóvenes Antonio Suárez y Joaquín Rubio Camín los ya veteranos pintores gijoneses Evaristo Valle y Aurelio Suárez, a los que al principio se acercaron con la distancia que imponía el respeto y la admiración, luego con mayor cercanía e intimidad, lo que le permitiría a Camín retratarles en varias ocasiones, al primero con los pinceles, al segundo con la cámara fotográfica.
Camín y Suárez compartían entonces (mediados de los años cuarenta) los mismos desvelos artísticos y el mismo afán de renovación que sus mayores, según se pudo apreciar en su primera exposición conjunta en la sala Cristamol de Gijón, en 1947, en la que sorprendieron a un público conservador que acogió con perplejidad y disgusto la manera con que estos dos jóvenes pintores mostraban en el lienzo los aspectos menos gratos del paisaje urbano asturiano, retratados, además, con una paleta fría y no siempre respetuosa cromáticamente. En aquellos primeros momentos figurativos, ambos pintores compartían, además, el interés por los arrabales gijoneses, crecientemente industrializados, que incluso llegaron a pintar a medias, firmando indistintamente.
Los cuadros que Camín realizó por entonces, normalmente con figuras, se caracterizaban por su rotunda construcción cezanniana, debida a la influencia de otro de sus modelos, Daniel Vázquez Díaz, cuya pintura se había convertido en la principal referencia renovadora del país, en unos tiempos en que la mayoría de los vanguardistas españoles habían desaparecido o se habían tenido que exiliar.
De la importancia que a su vez tuvo la pintura de Camín en el proceso de renovación del arte asturiano en los años cincuenta dio buena cuenta una exposición celebrada en el Museo Barjola de Gijón en 1989, comisariada por María Soledad Alvarez, en la que se resaltaban todos los momentos de gloria del artista gijonés como pintor, desde su participación en el Salón de Otoño de Madrid hasta la conquista en 1955 del Premio Nacional de Pintura.
Posteriormente, Camín abandonaría la pintura a favor de la escultura, si bien en los últimos años la recuperaría de nuevo, llegando a mostrar en varias ocasiones (desde 1997 y siempre en la gijonesa galería Cornión, que sentía como su propia casa) sus pinturas recientes, también a la espátula, que compartían con las de su etapa anterior un interés claro por el volumen, si bien con una cierta inclinación hacia contornos más blandos, en paisajes nubosos con amplios celajes que, de un modo más abstracto, también protagonizarían sus delicados y preciosos collages, hechos a cientos para no perder destreza en las manos y guardados en un armario para uso y disfrute exclusivo de los suyos.
Pero si por algo debe ser recordado Joaquín Rubio Camín es, sin duda alguna, por su labor escultórica, a la que se dedicaría casi en exclusiva desde 1961 y con la que conseguiría los mayores éxitos de su carrera, como su participación en las Bienales de Sao Paulo y Venecia. Siguiendo la estela constructivista de creadores como el ruso Malevich o el vasco Jorge Oteiza, que también influyeron en el otro gran escultor asturiano del momento, el cangués Amador, Camín exploró todas las posibilidades conceptuales y expresivas del angular de acero, en un trabajo de forja de verdadero interés ensombrecido por el mayor éxito obtenido internacionalmente por escultores contemporáneos como el ya fallecido escultor vasco Eduardo Chillida, de presupuestos estéticos similares.
La mayor aportación de Joaquín Rubio Camín a la escultura estaría en la aplicación de esos mismos principios rigurosamente abstractos a la talla en madera, un material al que se dedicó sobre todo a partir de su definitivo regreso a Asturias en los años setenta, tras casi dos décadas de residencia en Madrid. Con la madera, en todas sus variantes, dio lo mejor de sí, al enraizar su obra, hecha de roble y castaño y también de hierro, con el alma asturiana, lo que la dotó de una mayor autenticidad pero también redujo su proyección artística, que al final quedaría casi exclusivamente ceñida al ámbito local, con seguidores tan destacados como Pablo Maojo, cuya vivacidad pronto desbordaría el rigor estricto de su maestro.
Sería una lástima que la modestia y la indiferencia orgullosa con la que vivió Camín en sus últimos años, tanto en su Gijón natal como en su paradisíaco refugio en Valdediós, impidieran que su obra tuviera, ahora que ya no está, el reconocimiento que se merece, siendo como es uno de los principales artistas españoles de su generación y quizá el mejor escultor contemporáneo que ha dado Asturias, a la que desde luego no le sobran los modelos.
La Voz de Asturias
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30-Dic-2007 |
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El último renacentista
Las personas más cercanas a Rubio Camín lo recuerdan como una persona entrañable y un referente para el resto del colectivo artístico asturiano. Sus últimos trabajos se centraron en la escultura aplicada.
El mundo del arte coincide. Con el fallecimiento del gijonés Joaquín Rubio Camín se va uno de los referentes de la creación contemporánea en Asturias. Como el dispuso, no se celebró ceremonia civil ni religiosa para despedirle. En su lugar, las personas que le conocieron en vida aprovecharon para recordar las bondades de uno de los artistas asturianos que supieron destacar en casi todas las disciplinas.
Los últimos días los pasó en el hospital de Cabueñes, donde ingresó a principios de diciembre. Hasta ese momento estuvo volcado con el arte. Los últimos encargos fueron trabajos de escultura aplicada para empresas con base en Asturias. Frisos o entradas, que eran solo alguna de las muchas facetas en las que Rubio Camín nadaba como pez en el agua. Escultura, pintura, fotografía,... El galerista de la sala Cornión, Amador Fernández recuerda que el propio artista se definía a sí mismo como "un cocinero", que tiene que ser capaz de ejecutar diferentes recetas. Y en todas las suyas, opina Fernández, "tiene un sello personal".
Fue precisamente Cornión la galería que le dedicó la última exposición no colectiva. Fue en el año 2004. La sala de arte gijonesa preparaba además en los últimos meses una nueva muestra dedicada íntegramente a Joaquín Rubio Camín, que finalmente había sido aplazada debido al grave estado de salud del artista.
Rubio Camín fue agnóstico hasta el final. Pese a ello, realizó numerosos trabajos de escultura religiosa y son pocos los templos católicos de Gijón que no exhiben con orgullo alguna de sus tallas. Entre ellos, el Cristo de la iglesia de los Carmelitas o uno de los santos que adornan la de los Capuchinos.
La obra pública fue otro de sus fuertes. En Gijón, supo dotar de utilidad a los vestigios de uno de los mayores desastres acontecidos en las costas asturianas. Así, recuperó por encargo del exministro de Fomento, Francisco Alvarez-Cascos, 10 piezas pertenecientes al cascote del malogrado Castillo de Salas , fragmentos que recolocó en un monumento que hoy permanece en la senda del Cervigón. Pero la devoción por Rubio Camín era generalizada, por lo que también siguió recibiendo este tipo de encargos tras el cambio de gobierno en Madrid. Así, una de sus últimas aportaciones en este sentido fue la escultura colocada en la autopista del Cantábrico, a la altura de la salida hacia Colunga.
Pero si por algo será recordado en su Gijón natal es por Génesis , su peculiar obelisco. La enorme escultura presidió durante varios años el paseo de Begoña hasta que en el 2003, el ayuntamiento y el artista coincidieron en que había que reservar para el monumento un espacio en el que se pudiera apreciar su majestuosidad. La reforma del céntrico paseo fue la excusa perfecta para el traslado de la pieza a la glorieta de la avenida Constitución.
La alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, recuerda con nostalgia la inauguración del nuevo emplazamiento de Génesis . El acto coincidió con una de las protestas de la plantilla del hospital de Jove, que en aquellos días se encontraba en huelga. "Protestaban contra el Principado, pero nos siguieron por toda la avenida Constitución y tuvimos que subir corriendo". Felgueroso destacó también que Rubio Camín, además de una persona "generosa, solidaria y muy abierta", siempre mostró su disposición a "colaborar y ayudar a los artistas más jóvenes".
Uno de estos nuevos talentos, Edgar Plans, que ayer se acercó hasta el Tanatorio, manifestó que, por su trabajo, Joaquín Rubio Camín había sido un "artista de referencia" para toda una generación en Asturias. Una opinión en la que coincidió con varios representantes de la cultura asturiana que desde el fallecimiento del artista quisieron trasladar su pésame a la familia.
Como los grandes genios, fue, además de un ser entrañable, también una persona singular. Dicen los amigos más cercanos que las visitas se sorprendían cuando llegaban a la casa que se construyó en Valdediós, donde todas las estancias estaban perfectamente iluminadas desde arriba pero en la que no había ventanas. " Por qué no has hecho ventanas con el paisaje que tienes aquí?", le preguntaban. "Si quieres ver el paisaje, abre la puerta", era la escueta respuesta del polifacético artista. Un paisaje, el de Asturias, en el que ha dejado multitud de huellas con las que su memoria permanecerá viva.
J.Cuevas
La voz de Asturias
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30-Dic-2007 |
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Camín o Valdediós
Durante más de 30 años Joaquín Rubio Camín vivió junto a su mujer, Carmen, en su particular paraíso de Villaviciosa, muy cerca del Conventín. Así eran sus días
Camino Valdediós, cuando amanece, hay una suave bruma cubriendo el valle. Esconde ese halo mágico y misterioso del paisaje asturiano silencio, sabores a yerba y madera escarchada. Se diría que el valle está vacío, si no fuese por la intensa balada de los pájaros que despiertan al alba. El Conventín anuncia un tiempo detenido, donde piedras y musgo comparten mil vivencias, susurrando secretos. En el río pululan cánticos ancestrales porque, para la xana, tampoco corre el tiempo.
Al alba
Desde hace treinta inviernos, a estas horas, los pájaros se reúnen en un pequeño bosque, cada vez más espeso, saludando a su amigo de barba blanca. Puntual a esta cita, les observa tras los prismáticos, con su semblante serio y su tierna mirada. Después, cuando el sol ya calienta las paredes de casa, la mujer sonriente se incorpora al paseo, y juntos ponen nombres a las flores, árboles y bambúes, fundiéndose un poco más que ayer con la tierra que pisan. El suelo del pequeño bosque huele a familia, a trabajo, a acero y óleo, a libros, a amigos y champán, a vida y fuego. Allí sentimos que no importan otros bienes inútiles. Y comprendemos muchas cosas.
Los días
Reflexión, humanidad, naturaleza. Los días trascurren en el pequeño bosque tras la estela de estos conceptos. Camín estudia el espíritu de la naturaleza relacionándose con su materia, indagando los porqués de las composiciones. La analiza una y otra vez, porque la respeta y la ama. Ella responde con agrado, dejándose contemplar, mientras traduce a lenguajes plásticos el bosque del que nace.
El espacio está vivo. La fibra vegetal es el germen, la idea. Miniaturas de papel se amontonan en los rincones de la casa. Afuera, entre castaños, robles, cerezos, nogales o cipreses surgen hierros, aceros y maderas talladas, envueltas en la hiedra, como curiosas plantas transformadas a partir del diálogo, génesis de largas charlas entre materia y hombre. Origen común, principio de los tiempos. La exposición (revelarse, arriesgarse...) vendrá más adelante. También la integración arquitectónica. Reflexión, humanidad, naturaleza.
Ilusiones
No agotó la pintura. Sabe que la belleza puede hallarse en todos los medios si se aprende a buscar. Y él ya sabe buscar, pero quiere seguir aprendiendo. Antes eran los grises y los ocres, la síntesis mate de vivencias fabriles y urbanas, gasómetros, pequeñas figuras, algunos valles; retratos íntimos, seres cercanos. Ahora, en la vieja panera, la atracción de lo agreste, la sorpresa de encontrar un paisaje vacío, despoblado, rebelde. Necesidad de proyectarse otra vez hacia el plano. El contraste cromático, textura vigorosa que ilumina el soporte sugiriendo fuerza y volumen. De la pintura a la escultura. De la escultura a la pintura. Transparencia de gestos. Leves insinuaciones de un retorno anunciado.
La noche
En el pequeño bosque, entre tanto ramaje, apenas se aprecian las estrellas. Hay que salir al camino para contemplarlas. Ya se han ido los pájaros del alba, pero llegan lechuzas y grillos a animar la velada. A la hora del regreso nos movemos despacio, entre guiños nocturnos, para salir del paraíso. Sombras de Pueblos, Cuñas, Ondas, Afuera y Siempre nos despiden, con sus relieves pulidos por la gubia. Síntesis y principio del volumen. Un angular sonriente, oxidándose bajo un discreto orbayu, consumiendo sus días.
Luna llena. Desde El Pedrosu, decenas de luces ya han encendido el valle. Salvo el pequeño bosque que, en la distancia, aún es mancha frondosa y oscura.
Camín y Valdediós ya duermen.
Ángel Antonio Rodríguez
El Comercio
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30-Dic-2007 |
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El gozo de vivir y crear
Artículo publicado el 16 de diciembre de 2004 con motivo de la concesión a Camín del Premio EL COMERCIO de Cultura
Esta máxima del filósofo Faustino Cordón, que Joaquín Rubio Camín gusta de mencionar siempre que se refiere a su actitud frente al trabajo y la investigación artística, es, probablemente, la que mejor defina también su persona. Así es porque en Camín, como en todos los grandes artistas, arte y vida forman un todo indivisible.
Nunca veremos a Camín haciendo algo que no tenga que ver con el proyecto que, en esos momentos, se traiga entre manos. Llama siempre este hombre la atención por el énfasis que pone en vivir el presente, con la máxima atención, disfrutando desde el placer y la entrega Ya sea modelar o forjar una escultura, pintar un cuadro o realizar un collage, diseñar una silla o una mesa; sea cuidar su 'prau-jardín' de Valdediós, dar de comer a los gatos, o tomar una pipa de sidra con los amigos. Todo lo vive Camín. Lo transforma en un canto gozoso, en «una gozada», expresión que suele repetir frecuentemente. Sea lo que sea, por humilde o insignificante que nos parezca. Yo creo que la clave creativa y vivencial de nuestro querido amigo se encuentra, precisamente, en esa virtud o gracia de saber ver, siempre con mirada renovada, el valor profundo de lo que la vida nos ofrece y además, la mayoría de las veces, de forma gratuita, al alcance de la mano. Parece fácil y ligera esa cualidad, pero no lo es. Sólo los niños, en su inocencia sin malicia, o esas pocas personas adultas y sabias como Camín, niños grandes al fin y al cabo, logran mantener ese estado de gracia.
Conozco a Camín desde hace mucho tiempo. Él acababa de regresar a Asturias, a Valdediós, con su mujer Carmen, persona fundamental en su vida y su obra, tras años de lucha y trabajo en Madrid. Yo estaba a punto de marcharme para la capital, o ya vivía allí. Nos presentó Eduardo Vigil Argüelles, que regentaba la librería Atalaya. He de decir que tuve la suerte de entrar un día en Atalaya y descubrir un grupo de personas que iban a ser determinantes para mí, y creo que también para otros compañeros de generación. Personas como el propio Vigil o Amador Fernández (que en 1981 crearía allí la librería-galería Cornión); como Francisco Carantoña, Antonio Suárez... y Joaquín Rubio Camín. Todas ellas amantes del arte y relacionadas, por afición y devoción, con él. Abiertos hacia los jóvenes que comenzábamos nuestra singladura en el bellísimo y atractivo, pero también tortuoso y difícil, mundo de la creación. Camín ya era entonces artista de gran prestigio. Con todo, nunca le estaré suficientemente agradecido por el gran estímulo que supuso para mí su trato tras aquellos primeros contactos. Esa actitud de Camín, el respeto y la seriedad hacia el trabajo de los demás, especialmente si se trata de niños o jóvenes, es otra rara cualidad suya en un mundo jerarquizado, como el nuestro. A día de hoy seguimos siendo amigos y, pese a pertenecer a generaciones distintas, compartimos galería y galerista en Asturias.
En cuanto a su extensa y prolífica obra que todo lo abarca, admiramos su capacidad investigadora, su rica variedad de registros formales y técnicos y su altísima calidad. Todo lo ha tocado Camín y todo lo ha hecho bien. Con un gran sentido de la escala cuando se ha tratado de intervenciones en espacios públicos o privados, al aire libre; con intenso sentimiento constructivo-plástico en su obra pictórica y gráfica; respetando como nadie, el alma, la personalidad específica de cada materia que trabaja. Todo bajo la premisa regla de oro del «menos es más», sintética y resumidora. Obra en marcha que sigue creciendo cotidianamente, con el mismo empuje, entusiasmo y sorpresa del primer día, en Valdediós o en Gijón.
Estoy seguro que de todos los galardones que Camín ha obtenido éste debe de ser uno de los que más ilusión le hacen. El Premio Cultura del diario EL COMERCIO es un reconocimiento de casa, de una casa a la que siempre estuvo muy vinculado desde su estrecha relación con Carantoña. Sin duda, estos premios son los más importantes y los que más emocionan. Felicidades, Maestro.
Pelayo Ortega
El Comercio
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30-Dic-2007 |
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Un creador de su medio y de su tiempo
EL siglo XXI no ha comenzado bien para la plástica española. En los siete años que han transcurrido desde su inicio hemos asistido al fallecimiento de figuras insustituibles dentro nuestro panorama artístico: Oteiza y Chillida, primero, Amador Rodríguez, poco después, y, anteayer, en un triste momento para el arte en Asturias, Camín. Me resulta difícil resumir en este breve y sentido texto una semblanza de Camín, artista al que aprecié profesionalmente y frecuenté como amigo. Han sido muchos los sábados vividos junto a él y Carmen en Valdediós, mientras catalogaba las esculturas y recopilaba la documentación para el libro 'Camín escultor'. La estrecha relación entonces iniciada me ha permitido, creo, conocer bien a esta figura, que se ha caracterizado por una actitud apasionada en lo profesional y en lo vital, por una excepcional constancia en el trabajo y por una gran capacidad para indagar en diferentes lenguajes artísticos.
Al hablar de Camín es preciso mencionar al artista creador de una producción plural. Aunque su reconocimiento artístico lo alcanzó primero con la pintura y luego con la escultura, su obra gráfica y la extensa producción con el papel como soporte, sus trabajos fotográficos, su compromiso con la arquitectura y con el medio natural y urbano, constituyen otras tantas vertientes de un talante creativo abierto a todas las posibilidades de expresión, al tiempo que reflejan su personalidad inquieta y su afán totalizador.
Toda clasificación implica una lectura reduccionista, pero en este caso más que nunca la clasificación del artista se presenta como un empeño infructuoso y carente de sentido. Si la adscripción profesional de Camín a una disciplina resulta muy poco precisa para definir lo que su trabajo ha aportado al arte asturiano, su obra también se escapa a cualquier intento de encasillamiento estilístico.
Camín, en principio, ha sido un pintor figurativo, pero también ha creado importante obra bidimensional dentro de la más pura abstracción. En ésta mostró como autor racionalista y geométrico, pero introdujo algún gesto espontáneo que consiguió suavizar o matizar el rigor. En escultura ha sido un artista abstracto, pero ha desarrollado también una obra figurativa paralela a la indagación espacialista ¿Cómo definir, pues, a Camín? Considero que la independencia, producto de una fuerte personalidad y de la seguridad en lo que ha querido hacer en cada momento, ha sido el rasgo determinante del carácter de su larga y versátil trayectoria, que, no obstante, contaba con un determinante: el impuesto por el medio donde vivió y desarrolló su trabajo. Y en este sentido la ciudad de Gijón y el medio rural de Valdediós han sido unos referentes fundamentales para su obra.
Gijón primero, cuando inició su trayectoria artística en los años cuarenta del pasado siglo, haciendo ya gala de la libertad, la intensidad y la vocación apasionada que mantendría hasta que hace unos pocos días la enfermedad le impidió seguir realizando aquello para lo que vivía: su obra. Entonces, su pintura dejó claro a través de una paleta de tonos fríos y de unos paisajes urbanos e industriales que su ciudad natal constituía un fundamento esencial de su estilo, tanto en la forma como en el tema. De hecho, siempre manifestó que de no haber nacido y vivido durante su infancia y juventud en Gijón su pintura habría sido diferente. Y a través de su obra podemos recordar aún hoy la fisonomía del Gijón de la posguerra, sus barrios obreros, sus enclaves industriales y portuarios, sus paisajes urbanos de casas, calles y solares vacíos, imágenes intensamente vividas, que aún eran evocadas por el artista cuando se estableció en Madrid.
Y lo mismo ocurrió cuando en su constante búsqueda de nuevos modos de expresión se introdujo en el mundo de los volúmenes. Gijón, la ciudad portuaria de larga tradición siderúrgica explica su predilección del hierro y el acero como soportes materiales de sus esculturas, lo mismo que su manipulación mediante técnicas industriales. Pero además, le facilitó esa materia, los talleres para darle forma plástica y, como había ocurrido antes con su obra pictórica, le aportó referentes formales. Referentes que ya no se encontraban en el paisaje del entorno, sino en la propia producción de sus industrias. Elementos metálicos de desecho, primero, y perfiles y chapas industriales de acero, después, siguen haciendo presente la ciudad natal del artista en una producción larga, que desde 1960 le ocupó sin descanso hasta la actualidad, producción en la que la materia empleada ha constituido bastante más que un mero soporte con capacidad de traducir plásticamente las ideas creativas.
En este sentido, la larga experiencia de Camín con el acero ha logrado establecer un estrecho vínculo con lo próximo y lo familiar vivido en la infancia y la juventud, ha sido capaz de apresar la idiosincrasia de su ciudad industrial, y ello sin hacerlo de modo evidente, sin utilizar esos recursos como potencial semántico prioritario, sino como subterfugio conceptual capaz de realzar su investigación con las posibilidades morfoespaciales del acero. Así, por encima de lo significante, Camín ha preferido que en su obra se manifestase la experiencia puramente plástica emprendida primero con los elementos múltiples y reaprovechados de hierro, luego con el angular, con las chapas, las barras y los elementos más livianos en sus obras más evolucionadas. En efecto, estas esculturas, que aparentemente no representan nada, salvo su propia condición plástica, para quienes conocimos a su autor y la estrecha unión que mantenía con su ciudad sabemos que suponen todo un mundo material e icónico de siderurgia, talleres, grúas, plegadoras, ...
A la presencia conceptual de Gijón se suma la de Valdediós cuando establece allí su residencia a mediados de los setenta. Surgen entonces nuevas materias y nuevos referentes icónicos para crear. La madera como soporte y el bosque como concepto con todo lo que entrañan de vida, cambio, organicidad y misterio dan origen a una nueva vertiente creativa que se ha mantenido hasta la actualidad. En este caso, el proceso ha ido a la inversa que en el de Gijón. Valdediós proporciona primero recursos de todo tipo para adentrarse en una nueva experiencia escultórica y, pronto, en otra de tipo pictórico, que recorre campos diversos, del dibujo, que nunca había abandonado el artista, al collage, la litografía, y, de nuevo a la pintura.
La vida en armonía con el medio, que aunque venía de atrás se hizo más evidente que nunca en el entorno de Valdediós, incidió, sin duda, en una actitud ante la existencia y ante la creación artística que ha mantenido hasta su fallecimiento. El respeto demostrado ante la materia en la experiencia desarrollada para desentrañar las leyes intrínsecas de la naturaleza, del bosque, de los troncos en los que configuraba sus esculturas, se ha manifestado en todas las demás vertientes de su actividad, ya fuese modelando el barro o manipulando el papel, diseñando los encofrados para sus piezas de hormigón o eligiendo para alguna de sus piezas urbanas el humilde ladrillo.
En suma, la libertad vital y expresiva, en armonía con la memoria de la ciudad de su juventud y con el medio natural en que transcurre su madurez; la intensidad y el apasionamiento en el desarrollo de su vocación; el trabajo largo, continuo, denso y plural, pueden sintetizar algunos de los aspectos vitales y profesionales de la aportación de Camín al arte actual, asturiano y universal.
Soledad Álvarez
El Comercio
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30-Dic-2007 |
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Conmigo para siempre
Papá. En verano di el paso. Me marché de la ciudad donde había vivido toda mi vida porque ya estaba libre para estar contigo. Era mi sueño, irme a tu lado, a tu valle, a mi valle. Qué pocos días hemos podido estar juntos.
Ahora lo estoy recordando todo. Cuando íbamos a la playa en Gijón, por las calles que salen al mar, tú, cargado con la sombrilla tan enorme y el aire que traía la sal a medida que nos acercábamos. Tú, conduciendo, llevándonos siempre al campo, a todos los campos que podías encontrar. Los concursos de nombres de plantas en latín. ¿Quién sabía más nombres? ¿Tú o yo? Tú me ganabas en la flora local, desde luego. Las clases de dibujo a los niños debajo del toldo. La risa. Las innumerables cenas en La Canal, regalos, vino, cava. Mis amigos, que te querían más a ti que a mí, que eran mis amigos para verte. «¿Cuándo vamos a ver a tu padre?».
Tú, siempre furioso con los curas, siempre dando gritos y que llenaste las iglesias de los cristos más impresionantes, con los santos más sobrios, con tantos sagrarios y cálices. Todas las esculturas que hemos inaugurado, ¿eh? Casi siempre he podido estar contigo. Ahora mismo pienso en Arriondas, en Begoña..., o aquel viaje a Andújar... Tantas veces. Tantas exposiciones tuyas, de otros, el Museo del Prado, la Casa de Velázquez del Retiro. Nosotras, de pequeñas, de acá para allá, eternamente metidas entre obras de arte.
Recuerdo varias siluetas tuyas diferentes. Moreno y barbudo, delgado, ágil, saltando de Seiscientos a «cuatro latas», viajando, ¿te acuerdas, en Florencia? Acababas de conocer a Carmen y le comprabas blusas y collares. Canoso y venerable, con tus sombreros, tus gorras y tus chalecos. Voy a Cornión, es miércoles, seguro que te encuentro y nos iremos juntos. Y paseando por el prau de Valdediós, en la panera, haciéndome un retrato. ¡Cómo odio posar! Todos los gatos alrededor, como un flautista de Hamelín al revés.
Jamás podré pensar en decirte adiós. Conmigo para siempre. Conmigo para siempre.
Mónica Rubio
La Nueva España
El Comercio
La Voz de Asturias
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30-Dic-2007 |
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El arte asturiano se vuelca en el adiós a uno de sus puntales
Compañeros de Camín recuerdan su carácter «temperamental» y «directo»
La sensación de vacío que deja tras de sí el fallecimiento de Joaquín Rubio Camín en el panorama artístico asturiano será difícil de llenar o, al menos, eso se desprende de las impresiones que ayer compartieron algunos de los principales referentes de la creación plástica en la región. Pintores, críticos, compañeros y amigos de Camín, le recuerdan como un hombre vehemente y cálido a la vez, temperamental y tierno por igual. Y todos coinciden en señalar también que su obra marcará para siempre varias décadas del arte asturiano y español.
«Camín es un referente para las generaciones posteriores, pero sobre todo, lo es en el plano ético», manifestaba ayer el pintor Pelayo Ortega. Según el artista gijonés, la muerte de Camín debería abrir un período de estudio sobre su obra, algo que, en sus propias palabras reportaría «nuevos datos» sobre el artista y redundaría «en beneficio de todos nosotros».
También dolido por la pérdida del genial creador se mostraba ayer Francisco Fresno. El pintor puso a Camín como «ejemplo de espíritu creativo» y recordó que, tras su desaparición, «su obra quedará para hablarnos del autor». Una obra admirada por el también artista Pablo Maojo, para quien Camín reflejaba la «lucha en positivo» por hacer un arte con el que poder comunicar. «A la hora de comunicar era mejor que la fibra óptica», bromeó.
Para el crítico de arte José Antonio Samaniego, la obra de Camín es ya un referente de cara al futuro. «Con sus manos de gigante era capaz de hacer cosas de enano», aseguró. «Me quedo con el Camín de su juventud, el momento en el que explota su arte», añadió. Un arte en el que, para Alejandro Mieres, primaba «el sentimiento sobre el concepto». El pintor recuerda al difunto como un hombre «temperamental, que no comulgaba con lo blando».
Por su parte, Justo Vilabrille, concejal de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Gijón aseguró que «Gijón siempre estará en deuda con él». Y Pilar Lafita, directora de la Fundación Municipal de Cultura, le recordó como «una persona con una enorme generosidad; apasionado y directo».
Eloy Méndez
La Nueva España
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30-Dic-2007 |
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Un retablo moderno para una catedral milenaria
La obra de Joaquín Rubio Camín tiene una notable y contrastada presencia en la catedral de Oviedo. En medio de capillas y retablos que van del Renacimiento al Barroco, en una fábrica gótica sobre lo que fue -y aún permanece en la Cámara Santa- arquitectura prerrománica, aparece un conjunto escultórico del artista gijonés que aporta contemporaneidad a la milenaria basílica.
Es fácil localizarlo. En la nave izquierda, cerca del crucero. Allí está la capilla de Nuestra Señora de Belén o de Santa Catalina, apenas un modesto espacio, lejos de las dimensiones y calidad de las grandes estancias del templo. La capilla tuvo un primitivo retablo referido al nacimiento del Salvador. La novedad la aportó Joaquín Rubio Camín.
Y es que el Colegio Oficial de Arquitectos de Oviedo celebraba en la capilla la festividad de su patrona, la Virgen de Belén. Allí se decía misa el día señalado.
A finales de 1960 los arquitectos solicitaron permiso al cabildo para restaurar a su costa la capilla. Se encargó de los trabajos el arquitecto Julio Galán y se pidió a Joaquín Rubio Camín que hiciese un grupo escultórico inspirado en la huida a Egipto. Y así fue, realizó las imágenes, en hierro negro, de José, María en la borriquita con el Niño y, sobrevolando la escena, un ángel protector .
La Nueva España
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30-Dic-2007 |
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Un legado de papel
El Museo Casa Natal de Jovellanos alberga un abundante fondo de materiales que documentan el proceso creativo de Rubio Camín
La generosidad que tanto se ha elogiado, en vida y después de ella, a Joaquín Rubio Camín tuvo una cabal plasmación en el particular legado que el artista donó a su ciudad natal en el año 2002: una colección de maquetas, moldes, positivos fotográficos y diapositivas que documentan el multiforme talento del artista allí donde a menudo es más fascinante observarlo: en su génesis, en su crecimiento, en sus titubeos. «Camín tenía mucho interés en que se conservara la parte más inmediata de su trabajo, esa parte que permite conocer el proceso de investigación y de duda», comentaba ayer Lucía Peláez, directora del Museo Casa Natal de Jovellanos, el centro que acogió, catalogó y también exhibió parte de ese material en cuya donación Camín demostró, según la especialista, «una generosidad sin límites, una vez más».
La iniciativa avanzó simultáneamente y con pleno entendimiento desde la institución y desde el artista, «consciente», recuerda Peláez, «de que era necesario conservar un material tan delicado y tan frágil». Quien tuviera la posibilidad de contemplar y disfrutar en una muestra de 2003, que el propio artista tituló «Repaso», las maquetas en papel donadas al museo pudo ser testigo de primera mano de la inmensa desenvoltura, el ingenio y la claridad de ideas con la que Camín pergeñaba sus primeros envites en el juego con el espacio y los volúmenes. Y también de la paradójica contundencia de las figuras que invadían la panera donde se encerraba a trabajar en su pequeño paraíso de Valdediós.
«Aunque es un material muy frágil, sorprende su solidez y el primor con el que están hechas», reflexiona Saturnino Noval, responsable de la catalogación del legado y del Archivo de Artistas que se abrió, precisamente, con la donación de Camín. Durante los dos o tres meses que invirtió en el trabajo, recibió constantemente la ayuda personal del propio artista, que siguió apareciendo de cuando en cuando por la Casa Natal de Jovellanos con nuevas aportaciones. Durante ese tiempo, Noval fue testigo de hasta qué punto «fue un artista que vivía completamente para el arte y que hablaba constantemente de lo que hacía y de lo que iba a hacer con una gran claridad de ideas». El estudioso no duda en asegurar que «la creación era lo más importante en su vida».
El otro papel del archivo de Camín es el de las fotografías, tanto las artísticas -fundamentalmente, retratos de personalidades del mundo del arte y la literatura que frecuentó durante sus años madrileños- como las que documentan su propia obra. A éstas hay que añadir una importante colección de diapositivas en torno al mismo tema.
Aunque la muestra de una parte de ese legado queda aún relativamente reciente, el fallecimiento del artista ya estará removiendo, sin duda, en las mentes de sus muchos amigos y de aquellos que admiraron su arte la necesidad de un homenaje que capitule la hondura y la diversidad del talento de Camín, desde el boceto o el papel plegado hasta la gran escultura pública.
J.C.Gea
La Nueva España
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30-Dic-2007 |
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Un pequeño acto para llorar a un grande
Los restos de Rubio Camín fueron incinerados en el tanatorio de Gijón en la más estricta intimidad, en cumplimiento de la voluntad del artista
En la más absoluta intimidad, sin el más mínimo afán de protagonismo; como, según su viuda, Carmen Cotera, él mismo quiso. Así fue incinerado ayer, en el tanatorio de Gijón, el polifacético artista gijonés Joaquín Rubio Camín, fallecido el viernes, a los 78 años de edad. La incineración, que tuvo lugar por la mañana, estuvo marcada por la más absoluta privacidad, tal como sus familiares pidieron. Fue un acto tan sobrio que ni siquiera se ofició ceremonia alguna en su memoria. Deseo expreso de una de las principales figuras del panorama artístico asturiano del siglo XX.
Nacido en Gijón, sobresalió en numerosas vertientes, si bien fue la escultura el modo expresivo en el que alcanzó mayor proyección nacional e incluso internacional. Su obra salpica el paisaje de su Asturias natal. Suyo es el «Obelisco» colocado originariamente en el paseo gijonés de Begoña y actualmente en una rotonda de la avenida de la Constitución. También suya es la amplia colección de esculturas religiosas que se pueden contemplar en la práctica totalidad de las iglesias gijonesas. Pero Camín, además de por su obra escultórica, pictórica y fotográfica, destacó por ser uno de los introductores del arte de vanguardia en la Asturias de los años cincuenta. Junto al también difunto Orlando Pelayo y a Antonio Suárez, formó parte de una terna que empapó del arte del momento a una región castigada por la dura posguerra.
Camín pasó los últimos años de su vida en su estudio de la parroquia maliayesa de Valdediós. Allí acrecentó más aún su extensa obra. Cuando salía de su estudio, era fácil encontrarle en la sala Cornión, donde expuso buena parte de su creación. Otra parte se encuentra en el Museo Casa Natal de Jovellanos, tras la donación de su archivo personal al Ayuntamiento de Gijón.
Ayer, Camín fue despedido en un acto sencillo al que, además de su viuda, acudieron sus dos hijas, Mónica y Verónica, fruto de su primer matrimonio con la pintora Trinidad Fernández. Junto a ellos, algunas personas vinculadas al arte asturiano quisieron dar su último adiós a uno de los grandes del siglo XX. Además, en la iglesia de Nuestra Señora de Begoña se celebró una misa en su memoria, organizada por una parte de su familia, a la que acudieron también numerosas personas vinculadas al mundo de las artes plásticas, así como algunos de los amigos y conocidos gijoneses del difunto artista.
Eloy Méndez
La nueva España
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29-Dic-2007 |
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Artistas y autoridades lloran la muerte de un autor polifacético Felgueroso destaca que Rubio Camín era una persona abierta y solidaria
La alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, da el pésame a la viuda de Rubio Camín, Carmen Cotera, en presencia del concejal de Educación y Cultura, Justo Vilabrille, y de la directora de la Fundación Municipal de Cultura, Pilar Lafita. ángel gonzález.
Personalidades de la política y el arte gijonés visitaron ayer el tanatorio de la ciudad para mostrar sus condolencias a la familia de Joaquín Rubio Camín, fallecido ayer al mediodía a los 78 años de edad.
A la cabeza de la delegación municipal, que dio el pésame a la viuda, Carmen Cotera, se situó la alcaldesa de la ciudad, Paz Fernández Felgueroso, quien alabó las cualidades artísticas y humanas del difunto. Junto a ella, el concejal de Educación y Cultura, Justo Vilabrille, y la directora de la Fundación Municipal de Cultura, Pilar Lafita, lamentaron también la pérdida de un hombre que deja buena parte de su obra en edificios y espacios públicos de Gijón.
Personas vinculadas al mundo del arte, como Amador Fernández, director de la galería Cornión y amigo íntimo del difunto, y Aurora Vigil-Escalera, galerista de la sala Van Dyck, también mostraron ayer su pesar a la familia de Rubio Camín.
«Gijón ha perdido a Camín, un gran artista en varias vertientes, y muy especialmente, una persona solidaria y abierta», aseguró Paz Fernández Felgueroso junto a la sala 10 del tanatorio, donde estaba instalada la capilla ardiente del artista. Fernández Felgueroso, que, además, es amiga de la familia de Rubio Camín, quiso con su presencia agradecer al artista «la gran cantidad de obras» que ha dejado en Gijón. «Era un hombre solidario, al que le gustaba ayudar a las nuevas generaciones», argumentó, y añadió que su muerte «le llegó por sorpresa», ya que manifestó no estar al tanto del empeoramiento que había experimentado su salud durante este mes de diciembre.
Hombre del Renacimiento
Por su parte, Amador Fernández, visiblemente emocionado, tuvo palabras de gran cariño para el que considera «el abuelo de mi hija». Fernández aseguró que el fallecimiento de Rubio Camín «es una pérdida irreparable», y añadió que su obra es propia de «uno de los grandes del panorama artístico español». Además, quiso recordar su capacidad pluridisciplinar y definió a Rubio Camín como «un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI». No en vano, el artista asturiano fue, además de un reconocido escultor, un gran pintor y diseñador gráfico. Pero, ante todo, según afirmaban ayer sus allegados, era una persona «profundamente sensible». «A pesar de su aspecto frío, era un hombre capaz de emocionarse con una flor», añadió Fernández.
Similar recuerdo guarda de él Aurora Vigil-Escalera. La galerista de la sala de arte Van Dyck aseguró ayer que «el día de hoy es un día triste porque esta muerte supone una importante pérdida para el arte a nivel regional y nacional».
Vigil-Escalera añadió que Rubio Camín «era un referente para muchos artistas», pero, sobre todo, quiso destacar su «aspecto de persona normal». En este sentido, matizó que «tenía esa normalidad que tienen todos los grandes profesionales».
El presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, se sumó ayer a los pésames por el fallecimiento de Joaquín Rubio Camín y destacó de su personalidad «que facilitaba la amistad», además de su «intensa producción» pictórica y escultórica, caracterizada por «la fuerza expresiva y el compromiso».
Eloy Mendez
La Nueva España
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29-Dic-2007 |
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Gran escultor, pero también artista total
Hemos perdido ayer a uno de los más grandes artistas asturianos del siglo XX, la figura de mayor proyección nacional en el arte de la escultura, sin olvidarnos de Amador y César Montaña en su generación, y compartiendo ese lugar de privilegio -Luis Fernández es caso aparte- con Orlando Pelayo y Antonio Suárez. Precisamente junto al también gijonés Antonio Suárez, futuro miembro fundador del grupo «El Paso», comenzó Joaquín Rubio Camín su aventura artística en la pintura, como autodidacta, con una exposición conjunta en la sala Cristamol de Gijón en 1947. Además de estudio y amistad, compartían muchas cosas aquellos dos jóvenes pintores, y la más significativa, su visión del arte nuevo, una figuración que apostaba por la simplificación formal y el predominio de los valores plásticos sobre los meramente naturalistas y anecdóticos; expusieron muchas veces juntos, en Asturias y en Madrid, y despertó pronto la atención y el interés de la crítica aquella pintura que aspiraba a incorporarse, si bien aún tímidamente, a las tendencias europeas de vanguardia. Rubio Camín, aquel paisajismo industrial suyo tan poderoso y expresivo, siguió luego su camino en solitario, y la precocidad del artista le llevó a ser el creador más joven de los representados en la emblemática I Bienal Hispanoamericana de Pintura, celebrada en Madrid, en 1951, todo un acontecimiento como punto de partida del arte español hacia la modernidad.
No mucho después, en 1952, obtenía Rubio Camín el Premio Nacional de Pintura, lo que lógicamente suponía acceder a un lugar de privilegio en el mundo del arte, que se tradujo en numerosas exposiciones y encargos de pintura mural, religiosos e institucionales. Y, por extraño que pueda parecer sin conocer al personaje, cuando más favorable se presentaba su horizonte en la pintura optó por dedicarse a la escultura, prioritariamente porque nunca dejó de pintar. Sucede sin embargo que en la creación de Camín (ya sólo Camín desde entonces) hubo siempre dos características fundamentales: la unidad de concepto y la curiosidad universal, lo que le convertía en artista total y le hacía sentir la necesidad de expresarse mediante muy diferentes propuestas plásticas -«me niego a estar en un solo sitio, en un solo oficio», declaró en cierta ocasión- sean pintura, escultura, grabado, fotografía, tapicería, libros, jardinería o muchas cosas más.
Otra necesidad sentía Camín que tiene más directa relación con los medios de que podía disponer para la formalización de la obra: necesitaba una fuerza definitiva para destruir el espacio ilusionista de la pintura que rechazaba y que también le permitiera potenciar la comunicación manual con la obra y hacer oír la voz de la materia. Y así, dedicado desde 1960 a la escultura, repitió en 1962 su éxito nacional con la pintura, en esta ocasión en el I Certamen Nacional de Artes Plásticas, y su obra tuvo aún mayor dimensión nacional e internacional, representando a España en bienales como la de São Paulo o Venecia, la primera Trienal Europea de Escultura de París o distintas ferias en todo el mundo.
Cada materia supuso para Camín el reto de conseguir poner de manifiesto sus propiedades expresivas y por ello experimentó con gran variedad de ellas, adaptando su creación a esas propiedades. De lo que podemos tener una idea considerando únicamente las dos más significativas: el hierro, la predilecta y la más determinante en su trayectoria artística, y la madera. Con el hierro siguió la tradición del constructivismo, sin perder de vista el neoplasticismo de Mondrián, a quien adoraba e hizo objeto de reiterados recuerdos y homenajes en sus obras de los 90, y obtuvo un general reconocimiento nacional por la adopción del angular como principio y desarrollo de una personal obra de hermosa y elemental geometría. Una forma de la que aseguró que había sido su gran maestro, «el primer movimiento de un plano para hacer escultura... la síntesis, el principio del volumen... una escultura en sí mismo», pero también, multiplicado, elemento integrador de piezas con las que consiguió una notable diversidad de posibilidades formales. En cuanto a la madera, la pureza geométrica dejaba paso a la fuerza expresiva y lírica de la propia naturaleza en los «troncos» cuya intervención plástica, directa y de cierta rudeza privilegiaba los valores texturales y en general las propiedades de la madera natural, todo lo cual encontró su camino a partir de su instalación en el ámbito rural de Valdediós. Un gran artista y un personaje entrañable enraizado profundamente en su Asturias que cuenta con gran número de manifestaciones de su obra, que fue sobre todo la escultura, pero también extendida a otras muchas formas de creación artística propias de una vitalidad y de un quehacer en el que cabía todo.
Rubén Suárez
La Nueva España
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29-Dic-2007 |
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Muere Rubio Camín Figura central en la historia del arte asturiano del siglo XX
El escultor, pintor y fotógrafo, que falleció ayer a los 78 años, representó la entrada de la Asturias de la posguerra en el arte contemporáneo.
Las pinturas de pequeño formato que cuelgan en colectivas navideñas como las que exhiben estos días galerías gijonesas Cornión o Tioda se han convertido, inesperadamente, en piezas envueltas en un halo de enorme tristeza: son las últimas pinturas de Joaquín Rubio Camín expuestas en vida del artista. El polifacético gijonés, máximo exponente de la creación plástica en Asturias y uno de los más destacados escultores españoles del siglo XX, fallecía ayer a los 78 años de edad en el Hospital de Cabueñes de su ciudad natal como consecuencia de una fulminante trombosis que le mantenía ingresado en el centro gijonés desde el pasado 11 de diciembre. La noticia conmocionó al mundo cultural e institucional asturiano, algunos de cuyos representantes acudieron al tanatorio de Cabueñes para confortar a su viuda, Carmen, y a Mónica y Verónica, fruto de su primer matrimonio con la pintora Trinidad Fernández.
Con Camín muere una personalidad clave en la historia del arte asturiano. No sólo por su aportación individual a la escultura, la pintura, la fotografía o la intervención en interiores, sino también por su papel de puente de enlace entre la generación de preguerra -la de los Valle, Piñole o Moré- y las posteriores. Junto con sus coetáneos Orlando Pelayo y Antonio Suárez, Camín consiguió abrir una brecha a las vanguardias internacionales en el autárquico y anquilosado panorama plástico de la Asturias de los años cincuenta, convirtiéndose él mismo en uno de los más destacados representantes de la escultura abstracta en España.
Joaquín Rubio Camín nació en 1929 en las inmediaciones del gijonés Colegio de la Inmaculada, en los límites del barrio de El Coto. Fue su trabajo como delineante en el estudio de un arquitecto gijonés el que le puso en contacto con el joven Antonio Suárez, con quien compartía un incipiente interés por el arte. La amistad y la complicidad de ambos jóvenes les reforzaron mutuamente, y de sus visitas a Valle, sus paseos por los suburbios industriales de Gijón y sus conversaciones y sus lecturas nacieron sus primeras tentativas pictóricas, que ya dejaron clara la valía de ambos y su afán de ruptura con el costumbrismo academicista imperante. De ese impulso enteramente autodidacta surgen las pinturas realizadas a lo largo de los años cuarenta, en especial los característicos paisajes suburbanos en los que la figura humana parece aislada entre fábricas y gasómetros, y en los que ya queda claro el interés del joven Camín por el rigor compositivo, la construcción y los volúmenes.
En alas de ese mismo ímpetu, y pese a las dificultades previsibles para un joven artista en el ambiente madrileño de la época, Joaquín Rubio Camín traslada su domicilio a la capital de España en 1951, recién licenciado del servicio militar. Premios como el Nacional de Pintura de 1955 y hechos como su familiaridad con los ambientes artísticos y culturales de la época -en especial, las tertulias de Gijón, de cuyos integrantes realizó numerosos retratos- reforzaron su dedicación y contribuyeron a dar a conocer su nombre.
En los años cincuenta militó también en el frente de fotógrafos españoles que intentaron insuflar nuevos aires en una disciplina que permanecía completamente ceñida a sus aspectos documentales, informativos y costumbristas. Junto con su paisano Gonzalo Juanes y fotógrafos como Cualladó, Masats, Maspons o Schommer, Camín formó parte del revolucionario Grupo Afal, que sentó las bases de la nueva fotografía española en esos años.
Pero fue su decisión, a principios de la década de los sesenta, de centrarse en la escultura la que dio a Camín su auténtico renombre, encauzando su carrera como la de uno de los más sobresalientes cultivadores en España de las directrices contemporáneas emparentadas con lo abstracto y lo constructivo. El conocimiento de primera mano del arte internacional durante sus estancias en París o Londres y la influencia de su admirado Jorge Oteiza lo pusieron en el camino de una disciplina en la que Camín ha trabajado con idéntica elegancia, depuración y rigor poético el hierro, el acero, la madera e incluso el papel, ya que incluso sus maquetas y ensayos en este último material tienen en muchos casos verdadero peso artístico.
Dentro de esta faceta, su extenso catálogo de obra pública ha convertido, además, a Camín en uno de los creadores asturianos más conocidos por el gran público. Desde el grupo de «Marineros» realizado para la fachada de un edificio de la gijonesa calle del Marqués de San Esteban en 1951 hasta su «Homenaje a las víctimas de la fosa común de Valdediós», inaugurado hace dos años, la escultura de Camín se ha asentado en hitos como el «Obelisco» que lució en el paseo de Begoña de Gijón y hoy preside la rotonda final de la avenida de la Constitución; el «Tejo herido» del parque avilesino de La Ferrera; la «Estela Norte» ubicada en el tramo Caravia-Colunga de la Autovía del Cantábrico, o una reciente reconversión en hito escultórico de un fragmento del naufragado «Castillo de Salas», en la senda litoral entre Gijón y Villaviciosa. Decenas de piezas de menor formato se hallan dispersas por edificios públicos, casas de cultura o jardines como los del Museo Evaristo Valle.
Dieciocho individuales -desde la primera, en la madrileña sala Turner, en 1953, hasta las últimas en su querida galería Cornión y en la galería Robayera, en Miengo-, numerosas colectivas y retrospectivas han dado a conocer una obra que permanece extensamente documentada en el Museo-Casa Natal de Jovellanos, en Gijón, tras la donación de su archivo personal al centro. También recibió importantes premios en el campo de la ilustración, como el Nacional de 1988 por su trabajo en el libro «Valdediós».
Los vínculos de Camín con Asturias, y muy en particular con su Gijón natal, permanecieron siempre vigentes y se renovaron cuando el artista se trasladó de nuevo en la villa de Jovellanos a finales de los años setenta. Camín alternaba su domicilio en la ciudad con su casa en el idílico valle de Valdediós. Un hórreo reconvertido en taller era su santuario personal como creador.
Su carácter abierto, directo y al mismo tiempo exquisito y refinado lo convirtieron en una referencia, que se fue agigantando con el paso de los años, para los creadores plásticos de las generaciones posteriores, y en particular para los nacidos en torno a los cincuenta. Junto a muchos de ellos formó un grupo de profunda complicidad en torno a su galería de referencia, Cornión, donde aparecía religiosamente cada miércoles, de vuelta de Valdediós.
J.C.Gea
La Nueva España
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29-Dic-2007 |
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Desolación en la cultura por la muerte de un artista innovador "Además de ser un autor irrepetible, Camín tuvo una gran calidad humana".
Desolación y pesar en la cultura asturiana tras conocerse el fallecimiento de Rubio Camín. La galerista Aurora Vigil-Escalera, aseguró que, "además de ser un artista irrepetible, Camín tuvo una enorme calidad humana y la humildad de los grandes". Sus restos serán incinerados hoy y, por deseo del fallecido, no habrá ceremonia civil ni religiosa.
"Era como un familiar, un hombre que se hacía querer"
Amador Fernández, galerista de Rubio Camín, era ayer una de las personas más afectadas por su muerte. Con la voz entrecortada, Amador comentó que "Camín y yo traspasamos hace mucho tiempo las fronteras de lo profesional. Decir que éramos amigos es quedarse corto, era casi un familiar. En nuestra casa le adorábamos. Siento que se ha ido una de esas personas que valen de verdad. Es una pérdida irreparable".
"Para mí hubo otra vida después de conocerle"
Pablo Maojo se mostró ayer desolado y comentó al enterarse de la noticia que "para mí hubo otra vida después de conocerle. Compartíamos cosas y yo aprendía siempre que estaba junto a él. La nuestra fue una relación de vida más que una relación artística". Maojo considera que el gran mérito de Joaquín Rubio Camín como artista es que "ha sido un precursor, un descubridor de muchas cosas, algunas de las cuales aún no nos las imaginamos".
"Era un maestro, aunque el término no le gustara"
El pintor Pelayo Ortega describió a su colega como "un espíritu renacentista, en el que su inquietud por todas las facetas del arte le llevó a hacerlo todo y, además, hacerlo todo bien: fotografía, pintura, escultura... Fue el precursor de la arquitectura moderna" y subrayó que "era casi un maestro para los de mi generación, aunque creo que el término ´maestro´ no le hubiera gustado".
"Tenía mucha fuerza y una gran sensibilidad"
Consuelo Vallina, presidenta de la Asociación de Artistas Visuales de Asturias, se enteró de la noticia por medio de LA VOZ DE ASTURIAS. Apenas repuesta de la impresión, Vallina destacó de Camín que "como artista que era, tenía una personalidad fuerte y al mismo tiempo era muy sensible.".
"Lo fue todo en el arte del del siglo XX hasta hoy"
El director de Programas Culturales del Principado, Jorge Fernández León, comentó que Camín "significó todo desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy, que atendió a todos los campos artísticos y siempre fue capaz de sorprender".
"Fue un referente y un apoyo para los artistas jóvenes"
La alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, resaltó que "en el año 2002 Camín, en un gesto de generosidad, donó al Museo Casa Natal de Jovellanos más de trescientas maquetas, cerca de doscientos dibujos, treinta carteles y cuatrocientas fotografías", y destacó que "fue un referente y un apoyo incondicional para los artistas jóvenes".
"Un asturiano comprometido con una Asturias más justa"
El presidente del Principado, Vicente Alvarez Areces, destacó de Camín que "era un asturiano comprometido con una Asturias más justa". Subrayó que era muy apreciado por la gente, "como pudimos comprobar en 2001 cuando recibió la Medalla de Asturias en categoría de plata".
J. CUEVAS / B. SOLIS
La Voz de Asturias
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29-Dic-2007 |
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A Camín
Se nos fue Camín;
voz de trueno,
sensibilidad de niño.
Espíritu poliédrico,
renacentista moderno.
Su máxima más querida:
"El conocimiento de todo,
es necesario para el conocimiento de algo".
Fotógrafo, pintor, escultor,
arquitecto, naturalista...
Artista total, hombre pleno.
Maestro y sobre todo amigo.
Lo siento mucho.
Descanse en paz.
Pelayo Ortega
La Voz de Asturias
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29-Dic-2007 |
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Una gran voz
De Joaquín Rubio Camín, una gran voz que se ha apagado hoy en su Gijón natal, lo primero que vi fue la escultura que posee el Museo de Arte Abstracto Español, una pieza geométrica, de hierro, de 1964, ´Caudal´, resultante del ensamblaje de varias viguetas. Una vez más, recordar la pinacoteca fundada por Fernando Zóbel, y la capacidad que este artista-coleccionista tuvo, de elegir lo mejor de cada artista, contribuyendo decisivamente a configurar la imagen pública de nuestra no-figuración.
Otra de las primeras piezas de Camín que tuve ocasión de contemplar, es ´Nivel´ (1974), la que lo representa en la colección de escultura al aire libre de Santa Cruz de Tenerife, colección ejemplar, fruto de la iniciativa de otra persona a la que hay que recordar siempre, el crítico Eduardo Westerdahl. ´Nivel´, que contemplo a menudo pues voy bastante a la ciudad que la acoge en una de sus ramblas, es una construcción lineal, dentro de una poética muy similar a la que tensa ´Caudal´.
Camín pertenecía a una generación asturiana, la del cincuenta, que no hay que dudar de calificar de heróica, y que en unas circunstancias especialmente difíciles de la vida del país, supo poner el reloj local a la hora moderna. Generación que es la de Antonio Suárez, la de Alejandro Mieres, la de Armando Suárez, la de Manuel Calvo, la de esa pintora sutil que es Trinidad Fernández. Generación cuyo benjamín fue Eduardo Urculo. Al igual que la mayoría de ellos, también Camín vivió la experiencia digamos oxigenante de marchar lejos: primero a Madrid, y desde ahí a París, una ciudad entonces muy española, donde en clave asturiana le había precedido Orlando Pelayo. En 1957 Camín celebró una individual en el Ateneo de Madrid, donde mostraron su trabajo los principales artistas de vanguardia de su tiempo; el catálogo lo prologaba Luis Figuerola-Ferretti. En los años sesenta, fue uno de los artistas españoles que alcanzó proyección internacional, y la prueba de ello es su presencia en los envíos a bienales tan prestigiosas como la de S o Paulo y la de Venecia. Por aquellos años, practicó además la fotografía, siendo de destacar su conexión con el grupo almeriense AFAL, una de las principales plataformas de la modernidad en ese campo.
Inicialmente formado como pintor, en los años cincuenta Camín pintó muy interesantes cuadros del arrabal gijonés, de una atmósfera melancólica, entre metafísica y barojiana, que es una atmósfera similar a la que reina en obras coetáneas de los citados Antonio Suárez, y Armando Suárez. Uno de sus cuadros significativos en ese sentido es ´Gasómetro´, que figuró en su citada individual del Ateneo. Se contagió luego de los vientos abstractos que soplaban en la península. Aunque nunca arrumbó completamente los pinceles, le tentaron las tres dimensiones. Si dejamos aparte algunos encargos religiosos tempranos, de carácter figurativo, su trabajo escultórico, mucho más visible hoy que el pictórico, es abstracto, y se inscribe en el horizonte del hierro, un horizonte muy español, dado el papel que Julio González --el descubridor, durante la Primera Guerra Mundial, de las virtudes de la soldadura autógena-- y Pablo Gargallo tuvieron en la génesis de la plástica cubista, y dado luego la continuidad de esa tradición con Jorge Oteiza --del que el gijonés fue amigo y admirador--, Eduardo Chillida, Martín Chirino, Pablo Palazuelo y otros nombres de la generación a la que pertenecía Camín. Entre las obras monumentales que el artista ahora desaparecido realizó en su ciudad natal, recordar ´Génesis´, ´Obelisco´, ´Espacio exterior´, y muy especialmente ´Recuerdo´ la que en 2003 realizó con parte del pecio del Castillo de Salas: un gigante objeto encontrado duchampiano, donde por encima de un desastre, el arte tiene la última palabra, aliándose de forma inmejorable, destrucción y construcción. De sus esculturas de menor formato, me gustan mucho aquellas en que trabaja la madera, un material que ha contado en España con cultivadores notables, como el citado Chillida, Remigio Mendiburu o Adolfo Schlosser.
Sentimiento del paisaje asturiano, y más concretamente del mar y de la montaña, en Camín. También en esto, demostró ser un artista muy de su tierra.
En el campo de la obra gráfica, recordar su hermoso libro de serigrafías sobre Valdediós, su lugar de residencia.
Entrañablemente gijonés, Camín no dudaba en bajar a la arena de lo popular, e implicarse, por ejemplo, en la remodelación de una sidrería como El Cartero, a cuya iconografía contribuyó también Pelayo Ortega.
Me consta que Camín era, en Asturias, una verdadera institución. Por eso mismo se agradecía su proximidad. La última vez que lo vi fue hace un año, en Cornión, galería a la que ha estado muy vinculado, cuando acudió a la presentación de mi monografía sobre el citado Pelayo Ortega. A este último le emocionó la presencia del ´senior´ en aquel acto. Y es que Camín sabía estar con las generaciones que le siguieron, que veían en él a un referente no sólo artístico, sino moral.
Juan Manuel Bonet.
La Voz de Asturias
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29-Dic-2007 |
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Muere Rubio Camín
El pintor y escultor gijonés Joaquín Rubio Camín falleció ayer a los 78 años. Camín, Premio Nacional de Pintura, se dedicó plenamente a la escultura a principios de los años 60, en la que destacó como uno de los más importantes autores españoles de este siglo.
El artista asturiano Joaquín Rubio Camín falleció ayer en Gijón a la edad de 78 años. Autor autodidacta y polifacético, Rubio Camín acumuló numerosos reconocimientos en su trayectoria -- desde el premio Nacional de Pintura que logró en 1955, a galardones de diseño o la Medalla de Plata de Asturias del año 2001-- y, aunque era principalmente conocido por su faceta como escultor, tanteó numerosas artes desde la pintura a la fotografía pasando por el diseño gráfico e industrial.
Nacido en Gijón, en el año 1929, los recuerdos de la su niñez en la Guerra Civil y los desastres de la miseria de la postguerra dejaron una honda huella en su obra y sus recuerdos. Los inicios en sus carrera como artistas, en principio dedicado a la pintura, son inseparables de los de otro gran artista asturiano: Antonio Suárez. Juntos trabajan en el estudio de un arquitecto de la villa y juntos deciden viajar a Madrid a comienzos de los años 50.
PREMIO NACIONAL La obra pictórica de Rubio Camín en esa época alterna paisajes fabriles y figuras aisladas. Es en ese momento cuando logra el premio Nacional de Pintura y, de algún modo, cuando decide con este premio abandonar la pintura (que deja definitivamente en 1961) para dedicarse a la escultura. Este paso fue lamentado por algunos expertos que siempre recordaron la relevancia de la pintura de Rubio Camín para comprender la Asturias de la postguerra; del mismo modo otros tantos estudiosos de su obra no han dejado de apuntar que en los lienzos del artista --con un estilo marcado por el amplio uso de la pasta y las pinceladas amplias-- ya apuntan una especial preocupación por el volumen y las texturas que se vería mejor satisfecha en esta nueva vocación.
En estas nuevas década y faceta, también fue fundamental una nueva amistad, de Jorge Oteiza, a quien conoció en Londres y de quien se declaró admirador. En sus inicios como escultor, Rubio Camín aprovecha el hierro y materiales industriales, para ello sigue un curso de soldadura que le permita manejarse con soltura en sus piezas; aunque no descarta tampoco la madera en algunas de sus creaciones.
El gijonés acabará siendo uno de los principales representantes españoles de la escultura abstracta y constructiva. De forma especial, por su conocimiento del público, destacan las obras que figuraban en el paseo de Begoña de Gijón hasta su última remodelación, y en concreto su obelisco con una serie de cubos que giran sobre su eje en espiral. Así, se ha destacado de Rubio Camín su papel como remodelador de los paisajes, por su participación en construcciones civiles y su interés por la creación industrial y el diseño aplicado.
RENACENTISTA DE HOY Se ha definido en varias ocasiones a Rubio Camín como un hombre del Renacimiento traído al presente. Pintura y escultura no le bastaron para encontrar cauces de expresión a sus inquietudes. Participó como fotógrafo en el grupo artístico La Palangana con una obra en la que, esta vez sí, siempre está presenta la figura humana.
En cuanto a su preocupación por el diseño destaca de manera espacial su participación en el libro Valdediós , volumen de treinta relatos ilustrados con treinta y cuatro collages y veintitrés letras capitulares originales de Rubio Camín. Ese libro recibió a finales de los 80 el premio al libro mejor ilustrado en España y otro galardón de carácter internacional, el de los libros más bellos del mundo, en un certamen celebrado en Leizpig.
Ligado a Gijón donde regresó al volcarse en la escultura, en 2003, la Fundación Municipal de Cultura organizó una retrospectiva de su obra bajo el título Repaso. Camín , para la que donó su archivo personal, del que formaban parte casi 300 maquetas, más de 200 dibujos, treinta carteles y 400 fotografías.
Estos materiales permitieron a los espectadores aproximarse al taller del artista, a las herramientas de trabajo que le han rodeado a lo largo de los años, descubriéndonos sus preocupaciones estéticas y dudas formales. También fue autor de un monolito en memoria de los diecisiete trabajadores del antiguo Hospital Psiquiátrico de Valdediós ejecutados en la Guerra Civil.
Luís Ordoñez
La Voz de Asturias
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29-Dic-2007 |
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Un epílogo de puño y letra
La última obra de Camín resultó ser el dibujo de la mano dedicada a Carantoña para EL COMERCIO, que creó después de un sueño
A todos los hombres les sobreviven sus actos y les resucitan los recuerdos, a veces con poder para devolvernos su mirada, su sonrisa. En el caso de Camín, que se iba ayer para siempre de Gijón, de Valdediós y del mundo, hasta sus manos. Al maestro le mantendrán muchas cosas en la geografía de los vivos. Sin duda, toda su obra. También todo su genio. Pero ahora especialmente le reclaman las dos pequeñas telas que se han quedado clavadas en la colectiva de Navidad de la galería Cornión. Allí están, esperando su vuelta, una naturaleza muerta y un paisaje industrial, como niños abandonados a los que su padre ya no podrá ir nunca a buscar. Son una de sus últimas aportaciones al mundo del escultor que pintaba, del pintor que esculpía, y son, en cierto modo, un retrato de sí mismo, porque cuentan un pedazo de su propio tiempo.
Hacía mucho que Camín no paseaba su paleta por las chimeneas de Aboño o los hornos de la vieja Ensidesa. Lo hizo esta vez, a lo mejor con intención de buscar en sus primeros pinceles un camino para sus últimos días. Y esa misma consciencia del final parecía estar también en el último homenaje que le rindió a su recordado Carantoña, tan sólo unos días atrás, el 8 de diciembre. Dejaba Camín con ese reciente tributo su última labor de creador, su último verso dibujado de puño y letra, casi su epílogo.
En estas mismas páginas marcaba los rasgos de una mano admirada y sobre su palma escribía: «Amigo Paco, en el décimo aniversario de tu 'marcha', recordándote, te doy la mano...». Entonces sólo parecía un delicado poema, hoy es con diáfana claridad una delicada despedida, pero no del amigo, con el que se va, sino del mundo, al que esa mano contundente, enérgica y bella, probablemente temblorosa al trazar su último mensaje, dice adiós.
Surgió, además, el gesto convertido en trazo después de soñar con el amigo periodista. Confesaba Camín sólo unos días atrás cómo al recibir el encargo de unir una vez más su talento al recuerdo de Carantoña si vio por momentos vacío. Sin saber qué hacer. Pidió, incluso, los textos que debían acompañar su obra para buscar en ellos la inspiración que la mente le negaba. Pero no los necesitó. La Luna, la noche y el sueño se aliaron con él y le llevaron a un lugar donde su amigo le esperaba con la mano tendida. Su amigo, que como él había hecho deslizar su vida y su talento entre los dedos, tomando en lugar de pinceles y gubias, una portentosa pluma, le miraba y le ofrecía esa misma mano abierta que al despertar llevó al papel con catorce palabras de adiós.
Paché Merayo
El Comercio
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29-Dic-2007 |
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Asturiano querido
La pérdida de Joaquín Rubio Camín nos deja la sensación de desamparo que sentimos cuando se nos va alguien a quien apreciamos y, a la vez, admiramos. Camín era, además de un artista prodigioso, que se expresaba y trasladaba sus inquietudes vitales a través de la pintura, al dibujo, la fotografía y la escultura, una persona que facilitaba la a
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